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V Centenario maldito aniversario!
22 jul 2012
520 años después continuamos en la lucha.
se cumplen 20 años de la marcha indígena anti-92 a Santiago de Compostela
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En el año 1992 la Asociación de Estudiantes Latinoamericanos de Madrid y el movimiento 500 años de Resistencia Indígena, Negra y Popular tras varias reuniones conjuntas decidieron realizar una marcha de protesta en el Camino de Santiago -la ruta de peregrinación cristiana que trascurre por el norte de la península ibérica- El gobierno socialista y la monarquía borbónica se preparaban a celebrar por todo lo alto el « V Centenario del Descubrimiento de América » y ante tamaña provocación. no nos quedaba otra alternativa que hacer un acto de desagravio a los pueblos indígenas de América

En un principio se apuntaron a la marcha una docena de voluntarios pero al final tan sólo la pareja conformada por el colombiano Carlos de Urabá y el peruano Tupak Raúl Tinoco decidieron adentrarse en un territorio hostil denunciando los crímenes del descubrimiento y conquista del nuevo mundo. De ahí que muy pocos estuvieran dispuestos a arriesgar el pellejo pues el camino transcurría por ciudades como: Pamplona, bastión del Opus Dei, la tradicionalista y ultraconservadora Logroño, Burgos, la antigua capital del Movimiento Nacional franquista y solar del Cid Campeador, la sacrosanta ciudad de León y Santiago de Compostela, faro del fascio redentor y atalaya del nacional -catolicismo y en cuya catedral reposan los restos del santo patrón de España.

Con la mochila al hombro y con todo el entusiasmo del mundo salimos el día 28 de junio de 1992 desde San Juan del Pie de Puerto en Francia con destino a Santiago de Compostela -hoy se cumplen exactamente 20 años- para realizar los 800 kilómetros a pie como mandan los cánones. Bajo un calor extenuante, con poco dinero, durmiendo en tiendas de campaña nos lanzamos a reivindicar la memoria de las millones de víctimas causadas en la conquista del continente americano.

Desde los primeras etapas convocamos a la prensa, radio y televisión para dar a conocer la otra versión de los hechos, es decir, la del bando de los vencidos. En casi todos los pueblos y ciudades instalamos un punto de información en el que repartíamos folletos explicativos acerca del ¡V centenario maldito aniversario! Esgrimíamos argumentos históricos irrefutables para afrontar tamaño desafío porque 500 años después no hay nada que celebrar ya que la miseria, las injusticias, la explotación y el expolio continúan. Los nuevos conquistadores del capitalismo moderno siguen robando inpunemente nuestras riquezas naturales, siguen esclavizando a los obreros, a los campesinos igual que lo hicieran en las mitas y los resguardos coloniales.

Los beatos y meapilas escandalizados nos recriminaban intentando acallar nuestras críticas. Ellos decían que debíamos respetar las tradiciones y costumbres pues estábamos en un camino religioso donde no se podía hacer proselitismo político. Otros más agresivos se empecinaban en censurarnos a pedradas. « esto ya es el colmo que unos indios vengan a sembrar la cizaña en nuestra propia tierra » Nosotros sencillamente ejercíamos nuestro legítimo derecho a la libertad de expresión tal y como está consagrado en la Constitución Española;

Nuestro principal objetivo consistía en realizar un ritual chamánico en plena catedral de Santiago de Compostela con el fin de maldecir a todos aquellos verdugos que participaron en la destrucción de nuestro continente. No nos quedaba otra alternativa que actuar con contundencia para multiplicar el eco mediático y ganarnos a la opinión pública. El gobierno español, la monarquía borbónica haciendo gala del más absoluto desprecio pretendían resucitar « el imperio donde jamás se ponía el sol » Por tal motivo organizaron una serie de espectáculos marcados por los delirios megalomaníacos tales como: la Exposición Universal de Sevilla, los Juegos Olímpicos de Barcelona y la capitalidad europea de Madrid. Los gobernantes cegados por el narcisismo querían ingresar por la puerta grande en el club de los países más poderosos de la tierra. Veinte años después sumidos en la crisis económica más espantosa de nuestra historia contemporánea, aquellos insensatos intentan desesperadamente capear el temporal que está a punto de hundirnos en la bancarrota. Atrás quedan esos inolvidables años en los que se dedicaron a despilfarrar los presupuestos del estado en medio de una orguiástica bacanal.

