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Anàlisi :: dones
Feminismo y Humanismo, por Federica Montseny
05 des 2014
Publicado en "Las Interferencias". Ver original para ver los múltiples enlaces del texto.
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Ahora que el nombre de Federica Montseny es usado por grupos feministas (Red Federica Montseny) quizás sea hora de recordar sus escritos. Evidentemente, no comparto la forma despectiva en la que describe a las feministas del partido inglés "Tercer sexo" como "solteronas" (aunque quizás sea un comentario del autor al que hace referencia, Antonio Dubois, y no de ella), ya que considero que las posturas ideológicas y políticas tienen que ser juzgadas por sí mismas, no en función de la vida íntima y personal de los sujetos, que deben tener libertad para tomar las decisiones sobre su propia vida que consideren oportunas. Tampoco comparto su visión utópica modernista de las mujeres del pasado, supuestamente sometidas a siglos de "obscurantismo" y "embrutecimiento intelectual". Creo que habrá que ver en cada caso, época y lugar.

Sí me parece destacable y de vital importancia en el momento presente, por otro lado, su reivindicación del universalismo frente a la parcialidad y la denuncia del reformismo feminista en contraposición con la verdadera emancipación de la mujer y del hombre. También es reseñable su mención a los valores ante la vida de generosidad, abnegación y valentía, valores imprescindibles para cualquier ser humano que quiera cambiar el mundo o luchar contra una injusticia. Además, en lugar de ser asociados con la sumisión al hombre, como siempre suelen aparecer, Federica Montseny los asocia con una actitud altiva y demoledora, sin atisbo de debilidad y sensiblería, actitud válida tanto para hombres como para mujeres.

Desde luego, desde la búsqueda del placer como único valor supremo no se puede cambiar nada, porque en cualquier lucha se sufre y se pasa mal, como cualquier persona que se haya enfrentado con el poder injusto sabe bien. Hay llanto y sufrimiento, a la par que orgullo y satisfacción (y, por tanto, un placer sólido y no efímero) de saber que estás haciendo lo correcto. Estas dos caras de la vida son inseparables y negarlas nos quitan fuerza. El miedo a sufrir nos paraliza. El miedo a conocer la verdad y que nos dañe nos impide evolucionar. Esto no significa recrearse en el dolor, sino atravesarlo, trascenderlo, minimizarlo y equilibrarlo con recursos propios y externos (el apoyo mutuo).

De nuevo, os invito a una lectura que separe el grano de la paja y supere idealizaciones y defenestraciones:



Feminismo y Humanismo - 1 de octubre de 1924 - página 12 de La Revista Blanca

Cierto amable y anónimo amigo me remite un ejemplar de un periódico, diciéndome: "Por si te interesa".

El periódico en cuestión es El Pueblo, de Valencia, y señalado por el mismo remitente veo un artículo que se titula "El tercer sexo" y firma Antonio Dubois.

El escrito - ¡cómo no! - habla del feminismo y de las mujeres. Hay en él opiniones muy apreciables y bastante acertadas, y he pensado que merecía el comentario de una mujer, que, como tal, preocúpase preferentemente de los problemas de su sexo y a la que, como muy bien supuso el que tuvo la atención de remitirme el ejemplar del diario valenciano, interesan esas cuestiones del feminismo, aunque sólo sea para combatirlas y situarlas en el punto donde han de partir todas las inquietudes humanas: la transformación de una sociedad injusta y el abandono de una moral y unas preocupaciones que sólo han servido para esclavizar a la mujer y desviar a la especie toda.

Le dedicaré, por tanto, otro artículo al tema del feminismo, que quizá no hará más que repetir lo dicho en anteriores sobre el mismo asunto trazados, ya que dada su permamente actualidad y su lamentable y errónea tendencia, opino que el feminismo merece continuas críticas, y la emancipación de la mujer, máximo problema de los tiempos presentes, el esfuerzo modesto de los que en ella y en su influencia bienhechora, tenemos puesta nuestra esperanza.

***

Antonio Dubois, en su artículo, divide en dos al feminismo: Uno es el que, según él, "conserva todos los encantos poéticos de la mujer" y otro - el del "Tercer sexo", movimiento formidable que tiene su cuna y su fuerza en Inglaterra - el rudo, acre, despótico, imperativo, con la falta de feminidad que caracteriza a las mujeres solteronas, que odian a los hombres porque no han podido casarse.

