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La práctica anarquista. Reflexiones dispersas sobre limitaciones y posibilidades.
19 abr 2012
Artículo extraido del periodico anarquista desde Chile 'El surco'.

“Llamarse anarquista no es esperar para ser tal, a que exista una organización. No es de ésta que nos viene la actividad, sino de sus componentes”.
José Tato Lorenzo. Montevideo. Marzo de 1943.
Entre los anarquistas, a menudo
nos encontramos con ideas que
tienden a jerarquizar el orden de
importancia de la visibilidad del
quehacer revolucionario. Mientras unos le
dan un papel “ineludible” a la Organización,
otros consideran inexcusable el ejercicio de
la violencia. Y es que sin duda, las formas de
entender, pero además de apropiarse de la
anarquía, transita por un camino bastante
diverso, que aunque es rico en contenido,
también nos tiene constantemente al
límite de las confusiones y bajo amenaza
de encapsulación definitiva, sobre todo, si
no ponderamos que la realidad de nuestra
práctica se enfrenta a un escenario completamente
hostil, que a diario controla y reprime
nuestras posibilidades de transformación.
Lo importante en este sentido es comprender
que aunque unos no se “O”rganicen y
otros no se encapuchen todos tenemos
una vida cotidiana donde abrir un campo
de batalla.
Considero que todos los lugares son útiles
para esparcir nuestros intentos por practicar
la Libertad y no creo que haya ni lugares
inapropiados, ni lugares privilegiados para
su germinación, pues la dominación se
encuentra atrincherada por todos partes.
LIMITACIONES PARA
UNA PRÁCTICA COTIDIANA
La vida en la sociedad capitalista se convierte
diariamente en una nueva encrucijada,
el sistema que padecemos se muestra tan
bien sustentado sobre un engranaje complejo
y absorbente, que nos envuelve provocativamente
en un mar de contradicciones.
Ser completamente consecuentes con las
ideas que sustentamos es una imposibilidad
práctica, dadas las ataduras que socialmente
poseemos. Es cierto que considero un imperativo
hacer de nuestra vida una búsqueda
incansable de la libertad, pero reconozco
que vivimos bajo un sistema que acomoda
todos sus dispositivos para hacernos entrar
a regañadientes en su maquinaria. Para
quienes nos reivindicamos anarquistas es
un objetivo vivir fuera de cualquier sistema
que totalice sus normativas, que determine a
priori los comportamientos y que domestique
la voluntad general. En el sistema capitalista
quisiéramos vivir alejados del consumo, distantes
del trabajo asalariado, del dinero, de
la tarjeta bancaria, del transporte público,
incluso de la electricidad, y buscar por otros
medios una vida más coherente con nuestros
deseos. Pero es necesario mirar a nuestro
alrededor y entender que aunque nuestra
tenacidad antiautoritaria pueda romper a
veces un muro, detrás de él se encuentran
más paredes destinadas a mantenernos bajo
control, y quizás cuántas vallas se encuentren
más allá del próximo obstáculo. Por tanto,
me parece apropiado puntualizar que vivir
en esta sociedad no es un opción sino una
determinación histórica.
No es mi intención puntualizarlo para
sostener la integración al sistema como un
camino, por ningún motivo, al contrario, esos
muros que pueden caer con nuestra acción
nos permiten siempre visualizar más allá,
pero bajo ningún punto de vista debemos
confundirnos pensando que es posible ser
completamente libres en el mundo de la
esclavitud contemporánea, lo planteo en
particular porque considero que aquella
ilusión nos lleva al conformismo individual
y a los juzgados morales de la anarquía.
Sin duda, aunque deseemos evitar los vicios
de esta sociedad, seguimos siendo parte de
ella, precisamente porque no somos sujetos
asociales, no podemos abstraernos de una
realidad que día a día pasa frente a nuestros
ojos, precisamente, porque es esa realidad
la que nos ha llevado a sacar nuestras más
difíciles conclusiones. En este sentido, no
es extraño que tengamos un trabajo asalariado,
que estudiemos en una institución de
educación formal, que paguemos arriendo,
que cancelemos nuestra entrada a un concierto
o que vayamos de compras (y algo
más) al supermercado. Algunos tendrán
caminos aplaudibles para evitarse algunos
de estos embrollos, pero en general, ni para
los anarquistas ni para el resto de la sociedad,
aquellas son decisiones “libremente”
tomadas como individuos. Ahora bien, si
nuestro concepto de “libertad” se adapta a
la tradición liberal-capitalista es posible que
esto sí sea un gesto de “Libertad”.
Por nuestra parte, evidentemente que
intentamos tensar nuestra vida para que
cada día vivamos más la rebeldía y menos
la pasividad; mas la ayuda mutua y menos
la competencia, mas la libertad y menos la
autoridad, pero no olvidamos que vivimos
en un fase del capitalismo de control ultra
sofisticado, donde sin duda en los últimos
tiempos se ha estrechado más la distancia
entre la espada y la pared que nos oprime y
que nos recuerda a diario los costos de dirigir
demasiado lejos nuestra vida refractaria.
Cuando un compañero afirma que los explotados
somos explotados porque queremos, se
equivoca tanto como cuando el rico dice que
somos pobres porque nos gusta la pobreza.
Si consideráramos que en este sistema es
posible conquistar la Libertad en todas sus
dimensiones no tendríamos para qué seguir
luchando contra él. Lo anterior no significa
