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Notícies :: globalització neoliberal : ecologia
Indígenas canadienses contra los Juegos Olímpicos
22 jul 2003
La guerra de nieve

NAOMI KLEIN
El entusiasmo de los promotores de los Juegos Olímpicos de
Invierno 2010 está siendo opacado por la resistencia de los
pueblos indígenas de British Columbia, una parte de los cuales
rechaza la creación de grandes desarrollos turísticos en sus
tierras y llama a atletas y turistas a "mantenerse alejados"

En los deportes, como en la vida, la âseguridadâ? aventaja a la paz.

Eso es lo que sucedió cuando el Comité Olímpico Internacional
se enfrentó a la decisión entre Pyeongchang, Corea del Sur, y
Vancouver, Canadá, como posibles sedes de los Juegos de
Invierno de 2010.

Corea del Sur se autopromocionó como candidato de la paz: con
el mundo en confusión, se trataba de llevar los juegos a la propia
frontera con el âeje del malâ? de George W. Bush y con esto hacer
un gesto hacia la reconciliación.

Vancouver se postuló como el candidato de la seguridad: con el
mundo en confusión, los juegos debieran llevarse a cabo en un
lugar en el que se pueda estar casi seguros de que no habrá
contratiempos. Los promotores de la Olimpiada
Vancouver-Whistler, presentaron a la provincia de British
Columbia como un modelo de vida armoniosa y sustentable, un
lugar donde todos conviven en paz: nativos y no-nativos, rurales y
citadinos, ricos y pobres.

Antes del voto, Jacques Rogge, presidente del COI, reveló sus
oscuras intenciones al declarar que el tema de la paz en Corea
era âsecundarioâ?, y que su verdadera prioridad era contar con âla
mayor seguridad posibleâ?.


Juegos y negocios

Pero tan sólo dos semanas después de las eufóricas
celebraciones, el esplendorso new-age sobre la armónica venta
promocional de Vancouver, se está opacando.

"Los voy a detener", me dijo Rosalin Sam de la Nación Lilâwat. "Me
recostaré en el camino de las máquinas, si es necesario. Debo
proteger nuestra tierra." Sam se refiere al proyecto de
construcción del complejo turístico Cayoosh Ski Resort, en el
Monte Currie, a treinta minutos en automóvil de Whistler, el
corazón de los juegos olímpicos.

Actualmente, el Monte Courrie es una vastedad prístina, hábitat de
osos, venados y cabras. Es tradicionalmente utilizada por los
nativos como tierra de caza, así como una fuente de plantas de té,
moras y medicinas para los Once Pueblos nativos que lo
reclaman como su territorio. "Hay quienes van a la iglesia,
nosotros vamos a la montaña," dijo Sam.

Su objeción no es a los Juegos Olímpicos en sí, sino al papel
que dichos juegos están comenzando a jugar en la
transformación económica de British Columbia. Debido a la crisis
de las industrias pesquera y maderera, los juegos están siendo
considerados como un comercial televisivo de 17 días con
transmisión mundial, para promocionar la nueva industria de la
región: el turismo de invierno.

La provincia es uno de los mejores destinos de esquí en el
mundo, y es ya un importante centro turístico. Pero las fuerzas
económicas detrás de la organización de los Juegos Olímpicos
quieren mucho más: desarrollos monumentales de pistas de
esquí, nuevos resorts en montañas vírgenes y, por supuesto,
hoteles y carreteras para comunicarlos. No nos referimos al tipo
de ecoturismo "deje sólo sus huellas, tome sólo fotografías"; ésta
es un fábrica de vacaciones a escala industrial.

Y es ahí donde inicia el problema. Gran parte de esta expansión
está alcanzando tierras que son propiedad de las Primeras
Naciones de British Columbia [First Nations], propiedad que
nunca han cedido bajo ningún tratado, y que fue legitimada por la
espectacular decisión Delgamuukw de la Suprema Corte de
Justicia de Canadá en 1997.

Según Taiaiake Alfred, director del Programa de Gobernabilidad
Indígena, de la Universidad de Victoria, "el turismo puede ser tan
nocivo como la tala o la minería." Las montañas son taladas para
construir pistas de esquí, la fauna es desplazada, y los pueblos
se convierten en estacionamientos gigantescos con restaurantes
de sushi. "El verdadero dinero", dice Alfred, "está en la
especulación en bienes raíces." En Whistler los agentes informan
que el valor comercial de las propiedades ha aumentado un 15%
anual en los últimos 15 años.

