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EL MIEDO A JUZGAR ES PERNICIOSO
15 jul 2003
EL MIEDO A JUZGAR ES PERNICIOSO PARA âLA EMANCIPACIÃN DE LOS PUEBLOS DEL SUR Y LA CREACIÃN DE UNA CONCIENCIA CRÃ?TICA AL MODELO DE DESARROLLO VIGENTE.â?
Cuando yo oigo hablar de que tenemos que tener respeto y consideración por las opiniones y actitudes de los demás no puedo evitar cierta tristeza. Pero les aseguro que no es gratuita.

Muchas personas quienes se ufanan, o nos ufanamos del trabajo âintelectualâ? sufrimos de un sentimiento malentendido a no juzgar, a no polemizar, por miedo a parecer descorteses, agresivos(**), o irrespetuosos de las opiniones y puntos de vista de los demás. El miedo es más extraordinario todavía cuando sabemos que el âposeedorâ? o la âposeedoraâ? del argumento o concepto que queremos debatir o cuestionar es una persona de autoridad, una âvaca sagrada,â? o cualquier otro mortal.

Pero esta actitud que podríamos llamar âno juzgadoraâ? es perniciosa para el pensamiento crítico de las fuerzas sociales de izquierda del tercer mundo. Sobretodo, para aquellas que se están volviendo vulnerables a los cantos de sirena del imperialismo cultural. El miedo a juzgar es pernicioso porque es hipócrita, así de sencillo, ya que todo el mundo está haciendo juicios a cada paso, en cada momento, por todas partes, y por todo asunto. Pero las causas de ese miedo tiene tres fuentes de confusión que constituyen la trampa, y que son el motivo de mi discusión aquí. Miremos la primera.

1. LA FALACIA DEL âARGUMENTUM AD HOMINEMâ?

El respeto y la consideración a las opiniones o puntos de vista de los demás se trunca o se viola cuando se comete la falacia del âargumentum ad hominen,â? es decir, cuando el ataque a una persona se usa como argumento racional. Pero esta violación del lenguaje NUNCA sucede ni debería suceder cuando se discuten o se debaten los conceptos o argumentos de una persona o âautoridadâ? (política, religiosa o intelectual).

Supongamos por ejemplo que yo estoy discutiendo las declaraciones políticas del presidente George W. Bush sobre su doctrina âpreventivaâ? de guerra y digo que esta doctrina es imperialista y perversa porque Bush es un nazi o un vaquero panzón conservador. Obviamente, estoy cometiendo la falacia de âargumentum ad hominemâ? porque estoy usando un ataque a la persona como un argumento racional [independientemente de que esos epítetos sean ciertos o no], y Bush tendría toda la razón del mundo para ofenderse.

Sin embargo, si yo muestro evidencia y argumentos por los cuales se demuestra que la doctrina âpreventivaâ? es imperialista y perversa, yo estaría éticamente y legítimamente debatiendo y juzgando las declaraciones de Bush, y él no debería ofenderse. Otra cosa es que él podría defender su posición, ya que es un derecho como el de cualquier persona, pero su defensa tendría que ser con la misma ética, sin insultos âad hominemâ? a mí.

La misma falacia cometería yo si me propusiera argumentar por ejemplo que el concepto de âtoleranciaâ? de Noam Chomsky es ambivalente porque él es un judío patriarcalista, en vez de mostrando evidencia y argumentos sobre esa ambivalencia. Y lo mismo te pasaría a ti si fueras a argumentar que mi posición en este artículo es absurda porque que yo soy un arrogante, etc, etc. LO QUE QUIERO DECIR es que si nosotros, los hombres y las mujeres que estamos metidos en la lucha por JUSTICIA SOCIAL y la esperanza de un mundo mejor, no tomamos en cuenta esta falacia como una fuente de confusión inculcando el miedo a juzgar, estamos jodidos, por así decirlo. Y nos vamos a pasar la vida santulonamente propagando el respeto a las opiniones de los demás para no lastimar sus sentimientos, importándonos poco la puñalada que le pegamos en la espalda al pensamiento crítico de nuestras luchas.

