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¡Enemigos! En el primero de Mayo
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per A |
02 mai 2014
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Este Primero de Mayo, estaba contemplando el desfile multicolor, cuando me encontré con un disidente, que manifestaba que el sindicalismo era una puta mierda. ¡Qué buena oportunidad para el diálogo! |
De primero, acordamos que el enemigo es alguien o algo que pretende la aniquilación de nuestra resistencia, y la sumisión a sus mortíferos designios. El enemigo hostiliza, captura, destruye, somete…
Concretando, llegamos a la conclusión de que son enemigos: el Estado, sus policías y militares, sistema judicial, parlamento, y funcionarios activos y pasivos; los empresarios capitalistas, accionistas, aburguesados, pequeños empresarios con trabajadores asalariados, y trabajadores autónomos o subcontratados que trabajan para el Estado, ya que al colaborar con el mismo, se convierten en el enemigo; las Iglesias, sectas religiosas, cultos espiritistas y engañabobos, subvencionados o no, también. No podían faltar las ONGs, clubs deportivos…, puesto que todas/os, desde las sociedades filatélicas a INTERMON, al estar financiadas por el Estado, trabajan para el Estado –que es nuestro enemigo–, apunta; por supuesto, los sindicatos. Los que cobran subvenciones y mantienen liberados y votan y tal, por motivos obvios, ¡apúntalos!… Tampoco pueden faltar los partidos de derecha, de centro y de izquierda. Los que están en el Parlamento, por estar en el Parlamento. Los extraparlamentarios, unos por ser fascistas, nacionalistas, procapitalistas, y otros por ser comunistas, autoritarios, nacionalistas, sin olvidar las putadas que nos hicieron destruyendo las colectividades en 1938, ¡no olvides!; los trabajadores asalariados que colaboran con el enemigo tienen dos opciones: o cambiar de bando y venirse al nuestro, o pasar de inmediato al campo enemigo y asumir las consecuencias de su cobardía; la familia, padres y madres, enemigos igualmente; académicos, universidades, cruceros…
Por último –voz tenebrosa– están los peores enemigos, que son los enemigos que pretenden ser nuestros amigos, que dudan, que abiertamente se relacionan con el enemigo, y que por ello merecerían el trato que se da en la guerra a los que confraternizan, chaquetean, retroceden y no muestran el debido entusiasmo. Y la pequeñita central que no entra en el juego electoral, por ser una entidad inserta en la megamáquina, que anestesia a los trabajadores haciéndoles creer en la posibilidad de un cambio dentro de la sociedad industrial, y que se pasa el día en sus batallitas internas y en las externas aburriendo al personal y quitándoles su posibilidad de goce en la lucha, y que encima es anarcoestatista y socialdemócrata… ¡Peor enemiga! ¡Y apunta a los payasos!…
Tras acabar de redactar la inacabable lista de enemigos, formulé la siguiente evidencia, fresca y reconfortante: que en esto del enemigo…, tener tantos, y estar como una rosa…, es como no tener ninguno.
¿Y cómo reconocer al enemigo? De este modo: el enemigo es fiel. Un buen enemigo, nunca te traiciona. Sólo te deja enormes cicatrices y secuelas –si sobrevives al dolor y a la hemorragia– (1). Lo que es de uno es de todos, lo que es de todos es de nadie, lo que es de nadie es de uno.
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(1) Elige bien a tus enemigos, no sea que te acabe matando algún amigo. |
Mira també:
http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/29721 |
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