El "Tercer sexo", partido numerosísimo - lo que indica el gran contingente de mujeres que la guerra sentenció, con su monstruosa devoración de hombres, a la soledad forzosa - tan numeroso que lanza la cifra de un millón 700.000 adherentes, es el que quiere derribar del Poder al hombre y, desde él, imponer su dictadura a la humanidad. Sin embargo, Antonio Dubois, humorísticamente opina que unos cientos de miles de matrimonios aplacarían las iras reivindicadoras de ese millón y medio de mujeres energúmenas.

Este ha sido, el del llamado "Tercer sexo", el movimiento feminista más importante en Inglaterra. El otro, el que "conserva todos los encantos poéticos de la mujer", es lo que se ha bautizado con el nombre de socialismo cristiano, de importación de los países latinos, donde logró adquirir, particularmente en Francia, ciertos ribetes reformistas por haberlo adoptado las mujeres intelectuales y doctas, de tímida tendencia izquierdista. Más aclarado aún: es el propio feminismo anglo-sajón, perfumado y suavizado por la galantería y la espiritualidad humanista y ligera de las razas meridionales.

En España no existe el feminismo del "Tercer sexo". No existe tampoco el socialismo cristiano. En realidad, no existe feminismo de ninguna clase y si alguno hubiese, habríamos de llamarlo fascista, pues sería tan reaccionario e intolerante, que su arribo al Poder significaría una gran desgracia para los españoles. Afortunadamente, no sucederá tal cosa.

En cuanto a los feminismos europeos, o las dos clases en que divide el feminismo Antonio Dubois, estimo, como siempre, que ambos adolecen del mismo defecto capital, suavizado en uno, áspero y estridente en otro: la falta de humanismo, de este amor a la humanidad que forma el más preciado y generoso fundamento de todos los ideales.

Es más aún: examinando fríamente el feminismo, sus puntos, sus programas máximos y mínimos, sus figuras y sus actuaciones, se llega a sacar la conclusión de que él, su fuerza retrógrada y coercitiva, suave o áspera - lo mismo da, pues quizá es más reaccionario el latino, con sus ribetes de socialismo o mejor, sillonismo, que el anglo-sajón, con sus pintorescas ansias revolucionarias de despechadas - representa un factor muy importante y muy grave, puesto al servicio de la reacción y con posibilidades de entorpecer el camino de las ideas modernas. Es decir, el feminismo, partido de Estado, de privilegio, de mando, de intolerancia religiosa y moral, de asperezas de sexo, de brutalidad dominadora o de falsa suavización de costumbres, puede convertirse, en el proceso evolucionista de los tiempos modernos, en el revulsivo que coarte la libertad del hombre, y de las mujeres, minoría por desgracia, que han logrado despojarse del lastre de los siglos transcurridos en el obscurantismo y el embrutecimiento intelectual.

Yo creo que la cuestión de los sexos está clara, meridianamente clara: Igualdad absoluta en todos los aspectos para los dos; independencia para los dos; capacitación para los dos; camino libre, amplio y universal para la especie toda. Lo demás es reformismo, relativista, condicional y traidor en unos; reaccionario, cerril, intransigente y dañino en otros.

¿Feminismo? ¡Jamás! ¡Humanismo siempre! Propagar un feminismo es fomentar un masculinismo, es crear una lucha inmoral y absurda entre los dos sexos, que ninguna ley natural toleraría.

***

Antonio Dubois, comprendiendo por una parte el problema, por otra desbarra. Desbarra como desbarran cuantos, sin tener ideas verdaderamente avanzadas, quieren dar explicación y solución a fenómenos y cuestiones modernas.

Y dice, defendiendo el feminismo que él estima útil y verdadero "el insinuante y tierno que acabará por esclavizarnos": "El día que la mujer legisle y administre, las grandes instituciones básicas de la sociedad en crisis: familia, educación, natalidad, justicia, asistencia social e higiene, hoy vacilantes en los brazos del hombre, se sostendrán con más solidez en las manos de ellas."

El día que la mujer legisle y administre, continuarán las injusticias, los privilegios, las desigualdades, las miserias y las luchas, porque las bases de la actual sociedad, que Antonio Dubois cree podrá apuntalar el feminismo que conserva todos los encantos poéticos de la mujer que los tenga, no hay fuerza humana que las apuntale, ya que ellas, por podridas e injustas, están condenadas a morir.

He aquí el error fundamental del reformismo, que, como todos los partidos políticos, y hasta como nosotros mismos, ven en la mujer, como madre, educadora y compañera del hombre, un auxiliar precioso y un elemento decisivo para las ideas que se disputan la hegemonía del pensamiento; El reformismo, sea femenino o masculino, cree poder apuntalar a la actual sociedad con concesiones y paliativos. De ahí el origen del socialismo cristiano de Inglaterra y del feminismo meridional, impulsado y favorecido por los partidos políticos de izquierda, feminismo más peligroso que el otro y que en un porvenir no muy lejano verémosle representando el freno tradicionalista en los grandes acontecimientos sociales que se avecinan.

