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Isaac, la historia de una persona con esquizofrenia en Bolivia.
14 jul 2012
Ser pobre en un pais de bajos ingresos, vivir en el campo y sufrir una enfermedad mental son probablemente las caracteristicas de las personas mas desamparadas de la tierra.
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Isaac Martins no es el boliviano típico. Su 1.90 m de estatura, su pelo rubio y sus ojos azules lo hacen muy diferente físicamente a la mayoría de los bolivianos. Pero al igual que sus compatriotas vive en el más completo desamparo por sufrir una enfermedad mental. Desde hace dos años vive encerrado en su habitación encadenado a una cama.
Su familia cuenta que Isaac era un chico brillante y generoso, pero al llegar a la pubertad comenzó a cambiar paulatinamente. Decía que los demás lo insultaban, que le querían hacer daño, desesperado gritaba y pegaba golpes al aire. Isaac vive en una comunidad menonita, un grupo de colonos de origen holandés que abandonaron su nación de origen hace cerca de cien años, después de vivir una temporada en Canadá y otra en Belice, llegaron a Bolivia hace aproximadamente 50 años. Como tal, el nació en medio de una región tropical, una provincia llamada Santa Cruz con más de tres millones de habitantes, pero ningún servicio de salud mental en el área rural.
La comunidad menonita tiene creencias religiosas caracterizadas por el cristianismo ortodoxo, por ello rechazan la tecnología y en general solo estudian hasta 4to de primaria. Lo imprescindible para saber leer, escribir y hacer cuentas cuando venden sus productos agrícolas en la ciudad.
Es ahí, a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra donde primero acudió la familia de Isaac para pedir ayuda, pero se encontró con un escenario carente de servicios de salud mental públicos. El único hospital psiquiátrico existente, no solo es de paga, ya que es administrado por una ONG, sino que no se diferencia en nada de los viejos manicomios del siglo 19. Aunque los servicios privados son mas cómodos, no dejan de ser costosos y deficientes, donde el acto terapéutico se reduce a una inyección y al encierro en un cuarto de aislamiento, si consideran que existe riesgo de fuga.
Tras gastar sus ahorros decidieron llevar a Isaac a la ciudad de Sucre, al hospital psiquiátrico más grande del país, este si es público y no se le condiciona el ingreso a la posesión de dinero.
Pero en el pomposo Instituto Nacional de Psiquiatría, Isaac se encontró con médicos y enfermeras que alguna vez debieron servir de inspiración a la célebre película "Alguien voló sobre el nido del cuco". Acá nunca lo encadenaron, no había necesidad, los altos y gruesos muros del "hospital" no tenían nada que envidiar a la prisión local. Allá lo tuvieron alojado por cuatro meses, tiempo en el que nadie le hablo, nadie le pregunto que sentía, ni se intereso en si estaba cómodo o con miedo. Es verdad que Isaac solo habla un dialecto alemán y a duras penas entiende algo en castellano, pero esta situación se repite con otros miles de bolivianos que han vivido la misma historia y que no dominan el castellano de los doctores, ya que son sobre todo quechua o aimara parlantes.
El sistema de salud mental boliviano es así, creado, para quien sabe que, porque no responde a las necesidades de la población, o el acceso es muy difícil porque se requiere dinero, o porque se debe viajar cientos de kilómetros para una consulta, y si logras ser atendido te encontraras con personal que no habla tu idioma, o no tiene ninguna preparación. Un estudio de la OMS demuestra que en Bolivia ninguna enfermera o asistente social ha recibido siquiera un mes de formación en salud mental.
Esta desoladora situación es alentada por la negligencia de los gobiernos de los últimos 30 años, que a pesar de existir la posibilidad de recibir ayuda externa prefirieron la salida cómoda de no hacer nada. Por otro lado el stablishment psiquiátrico se beneficia hinchando sus consultas privadas, ya que al no existir servicios a la gente no le queda otra. Por su parte el colegio de psicólogos no dice ni mu, viven a la cola de los psiquiatras, incapaces de articular discurso alguno. Todo esto sazonado por la indiferencia de las organizaciones de Derechos Humanos, que más de una vez se ha negado a intervenir arguyendo que el tema no es de su incumbencia.
Al verse tan desamparados la desesperación de la familia de Isaac los llevo a encadenarlo a la pata de la cama por los últimos dos años! Tal como han hechos antes, seguramente los medios los juzgaran e intentaran sacar todo el morbo posible para vender más periódicos, sin ninguna intención de llegar al fondo del asunto. Cómplices ellos también de esta afrenta a la dignidad humana, que hace de los personas con enfermedades mentales en Bolivia las mas desatendidos de la tierra.
Mira també:
http://www.eldeber.com.bo/padre-encadena-a-su-hijo-con-problemas-mentales/120713232033

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Sindicat Terrassa