2. âNONJUDGMENTALISMâ?

La segunda fuente de confusión del miedo a juzgar la podemos percibir desde lo que el sociólogo Alan Wolfe de la Universidad de Boston ha identificado como ânonjudgmentalismâ? en su libro One Nation After All. âNonjudgmentalism,â? según Wolfe, indica un fenómeno de moralidad en el cual la clase media norteamericana está tendiendo a âno juzgarâ? porque no existen standards o modelos por los cuales juzgar. En esta perspectiva, todas las culturas son iguales y ninguna es superior a otra, todo es relativo. La moralidad objetiva no existe como verdad objetiva, sólamente como una cuestión de gusto; y por eso, la clase media norteamericana prefiere hablar de âtolerancia,â? âinclusion,â? y âaceptación.â?

Ya desde allí comienza la hipocresía. Al preferir hablar de tolerancia, inclusión, y aceptación, ya están haciendo una escogencia de juicio, están juzgando. Además, una cosa es la perspectiva ideológica de Wolfe identificando ânonjudgmentalismâ? como un fenómeno de moralidad para que tengamos que celebrarlo, y otra muy distinta es que el fenómeno realmente exista. Sea que exista o no, o que lo hayan inventado los republicanos o los demócratas, la verdad es que ese fenómeno es un mito. Toda conducta que se presume âno juzgadoraâ? es hipócrita por excelencia y no hay ninguna razón para celebrarla.

Dinesh DâSouza, por ejemplo, un ideólogo del American Enterprise Institute, escribió en el Washington Post el pasado 4 de Julio que la sociedad libre americana âes⦠moralmente superiorâ? a la sociedad islámica y criticó la moralidad de esta sociedad como âvirtudes coercitivas.â? ¿Quién podría apostar que el periodista Jeff Jacoby del Boston Globe no está juzgando y usando standards de referencia cuando dice: âNosotros somos la sociedad que ha extendido más libertad, más tolerancia, y más prosperidad a la gente que cualquier otra sociedad en la historiaâ?? (Magazine Capitalism, Sep.18, 2002). ¿O cuando hablando de los Palestinos, Thomas L. Friedman del New York Times dice que los líderes oficiales de Hamas âson gente malaâ? y que Israel âtiene un derechoâ? a matarlos?

¿Dónde está el supuesto deseo de convivencia o el supuesto valor del argumento que âtodas las culturas son igualesâ? cuando los señores DâSouza, Friedman, Jacoby y otros sirvientes de la prensa imperialista toman el modelo de la âsociedad libreâ? americana como referencia PARA JUZGAR los méritos morales de otras sociedades? ¿A quién piensan engañar con su ânonjudgmentalismâ??

Pero seamos justos. Decir que âtodas las culturas son iguales y que ninguna es superior a otraâ? es un pensamiento noble. Pero no es lo mismo decir que âSONâ? iguales a que âDEBERÃ?ANâ? ser iguales y que ninguna âDEBERÃ?Aâ? ser superior, puesto que la realidad nos dice otra cosa. Cuando los líderes imperialistas proclaman que âtodas las culturas son igualesâ? lo que tienen en mente es la âtoleranciaâ? de las cosas folklóricas, exóticas, y elitistas como las que nos presenta âDon Franciscoâ? en Sábado Gigante, el show de âCristinaâ? y otros miserables programas de televisión. Ellos no están hablando de la igualdad en los DERECHOS POLÃ?TICOS, económicos y sociales que tienen todas las culturas y naciones. Ellos no están hablando de la igualdad en los DERECHOS DE DESARROLLO estipulados en los estatutos de las Naciones Unidas, etc.

3. âNO JUZGUÃIS PARA QUE NO SEÃ?IS JUZGADOâ?

