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Notícies :: corrupció i poder
¿El miedo va a cambiar de bando?
18 feb 2013
isaac Rosa para eldiario.es
Lo dijo Alfon, el joven vallecano detenido y encarcelado dos meses en régimen FIES por su participación en la huelga general. Lo advirtió a la salida de la cárcel: “El miedo va a cambiar de bando”. Lo cantan también Los Chikos del Maíz y Habeas Corpus: “El miedo va a cambiar de bando”. Y en terrenos más integrados, lo decía también Izquierda Unida en un vídeo contundente hace unos meses: “La crisis acabará cuando el miedo cambie de bando”.

Es un lugar común, cada vez más repetido: los trabajadores vamos perdiendo por goleada este último asalto de la lucha de clases que hemos dado en llamar crisis; y lo vamos perdiendo por culpa de ese desigual reparto del miedo: todo para nosotros, nada para ellos.

Que a este lado hay miedo, es obvio: miedo a que te despidan, a que te echen de tu casa, a hundirte en la miseria, a perderlo todo y aun seguir debiendo. Y algo más arriba, en la frágil clase media, miedo a descender, a perder un nivel de vida y un bienestar que parecía ya consolidado, miedo al futuro, a qué será de nosotros y de nuestros hijos.

El miedo no suele ser un agente revolucionario, con pocas excepciones (se me ocurre el Gran Miedo francés de 1789, que provocó revueltas y aceleró la abolición del feudalismo). Por lo general las revoluciones son posibles cuando el miedo al presente es mayor que el habitual miedo a cambiarlo todo de golpe y entrar en terra incognita. Si el proletariado fue alguna vez un sujeto revolucionario lo fue más bien por su falta de miedo, por no tener ya nada que perder.

Hoy sin embargo, como recuerda Zizek (Primero como tragedia, después como farsa), “lo que nos une es que, al contrario de la imagen clásica del proletariado, que ‘no tiene nada que perder, excepto sus cadenas’, nosotros estamos en peligro de perderlo todo”. Y esa es otra garantía antirrevolucionaria hoy: que todavía tenemos más miedo al cambio que a la crisis. Conservar lo que todavía tenemos, antes que buscar algo mejor. Lo malo conocido, lo bueno por conocer. Entre otras cosas, porque en el fondo la mayoría seguimos fantaseando con que la salida de la crisis será un regreso a la casilla inicial, como despertar de una pesadilla. Es el deseo dominante, todavía: no ser otros, sino volver a ser los que un día fuimos. No aceptamos que aquellos, como las oscuras golondrinas, no volverán.

Pero retomemos la idea inicial, esa de “el miedo va a cambiar de bando”: si aceptamos que esto va a seguir igual o peor mientras el miedo no se reparta, la pregunta es: ¿cómo lo repartimos? ¿Qué hace falta para que los beneficiarios y administradores de la crisis -la alta burguesía, los grandes empresarios y propietarios, el poder financiero y la clase política dirigente- tengan miedo, sientan esta vulnerabilidad nuestra? ¿Cómo asustar a quienes no solo no están en peligro de perderlo todo, sino que tienen en su mano ganarlo todo?

¿De qué tiene miedo un banquero, un gran propietario, un gran accionista, un dirigente de la patronal, un titular de una SICAV, un consejero delegado (sí, parecen figuritas de un Belén, pero así hemos convenido en retratar al otro bando)? ¿Tienen miedo de nosotros, de nuestras huelgas, manifestaciones, desobediencias, firmas? Hasta ahora, más bien poco, reconozcámoslo. El tradicional miedo a las masas (que arrojaba a la burguesía en brazos del fascismo) no parece hoy impresionarles tanto.

¿Y la clase política dirigente? ¿De qué puede tener miedo un ministro, un comisario europeo, un diputado, un alcalde, un gobernador del Banco de España, una delegada del Gobierno? En democracia, la respuesta debería ser: miedo a los gobernados, miedo al pueblo soberano, miedo a ser censurados, cesados, apartados del cargo; miedo a no ser reelegidos, a ser derrotados en las próximas elecciones. Y en una estafa como la actual, además, miedo a ser investigados, acusados, juzgados, condenados, encarcelados.

