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Notícies :: dones
La cuestión del aborto
01 feb 2014
Tras la alocución del presi­dente Rafael Co­rrea negándose a despenalizar el aborto en casos de violación, una ola de malestar sacude a varios sectores del país. Espe­cialmente entre los grupos feministas y los movimientos de mujeres que, sin embargo, no son lo suficientemente fuertes como para desen­cadenar eficaces acciones de res­puesta.
Ecuador. Tras la alocución del presi­dente Rafael Co­rrea negándose a despenalizar el aborto en casos de violación, una ola de malestar sacude a varios sectores del país. Espe­cialmente entre los grupos feministas y los movimientos de mujeres que, sin embargo, no son lo suficientemente fuertes como para desen­cadenar eficaces acciones de res­puesta. Parte de las mujeres que ­lograron introducir los temas de género en la Constitución de 2008 ­están colaborando en la administración del Estado, pero tienen poca ­capacidad de incidencia en la determinación de las políticas. Otras han quedado fuera de la política institucional, pero al tiempo han perdido el enlace con el movimiento. Éste pervive en la Asamblea de Mujeres Populares y Diversas y en otros grupos y colectivos de mujeres jóvenes, aquellas justamente a las que el presiden­te denominó, con absoluta incontinencia verbal, “muchachitas desubicadas y malcriadas”.

Gracias a los esfuerzos de una legión de mujeres, que porfiaron en ello, la actual Constitución de Ecua­dor es una de las más avanzadas en cuestiones de género. Indica expre­samente que la paridad debe ­presidir la composición de todos los ­órganos gubernamentales y administrativos; y exige que se introduzca la perspectiva de género en todos los planes y programas. Sin embargo este mandato no se cumple, ya sea por inercia machista, por desa­cato explícito, o porque las mujeres activas en los órganos de la Adminis­tración no reúnan los requisitos exigidos.

Esto es una prueba más de que la paridad, por bien intencionada que esté, no logra desestabilizar el poder masculino y sólo consigue aupar a posiciones de poder a las pocas mujeres que están en situación personal, profesional, económica y cultural de compartirlo. Para el resto, y para una gran parte de las mujeres pobres y con escasa formación, esos puestos siguen siendo inalcanzables. Por eso un sector radical del movimiento feminista no ceja en sus críticas a las “tecnócratas de género” cuyos esfuerzos tampoco han podido impedir este último ataque. Como en otros países, este feminismo institucionalizado o en proceso de institucionalización tiene poca garra política anti-sistémica y sólo consigue perpetuar el poder sobre las mujeres.
Convicciones morales

Tampoco es capaz de protegerse a sí mismo. El presidente ha entendido que la iniciativa de algunas asambleístas [diputadas] de Alianza-País [el partido de R. Correa] para despenalizar el aborto en caso de violación, supone una deslealtad y una traición a los acuerdos suscritos para las elecciones. Y sugiere que estas mujeres se habían apuntado torticeramente a la coalición aún a ­sabiendas de las convicciones religiosas y morales del candidato presidencial. Pide sanciones para ellas e incluso se plantea solicitar su revocación: para él es más importante la supuesta lealtad al proyecto que la defensa de posiciones clave, como podría ser la cuestión del aborto. No duda en acusarlas de falta de visión política pues privilegian una cuestión moral que nada tiene que ver con la justicia social. Y nosotras nos preguntamos: ¿cómo es posible tanta ceguera?

En la constelación de colectivos ecuatorianos que se han pronunciado contra esta decisión un grupo muy importante son las mujeres amazónicas. Hace unos días estas mujeres llegaron a Quito desde la Amazonía con sus pertenencias y sus hijos a cuestas, dispuestas a entrevistarse con el primer mandatario. No consiguieron que las recibiera, pero en las asambleas públicas hicieron oír su voz con un nuevo acento. Para ellas el tema del aborto está ligado a la defensa de sus territorios y comunidades, y se enlaza a la protección del Yasuní. Ambas son cuestiones de justicia, de equidad y de defensa de una vida digna. Como dijo una de ellas: “yo vengo aquí a defender mi tierra porque es el modo de defender una vida digna para mis hijos. Pero no quiero que me hagan tener aquellos hijos que no deseo”. La soberanía de las mujeres sobre sus cuerpos es un elemento esencial de la capacidad para decidir sobre sus vidas y condición básica para participar políticamente.
Mujeres, naturaleza y derecho al aborto

No olvidemos que la Constitución ecuatoriana reconoce los derechos de la Naturaleza a ser cuidada y reproducida, lo que aquí en Ecuador se llama el Buen vivir o Sumak kawsay, el cual es, a su vez, un principio constitucional. Este principio establece una relación directa con los movimientos de mujeres indígenas ya que ahí donde nosotras, las occidentales, decimos “feminismo”, ellas traducen “buen vivir para las mujeres”. E incluso dan un paso más. Co­mo señala el colectivo boliviano “Mujeres creando”, no se puede descolonizar sin despatriarcalizar. El patriarcado supone un control “colonial” sobre los cuerpos de las mujeres que corre parejo del dominio ­colonial capitalista. Por eso no es posible que los nuevos gobiernos latinoamericanos logren descolonizar hacia afuera sus territorios si mantienen las colonias internas sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres. El derecho a un aborto seguro es el derecho a no morir por trasmitir la vida. Las mujeres no somos seres depravados y licenciosos, que no cuidamos de nosotras mismas, como quiere presentarnos la misoginia patriarcal.
Nuestro cuerpo es "la tierra"

En este marco ellas no plantean la defensa del derecho al aborto como el derecho al uso y disfrute de nuestro cuerpo desde una con­cepción individualista. Sino que re­sal­tan la analogía con la tierra como fuente de vida: nuestro cuerpo es la “tierra” que nos da vida y permite nuestra subsistencia. Los hijos, fruto de esta “tierra”, deben ser alumbrados donde puedan crecer y por consiguiente el aborto debe ser entendido como un “acto de amor” que protege a las mujeres y a sus hijos/as de toda la violencia sexual de la que pueden ser objeto.

