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Anàlisi :: corrupció i poder
Jugando con las cartas marcadas
27 nov 2012
Nuevo artículo del blog de Nanín.
No somos iguales, unos somos altos, otros bajos, unos tienen buena salud y otros no, unos tienen un cuerpo agraciado y otros no, unos son inteligentes y otros lo son menos. Esto es inevitable y quienes tienen mejores ventajas pueden estar satisfechos. Pero imaginaros que todos fuéramos realmente iguales en lo público, en todo aquello que tenemos en común y que afecta a nuestras relaciones sociales, las que son públicas, más allá de la esfera de lo personal, de lo íntimo y privado. En ese estado, a nadie le correspondería tener más poder que otro, si bien, es verdad que cuando se dispone de ventajas naturales previas, la capacidad de intervenir en lo público se ve aumentada. Razón de más para el equilibrio, para la igualdad. De no ser así, estaríamos en un estado de permanente conflicto, de lucha permanente por el alimento y la supervivencia, estaríamos en un estado muy parecido al que existe en el orden natural, en la selva, es decir, en lo que ahora estamos.

Imaginemos que a esas ventajas naturales previas le sumamos ventajas añadidas, como la propiedad de bienes en virtud de una transmisión hereditaria, lo que vendría a incrementar mucho más el desequilibrio natural de partida; si tal herencia consistiera en bienes personales, fruto del trabajo personal, no habría nada que objetar y para quien la recibiera sería una ventaja natural más, del mismo orden que las ventajas físicas anteriormente citadas. Pero imaginemos ahora que la herencia proviniera de la apropiación de bienes comunes, de bienes que por su naturaleza no pueden pertenecer a nadie en particular, sino a todos los seres humanos, como sería el caso de la Tierra y de todos sus recursos naturales, los que dan sustento a la vida; o como sería el caso del conocimiento humano, acumulado con el saber de generación tras generación. Si así fuera, estaríamos hablando de abuso de poder y podríamos decir que en esa situación hay quien juega con “las cartas marcadas” y, por tanto, podríamos afirmar que estamos participando en un juego que tiene trampa.

Pues exactamente eso es lo que pasa, esa es la trampa a la que llamamos Estado. El Estado no es una construcción de la sociedad, es el Estado quien crea esa ficción a la que denominamos “la nación”, una supuesta sociedad con un supuesto interés común superior, en la que unos juegan con las cartas marcadas, protegidos por la fuerza de las leyes y las armas. Ante la evidencia de la trampa, desde hace dos siglos, desde que el poder se fundamenta en la acumulación de capital -sin perder por ello el monopolio de las leyes y la violencia- el nuevo Estado capitalista crea un artilugio denominado “democracia parlamentaria o representativa”, que algún día será recordado por la humanidad como el artilugio hiperreal por excelencia.

Analizamos la consistencia de tal artilugio y vemos que su esencia es la misma que la del Estado anterior, el precapitalista, vemos que sigue teniendo en sus manos la baraja del juego en el que todos participamos, una baraja con las cartas previamente marcadas, como siempre; pero desde hace dos siglos para acá, ha introducido notables cambios: a la ficción de una inexistente sociedad con intereses comunes -la nación- viene a añadir otra inteligente ficción, de máxima utilidad para los intereses de quienes controlan la baraja, lo llaman democracia (gobierno del pueblo) y, presuntamente, es un derecho a participar igualitariamente en los asuntos que son públicos. Las cartas siguen marcadas, pero todos podemos participar en ese juego, es fácil, basta con depositar periódicamente una papeleta en una urna. La vieja trampa ahora ya no parece tan evidente, se ha institucionalizado gracias al acuerdo tácito con sus propias víctimas, aquellos que junto a su papeleta de votación depositan su fe en un imposible: en la limpieza de un juego que tiene las cartas marcadas. Así es como el estatus del poder concentrado se mantiene, se reproduce y se perpetúa. La trampa está perfectamente camuflada, ¡el Estado es democrático!

