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Discurs de S. Seguí al Ateneo de Madrid (04-10-1919).
17 set 2014

Discurso de Salvador Seguí

CONFERENCIA PRONUNCIADA EN MADRID EL 4 DE OCTUBRE DE 1919.

TOMADA TAQUIGRÁFICAMENTE

Ciudadanos, compañeros y amigos. Antes de todo cumple en mí, tengo la misión de saludaros en
nombre de todos los trabajadores de Cataluña, a los cuales, juntos con todos los demás compañeros,
representamos en este acto.

Después, debo deciros también que yo espero que seáis benévolos, al menos conmigo. Yo no soy
un profesional de la Tribuna, y, aparte de esto, catalán de nacimiento. Todas aquellas dificultades de
expresión durante mi breve peroración, espero que vuestra benevolencia, a la que me remito, como
he dicho antes, me las sabrá perdonar.

Como os decía nuestro compañero Pestaña, nuestra situación, la situación actual de la
organización obrera de Cataluña, es hoy más fuerte, mas capacitada, más tenaz que lo era antes.
Esto nos ha venido a crear una responsabilidad, que es, precisamente, la que justifica el que
tengamos necesidad de ir por todas partes, por todos los rincones de España, a decir a nuestros
compañeros todo lo que hacemos en Cataluña y lo que pretendemos realizar. De poco nos serviría
que esta fuerza inmensa, que se sostiene por su tenacidad y la convicción del proletariado catalán,
quedara encerrada en los muros muros de lo que se dice o se llama Cataluña solamente, por eso
tenemos necesidad de ponernos en comunicación con todos los obreros españoles y tenemos
necesidad de ponernos en contacto con todos los de fuera de España. Ahora vamos a decir ante
vosotros, como lo haremos mañana ante los demás trabajadores, lo que pensamos y lo que
queremos realizar.

Se habla, con demasiada frecuencia por cierto, de los problemas de Cataluña. ¿Qué problemas de
Cataluña? En Cataluña no hay ningún problema, el único problema que pudiera haber planteado en
Cataluña está planteado por nosotros, pero el problema que está planteado por nosotros no es un
problema de Cataluña, es un problema universal.

Cuando han venido aquí las representaciones organizadas de la burguesía catalana a hablar de
problemas de Cataluña, no han hecho más que desviar la opinión y decir cosas que no se ajustaban a
la realidad de los hechos.

En Cataluña —hay necesidad de decirlo así— existe otro problema que es el nuestro, y éste he
dicho ya anteriormente, que no es un problema de Cataluña, que es de España y es universal. En
Cataluña no hay problema porque allí solamente siente ese problema la burguesía organizada, que
está bajo los auspicios de la Liga regionalista.

Allí no hay problema catalán, porque de haberlo, a estas horas Cambó no hubiera sido ministro ni
sería tampoco ministrable.

En Cataluña no hay otro problema palpitante que un problema perfecta mente humano, el cual
personificamos nosotros, nosotros somos el portaestandarte de esta expresión humana de este
problema humano.


Los trabajadores de Cataluña no admiten un problema de independencia nacional

La Liga regionalista ha pretendido, y en parte ha logrado, dar a entender a toda España que en
Cataluña no había otro problema que el suyo; el regionalista. Esta es una falsedad; en Cataluña no
existe otro problema que existe en todos los pueblos libres del mundo, en toda Europa, un problema
de descentralización administrativa que todos los hombres liberales del mundo aceptamos, pero un
problema de autonomía que esté lindante con la independencia, ese no existe en Cataluña, porque
los trabajadores de allí no queremos, no sentimos ese problema, no solucionamos ese problema bajo
esas condiciones. [Aplausos.]

Que se dé, no ya la autonomía, que ésta después de todo es aceptable, que se dé incluso la
independencia a Cataluña, y ¿sabéis quiénes serían los primeros en no aceptar la independencia de
Cataluña? Nosotros, no; de ninguna manera; nosotros nos entenderíamos muy bien y pronto con la
burguesía catalana. ¿Sabéis, repito, quiénes serían los primeros en no aceptar la independencia de
Cataluña? Los mercaderes de la Liga regionalista, la misma burguesía catalana, que está dentro de
la Liga regionalista, sería la que no aceptaría de ninguna manera la independencia de Cataluña.