El derecho a un aborto seguro es el derecho a no morir por trasmitir la vida. Las mujeres no somos seres depravados y licenciosos, que no cuidamos de nosotras mismas, como quiere presentarnos la misoginia patriarcal. Las mujeres, también las más pobres y desfavorecidas, somos seres inteligentes y capaces de interpretar nuestros deseos y nuestras posibilidades. Cuando una mujer decide abortar es porque no puede hacerse cargo de esa nueva vida, por diversas que sean las razones para ello. El aborto es algo milenario, lo único que cambia es que pueda hacerse en condiciones de seguridad o deba hacerse a escondidas y con riesgo para la salud de las mujeres.

Por mucho que se empeñen los dirigentes, las mujeres seguiremos abortando, pero las adineradas se costearán un procedimiento seguro, mientras que las pobres se arriesgan a morir por ello.

En un país donde 125.000 mujeres abortan cada año, exigir a una mujer que queda embarazada a consecuencia de una violación que tenga a esa criatura es una maldad ­patriarcal extraordinariamente perversa y dañina para todas las mujeres.

Si tocan a una, nos tocan a todas.
Mira també:
https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/20841-la-cuestion-del-aborto.html

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Comentaris

Re: La cuestión del aborto
01 feb 2014
"La soberanía de las mujeres sobre sus cuerpos es un elemento esencial de la capacidad para decidir sobre sus vidas y condición básica para participar políticamente." La única solución a la mayoría de problemas a los que nos enfrentamos, como mujeres y como personas, es conseguir autogestionar nuestras vidas, nuestra salud y nuestros abortos. El "derecho al aborto" entendido como servicio estatal no nos proporciona soberanía sobre nuestros cuerpos desde el punto en que, por ejemplo, no tenemos ni zorra de qué nos están practicando en el momento de abortar, no conocemos nuestros ciclos como mujer, no conocemos nuestros cuerpos ni sabemos interpretar sus señales, etc. Lo que necesitamos es recuperar estos conocimientos que el asistencialismo estatal nos ha arrebatado, acabar con esta alineación que nos provoca el dejar en manos ajenas el poder sobre nuestros cuerpos, y crear las estructuras y los entornos adecuados para poder llevarlos a la práctica (ahí es nada). Por lo pronto en Barcelona ya hay grupos como "Salut entre totxs" que se dedican a reflexionar sobre estas y muchas otras cuestiones. http://salutentretotxs.wordpress.com/
Re: La cuestión del aborto
01 feb 2014
Entiendo que se pueda defensar la lucha contra la ley sobre el aborto como lucha táctica y estratégica para el momento en el que nos encontramos -al fin y al cabo tristemente hemos perdido la mayoría de conocimientos necesarios para dejar de depender de la sanidad pública o privada- pero siempre desde una impugnación a estas estructuras, desde una voluntad de crear estructuras nuevas que nos permitan dejar de depender del Estado y nos vuelvan a hacer soberan@s de nuestras vidas y de nuestros cuerpos. No defiendo ninguna lucha reformista como un fin en si misma, confío mucho más en la capacidad de apañarnos desde el pueblo que en las migajas que nos van quitando y dando desde arriba.
Re: La cuestión del aborto
04 feb 2014
De acuerdo hasta un cierto punto. Aunque queramos ir hacia una autogestión de nuestras vidas, tenemos que practicarlo, aprender, entender, cambiar muchas cosas por el camino. Lo que no podemos permitir es que en ese proceso mueran mujeres por no poder abortar, muerte física o muerte en vida por tener que acarrear una carga no deseada. Aunque pueda parecer una lucha reformista estamos jugando con la vida de personas, así que yo digo autogestión como meta pero apoyaré también que hayan servicios de salud que nos ayuden a, en esa transición, no perder a más compañeras por el camino. Los feminicidios son demasiados a lo largo del planeta.
Eso sí, me cago en el cabron del correa, el gallardón y todos los hombres que se atreven a intentar legislar y controlar los cuerpos de las mujeres, contra esos, aborto retroactivo YA
Re: La cuestión del aborto
04 feb 2014
No parece una lucha reformista, ES una lucha reformista. Las mujeres han abortado durante toda su historia y no han necesitado de la sanidad estatal para hacerlo; ellas poseían los conocimientos y la técnica necesaria, conocimiento que ha sido expropiado por el Estado y el capitalismo.

Estoy de acuerdo en que tenemos que luchar para que las condiciones no sean cada vez peor, para que no se legisle cada vez más sobre nuestras vidas, pero siempre con el objetivo de llegar a la autogestión. En la mayoría de colectivos que están luchando contra la ley del aborto no se hace ningún tipo de trabajo para recuperar estos conocimientos propios de las mujeres, con lo que al final sólo se le está haciendo el juego al Estado y sus estructuras, y se nos está convirtiendo a las mujeres en cada vez menos soberanas de nuestros cuerpos y menos autónomas.

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