Sin embargo, en España la alta política es un deporte de bajo riesgo y que además se practica con red. Para empezar, cada vez más miembros de la clase política pertenecen a la clase alta en términos económicos, al menos eso dicen sus declaraciones de bienes. Pero además, entre ellos el riesgo de caída es pequeño, y la posibilidad de llegar al suelo es escasa. El cesado o dimitido es inmediatamente recolocado en otro puesto, o acomodado en uno de los muchos cementerios de elefantes; el derrotado es bien pagado por la empresa privada en algún consejo de administración; el imputado sigue contando con el favor del partido; el investigado se beneficia de una justicia lenta y cruzada de intereses y complicidades, que facilita prescripciones, archivos y absoluciones; y el condenado es sistemáticamente indultado, como última red de seguridad para que nadie se haga daño en caso de que todo lo anterior falle.

Arriba no hay miedo, porque hay poco riesgo de caída. Entre la clase propietaria y la clase política dirigente, en el seno de ambas y en cada una respecto a la otra, funcionan mecanismos de protección y rescate muy fuertes. Llamémoslo por su nombre: solidaridad. Sí, suena raro, parece impropio, pero en la clase alta opera una poderosa solidaridad de clase. Sus miembros son solidarios con su clase, defendiendo sus intereses; y su clase es solidaria con cada uno de sus miembros, no los deja caer. Duele decirlo, pero durante los últimos años la solidaridad de clase, esa que flaqueaba entre los trabajadores, brillaba con fuerza en los pisos de arriba. Los revolucionarios del final del siglo XX fueron los neoliberales, y para su revolución no descuidaron uno de sus pilares esenciales, sin el cual no hay revolución posible: la solidaridad de clase.

Que el miedo cambie de bando, que los de arriba sientan el miedo que hoy sentimos nosotros, no parece fácil por esa red de seguridad que han tejido, tupida por intereses cruzados, objetivos comunes, complicidades. Se me ocurre que sería más sencillo dejar de tener miedo nosotros. Como vasos comunicantes, cuanto menos tengamos nosotros, más tendrán ellos. Y para eso, hay que reconstruir por abajo nuestras propias redes de seguridad, nuestras propias formas de cuidarnos, de sujetarnos, de rescatarnos; hasta que sean tan fuertes como las suyas. Nuestra solidaridad de clase.
Mira també:
http://www.eldiario.es/Kafka/miedo-va-cambiar-bando_0_101489920.html

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Comentaris

Solidaridad Obrera, juny del 2012
18 feb 2013
soliobrera-juny.jpg
CONTRA LAS SUBVENCIONES A SINDICATOS, A PARTIDOS, A BANCOS, A LA MONARQUÍA...

La sociedad corrupta, especulativa y miserable está quedando ya en evidencia a marchas aceleradas. Las personas son demasiado bondadosas y confiadas, todavía hay quien cree que alguien con poder puede ser honrado y puede pensar en el bien común. Y de ahí se nutre tanto la izquierda como la derecha, de echar mierda contra el de al lado para ganar votos y confianza.

Pero quienes movemos y construimos todo, es decir, quienes trabajamos, somos quienes deberíamos llevar la sartén por el mango, quienes decidir qué hacer con el fruto de nuestro esfuerzo, con la fuerza de nuestra vida.

El Estado se lo ha montado bien, transformando a sindicatos en empresas gestoras de los movimientos de trabajadoras y trabajadores, hinchándoles a subvenciones. Vemos como tras firmar la última reforma laboral donde todavía se quiere esclavizar más a la población, UGT y CCOO, su lema era «Se lo quieren cargar todo», ni siquiera dejan claro que no querían la reforma laboral. De hecho, es patético que la hayan aprovechado para hacer un ERE. Tras aprobar la reforma, les inyectaron 1,6 millones de euros a cada sindicato.

De mientras, los banqueros no paran de subirse los sueldos, lloriquear de que no pueden pagarse el seguro de los 10 coches de lujo que tienen, ni el IBI de todas sus mansiones y piden al Estado dinero que roban con las subidas de impuestos, que sobretodo sufre la clase trabajadora. E intentan labarse la imagen, pero hay quienes ni controlando los medios de comunicación ya podrán labarse la imagen, y es el caso de Rodrigo Rato que rechazó la indemnización de Bankia, queriendo hacer creer a la gente que es por honradez, pero no es más que por seguir siendo el director de Caja Madrid y seguir cobrando como un alto cargo.