Por eso se plantea el problema falso, más que nada por la ineptitud, por la miopía mental de los
políticos de España, que han dado una cierta importancia a un problema que realmente era nada más
que una lucubración mental, una aspiración política de algo inconfesable de los líderes de la Liga.

Tenemos necesidad de decir esto, encajan perfectamente todas estas cosas que ahora encajan en el
acto que estamos celebrando, porque nosotros hemos tocado las consecuencias de esta parcialidad
primero, de esta falsa interpretación que del problema de Cataluña tienen todos los gobiernos.

¿Nosotros hemos ido a las cárceles; hemos ido a Montjuic y hemos ido a los buques de guerra por
actos delictivos cometidos por nosotros? No, repito. Se han suspendido las garantías
constitucionales en Barcelona, más que nada, porque decían y alegaban las autoridades que existía
ese problema y que ese problema podría acarrear graves consecuencias, cuando, realmente, este
problema no está planteado de ninguna manera.

No existe el problema de Cataluña, volvemos a insistir sobre ello y no será la última vez que lo
hagamos; no existe ese problema, porque la gran masa del proletariado de Cataluña, porque incluso
la clase media de Cataluña, incluso las clases directoras, las altas clases sociales de Cataluña no
sienten ese problema, no quieren la resolución de ese problema. Entonces, ¿por qué nosotros hemos
sido los que hemos tenido que tocar las consecuencias de esa actitud, de esa política en que se han
inspirado los Gobiernos? En las presentes circunstancias no existe la vida normal del derecho y de
la justicia —dicen— porque volverían las algaradas catalanas a perturbar la vida y la paz de
Barcelona. Esto lo han dicho las autoridades de Barcelona y es muy posible que el Gobierno actual
interprete los hechos de la misma manera, y nada más lejos de la realidad.

Queremos decir con esto, queridos compañeros y amigos, que estamos ciertos de tener que
aceptar responsabilidades que no nos incumben. Nosotros somos lo suficientemente serios para
aceptar aquellas responsabilidades que nos incumben, pero rechazaremos siempre, y de hoy en
adelante las rechazaremos con toda energía, todas aquellas responsabilidades que nos quieran cargar
y que no nos pertenezcan.

La lucha sindical de Barcelona tiene para nosotros una importancia capitalísima, no bajo el
aspecto en que hasta ahora se la ha considerado; la tiene por otros que nosotros creemos más
fundamentales.

¿De qué servirían tantos esfuerzos y tantos afanes si la responsabilidad de esa fuerza, si la
capacidad de esa fuerza, no fuera otra que el conseguir un real más y una hora menos? ¿Habría la
compensación de tantos sacrificios con ello?

De ningún modo, compañeros; y aquí tenemos que hablar con entera franqueza, con absoluta


sinceridad.

Nosotros vamos, como os decía anoche el compañero Pestaña, al comunismo, vamos a la
socialización de todos los bienes de la tierra. ¿Por que procedimientos? Por aquellos que las
circunstancias nos aconsejen, sin apartarnos de aquel camino que nos hemos trazado de antemano.

En este punto de mi discurso, aunque superficialmente, me voy a permitir pronunciar algunas
palabras sobre el concepto que nos merece la lucha sindical y, más aun, sobre el objetivo que la
lucha sindical, o el Sindicato, puede realizar.

En Barcelona hemos creído nosotros que la organización a base de Sindicatos únicos era el
máximo de potencialidad y de resistencia por largo plazo con ánimo de alcanzar el máximo
resultado. ¡Ah! Pero esto no solamemente se refiere a la lucha presente, sino que hace también
relación a lo que el mundo capitalista nos impone en estos momentos.

El Sindicato único es la garantía del futuro régimen social

Nosotros hemos visto en el Sindicato único algo más serio, algo más primordial, más
fundamental que todo esto; el Sindicato único viene a ser la preparación colectiva, viene a ser la
preparación profesional para que en el momento dado de la posibilidad de una transformación
social, esta capacidad colectiva y profesional sea la garantía de las demás clases sociales tengan
precisamente de cómo nosotros vamos a hacer y vamos a incautarnos de esa transformación.

