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Notícies :: globalització neoliberal
Otro anticapitalismo es posible
14 des 2012
Reflexiones de Antón Dké en su blog sobre anticapitalismo.
En el preámbulo de la modernidad burguesa, la primera insurgencia anticapitalista fue campesina y europea, la encabezó Tomás Müntzer en Alemania, al grito de ¡omnia sunt comunia! (todo es de todos). La rebelión campesina reinterpretaba así, al modo comunista, los evangelios cristianos; su cultura comunitaria fue derrotada en batalla campal, Müntzer fue asesinado y la rebelión fue contundentemente aplastada en mayo de 1525, con lo que los terratenientes, banqueros y nobles de entonces recuperaron e incrementaron sus privilegios feudales. Desde su inicio, la modernidad burguesa estuvo marcada por esta oposición absoluta entre las dos viejas culturas, de la opresión y la emancipación.

En los albores del capitalismo industrial, que ya apuntaba su actual vocación global, los ciudadanos de París organizaron la insurgencia frente al poder. La Comuna de París fue el movimiento de la insurrección que logró el gobierno efímero de la ciudad por un tiempo de sesenta días, en la primavera de 1.871. Por entonces, la Primera Internacional o AIT (Asociación Internacional de Trabajadores) ya tenía unos años de vida (fue fundada en 1.864, en Londres) y, en 1.872, antes de producirse el cisma entre comunistas y anarquistas, Marx y Bakunin se enfrentaban en una fuerte discusión acerca de la naturaleza comunista o anarquista de la Comuna de París. La AIT se trasladó a Nueva York y se disolvió en 1.876. En 1.889 nace la Segunda Internacional, de corte socialdemócrata, y en 1.922 la AIT volvería a refundarse como organización exclusivamente anarquista.


Las insurgencias por la emancipación encontraron nuevas oportunidades en el siglo XX con las revoluciones comunistas de Rusia y China que, como sabemos, concluyeron con la progresiva mutación al capitalismo salvaje a partir de 1.978, en el caso de China, y la degeneración burocrática de Rusia, con su definitiva descomposición en 1.991.

En la actual era de decadencia del capitalismo, vuelve a emerger una nueva oportunidad para la emancipación humana, pero esta vez lo hace en medio de una atmósfera pesimista, consecuencia del pesado lastre que supone la herencia de todas las derrotas anteriores. La gran diferencia respecto a pretéritas oportunidades es que si en esta ocasión vuelve a suceder la derrota, ésta abriría paso a una era de barbarie inimaginable, ya que el poder autodestructivo del capitalismo actual es inmensamente superior al de todas las épocas anteriores. Ese pesimismo histórico tiene su fundamento en el relato de una modernidad imaginada como una pesadilla, una eterna repetición de la misma escena, en la que el decorado cambia a toda prisa junto con la dimensión y complejidad del propio escenario…, pero permanece intacto siempre el mismo argumento central de la representación, el dominio de unos individuos por otros, siempre protagonizado por los mismos personajes primitivos y enemigos, amos y esclavos.

La radicalidad de la situación actual exige enfrente una posición igualmente radical que, por ejemplo y para empezar, debería llevarnos a llamar a las cosas por su nombre. De tal modo que:
-Nunca más deberíamos utilizar la palabra “democracia” cuando nos refiramos al sistema político dominante (la “oligocracia” capitalista), por muy parlamentaria que sea.
-Nunca más deberíamos hacer diferencias entre socialismo y comunismo, ni de estos conceptos con el de democracia, por ser éstos la misma cosa (democracia social, política, económica y ecológica).
-Nunca más deberíamos identificar como de “izquierdas” a organizaciones socialdemócratas que asumen los principios ideológicos del capitalismo.
-Nunca deberíamos atribuir el adjetivo de “anticapitalistas” a aquellas organizaciones que entre sus objetivos no asuman, de modo claro y explícito, la abolición del capitalismo y, por tanto:
.De la actual organización económica de la sociedad (basada en la apropiación privada de los bienes comunes, en la asignación de recursos a través del mercado y en la esquilmación de los recursos naturales).
.De la organización política vertical (me refiero al Estado y a los gobiernos oligárquicos en cualquiera de sus modalidades).
.De la organización jerárquica (y clasista) de la sociedad.

Previamente, resulta imprescindible entender que el capitalismo no sólo se sostiene por el control de la propiedad y el poder político, que si bien es así, ello no sería posible sin una significativa complicidad de gran parte de la sociedad. De ahí que sea necesario identificar la razón por la que, incluso sus propias víctimas asumen sus principios ideológicos: el capitalismo se sostiene porque ha conseguido su predominio cultural en base a una idea de progreso basada en la posesión, acumulación y consumo sin límite de bienes materiales. Las insurrecciones hasta ahora derrotadas compartían con su enemigo esa misma y errónea idea de progreso.

Así, pues, a las alternativas políticas que todavía asumen esa ideología de progreso autodestructivo, les corresponde el reconocimiento del error y la consiguiente rectificación…sólo a partir de ahí será posible plantear la alternativa de una sociedad verdaderamente igualitaria y libertaria, asegurar la supervivencia de la sociedad humana y alcanzar su definitiva emancipación. Una alternativa que, en consecuencia, sólo cabe pensar como un proceso de sustancia ética-cultural, con dimensión universal, y no como un episodio meramente político-electoral, ni necesariamente violento, sino como un proceso simultáneamente demoledor y creativo, un proceso radical y revolucionario de tránsito a la Democracia.

Ya no hay tiempo para ensayos repetitivos que nos lleven al mismo embudo de anteriores ocasiones y a la reedición de las acostumbradas derrotas. Esta vez estamos acuciados por una obligada necesidad, ¡esta vez hay que ganar!: porque es muy probable que no quede otra.
Mira també:
http://blognanin.blogspot.com.es/2012/12/otro-anticapitalismo-es-posible.html

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