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Notícies :: globalització neoliberal
Hora de emanciparse
23 nov 2012
Antón Dké sobre la emancipación necesaria.
En sentido jurídico, proveniente del derecho romano, la emancipación es la atribución de derechos y facultades civiles a personas menores de edad por parte de sus padres o tutores, que conlleva la extinción de la patria potestad o tutela y viene a suponer el paso a la mayoría de edad de forma anticipada. Yo quiero referirme aquí al sentido libertario del término, según el cual, emanciparse es acceder por voluntad propia a un estado de autonomía, tras cesar todo sometimiento a cualquier autoridad. Según el cual, la emancipación no es un derecho concedido, sino una facultad, yo añadiría la más innata del espíritu humano, la que otorga un sentido pleno y liberador a la existencia.

La crisis multidimensional en la que estamos inmersos seguramente ha destapado la conciencia de muchas personas acerca de la naturaleza opresora del regimen político que domina nuestras vidas. Mucha gente está viendo cómo este sistema separa y compartimenta economía y política, reduciendo ésta última a una serie de gestos formales y carentes de valor, a una escenificación de la democracia, que la convierte en una pantomima, supeditada a la impuesta realidad económica. Nunca antes, como ahora, cuando el sistema parece derrumbarse, ha sido tan clara la situación en que nos encontramos, nunca habíamos sido tan conscientes de la minoría de edad permanente en la que vivimos y, por tanto, éste puede ser el momento oportuno para plantearse la emancipación, la obtención de la mayoría de edad, lo que supone una rebeldía tan legítima como necesaria.

Emanciparse del trabajo esclavo

Es la primera y crucial emancipación, la que nos ha de reintegrar la dignidad que perdemos cada día en eso que denominamos el mercado de trabajo, donde vendemos nuestra vida como si fuera una mercancía, donde la hacemos dependiente de intereses ajenos y privados, del poder de otros, en una espiral de dependencia que pudiéramos comparar a la del yonki respecto del camello. ¿Y qué si toda la vida ha habido esclavos?, eso no debe impedirnos ser conscientes de nuestra propia esclavitud actual, innegable, por muy alto que fuera el salario que recibimos a cambio.

Entonces, liberados de esa esclavitud, el trabajo podrá ser creativo y racional, dedicado a la eficiente producción de cosas razonables y necesarias para la vida, entonces participaremos en las decisiones que tome la comunidad en la que vivamos cada cual, la que administrará los recursos comunales y productivos existentes, previamente reintegrados por sus actuales expropiadores.

Emanciparse de los partidos políticos

Es acabar con la tutela de quienes se ofertan como nuestros tutores, representantes profesionales de nuestra voluntad política, la individual y la colectiva. Emanciparnos de ellos significaría recuperar el ejercicio de la política en su buen sentido.

Entonces, nosotros, todos y cada uno de los ciudadanos, en el seno de las comunidades en las que vivimos, seremos los nuevos políticos, recuperada nuestra autonomía personal y comunitaria. Los partidos dejarán de ser la forma organizativa de las oligarquías, dejarán de ostentar el monopolio de la representatividad política, pasando a ser clubes de ideología y opinión, dejando a la comunidad que administre sus asuntos siguiendo su propia voluntad soberana, libre de toda mediatización y plenamente responsable de sus decisiones.
Entonces, será la democracia.

Emanciparse del Estado

Es acabar con la ficción de una comunidad política inexistente, que nos encuadra en el marco de un supuesto interés común que, según dicha ficción, compartimos con otros muchos ciudadanos por el mero hecho de hablar la misma lengua y adoptar una misma bandera, impuesta por quienes ostentan la titularidad del Estado; una soberanía y un poder que sólo a ellos pertenece, que no comparten con nosotros, los ciudadanos que hablamos su misma lengua.

Entonces, la nación, libre del corsé del Estado, podrá ser de verdad una comunidad de gente que habla la misma lengua materna, cualquiera que sea el territorio en el que habite. La única comunidad política verdaderamente soberana será la comunidad local, la ciudad o comarca en la que vivimos, en cuyo territorio se hayan los recursos naturales y humanos que realmente compartimos; y tanto si éstos nos sobran como si no nos alcanzan, nos asociaremos libremente con otras comunidades, practicando el intercambio igualitario y solidario.

Emanciparse de la escasez

Es acabar con la falsa idea de que no hay recursos productivos suficientes para todos, mientras unos pocos acaparan éstos, viviendo en la abundancia y el derroche, produciendo una falsa escasez interesada. Claro que vivimos en un mundo con recursos limitados, por eso no podemos permitirnos su derroche, ni podemos dedicar nuestras vidas a producir cosas innecesarias e incluso estúpidas, que agotan las reservas naturales en forma autodestructiva.

Entonces, liberados de la esclavitud del trabajo asalariado, liberados de los políticos intermediarios de nuestra voluntad soberana, liberados del dominio del Estado fundado para preservar el saqueo privado de los bienes comunales, sólo entonces, conoceremos la abundancia de la que dispone el mundo. Y sin estar condenados al absurdo y suicida crecimiento contínuo, sus limitaciones nos parecerán los propios de la Naturaleza, que aprenderemos a manejar responsablemente, por la cuenta que nos tiene.

Epílogo: sobre la alienación consentida y la belleza emancipatoria.

Recurro aquí a un texto de Santiago Alba Rico (“La decisión de tener una pierna”), que viene a ser una metáfora de la dignidad humana y que, al cabo, es de lo que vengo hablando. Así lo resumo:

“Un niño tiene un accidente y pierde una pierna. A partir de ese momento, puede ocurrir una de estas dos cosas: que el niño construya su carácter en torno a la pierna que le falta y, en consecuencia, a partir de todas las cosas que ya no puede hacer; o, por el contrario, que construya su carácter en torno a la pierna que le queda y, por lo tanto, a partir de todas las cosas que todavía puede hacer... No somos responsables del accidente que nos ha mutilado, es verdad, pero sí de escoger sobre qué pierna vamos a apoyar a partir de ahora nuestra existencia: un hombre que ha perdido una pierna, en fin, se convierte en un mutilado por propia voluntad… El que ha perdido la relación entre los bosques y los ríos se vuelve un alienado porque no recuerda la belleza. Lo que admiramos en algunos cojos es que, ayudados de un bastón, eligen ser alegres y revolucionarios. Lo que admiramos de los pueblos en lucha es que distinguen un palo de una porra y una pirámide de una prisión. Es lo que llamamos dignidad y José Martí nombró con la palabra decoro”.
Mira també:
http://blognanin.blogspot.com.es/2012/11/hora-de-emanciparse.html
http://blognanin.blogspot.com.es

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