¡Qué tal humillación! unos pobres diablos vestidos con ponchos andinos, cubiertos con sombreros de paja enarbolando la bandera whipala, la bandera del arco iris símbolo de las naciones indias del Tahuantinsuyo, levantando el polvo de los caminos con unas raídas sandalias amenazaban aguar la sinigual verbena apadrinada por la monarquía españolista. Una pandilla de indios paganos urdían un complot contra el V Centenario, contra la España « una, grande y libre » que santificaba a los protagonistas de uno de los más espantosos genocidios cometidos en la historia de la humanidad.

El camino de Santiago en el mes de julio suele estar bastante transitado por peregrinos españoles y extranjeros. La mayoría son personas que vienen en busca de una aventura exótica no excenta de romanticismo. Nosotros esperabamos ir sumando a lo largo del camino incondicionales a nuestra causa y conformar así un numeroso grupo de « indios rebeldes ». Pero desgraciadamente la solidaridad brillaban por su ausencia pues nadie deseaba meterse en problemas que podrían acarrear graves consecuencias.

Algunos nos decían que no fuéramos tan rencorosos, que aquellos hechos sucedieron hace cientos de años y que lo mejor era olvidarlo todo O sea, que pisotearamos nuestra dignidad y nos uniéramos a la fiesta de los vencedores. La clásica treta de acallar las voces disonantes a base de drogas y alcohol. Mientras tanto el gobierno socialista y la monarquía utilizaban todos los medios a su alcance para imponer la « versión rosa del Descubrimiento de América » Los descendientes de aquellos bárbaros conquistadores estaban empeñados en sublimar la raza hispana de quijotes y superhéroes que « abrieron camino a la civilización y el progreso ». « Viejos hidalgos que generosamente mezclaron su sangre con la de los nativos en un acto supremo de amor que alumbró el nuevo mundo »

Durante nuestra marcha concedimos un sin fin de entrevistas a la prensa, radio y televisión en Pamplona, Logroño, Burgos, León y Santiago de Compostela. El principal propósito era contrarrestar las mentiras y manipulaciones promovidas por la comision V Centenario del Descubrimiento de América, un organismo perteneciente al Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid..

Nosotros contradecíamos los preceptos y dogmas del más rancio españolismo, poníamos en duda los mitos fundacionales del reino, los principios fundamentales del antiguo régimen franquista, hoy reconvertido en la « democracia monárquica » La gente al vernos pasar con las pancartas y banderas fruncían el ceño y refunfuñaban malhumorados. Los ultras se mantenían al acecho señalándonos con el dedo acusador: « ¡indios cabrones iros a vuestra tierra! » nos despreciaban con ese paternalismo exultante del que se cree poseedor de la verdad. Una grotesca actitud marcada por la más absoluta intolerancia: « pobres indígenas indolentes deberíais estar agradecidos con la madre patria que desinteresadamente os ha redimido » .

Qué podíamos esperar de aquella España envejecida y decrépita sumida en la ignorancia, las superticiones. o los dogmas de fe. Por los campos de Navarra, la Rioja, Castilla, el Bierzo o en las montañas de Galicia descubrimos que allí también habían indígenas, labradores, pastores, peones, jornaleros, campesinos con una vida plagada de sacrificios y sufrimientos. Por paradójico que parezca y, aunque ellos lo desconocieran, nos unía la misma historia de explotación y barbarie. Desde luego nosostros no teníamos nada que reprocharle al pueblo español -eso sería algo estúpido- nosotros estábamos en contra de los representantes políticos, los funcionarios, las instituciones, los gobernantes y monarcas.

En muchos pueblos de la ruta fuimos considerados personas non gratas por los alcaldes y los curas que nos acusaron de ser « peligrosos agitadores sudakas » « dos ovejas negras que se dedican a predicar ideas subversivas » Incluso la Guardia Civil seguía nuestros pasos al correr el rumor que simpatizábamos con el movimiento etarra.

En ese caluroso verano del año 1992 la maquinaria mediática españolista bombardeaba sin parar a los ciudadanos con el discurso triunfal del « V Centenario o el encuentro de dos mundos »-un eufenismo que eligieron los astutos publicistas para no herir suceptibilidades- sobraban alabanzas a Colón, el almirante de la mar océana, a los Reyes Católicos, por la gracia de Dios, a los conquistadores, a los frailes evangelizadores mártires de la cruzada, y a todo lo que representara la gloriosa España imperial.