Por todas estas razones, los complejos para esquiar se han
convertido en el centro de las más ríspidas disputas políticas en
British Columbia. Hace tres años, cuando la Nación Lilâwat llevó a
cabo un referéndum para la construcción del Cayoosh Ski Resort,
el 85% de la población votó "No". Para bloquear la construcción
de este complejo, levantaron un campamento de protesta en la
montaña con el apoyo de todos los Once Jefes del territorio
Stâatâimc.

La propuesta de aumentar la capacidad del complejo Sun Peaks
Ski Resort, de 4 mil a 24 mil camas, ha encontrado una oposición
más violenta. Los bloqueos de carreteras y protestas,
organizadas por el Movimiento Autóctono Juvenil, han recibido
una respuesta policial de extrema represión, resultando en el
encarcelamiento de varios de los líderes, y en la reiterada
destrucción de sus asentamientos.

Ahora que Vancouver ha ganado la contienda olímpica, las
guerras de nieve tan sólo aumentarán. A pesar de que Cayoosh y
Sun Peaks no son parte de la infraestructura olímpica oficial,
ambas se verían beneficiadas de la oleada de turistas. Y todo
queda en familia: la antigua esquiadora olímpica Nancy Greene
Raine, fue un miembro importante en la junta del comité de
Vancouver para la licitación olímpica. Es también directora de
Esquí en el Sun Peaks Resort, y su compañía, NGR Resort
Consultants, es la promotora detrás del Cayoosh Resort.


La brecha entre los indios

Según Arthur Manuel, antiguo presidente del Consejo Tribal de la
Nación Shuswap y antiguo Jefe de la Partida India Neskonlith,
una gran brecha se está abriendo entre las comunidades de las
Naciones Originarias. Por un lado, están los jefes y promotores
que ven a las Olimpiadas como una oportunidad âla posibilidad
de un nuevo centro comunitario, vivienda que se pueda costear, y
un medio para vender arte Haida. Por otra parte, se arraiga el
creciente movimiento de gente que todavía caza y pesca, y que ve
en el desarrollo de la industria turística, una amenaza a su
supervivencia. âLos indígenas son los más pobres entre los
pobres. Las familias obtienen 165 dólares al mesâ?, dice Manuel,
refiriéndose al alto porcentaje de nativos que dependen de la
asistencia social del gobierno para sobrevivir. âSon ellos los que
dependen de la caza. Un incremento en el turismo va a quitar
comida de sus mesas y terminarán en Hastings (el corazón del
circuito de la droga en Vancouver) porque eso es lo que pasa
cuando orillas a la gente india a que abandone su tierra.â?

Este tipo de asuntos de âseguridadâ? parecen haberse perdido
completamente en el Comité Olímpico Internacional. En vez de
hacer una consulta entre todos los bandos cuyas vidas se verán
afectadas por los juegos, el comité de promoción de la sede
eligió cuidadosamente hacerse acompañar de algunos líderes
que apoyan el desarrollo e ignoró al resto. Las peticiones de
algunos grupos opositores autóctonos al COI no recibieron
respuesta alguna. âEl COI no cumplió con el protocolo, debieron
haber organizado una reunión con los once jefes, para que éstos
a su vez se acercaran a la genteâ?, dice Sam.


Di no a las Olimpiadas

Hace poco, Sam y Manuel, en representación de los opositores a
Cayoosh y Sun Peaks Resorts, llevaron su pelea a otro nivel.
Proclamaron que "quien apoye los juegos del 2010 en
Vancouver-Whistler, estará violando los derechos
internacionalmente reconocidos de la gente indígena", y enviaron
un comunicado de prensa haciendo un llamado "a la comunidad
internacional, incluyendo a los atletas y turistas, a no infringir
nuestros derechos y título, y a mantenerse alejados de los juegos
del 2010."

El Comité de Promoción Olímpica en Vancouver había previsto
semejantes reacciones, y advirtió en sus documentos internos
acerca de la necesidad de conseguir el apoyo de por lo menos
algunos de los líderes de las Primeras Naciones.

"Si las Primeras Naciones perciben que sus derechos no están
siendo reconocidos y respetados por British Columbia, pueden
acudir a la prensa, llevar a cabo acciones directas o iniciar un
litigio. Esto tendría un impacto negativo en la postulación".

No es de sorprenderse, entonces, que el comité quisiera iniciar
su venta promocional con una bendición tradicional de las
Primeras Naciones. Podemos esperar un creciente número de
despliegues de sensibilidad cultural, que culminen con el sonido
de los tambores y la quema de hierbas aromáticas, en las
exageradas ceremonias de inauguración y clausura de las
Olimpiadas (piensen en Sydney y Salt Lake City). Pero no hay que
confundir estas bendiciones ceremoniales con un verdadero
consenso político.

Estos juegos están lejos de ser benditos.
Mira també:
http://www.nologo.org/
Sindicat Terrassa