Imprès des de Indymedia Barcelona : http://barcelona.indymedia.org/
Independent Media Center
Notícies :: antifeixisme
España: democracia vigilada
16 jul 2003
En resumidas cuentas, se equivocan los que, como escuché a Muñoz Molina en CNN+, creen que la democracia es o no es, rechazando cualquier comparación de la España actual con la franquista.
Algunos periodistas, intelectuales y políticos, vienen llamando la atención desde los medios de comunicación acerca de lo exagerado que les parece que se hable hoy en España de restricción de derechos e, incluso, se cuestione el hecho formal de que vivamos en democracia. El escritor Antonio Muñoz Molina considera algo así como una ofensa para los que vivieron y sufrieron una auténtica dictadura como la franquista, que se hable hoy de fascismo o se llame "fachas" a algunos dirigentes del Partido Popular, como si no fuese perfectamente compatible la militancia en un partido con los comportamientos o los principios antidemocráticos. La ultra derecha se presenta a las elecciones en toda Europa como tal. Por el contrario, está perfectamente documentado que gran número de políticos franquistas recalaron en la Alianza Popular del ex ministro fascista Manuel Fraga Iribarne. De manera que no sólo no es una barbaridad reconocer en muchos de ellos comportamientos formalmente poco democráticos, sino algo de lo más natural.

Es difícil dialogar cuando una de las partes establece verdades absolutas, como esta que parece negar implícitamente que haya en la intolerancia y el desprecio por las minorías que exhibe el PP desde que gobierna con mayoría absoluta, un poso del totalitarismo del que provienen no pocos de sus dirigentes. Nadie discute que vivamos formalmente en un Estado de Derecho, como nadie puede discutir que nuestra Constitución proclame como derechos básicos el trabajo, la vivienda digna o la igualdad ante la Justicia, y luego la realidad sea otra. Las propias palabras de las que nos servimos para comunicarnos no siempre significan lo mismo para todos los interlocutores. Por ejemplo, al hablar de empleo, unos equiparan el de un trabajador fijo o contratado por tiempo indefinido al de quien es requerido una y otra vez para trabajos temporales mal remunerados. El empleo que recoge el Gobierno en sus estadísticas no es exactamente el mismo que deberíamos entender como el necesario para desarrollar una vida digna. Pero, sobre todo, al hablar de democracia no lo hacemos de algo inalterable, que se instaura y resiste, al margen de cómo se gobierne.

Que el Gobierno de José María Aznar, y él en particular, ha mostrado y muestra un constante menosprecio por todo el que discrepa con su discurso político, consta en el diario de sesiones del Congreso y en las hemerotecas. La democracia aritmética en la que respalda todas sus decisiones, por mucho que toda la oposición se oponga a ellas (sumando incluso más votos que el propio PP), es el argumento en el que se apoya con más frecuencia. Su falta de respeto hacia las minorías ha quedado patente, sobre todo, con motivo de las manifestaciones contra la guerra de Iraq o las de "Nunca Máis" tras el hundimiento del Prestige. De hecho, su rechazo a aceptar la crítica, acompañado de la mentira, la censura y la negación tozuda de las evidencias, probablemente haya movilizado más al ciudadano que los propios conflictos iniciales.

Los excesos policiales no son hechos que podamos atribuir a agentes aislados, sino a un clima alimentado por el propio Gobierno. Hace ya algunos años que las subdelegaciones del Gobierno están poniendo límite al derecho de manifestación. Este mismo año en Madrid la Justicia tuvo que restituir los recorridos solicitados por la organización de manifestaciones contra la guerra y el Prestige después de que se pretendieran imponer otros claramente restrictivos. En algunas provincias se han prohibido manifestaciones o se ha impedido la recogida de firmas en la calle.

Por otro lado, la política informativa del Gobierno desde los medios públicos y la presión que ha ejercido sobre los privados, no tiene precedentes desde el franquismo del que proviene.