No había que hacer grandes discursos para remover las conciencias y por fortuna un puñado de valientes se unieron de manera espontánea a nuestra expedición. Un gesto que ennoblece a Txinto Gurruchaga de Bilbao, Julia Barros de la Coruña y Ana Tiñena de Barcelona.

Por fin el día 27 de julio de 1992- con más de un mes de caminata sobre nuestras espaldas- llegamos hasta el Monte del Gozo, situado apenas a unos cuantos kilómetros de Santiago de Compostela. De inmediato nos preparamos para la gran ceremonia pintando nuestros cuerpos con los símbolos ancestrales de las tribus amazónicas y adornándonos con collares y penachos de plumas, mientras las mujeres preparaban las ofrendas de flores silvestres y mazorcas de maíz. El brujo Tupak con un largo báculo golpeaba el suelo empedrado de las callejuelas marcando el paso a tan estrafalaria comitiva. La gente nos miraban perplejas; algunos se santiguaban, otros se llevaban las manos a la cabeza. Incluso podíamos adivinar su pensamiento plagado de groserías y palabras altisonantes-.

Tras 800 kilómetros de caminata y a pesar de haber sufrido un gran desgaste físico nos sentíamos orgullosos de haber cumplido nuestro cometido. Al ingresar en el casco antiguo de la ciudad de repente aparecieron un enjambre de periodistas que intentaban plasmar con sus cámaras los más mínimos detalles de tan histórico acontecimiento. Sin más preámbulos nos dispusimos a realizar el ritual a la pachamama como homenaje de desagravio a las comunidades indígenas de América. El chamán Tupak con su frondosa cabellera adornada con vistosas plumas de pavo real y el cuerpo completamente embadurnado de huito y achiote trazó con arena un círculo sagrado en medio de la plaza. Acto seguido levantó los brazos al cielo invocando a los espíritus de aquellos guerreros que se resitieron a la ocupación y sufrieron suplicio y muerte: Caballo Loco, Toro Sentado, Atahualpa, Tekún Umán, Cochise, Hatuey, Cuahutemoc sin olvidar, por supuesto, a las millones de víctimas del excecrable holocausto. Una puesta en escena dramática que mantuvo en vilo a la concurrencia y arrancó emocionantes aplausos. Es increíble que cuatro gatos sin apenas recursos económicos hayan podido generar tal poder de convocatoria.

Cuando el chamán Tupak danzaba alucinado entonando un canto monocorde inesperadamente se detuvo y sacando un puñado de hojas de coca de su chuspa las lanzó al viento.- Los indígenas andinos creen que la coca posee cualidades mágicas capaces de curar o adivinar el futuro- Para rematar el ceremonial Tupak sirvió en una totuma el brebaje de yagé, -el famoso bejuco amazónico o vino de la muerte- el cual brindó al sol para a continuación compartirlo con los asistentes a modo de comunión.

Frente a nosotros teníamos la catedral de Santiago, el templo mayor del reino donde descansan los restos del santo patrón de España. -a quien reservabamos una inolvidable sorpresa- entraríamos en taparrabos a la madriguera de los inquisidores, a la guarida del Ku Klux Klan, del Opus Dei, de los guerrilleros de Cristo Rey y el clero más reaccionario. Por esos lares penaba el maléfico espíritu del Santiago matamoros, del Santiago matajudíos, del Santiago mataindios, del Santiago matanegros, el bienamado señor de la guerra y príncipe del imperio hacia Dios. Armados de valor y a pecho descubierto nos dirigimos al Pórtico de la Gloria donde las esculturas talladas en piedra de Cristo, los ángeles y los apóstoles junto a los ancianos del apocalipsis nos daban la bienvenida. Algunos periodistas intentaron convencernos de que no entraramos en la catedral pues el Arzobispo don Antonio María Rouco Varela lo interpretaría como una profanación y de inmediato llamaría a la policía. Pero la suerte estaba echada y debíamos culminar por todo lo alto nuestra protesta.