Es innegable que todos los grupos, que todas las tendencias, que todos los partidos socialistas han
venido a cumplir hasta ahora una misión, que han realizado una buena labor; pero es innegable
también que desde este momento, cuando los hechos nos enseñan dolorosamente los fracasos
seguidos hasta el presente, es también evidente, digo, que hay necesidad de una rectificación es la
que nosotros planteamos y seguiremos planteando.

Ni el socialismo ni el anarquismo asegurarán la producción y el consumo

No son los partidos socialistas, no son los grupos anarquistas los que pueden garantizar, después
de la posibilidad de una transformación social, que el consumo y la producción estén
completamente normalizados. No.

Nosotros hemos visto que el único elemento, que la única fuerza, que la única organización que
podía tener esa garantía, era precisamente el sindicalismo, el Sindicato profesional.

La vieja doctrina del libre acuerdo preconizada por nuestro camarada Kropotkin, está desechada
por la práctica, porque la realidad de los hechos ha demostrado que era impracticable.

En cambio, nosotros sostenemos las teorías de Christian Cornelyssen cuando dice: «No hay que
fiarse de la buena voluntad del ciudadano o ciudadana en el día de la revolución o transformación
social, para que se normalicen la producción y el consumo».

No, hay necesidad de capacitar esa producción, para que cuando se verifique esa transformación
en la colectividad, todas las clases tengan la absoluta seguridad de que esa transformación de un
estado inferior a otro superior de justicia, se va a realizar con todas las garantías, se van a realizar
con todas las certidumbres, de que van a quedar cumplidos todos los deberes y todos los derechos,
de que van a quedar aseguradas todas las necesidades materiales de la vida para todos los humanos.
[Aplausos.]

Y los hechos hablan, compañeros y amigos; que si al Sindicato se le hubiera dado esa
responsabilidad, si al Sindicato se le hubiera dado esa facilidad, si al Sindicato se le hubiera dado
esa capacidad, a estas horas ni en Hungría, ni en Rusia, ni en Alemania, ni en otros pueblos, hubiera
ocurrido de ninguna manera que el proletariado hubiera demostrado su falta de condiciones, su falta
de preparación para hacer prácticas de socialismo en economía y de su sentido libertador en


política. Y estamos bajo ese hecho doloroso.

En Rusia, seguramente por esa falta de preparación, a pesar de esos esfuerzos gigantescos que
han realizado aquellos héroes, es más que probable que, por una parte, por el bloqueo de todos los
Gobiernos de Europa, de toda la burguesía internacional, pero por otra también, por esa falta de
preparación técnica profesional en el interior de su pueblo, para que la industria se desarrollara de
una manera normal y el trabajo de una manera normal también, es más que probable —digo— que
por un momento doloroso (que será un momento de transición, tal vez bueno también, porque
vendrá a dar precisamente la sensación de que hay necesidad de capacitarnos para ello y vendrá a
servirnos a nosotros de enmienda, y bien venido sea ese momento), en Rusia tal vez nuestros
compañeros, a pesar de los esfuerzos que han hecho, no podrán consolidar el nuevo Estado, que
tanta sangre, que tanto heroísmo les ha costado y en el que tantas esperanzas habían concebido.

Es innegable también que estamos en completa bancarrota del capitalismo.

Vino la guerra, determinada no por la miseria —los hechos hablan— sino por un exceso de
producción y por la falta de mercados que ciertos beligerantes necesitaban en el mundo para colocar
sus productos. Y así asistimos a la paradoja de que la riqueza, de que ese emporio de la civilización,
de que el esfuerzo, la suma de nuestra inteligencia y de nuestro esfuerzo muscular, han engendrado
la ruina, el dolor y la tragedia.

En el año 1914 había una superproducción en el mundo de un 28 por ciento y esa
superproducción no encontraba fácilmente mercado para su colocación; de aquí ha venido la guerra.

Consecuencia de esto, compañeros, es que cuando una clase tiene la responsabilidad, como el
capitalismo actualmente la tiene, y se encuentra en una situación tal, tal como se encontró en el año
1914, es que hay el germen ya en esa clase de su descomposición, de su incapacidad.