Escribo desde Galicia. Aquí gobierna con mano de hierro desde hace 14 años un ex ministro franquista. Su poder es casi absoluto. No sólo los medios informativos, sino instrumentos básicos de la democracia, como la Justicia, le son afines. No es ningún secreto la magnífica relación del todavía Fiscal Jefe del Tribunal Superior de Justicia de Galicia, Ramón García Malvar, con dirigentes del PP, como el ex conselleiro José Cuíña Crespo, acusado tantas veces de incompatibilidad por sus negocios como exculpado por el mismo fiscal, al que alguien recalificó un día generosa y casualmente unas tierras. No es ningún secreto que en una reunión privada en casa de Cuíña (abril de 2003), Fraga estuvo acompañado del presidente del Tribunal Superior de Justicia de Galicia o del obispo de Ourense. No es ningún secreto que, como denunció en su día un medio de comunicación que ya pasó a mejor vida, el conselleiro de Cultura, Jesús Pérez Varela (el mismo que confundió la cantata "Carmina Burana" con una gran "cantante galega"), escribió en "El Imparcial", cuando fue su director, crónicas favorables a un golpe de estado durante la Transición. No es ningún secreto que Fraga Iribarne dijo que a Franco lo juzgará la Historia o que el asesino Pinochet no fue tan malo como dicen. No es ningún secreto que un alto porcentaje de alcaldes y cargos del PP gallego mamaron del franquismo y se comportan a duras penas como demócratas conversos. Se cuentan por decenas los casos de corrupción de alcaldes con sentencias firmes y algunos otros que aún se han vuelto a presentar como candidatos una vez cumplida la condena.

En Galicia, el hundimiento del Prestige puso de manifiesto la incompetencia de la Xunta y de su presidente, pero también su falta de escrúpulos desarrollando campañas de propaganda, censura informativa y persecución. El conselleiro de Educación emitió una circular en la que trata de prohibir a los profesores hablar a los alumnos de la marea negra, poner en lugar visible las banderas de "Nunca Máis" o hacer referencia a esta plataforma ciudadana. Fraga acusó a algunos profesores de "violar las conciencias" de los niños por hablarles sobre la catástrofe. Con Fraga o contra Fraga, no hay alternativa. Mayor Oreja y Fraga iribarne han llegado a comparar a "Nunca Máis" con Batasuna en una muestra más de delirio.

Escribo de memoria y es seguro que son muchos más los ejemplos que justificaría que hablásemos hoy y aquí en España de que la democracia está herida, quebrada, quebrantada, y que somos ciudadanos con nombres y apellidos los que podemos dar fe de ello.

El Gobierno del PP ha roto relaciones, además, con los nacionalistas vascos; no ya con los grupos que se consideran próximos a ETA, sino con una fuerza formalmente democrática y conservadora como es el PNV. Se han cerrado todas las puertas a una negociación que han demando incluso víctimas del terrorismo, como la familia del inolvidable Ernest Lluch. El ejemplo irlandés no sirve en España porque aquí todo es diferente, dicen, cuando lo realmente distinto de este país es el partido que sustenta a su Gobierno y en el que, insisto, a menudo las convicciones democráticas brillan por su ausencia (otra cosa es que respeten las leyes, aunque muchas veces al límite de lo democráticamente admisible).

La Ley de Partidos; el cierre del único diario en euskera; el silenciamiento de organizaciones políticas que representan a decenas de miles de personas (¿también ellos son asesinos que su democracia debe ilegalizar?); la negación de las legítimas reivindicaciones políticas de los nacionalismos no españolistas o la utilización de todos los recursos del sistema menos el diálogo y el respeto a las minorías, son elementos más que suficientes para concluir que en España la democracia está bajo vigilancia.

El PSOE, en mi opinión, se ha visto obligado a seguir buena parte de las iniciativas del Gobierno de Aznar porque la forma extremista de sus planteamientos maniqueístas (o con ETA o contra ETA) les dejaría en una situación electoralmente difícil, toda vez que los socialistas aspiran a atraer parte del voto de castigo que se fue a la derecha en 1996. Las relaciones de los gobiernos de Felipe González con los del PNV en Euskadi nada tenían que ver con lo actual. Es más, cuando el PSOE perdió las elecciones, el premio Nobel, Pérez Esquivel, iniciaba unas conversaciones con ETA que se vieron interrumpidas inmediatamente por José María Aznar.

En resumidas cuentas, se equivocan los que, como escuché a Muñoz Molina en CNN+, creen que la democracia es o no es, rechazando cualquier comparación de la España actual con la franquista. Se han denunciado actitudes graves de intransigencia y medidas políticas que no sólo no suponen un avance en la legítima aspiración de los ciudadanos de ampliar sus derechos y libertades, sino que han derivado en un evidente retroceso.

Abelardo Vázquez Pita, peridista.
Sindicat