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Notícies :: amèrica llatina
La OTRA Guelaguetza
21 jul 2003
Al igual que todos los años la pugna entre el poder politico de Oaxaca y las emergentes identidades indias agrupadas bajo el magonismo se ritualiza en la fiesta oficial dela Guelaguetza.
La Guelaguetza vocablo zapoteco que equivale al ácrata âapoyo mutuoâ?, se inauguró en 1932 bajo el más bizarro epíteto de âfiesta racialâ?, cuando las políticas oficiales de la triunfante familia contrarrevolucionaria recuperaban la estética e identidad indígena meso americana como segunda piel de la construcción nacional mexicana con la conformación de un estado moderno. Pocos años después, desde el cardenismo primigenio se moldea este referente del mestizo como heredero de la patria, siendo directrizado desde la intelectualidad de Mendizábal. De hecho, el vocablo se refiere a la costumbre natural del tequio ó trabajo comunitario inundado de un propósito de generosa donación, y que culmina en un evento lúdico donde la comunalidad se manifiesta dualmente: trabajo y fiesta. Las manifestaciones estéticas externas de esta explosión de júbilo colectivo son las formas supervivientes de danzas y música que hoy en día conocemos como Guelaguetza ó día del cerro. Evidentemente si checamos el calendario observaremos que coincide plenamente en el tiempo con el fin de la siembra del maíz., cuando todos los campos habían sido trabajados por todos los comuneros colectivamente, iniciando por los hermanos más necesitados, asunto decidido por todos en la asamblea comunitaria cuál fuera la prioridad. Desde luego, hoy no es sino la puerta del turismo de temporada, nacional e internacional, para las urbes y playas de este estado. Agandallada por los sectores mestizos de la élite económica y profundamente priista, la celebración del esfuerzo común no queda sino en una mofa y burla de los indios que subsisten en las áreas de reserva, generalmente empobrecidas por siglos de cultivo extensivo y pauperizadas en no pocas veces por la penetración de monocultivos de exportación. El caso del cafeto sería netamente expositiva.
Generalmente, las fiestas de estas comunidades, las patronales y religiosas, han decaído hasta desaparecer en buena parte de ellas, ó como es más general, reducidas a un día ó dos por la escasez de âexcedentesâ? que consumir conspicua y colectivamente. En este sentido, la figura del mayordomo, patrocinador de las fiestas ha desaparecido, vulnerando la base del autogobierno indígena que se edifica sobre estos personajes. Nuevamente, la fiesta oficial recupera elementos hacia la galería turística, mientras que prosigue la ofensiva etnocida contra los verdaderos poseedores del sentido de la comunalidad. Aun así, el consenso logrado por la ideología racial mestiza entre todos los grupos de la población, supone la aceptación de la lógica caníbal del Poder. En sumum, la autoidentificación entre dominados y dominadores llega al clímax, sin más oposición que la de os que hoy y todo el año defienden desde la organización su identidad y aspiran a una libre determinación política y económica desideratada en varios documentos de la nueva intelectualidad indígena que dignamente reivindica la explosión de 1994.

La otra Guelaguetza, y no precisamente la denominada como âpopularâ?, se expresa en la vivencia de la comunalidad y el proceso hacia la autonomía del día a día intramuros de sus comunidades. Incompresible para ell@s la vacua elegía de de la raza, la exaltación del potlach ó gun zapoteco bajo la dirección de una jerarquía partidista representada en la figura del gobernador, institución ajena a la cosmovisión, no más es útil a los intereses legitimadores del entramado oficial. Murat, parásito sin parangón, es el receptor de las dadivas que en otro tiempo y lugar correspondía a quienes se habían apoyado en la siembra de las milpas. Por eso las organizaciones indígenas y magonistas no tienen nada que celebrar. El boycott que imponen a la fiesta para que trascurra con la normalidad caciquil prevista, es su mejor expresión de la negación del ardid político que también les arrebata la vida, la tierra y el deseo de libertad que guía a todo ser humano que rompe con las cadenas sutiles el mercado. Esta es la alternativa no enunciada a la fiesta farsa de julio, el discurso se elabora desde la acción política agresiva de los magonistas, aunque se ve adornada por las peticiones de salud y educación que escuchamos de la voz de las compañeras y compañeros en estos días de humo y sudor entre los plantones y los bloqueos de viales que constituyen la táctica repetida desde años atrás, y que da buenos resultados en la directriz de un diálogo forzado ây ritualizado- con el gobernador. Sin perder la crítica hacia una táctica netamente basada en una reivindicación victimista y que no cuestiona al sistema sino que lo reconoce al sentarse al diálogo, también explicita la fase actual de resistencia y ascensión de estas organizaciones y de la conciencia como tales de los indígenas orillados de la bacanal consumista de la sociedad nacional.

Aun reciente, el trago amargo para los âdemócratasâ? de las elecciones del seis de julio, en las que el viejo partido del estado demostró quien controla los resortes políticos nacionales, en el estado de Oaxaca el P.R.I. ganó el carro completo de los once distritos en disputa, dentro de un censo minorizado por la determinación al sistema electoral por asamblea comunitaria y no partidista de ¾ partes de los municipios oaxaqueños, por la falta de alternativa y programa de campaña del P.R.D. hacia las demandas autonomistas de los municipios indios(este partido desapareció de Oaxaca) y por la ineptitud del Pangobierno para comprender al la sociedad más allá del prisma gestor de un empresario. Con sólo el diecisiete por ciento de los votos censados, el P.R.I. ganó toda la representación en el Congreso de la nación para este estado. Además, es la victoria personal de José Murat, que a falta de un año y medio de mandato ha ubicado a sus hombres en la cámara baja demostrando que puede âgobernarâ?, lo que le convierte en nominable a la Presidencia de la República para las elecciones del 2006.

Nos encontramos hoy en día con unas negociaciones cerradas, con un contrabloqueo de las unidades militarizadas de la policía para con los contingentes indios que toman el zócalo, bloquean viales y marchan amenazantes por el centro urbano emblema del poder mestizo, devorando y destruyendo siglos de ignominia y racismo, con todos los complejos inducidos. En la no-noticia del repetido ritual entre la protesta y la tiranía de un presidenciable y de un espectáculo denigrante de exaltación plutocrática con flokore oaxaqueño.
Sindicat