Por eso repito, como decía al principio, que asistimos a la bancarrota de la burguesía
internacional. Precisamente por eso es por lo que hay necesidad de que el sentido crítico, por una
parte, y el sentido constitutivo por otra penetren en lo más hondo de nuestra actuación, porque
vienen momentos tales de responsabilidad y peligro, vienen momentos para el proletariado
internacional de tan majestuosa solemnidad, que si nosotros, los españoles, estuviéramos preparados
y suficientemente organizados y capacitados para cuando el proletariado internacional llame a
nuestras puertas para hacer e traspaso del poder de la burguesía al proletariado, daríamos otra vez la
sensación de nuestra descomposición, de nuestra incapacidad, de nuestra desorganización y no
podríamos realizar aquella obra que es, precisamente, el norte, que es la guía de toda nuestra
actuación, y es en la que, en definitiva, la humanidad debe asentar, precisamente, todo su bienestar,
toda su libertad, toda su justicia.

He aquí la obra del Sindicato único, no para que haya la ventaja de que el conjunto de los
Sindicatos en determinados momentos apoye a la sección que está en lucha, no solamente para eso,
queremos el Sindicato único para que de día en día vayamos capacitándonos para esa producción,
queremos el Sindicato único para que seamos fuertes y seamos indestructibles, queremos el
Sindicato único para hacer una labor neta, realmente revolucionaria. [Grandes aplausos.] Queremos
el Sindicato único para cuando venga ese momento de la posibilidad de una transformación social.
Nosotros no estamos lo suficientemente preparados para hacer que el traspaso del poder se verifique
con la mayor normalidad posible. [Muy bien.]

Dentro del Sindicato único ha de haber escuelas profesionales; dentro del Sindicato único tienen
que venir por su buena voluntad —si no vinieran, los iríamos a buscar por la fuerza— los elementos
técnicos, porque necesitamos, que el momento apremia y la Historia nos empuja, estar
suficientemente capacitados para dar un puntapié a todo ese edificio social carcomido que nos
aherroja, que nos tiraniza, que nos mata, precisamente porque nosotros queremos vivir una vida
libre y noble; porque nosotros queremos, por encima de todo, el reinado de la justicia social sobre la


tierra. [Grandes aplausos.]

Por eso no vivimos ya aislados del resto de los trabajadores del mundo, estamos en relación con
los camaradas de Francia, Portugal, Holanda, Bélgica, en fin, de todas partes, y vamos haciendo que
la relación se ahonde más cada día y vamos haciendo más, vamos a asistir a un Congreso
internacional para decir que nuestro objetivo, nuestros puntos de vista, queremos que se discutan.

En el futuro Régimen, la hegemonía corresponderá a los sindicatos

Nosotros creemos que, de persistir en la creencia de que los partidos socialistas o de que las
agrupaciones anarquistas deben ser los que den esa regularización del nuevo organismo económico
para hacer prácticas de socialismo, incurriríamos en un error.

Los unos, los partidos socialistas, vean lo que sucede en Alemania: allí existen el partido del
centro, el de la derecha y el de la izquierda, modalidades después de todo que en todas las
colectividades de los hombres se manifiestan.

Pues bien: cuando son los del centro los que gobiernan no se encuentran representados en el
Gobierno ni los de la derecha ni los de la izquierda; cuando los gobernantes son los de la izquierda,
sucede lo mismo, y cuando ocupan el poder los de la derecha no está representada ninguna de las
otras dos fracciones socialistas.

¿Puede subsistir este error? ¿Son los partidos socialistas los responsables de la producción? No,
no se les pueden pedir esas responsabilidades. ¿Quiénes son los que tienen las facultades para esa
producción? Los Sindicatos profesionales y nada más que éstos. [Muy bien, muy bien.]

¿Son los grupos anarquistas los que, por muy buena voluntad que tengan, puedan garantizar el
complicado organismo y asegurar a la comunidad y a la colectividad social todo lo indispensable
para la vida? No, porque esto que los camaradas anarquistas en este punto sostienen, no es más que
un desahogo y un deseo; más que nada es un problema moral; pero la colectividad, las Sociedades
no pueden inspirar sus actos en la buena voluntad, deben contar con la realidad, y esto se traduce en
una forma harto impertinente, y por eso precisamente es por lo que los grupos anarquistas adolecen
de los mismos defectos y del mismo vicio de origen que los partidos socialistas.