Pasado el tiempo del asombro, podemos pensar en ir colocando este artilugio del poder como el mejor ejemplo para ilustrar la hiperrealidad, eso que la ciencia psiquiátrica define como la incapacidad de la conciencia para distinguir la realidad de la fantasía, eso que tan bien caracteriza a nuestra cultura posmoderna y tecnológicamente avanzada. Junto con la democracia representativa, la pornografía sería otro buen ejemplo: un consumidor de pornografía vive en un mundo irreal creado para él y aunque no sea un retrato fiel de lo que es el sexo, para este consumidor la "verdad" de lo que realmente es el sexo carece de relevancia. Pues eso es lo que pasa en esta era de lo obsceno, lo que pasa con el Estado y con sus artilugios, con la nación y con la democracia representativa: que son una representación fabricada por los intermediarios…y, sobre todo, que en este juego quien pone la baraja juega con las cartas marcadas.


Epílogo: como experto de la hiperrealidad, dice Jean Baudrillard que el simulacro no es lo que oculta la verdad, que el simulacro es lo real…¡y tanto!, por eso, al igual que JB pienso que nuestra sociedad de consumo no se fundamenta en la adquisición de objetos, sino de signos, es decir, en la adquisición de aquello que los objetos representan, como el prestigio, la opulencia o la pertenencia a un grupo o clase social.
Mira també:
http://blognanin.blogspot.com.es/2012/11/jugando-con-las-cartas-marcadas.html
http://blognanin.blogspot.com.es

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Comentaris

Re: Jugando con las cartas marcadas
28 nov 2012

Me parece un buen escrito. Me ha llamado la atención el título: "cartas marcadas". Es precisamente la expresión que utilicé hace un par de semanas cuando unas personas me dijeron por qué no votaba en estas elecciones y a un determinado partido.

Yo expresé esta expresión queriendo decir que las elecciones eran como una especie de mercado en el que las personas con más capacidad adquisitiva siempre salían beneficiadas.

Lo ilustraba de la siguiente manera: imaginadme a mí, un pelagatos social, y a Emilio Botín, un cerdo social. Pues bien, si yo fundara un partido y Emilio Botín otro está claro quién tendría más capacidad para hacer llegar su mensaje a la gente y de influenciarla o manipularla para que votara una determinada opción. Una hora de mi tiempo invertida en la campaña electoral no conseguiría tantos votos como una hora que invirtiera Emilio Botín.

Resumen: la capacidad adquisitiva es también la capacidad electoral. Votar, de hecho, ayuda a legitimar el sistema, porque es un juego, como bien se ha dicho arriba, con "cartas marcadas".

Yo todo esto no se lo he comentado a nadie estos días, sólo lo he sacado a relucir cuando le viene a uno alguien intentando crearle mala conciencia por no ir a votar. Son más de 25 años de abstencionismo activo y lo cierto es que nunca he tenido mala conciencia por no ir a votar- po otras cosas relacionadas con la falta de compromiso social sí. Y lo curioso es que mucha gente que ha votado sí que ha tenido esa mala conciencia: votan a Esquerra y luego tienen mala conciencia porque hacen la LEC, votan a PSOE -contra PP- y luego tienen mala conciencia porque hacen una reforma laboral y te privatizan esto o lo otro, votan a IC y luego tienen mala conciencia porque aprueban cualquier cosa (una reforma laboral fue firmada por IC), se desmadran los mossos o te privatizan algo, votan las CUP -la gran esperanza blanca- y luego no ven claro que te aprueben una ordenanza cívica en un sitio o en otro...

Claro que es mi opinión, pero la gente que me conoce sabe que yo no voy intentando crear mala conciencia a nadie porque vote o no vote, o vote a esto o a lo otro. Ni voy haciendo comunicados personales explicando a mis amigos mi posición ante unas elecciones -ni que fuera el Dalai Lama o Chomsky.
Re: Jugando con las cartas marcadas
28 nov 2012
Compañerx, tenemos que tomar la tarea y responsabilidad de reflexionar y compartir nuestras ideas (haciéndolo bien, no de cualquier modo, argumentos trabajados y que aporten novedades o haga falta recordarlos) nosotrxs, las personas cualquiera como iguales, y dejar atrás la idea que trabajar en ese sentido es "de Chomsky".

El camino de la reflexión y el desarrollo de criterio y opinión es siempre una aventura colectiva ;)

Saludos y salut. Seguimos. Como siempre.

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