Ahora, vista la situación, es ya el momento de crear un mundo autogestionado, que margine y desprecie al Estado, que lo rechace en todas sus formas, dejando de lado a los intermediarios y a todos sus mercenarios sin moral.

EL ABUSO DE LA «DOCTRINA SHOCK» Y LA RIDICULEZ DE SU ESTRATEGIA REPRESIVA

Naomi Klein es quien dio a conocer este mecanismo que utiliza el capitalismo de control de masas. Se basa en mediante el shock, causar impactos emocionales en las personas para influirles en su conveniencia.

Pero, visto lo visto, mediante el abuso de esta doctrina también les puede salir rana, porque una mentira mil veces repetida se convierte en verdad, pero cuando se consigue desmentir, se derrumba como un castillo de naipes, desenmascarando a todos esos sin vergüenzas que han estado robando y riéndose del resto.

Vemos por ejemplo el caso de la policía en la manifestación del 1 de mayo del 2012 en Barcelona, donde se infiltraron policías con brazalete identificativo de la policía, sin el número de placa, portando porras metálicas extensibles (ilegales) y abusando de su autoridad. Lejos de causar miedo, fueron el hazme reír, por las redes sociales un montón de comentarios riéndose de ellos. Añadiendo a ello que públicamente se echan mierda entre ellos porque «ponen en peligro a policías».

Es decir, que primero van a detener a gente con su omnipotencia, y después cuando ven que la gente no es rebaño, se ponen a lloriquear a sus altos cargos. A esto después se les añade las detenciones masivas que han hecho de huelguistas acusados de no callarse frente al sistema de dominación que están creando.

LA SOLIDARIDAD ES LA TERNURA DE LOS PUEBLOS

Quienes luchamos, sabemos que una vez abiertos los ojos ya no se pueden cerrar. Nuestra lucha es legítima y necesaria, mientras que las acciones de los capitalistas son ilegítimas y criminales.

El gasto militar sigue en aumento tanto como el gasto en represión y en corrupción. Los impuestos al alza, la utilización de lo pagado con dinero del pueblo cada vez más privatizado y expropiado en manos de una oligarquía. Pero no son desconocidos, son los mismos de siempre, los herederos y aprendices de los Rockefeller y los Morgan, los herederos de los principios de Adam Smith y su sistema de permanente endeudamiento y posterior sometimiento.

Frente a todo esto, nos queda organizarnos, alzarnos contra todas sus injusticias.

Junto a nuestros iguales, primero de todo tendremos que comenzar a conocernos, a comprendernos y a respetarnos. Una vez pasada esta primera barrera, nos quedará solamente construir lo que queramos construir.

Porque nosotrxs somos y seremos lo que queramos ser, y nunca lo que ellos quieren que seamos.

Por la extensión de la revuelta. Por la generalización de la autogestión.

Arriba las y los que luchan!
Mira també:
http://soliobrera.cnt.es/secciones/editorial/950-el-miedo-va-a-cambiar-de-bando.html
Re: ¿El miedo va a cambiar de bando?
18 feb 2013
Podría compartir el "fondo" desde el que parece que se escribe el texto, peor no comparto la "forma", en el sentido de trastocar mucho más los términos que, "los de arriba", ya han ultrajado ante nuestro consentimiento de no llamar las cosas por su nombre.

En este sentido el texto dice que hay que hacerlo, pero luego entra en el mismo juego del poder, trastocando mucho más, si cabe, el sentimiento de "solidaridad de clases", haciéndolo pasar por actos que han sido siempre una constante en el orden funcionarial e institucional como pueden ser, los pactos de silencio que todas las fuerzas políticas parlamentarias han asumido sin excepción, pese a las denuncias cruzadas propias del juego electoral. Otra cuestión característica del poder de los de arriba, es la impunidad de sus actos. Una impunidad que no sería posible sin la colaboración de las instituciones políticas, judiciales y los medios de comunicación o lo que vendría a ser lo mismo, las grandes corporaciones empresariales, que son la gran mano que mece la cuna de esta corrupción generalizada cada vez más grande.