Con las coronas de plumas, los taparrabos y grabadas en nuestros cuerpos las pinturas de guerra,, -al mismo estilo de los indios que Colón encontró cuando desembarcó en la isla Guananí- pisando fuerte transpasamos el umbral ingresando en la solemne catedral de Santiago. Atónitos contemplabamos una apoteósica arquitectura entre románica, gótica y barroca con tres naves de bóvedas de cañón sostenidas por inmensas columnas adosadas. La escenografía perfecta para interpretar una comedia surrealista e irreverente.. Los feligreses que rezaban alabanzas al Dios blanco, católico y apostólico no daban crédito a lo que veían; algunos se restregaban los ojos para comprobar que no era un sueño; otros lanzaban improperios en voz baja. ¡canallas! ¡bastardos! ¿Qué hacéis aquí? -lo mismo se habrán preguntado hace 500 años nuestros antepasados indígenas cuando la soldadesca imperial al mando de los más feroces caudillos arrasó nuestros santuarios- Con los nervios de punta pero haciendo gala de gran serenidad nos acercamos al altar mayor. En lo más profundo de nuestra alma nos sabíamos protegidos por nuestros dioses Wiracocha, Bachué, Bochica, Chiminiguagua, Inti, Killa y Quetzalcoatl.

Justo debajo de la cúpula donde colgaba el « botafumeiro » nos arrodillamos y encendimos una antorcha que iluminó la penumbra -los periodistas nos bombardeaban con los flashes de sus cámaras y filmadoras. Aunque estábamos deslumbrados pudimos contemplar en lo alto a Santiago matamoros cabalgando en un caballo blanco custodiado por preciosas tallas de reyes, príncipes y querubines de oro. Ante nosotros teníamos al santo patrón de los ejércitos imperiales, el santo matón de España que empuñando una espada de plata cortaba la cabeza de sus enemigos .(moros, negros e indios, es decir, las malditas razas inferiores) ¡Qué asco! ¿quién puede adorar este símbolo de la destruccion y la muerte? Sólo las almas más ruines y despreciables son capaces de rendirle culto a semejante monstruo. La iglesia con un discurso hipócrita de paz, amor y fraternidad intentaba esconder el verdadero rostro del sanguinario guerrero a quien invocaban los conquistadores antes de iniciar las masacres con un ¡Santiago y cierra España! Un cura con pinta de cuervo ensotanado que en esos momentos impartía la santa misa quedó paralizado al observar nuestros cuerpos semidesnudos; casi le da un patatús; enrojeció de rabia, de sus ojos salían lenguas de fuego y por poco se le cae el copón bendito que portaba entre sus manos. « ¡indios en la catedral de Santiago !¡Oh Dios santo! estos salvajes se merecen el infierno »

Nosostros teníamos las espaldas bien cubiertas gracias a la presencia de las cadenas de televisión y los corresponsales de los diarios nacionales e internacionales o de lo contrario hubiéramos sido detenidos ipso facto por las fuerzas del orden. Con todo el descaro rápidamente subimos por una escalera hasta alcanzar el busto de piedra del apóstol recubierto de plata y piedras preciosas. Tanto boato y opulencia nos pareció una ofensa a los principios cristianos y para finalizar el exorcismo lo vestimos con un poncho indígena, asperjamos el brebaje de yagé y le colocamos sobre sus hombros las hojas de coca y las mazorcas de maíz.

Antes de abandonar el templo leímos en público la siguiente misiva: « Al cumplirse quinientos años de la destrucción de la mal llamada América , mejor Abya Yala, la madre tierra en permanente juventud, en nombre de las comunidades indígenas y negras, de los campesinos sin tierra, los exiliados y empobrecidos en las favelas y tugurios, en nombre de esos millones de millones de condenados por el capitalismo a la exclusión social y económica, aquellos a los que jamás se les ha otorgado la palabra, y que han sido una y mil veces acallados a sangre y fuego venimos a proclamar nuestra total oposición a los fastos del V Centenario, luctuosa efemérides que merece toda nuestra repulsa »

No sólo fue en Santiago de Compostela donde se movilizaron los activistas pues a nivel continental se desarrollaron distintos actos de condena al « V centenario maldito aniversario » Aunque parezca mentira la maldición de los chamanes reunidos en un extraordinario vudú el día 12 de octubre de 1992 en la plaza del Zócalo de la ciudad de México ha obrado prodigios. Los fascinerosos que en ese entonces escupieron la memoria de nuestros antepasados ahora pagan con creces su desquiciado proceder. Veinte años después, con la perspectiva que nos da el tiempo, no cabe la menor duda que la actual crisis económica es fruto de aquellos años de despilfarro y corruptelas que ha conducido al reino de España a la ruina y el humillante rescate económico.

Carlos de Urabá 2012
Mar Muerto

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Comentaris

Re: V Centenario maldito aniversario!
23 jul 2012
El problema es el capitalismo, dejad de darle la culpa al trabajador español. Los nazionalismos no hacen otra cosa que dividir a la clase obrera. ¡Fuera nazionalistas de indymedia!
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