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Notícies :: antifeixisme
De mal en peor...
25 jul 2003
España va bien... mal. Es más, va a peor. El sempiterno grupete de ventajistas y depredadores que existe en todas las comunidades humanas está llevando las cosas a niveles de paroxismo.
El grupete que después de haberse apropiado canallescamente del poder al otro lado del Atlántico se está adueñando del mundo, le está dando alas por si fuera poca la proverbial prepotencia del núcleo dominador aquí. Y éste no está dejando títere con cabeza...

Lo malo es que en algunas cuestiones importantes cuenta con la complicidad de la segunda fuerza política. Por ejemplo, en asuntos de libertad territorial. Es increíble que a estas alturas, sabiendo como sabemos que Castilla es el pueblo naturalmente dominador y dominante por antonomasia dentro de la península, ninguno de los dos grupos, el del poder directo y el de la oposición, cedan un ápice en una cuestión que pasa por una simple circunstancia física. Por mucho que se constituyera en nación independiente, a Euskadi no se la iban a llevar a otra parte.

La cosa parece no tener nada que ver con esto, pero sí. Pues los aspectos relacionados con banderas y toda clase de emblemas y símbolos, así como con límites fronterizos que no son más que líneas y rayas sobre el mapa, siempre han tenido mucha importancia para los espíritus cavernícolas y fascistas. Y fascistas y cavernarios han asociado esos detalles al patriotismo porque viven del patriotismo, y viven del patriotismo porque en la cabeza no tienen otra cosa ni les cabe otra preocupación. Porque el patriotismo, "el último refugio de los canallas", reconozcámoslo, a estas alturas y cuando todo camina hacia la globalización, está vacío de contenido... Los únicos que tienen derecho a reclamarlo son los pueblos que desean gobernarse a sí mismos porque están muy lejos de la sensibilidad de quienes les dominan...

Lo que sorprende es que en España siga ejerciendo otra porción tan grande de población, ésa que representa la segunda fuerza política, con la misma rampante óptica sobre la relación entre pueblos y comunidades humanas que constituye el componente principal de la química de los depredadores y fascistoides.

Y todo esto pasa por no caminar todos juntos, con voluntad política inequívoca, hacia soluciones federalistas. El pueblo vasco, el catalán y el gallego, los tres de una idiosincrasia muy acusada, que han repartido desde tiempo inmemorial la propiedad de la tierra sin abusos (donde tienen su raíz todos los demás problemas locales), tensan sus posiciones respecto al poder central porque ni el poder cumple los pactos ni tampoco desarrolla con generosidad las previsiones constitucionales, ni les ofrece alternativas propias del milenio en que vivimos.

España nunca irá bien hasta que los castellanos, el espíritu castellanista, centrípetos ambos, cedan de su dominio ancestral sobre la periferia. Y es curioso (aunque ya se le va acabando a uno la capacidad de asombro) que la situación y connotaciones que está adquiriendo este asunto en España, se acerca cada día más a los posicionamientos de las dictaduras que tanto censuran y atacan justamente los más enconados defensores del concepto âunidad patriaâ?. Esos que menos han querido comprender y más han atacado, recientemente, la dictadura de Sadam Hussein en Irak âaunque aunase pueblos naturalmente incompatibles entre síâ, o la del Tito de tiempo inmemorial en los Balcanes, que hacía otro tanto.
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