Por esto yo repetiré siempre que el feminismo, sea el que fuere, suave o áspero, reformista o ultramontano, no puede ser jamás un factor evolutivo ni un valor de renovación social. A lo sumo, con sus reformismos, una pequeña conquista arrancada a las preocupaciones y al ancestralismo.

Socialmente, acepta y exige privilegios que si son injustos disfrutándolos los hombres, también lo serán si los disfrutan las mujeres. Humanamente, tolera todas las coacciones de la moral y de la religión, es ordenado y metódico y cuando se vuelve revolucionario es por despecho y no por justicia, y, en ciertos aspectos, da la razón a cuantos hombres no consideran digna de ser igual en libertad y en derechos a la mujer. Es casi una desviación del sexo y en algunos momentos una regresión, representando un peligro para las mismas mujeres que no estén conformes con sus normas e intolerancia. No es capaz de ser demoledor, generoso, abnegado, valiente y altivo ante la sociedad y ante la vida. Carece de comprensividad, de ansias de justicia y de dignificación. Está fosilizado por los prejuicios y la moral reinantes y jamás comprenderá, sea suave o áspero, meridional o anglo-sajón, reformista o reaccionario, satisfecho o despechado, lo que es un ideal de armonía absoluta, de paz completa, de universalismo amplísimo, de evolución infinita y de libertad y perspectivas sin límites.

Federica Montseny
Mira també:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/09/feminismo-y-humanismo-por-federica.html
http://hemerotecadigital.bne.es/pdf.raw?query=parent%3A0002889316+type%3Apress%2Fpage&name=La+Revista+blanca+%28Madrid%29.+1-10

This work is in the public domain

Comentaris

Re: Feminismo y Humanismo, por Federica Montseny
05 des 2014
Un análisis del artículo de Beatriz Gimeno "Construyendo un discurso antimaternal"

http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/02/un-analisis-del-articul
Re: Feminismo y Humanismo, por Federica Montseny
05 des 2014
Interesante texto, como casi todos los de Federica cuando se pone a hablar de feminismo.

De lo que expone, me interesan ciertas cuestiones. La primera es que me parece un total error, hacer cualquier análisis del texto sin la oportuna contextualizacion del momento y lugar desde el que ella habla. Un país completamente en manos de unos poderes que para nada tenían en cuenta a la mujer y el anhelo de algunas mujeres por alcanzarlo. Un país en el que las mujeres se ocupaban preferentemente de la familia o bien estaban en órdenes religiosas y negada al espacio público, y al que sólo tenían acceso las de una clase social alta y de derechas, de ahí que Federica piense que habría que llamarlas fascistas.

Pero todavía hay dos cuestiones que me interesan, una es la afirmación de Federica en la que asegura que esas mujeres del "tercer sexo" están llenas de prejuicios, contra el hombre, y Federica, lo que expresa habitualmente sobre el feminismo, no son mas que prejuicios en contra de ciertas mujeres que se organizan. Si bien es cierto, que argumenta sus razones, estas, las razones, tienen un hondo prejuicio en contra de las mujeres, y eso se puede constatar, y aquí doy paso a la tercera cuestión, cuando afirma que ese feminismo es "una desviacion del sexo y en algunos casos una regresión". Puede que a quien lea esas palabras, no le asombre el hecho de que califique como "desviacion del sexo" o "regresion" el hecho de que esas mujeres no sientan "atracción" hacia los hombres. Aunque, posteriormente, se justificara tras las palabras de Antonio Dubois, para coincidir con el, en que los prejuicios de esas mujeres en sus reivindicaciones, desaparecerían con unos "cientos de miles de matrimonios". Tampoco sorprende que no haya ninguna crítica hacia la institución del matrimonio, pues como ella dice, es un comentario "humorístico".

Claro, en esto como en todo, cada cual reflexiona sobre lo que le interesa o sobre lo que confirma sus pensamientos, en vez de las dud que despiertan.

El feminismo ha evolucionado en todos los sentidos desde entonces. Y como todo movimiento, tiene sus errores, algunos inasumibles por quienes se encuentran en esos complicados caminos de la luchas por las libertades, pero de ahí a negar la realidad y las aportaciones de la lucha feminista, media un abismo. ¿Cuál es la opinión de Federica acerca del grupo de Mujeres Libres.

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