que a menudo no podamos agujerear las
estructuras del poder con llamaradas de
libertad, pero sí que éstas son esporádicas
ya que son sofocadas rápidamente por los
sostenedores del statu quo.
LA PRÁCTICA INDEPENDIENTE
DE LA INSERCIÓN O LA DESINSERCIÓN
El anarquista no necesita “insertarse” en
espacios determinados, pues nuestra vida
transcurre estando ya insertos en una realidad
concreta, que contempla diversos escenarios
que, de alguna forma, representan los lugares
donde se vive la “cotidianidad”. Estos sitios
suelen ser en nuestra sociedad la familia, la
escuela, la universidad, el trabajo, la calle,
etc. todos lugares donde compartimos con
numerosas personas con intereses e ideas
opuestas a las nuestras.
Para mi la “transformación desde la vida
cotidiana” no excluye los lugares donde
más se hace patente la opresión, como el
trabajo, el metro, el barrio, la escuela, etc.
al contrario, es donde encuentro el inmenso
valor de la tensión, del conflicto, que no
tienen porque evidenciarse sólo a través
de la violencia, si no que se encuentran
enfrentados por nuestra propia práctica.
Desechar mi práctica en los lugares donde
no palpito la afinidad con otros, es someterse
voluntariamente a una cotidianidad condicionada
por la práctica de otros, a menudo,
autoritaria, sexista, xenófoba, superloca, etc.
La cuestión consiste fundamentalmente en
ser nosotros mismos en todos lados, donde
no es necesario llevar un parche para que
se sepa que soy partidario de la Libertad,
sino que se entiende porque mi practica es
propositiva en sí misma, basta con decir lo
que opino, poder defenderlo y actuar en la
coherencia que las condiciones me permitan,
tampoco hay porque ser un suicida cotidiano.
Un mínimo de coherencia para mi, pasa
por no subestimar el potencial intelectual
o “revolucionario” de quienes no han visualizado
en el antiautoritarismo un camino a
seguir, pues (si es que existe un) nosotros
no somos mejores que ellos, solo hemos
llegado a distintas conclusiones y la modificación
de nuestros valores más profundos
a menudo no se consiguen con la lectura
y el proselitismo, sino que se estimulan
con el roce y contacto entre sujetos, con la
discusión, la palabra y la acción. Pensarnos
mejores que el resto, más puros o superiores
moralmente nos posiciona sobre un podio
que no queremos, una posición de asimetría
que no lleva a otro lugar que el de la jerarquía
social. Lo problemático en este sentido es no
asumir esa inserción intrínseca en el mundo
que odiamos y evitar el contacto humano,
posicionándonos en la esfera del desprecio,
aún peor, en el prejuicio, que parte de la idea
de que, los que no son como yo, o no han
llegado a mis conclusiones, son personas
felices con sus condiciones de explotación
y por tanto, mis enemigos.
EN LA AFINIDAD Y UN POCO MÁS ALLÁ
Cuando planteo la necesidad de “cambiar
las relaciones sociales” lo hago pensando en
mis compañeros y en mi entorno más cercano,
es cierto; pero también lo hago pensando
en el sinnúmero de personas con quienes
convivo a diario, a quienes, en su mayoría
no conozco, no son ni mis amigos, ni poseo
su historial conductual como para crearme
un juicio respecto a su práctica cotidiana.
Relacionarme horizontalmente con mis
afines es un principio básico, pero practicar
esa horizontalidad con personas que viven
otras dinámicas, donde las jerarquías están
normalizadas y la autoridad aceptada es un
desafío mucho mayor, precisamente porque
debería ser el antiautoritario el que rompe
con los modelos establecidos por el sistema
de dominación, y hacerlo constantemente
significa abrir reacciones en cadena que
pueden llevar a cuestionamientos mucho
más profundos que la lectura de un panfleto
o de este mismo periódico.
Vivo y gozo a diario la afinidad, como anarquista
intento conquistarla permanentemente.
Y ahí están los verdaderos compañeros,
cómplices hasta el final, en quienes puedo
depositar lo mejor de mí, hacer volar las ideas
y la imaginación ilegalista por doquier, con
quienes me reconozco en mis pequeños, pero
aguerridos grupos, eso existe, y coincido con
todos quienes buscan multiplicarlo a ritmo
desproporcionado. Pero también vivo todos
los días las necesidades impuestas por el
sistema, como decía anteriormente, poseo
(al igual que usted) los grillos que el Estado
y el capital nos han dejado, por tanto vivo
condicionado y restringido en mis cotidianos
desgarros. Es allí donde naturalmente no
están mis afines para apoyarme y donde
debo encontrarme con otros que sienten
igual que yo el peso de la explotación. Para
mi, la practica anarquista también debe
considerar esta dimensión y entregarse a
la búsqueda de respuestas con individuos
con quienes pensamos muy distinto, es
precisamente en ese lugar donde encuentro
un campo abierto para posicionarme en
conflicto, puedo perder o podemos ganar,
pero es una pelea que hay que dar cuando el
objetivo es la transformación definitiva de
todas nuestras condiciones de existencia.
Mira també:
http://periodicoelsurco.wordpress.com/

This work is in the public domain

Comentaris


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Re: La práctica anarquista. Reflexiones dispersas sobre limitaciones y posibilidades.
19 abr 2012
Molt bé! M'ha agradat molt. En qualsevol lloc i en qualsevol situació es un bon moment per escampar la llavor de la llibertat!
Sindicato Sindicat