De acuerdo con las palabras de Zizek..., aún no son demasiados quienes lo han perdido todo. Aún somos muchos los que, pese a haber perdido casi todos los derechos, no estamos todavía a la intemperie. O sea, podemos perder más, tanto si los de arriba siguen con su desmedido proyecto especulador, como si nosotros lo enfrentamos directamente, y nos resistimos a ambas situaciones esperando algún atisbo de un extraño sentido común inexistente entre los de arriba.

Es en esa espera, en la que no buscamos maneras de organizarnos porque nuestro mundo ya está suficientemente individualizado y, en el mejor de los casos, sólo nos movemos cuando nos toca a nosotros, y además lo hacemos muy tímidamente no sea que vaya a perder más todavía... Y en ese "impasse" algunos andamos haciendo muchas cosas, para tener la sensación de que hacemos algo, pero la mayoría son inútiles porque evitan la necesaria confrontación en la que nadie quiere ser el primero "en caer", cuando lo cierto es que ni seríamos los primeros, ni seremos los últimos.

Y mientras tanto, divagamos, esperando una señal, como si no hubieran miles de señales. Esperando el milagro de la solución, algo que nunca llegará si no se llega a la confrontación. Y negando la posibilidad de que no podamos verlo, y ahí nos protegemos, nos resguardamos y acunamos nuestros múltiples miedos, amamantándolos con un pecho escuálido y seco.

Nuestros cadáveres no sobrevivirán a nada de esto, y sin embargo nos resistimos a aceptarlo. No tenemos la decisión de los temerarios, de los que saben que siempre hay un primer riesgo que superar para que todo esto se inflame y su sistema, armado hasta los dientes, estalle.

El sistema se ha dotado de muchas y avanzadas tecnologías, pero todavía no ha encontrado balas que acaben con los invisibles. Todavía no tienen armas con las que, de un solo disparo, exterminen a las clases disidentes, a las personas organizadas. Sus armas, actúan siempre contra la individualidad para herir de muerte a "lo colectivo". Lo sabemos, y sabemos que si colectivamente, y aún con miedos, nos hacemos fuertes, su miedo aumentará en relación con el nuestro, y algunos de los nuestros desaparecerán, como por ejemplo, el sentirnos solos frente a esa bestia abominable patriarcal que es el capitalismo neoliberal.

Si todavía no estamos fuertes como para librar esa batalla, empecemos a cuidarnos para ella. A construir experiencias que podamos sentirlas nuestras y a defenderlas frente al ataque garantizado de sus agentes del estado... No olvidemos que, detrás de los políticos, casi siempre hay intereses comerciales y económicos. Es ahí donde les duele. Es eso lo que mueve este sistema de codicia desmedida.

Tampoco olvidemos que este sistema de relaciones de humillación, desvalorización y abuso sistemático, no es ni más ni menos que la esencia del patriarcado. Dependientes económicamente del sistema, estamos completamente en la voluntad de sus manos. Si la economía es su arma de dominación masiva, tenemos que inutilizarla... Si nuestros deseos no entran en la prioridad de sus intereses, tendríamos que ignorarlos y dejar de insistir en que otros políticos son posibles para una democracia más justa o para un capitalismo más humanitario.

Recuperando el sarcasmo del propio Zizek, "aquí la situación es catastrófica, pero no seria"
Re: ¿El miedo va a cambiar de bando?
18 feb 2013
Para sarcasmo la CNT-AIT haciendo de cortafuegos para evitar que el miedo cambie de bando:
¿desde donde invocan la muerte del Estado?
¿Desde el reconocimiento del Estado a su sello de goma oficialmente atribuido (con sus correspondientes compensaciones economicas) a traves de unos jueces franquistas?
¿De verdad creen que el miedo cambiara de bando solo porque ellos vengan aqui y nos lean su catecismo hueco?
¿Porque lo diga un pseudosindicato decrepito sin apenas asalariados en sus filas?
Re: ¿El miedo va a cambiar de bando?
19 feb 2013
Jóven, te has leído el final?

[...]Junto a nuestros iguales, primero de todo tendremos que comenzar a conocernos, a comprendernos y a respetarnos. Una vez pasada esta primera barrera, nos quedará solamente construir lo que queramos construir.

Porque nosotrxs somos y seremos lo que queramos ser, y nunca lo que ellos quieren que seamos.

Por la extensión de la revuelta. Por la generalización de la autogestión.

Arriba las y los que luchan!

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