No, no es el partido socialista del centro, ni es el partido socialista de la derecha, ni es el partido
socialista de la izquierda los que pueden asegurar la producción, es el delegado del Sindicato de
transportes, es el delegado del Sindicato de la alimentación, es el delegado del Sindicato
metalúrgico, es el delegado del Sindicato de construcción el que tiene la responsabilidad, por la
representación que ostenta, de asegurar todas aquellas necesidades que el conjunto de la
colectividad tenga. [Muy bien, muy bien.]

Por eso nosotros, en un próximo Congreso internacional, vamos a plantear esa cuestión, y vamos
a decir que la hegemonía del proletariado no pueden ejercerla ni los partidos socialistas ni los
grupos anarquistas; esa hegemonía deben ejercerla los Sindicatos profesionales, los sindicalistas.
[Muy bien, muy bien.]

Os he esbozado ya muy superficialmente, como os decía, lo que nosotros entendemos y creemos
que se debe realizar. El tiempo es un factor importantísimo que hay que tener en cuenta y que no
hay que desechar. Nosotros creemos que sería suicida, que sería criminal, el que en estas
circunstancias, en el actual momento histórico, nos entretuviéramos aún en discusiones acerca de
todo; y menos mal si se trata de discutir cosas, porque cuando se discuten personalismos es cuando
realmente se pierde el tiempo. Hay necesidad de que los hechos sean una viva acción para todos.
¿Qué hubiera sucedido, qué sucedería ahora mismo, compañeros y amigos, si la revolución
triunfante por toda Europa —aceptemos esa posibilidad— viniera a llamar a nuestras casas y a
nuestras puertas? Contestad vosotros por mí. No estamos preparados, no tenemos organización,
tendríamos incluso que decir a la burguesía: «No, nosotros no queremos aceptar esa


irresponsabilidad espera un momento; espera un momento; espera a que nos orientemos, no
sabemos de lo que se trata».

Así tendremos que conducirnos. ¿Por qué? Porque nosotros no estamos preparados, porque no
estamos suficientemente organizados, porque no sabemos nada, salvo honrosas excepciones, de esas
cosas, y eso es lo que hay necesidad de hacer: saber de esas cosas, prepararnos para esas cosas,
porque todas las ideas, absolutamente todas, triunfan cuando hay capacidad y organizaciones; pero
cuando hay solamente el sacrificio de luchar, pura y exclusivamente, el sacrificio de lucha sin esa
capacidad y esa organización, de poco sirve, compañeros y amigos.

Hay que capacitarse y organizarse para el día del triunfo

Hay necesidad de que al exponer nuestras personas, de que al exponer nuestra libertad, al
exponer incluso nuestras vidas, tengamos también preparada la capacidad, traducida en un
instrumento de organización, para que se traduzcan en realidades aquellas cosas por las cuales
nosotros luchamos.

Sin eso no se consigue nada, sin eso todas las luchas son absolutamente inútiles; por eso hay
necesidad —y a ello os invito, compañeros y amigos— de que nos preparemos, de que nos
capacitemos, de que nos organicemos. Hay que leer mucho y discutir más; pero cuando llegue el
momento de traducir en realidades todas esas cosas, que nos encuentren suficientemente
preparados, que nos encuentren teniendo la idea macho, que tengamos el brazo fuerte, que
tengamos la organización verdadera para traducir en realidades nuestras ideas. De esta manera es
como la burguesía ahora nos emplaza a una lucha de unos cuantos céntimos más; de esta manera es
como iremos socavando los cimientos que la sostienen; de esta manera es como nosotros, en
definitiva, lograremos el triunfo de nuestras ideas, como nosotros nos haremos dignos de nosotros
mismos y escribiremos en las páginas de la historia la única cosa que hay que escribir: la libertad
económica de los hombres, que es la precursora, que es la base de la libertad económica de los
pueblos. [Gran ovación.]


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Sindicat Terrassa