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Accidentalmente genocidas.
11 abr 2014

Contaba Galeano en su libro "El mundo Patas Arriba" que en muchos países del mundo, cuando aparecieron los primeros coches, hubo manifestaciones multitudinarias contra las máquinas asesinas que colonizaban la ciudad. Se alarmaba de la relación entre las automovilísticas y las empresas armamentísticas.
El coche fue pionero como móvil del crimen sin castigo: eran las máquinas de los ricos que asesinaban en la vía pública a los pobres sin repercusiones.

Hoy en día, los coches se encuentran entre una de las diez principales causas de muerte en el mundo. Pero ya no hay lucha. Lo que hace treinta o cuarenta años eran asesinatos de la megamáquina se han relegado en el imaginario colectivo al cajón de las desgracias naturales, simples y pasivos "accidentes" de tráfico.

Tengo a dos muertos cercanos por carretera. En primer lugar, un camionero con horarios abusivos. En segundo lugar, un chaval de un barrio sin futuro. Como tantos de su particular guetto, jugaba por las noches con la moto a hacer carreras kamikazes en la curva más mortal de la autopista.

La sangre del asfalto entiende, y bien, de clases.
Es asombroso lo rápido que nos acostumbramos a la muerte.
Pero la neolengua ayuda a descriminalizar el dolor, a neutralizarlo.

Accidentes de tráfico. La accidentalidad de la muerte implica muchas cosas: implica un dolor neutro sin venganzas, la inevitabilidad, la falta de responsabilidades a nadie.

La palabra Accidente es el salvoconducto de la rabia. La prensa se llena la boca al hablar de Accidentes Laborales.
21 muertos al estallar accidentalmente una fábrica pirotécnica en Vietnam.
243 muertos en un accidente en una fábrica textil en Bangladesh.
6 muertos por un accidental escape de grisú en una mina en León.
Accidentes. La vida de los pobres se cotiza poco. Se asegura poco. Económicamente vale poco y como tal, importa, en general, poco.

Los pobres trabajan por poco con poca seguridad.
Viajan por poco en vehículos poco fiables.
Vuelan por poco en aviones precarios que, también por accidente, se quedan sin gasolina a mitad de camino o tienen aterrizajes forzosos en medio de ninguna parte. Y si, en una de esas, fallan y hacen explotar las mil vidas pobres que vayan dentro, no cundirá el pánico. Sólo habrá sido un terrible accidente.
Y quienes no viajan más que en jeps privados con el mejor suministro del mercado llorarán la fatídica desgracia junto a lxs familiares.

El llanto de Manrique de "allí van los señoríos/ derechos a se acabar/ y consumir;/ allí los ríos caudales,/ allí los otros, medianos/ y más chicos,/ allegados son iguales/ los que viven por sus manos/ y los ricos" se nos sigue repitiendo como un Mantra. Pero en la calle no hay nada más desigual que la muerte. Es mil veces más fácil matar a un pobre que matar a un rico. Especialmente, la riqueza, no contenta con proteger contra la muerte, provee al poderosx de potestad para matar legítimamente. El derecho a matar es un derecho que corresponde a bien pocos, pero es probablemente el más usado y desgastado de todos.

Lxs muertxs se resignan a la muerte con extremada facilidad.

La propaganda mediática sobre el cáncer, esa "terrible pandemia del siglo XXI", se llena la boca hablando de curas contra el cáncer para no preguntarse lor las causas. Mientras tanto, se multiplican las fábricas que se enriquecen a costa de pudrirnos el aire, de pudrirnos la comida que meteremos en nuestros intestinos para que se nos pudran también con ella.

Y así llegamos a la era de la evolución. Todo el mundo nos dice que el mundo avanza, pero pocxs se preguntan hacia qué precipicio. La medicina descubre las curas milagrosas a cada enfermedad en fármacos que generan tres o cuatro nuevas enfermedades. “Los efectos secundarios de los medicamentos causan más muertes al año que las producidas por accidentes de tráfico y suicidios juntos”, informaba el catedrático de Farmacología Bernard Bégaud. La muerte es un efecto secundario de la cura.

Mientras tanto, en el mundo de las oportunidades y el desarrollo, en el Top 10 mundial de las razones preferentes para despertar a la mujer de la Guadaña sigue ostentando la Medalla de Bronce la falta de acceso a Agua Potable.

Y aún seguimos diciendo que mueren por hambruna, que mueren por inanición. Qué difícil es decir la palabra asesinato cuando nos identificamos más con el asesino que con l asesinadx.
Porque lxs pobres, así como lxs excluídxs, lxs marginadxs, lxs diferentes, lxs otrxs, lxs que no estamos arriba en ninguna jerarquía, lxs que nos quedamos abajo, o directamente fuera del tablero.. esxs no tenemos derecho ni a que nos maten. Simple y llanamente, morimos.
Mientras a lxs poderosxs lxs matan lxs asesinxs a sueldo, lxs ladrones de guante blanco, lxs terroristas, lxs guerrillerxs, lxs criminales... el resto es relegado a la muerte neutra.

Mueren por la explosión de una mina antipersona, mueren de hambre, morimos de cárcel, morimos de miedo..

A las putas cuando las matan, no las mata la violencia machista, mueren por rencillas personales con sus clientes;
A lxs presxs menores o mayores no los mata la cárcel ni lxs carcelerxs, se suicidan o "los mata la droga";
A lxs pobres no lxs mata la desigualdad que se erige como un templo, mueren de hambre, de sequías, de enfermedades no curadas a tiempo..

Hace un año vimos salir ardiendo el hospital psiquiátrico que había junto a nuestra universidad. Un loco, atado a pies y manos a la camilla de su celda se había prendido fuego a lo bonzo. Pero qué duda le pudo caber a nadie. A él no lo mato el presidio, ni la angustia terrible de la contención. Se mató porque estaba enajenado. Y gracias a Dios y a la institución que estaba a buen refugio para no herir a nadie más que a su propio cuerpo.

Es horrible lo rápido que nos acostumbramos a que nos maten. Lo rápido que olvidamos que nos matan. Y especialmente lo fácil que es olvidar que lxs nuestrxs matan a lxs otrxs.

Lxs locxs, lxs putxs, lxs presxs, lxs pobres, esa otredad inmensa de olvidadxs, esa que forma en su conjunto la gran e inmensa mayoría de la población.. nunca somos ni lxs torturadxs, ni lxs asesinadxs, ni lxs agredidxs. Nosotrxs somos lxs eternxs criminales. Y, si caemos, simplemente nos matamos entre nosotrxs, nos torturamos a nosotrxs mismxs, nos suicidamos, nos destruímos.

Sólo cuando unx llega al bando de lxs poderosxs, puede escribir la historia de su pueblo con mayúsculas. Y puede dibujar el pasado con sus torturas y la sangre con nombres y apellidos.

Mientras tanto, la culpa nunca será atributo de los poderosos.
Y por ello todo (y todxs) lo que destruyan a su paso no serán seremos otra cosa que efectos colaterales. Desgracias naturales. Accidentes.

https://www.youtube.com/watch?v=VxPJri9Woug
Mira també:
http://patriarcadas.blogspot.com.es/

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Comentaris

lenin está muerto
11 abr 2014
Fantasma
Re: Accidentalmente genocidas.
12 abr 2014
Menos mal que lo está.
Sindicat Terrassa