La tercera fuente de confusión es la más ideológica y la que podría causar más impacto sobre el miedo a juzgar. Lo testifica el evangelio cristiano: âNo juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís os será medidoâ? (Mateo 7:1-2). ¿Qué ganaríamos con negarle respeto a esos preceptos? De hecho los insultos âad hominemâ? nos alertan en el plano existencial para no caer en la gravedad de tales errores. PERO NO OLVIDEMOS que el evangelio cristiano también nos enseña A JUZGAR BIEN cuando la hipocresía está detrás de las cosas: â¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermanoâ? (Mateo 7:5). ¿Cómo le cae esto a los DâSouza, los Friedman, los Jacoby, y otros Tartufos cuyas hipocresías son elocuentes?

Además, en la frase âcon la medida con que medís os será medidoâ? el evangelio cristiano está implícitamente aceptando el hecho que tenemos que juzgar, pero que tenemos que juzgar CON EQUIDAD, con un sentido de hermandad, para que no vayamos a parar a los peroles del infierno. No importa si creemos o no creemos en eso. Lo que importa es EL SENTIDO DE JUSTICIA QUE HAY EN EL HECHO DE JUZGAR.

Es por eso que es curioso cuando alguna gente dice: â¡Cállate! sólo dios puede juzgar.â? Yo no creo que dios (lo que sea lo que signifique su nombre) es un dios injusto. Pero el dios de la gente que nos infunde el miedo a juzgar parece ser un dios de crueldad, ellos parecen defender un dios que sería capaz de decirnos: âMIREN, LES ORDENO QUE NO JUZGUEN, QUE NO SEAN JUZGADORES, PERO CUANDO TENGAN QUE JUZGAR, USEN LOS JUICIOS DE LAS ÃLITES.â? En otras palabras, nos estarían diciendo que sólo las élites tienen el privilegio de juzgar SIN SACARSE la viga de sus ojos, implicando quizá que sólo nosotros estamos obligados al esfuerzo de auto-honestidad.

Estas son, pues, las tres fuentes de confusión por las cuales el miedo a juzgar es pernicioso. Y es especialmente pernicioso para âla emancipación de los pueblos del sur y la creación de una conciencia crítica al modelo de desarrollo vigenteâ? [Sodepaz]. Es por eso que me resulta sospechosa la frecuencia con la que se nos pide en algunos círculos de izquierda que seamos respetuosos y considerados de las opiniones y puntos de vista de los demás.

Un pensamiento crítico que cuando oye decir que el marxismo o el cristianismo están muertos corre a terminarlos de rematar NO ES un pensamiento crítico. O que cuando oye decir que la nueva moda es el anarquismo o el existencialismo corre a celebrarlos, tampoco es un pensamiento crítico. Ningún pensamiento crítico que reproduce como papagallo las causas y conceptos del imperio puede ser un pensamiento crítico, y la causa principal de su fracaso es el miedo a juzgar.

Si alguien desea JUZGAR lo que yo he discutido aquí, ¡Perfecto! Bienvenido sea. Nunca he pensado que lo que digo está escrito en piedras. Con mucho gusto recibiré sus pensamientos críticos. De otra forma no podríamos crecer juntos en solidaridad por el bien de nuestras luchas.

(*) Wilfredo Gutiérrez, sociólogo, radicado en Estados Unidos.

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(**) Disculpénme por escribir en un solo género. Lo hago intencionalmente para no meterme en la pesadilla de escribir lo masculino y lo femenino para cada palabra que me salga al paso. Pero les aseguro que el hecho de escribirlo o no escribirlo NO REFLEJA el respeto, ni la consideración o el sentido de reciprocidad que yo siento y practico por la mujer en mi vida cotidiana. Imagínense el desbarajuste que pasaría si dijéramos âEL SER HUMANOâ? y âLA SER HUMANA,â? o âLA PERSONAâ? Y âEL PERSONOâ? como casos extremos de obediencia al imperialismo cultural. Seguramente necesitamos más palabras sexualmente neutrales para evitar la pesadilla, y para universalizar la igualdad entre los sexos, aunque sea simbólicamente ya que las estructuras de opresión y discriminación política, social y económica de la mujer [y de los hombres] son las más recalcitrantes.
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