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Plataforma organizativa por una Unión General de Anarquistas
01 abr 2012
Plataforma organizativa por una Unión General de Anarquistas

Traducción al español revisada y corregida por Frank Mintz
La plataforma fue el resultado de los esfuerzos de parte del movimiento anarquista ruso exiliado en Francia de dejar un documento que sirviera de punto de partida (mejorable, por supuesto) para cualquier intento de organización anarquista a la luz de sus experiencias. Fue repudiada por gran parte del movimiento por interpretarla como un acercamiento al leninismo. Alexander Skirda, entre otros, ha revisado la traducción francesa con el original ruso y sugiere que la misma fue hecha de forma malintencionada y que esto contribuyó a la reacción que causó en los medios libertarios. Como todas las demás traducciones se han hecho a partir de la francesa, al revisar esta, deben revisarse las demás y, de ser posible, corregirlas con el original ruso. Esto se ha hecho con la versión inglesa (disponible en nestormakhno.info) y ahora Franck Mintz nos acerca una "Traducción a partir del original ruso y de la versión francesa indispensable de Alexandre Skirda".
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Plataforma organizativa por una


Plataforma organizativa por una Unión General de Anarquistas
Grupo de anarquistas rusos en el extranjero

Introducción
¡Anarquistas!

Es significativo el hecho de que a pesar de la fuerza, del indiscutible carácter positivo de las ideas anarquistas, de la rectitud e integridad de estas posiciones en la revolución social, del heroísmo y de las innumerables bajas aportadas por los anarquistas en la lucha por el anarcocomunismo, el movimiento anarquista permanece débil. Y en la historia de las luchas de la clase obrera apareció, con mucha frecuencia, como un pequeño evento, un episodio, y no un factor importante.

Esta contradicción entre la validez incontestable de las ideas anarquistas y el estado miserable en que está el movimiento anarquista, tiene su explicación en una serie de causas, de las que la más importante, la principal, es la ausencia de principios y relaciones organizativas en el movimiento anarquista.

En todos los países, el movimiento anarquismo está representado por organizaciones locales, con teorías y prácticas contradictorias, sin tener perspectivas de futuro ni una constancia en la militancia, y que suelen desaparecer sin dejar casi ninguna huella. Tal estado del anarquismo revolucionario, tomado como un todo, sólo puede ser calificado de "desorganización crónica". Como la fiebre amarilla, esta enfermedad de la desorganización se introdujo en el organismo del movimiento anarquista y nos sacude desde hace decenios.

No hay duda, sin embargo, de que esta desorganización se sitúa en unos defectos de tipo teórico, en la interpretación falaz del principio individual en el anarquismo, en su reducción a la irresponsabilidad. Los adeptos de actuar por el antojo personal se aferran obstinadamente a la situación caótica del movimiento anarquista y aducen a favor de la misma el principio intangible del anarquismo y [los texto de los] pensadores.

Y no obstante, sobre los principios intangibles, los pensadores dicen precisamente lo contrario. La dispersión y el despilfarro es el inicio de la muerte; la cohesión, es la condición de la vida y del desarrollo. Esta ley de la lucha social vale igualmente para las clases como para los partidos.

El anarquismo no es una fantasía hermosa, sacada del despacho de un filósofo, sino un movimiento social de las masas trabajadoras y ya sólo por eso tiene que aunar sus fuerzas en un todo, en una organización que actúe constantemente, según lo exijan las acciones y la estrategia de la lucha social de clase
“Estamos convencidos, escribe Kropotkin, que la formación del partido anarquista en Rusia no sólo no va a obstaculizar la causa revolucionaria común, sino que es altamente deseable y positivo.” (Introducción de 1892 a la Comuna de París de Bakunin)
Nunca se opuso el mismo Bakunin al concepto de una organización anarquista general. Por el contrario, sus aspiraciones respecto de las organizaciones, asicomo su actividad en la Primera Internacional obrera, justifican plenamente que se le vea como precisamente un partidario activo de tal organización.

En general, casi todos lo militantes activos del anarquismo lucharon en contra de la actividad dispersa, y desearon un movimiento anarquista cohesionado por la unidad de fines y medios.

Fue durante la Revolución Rusa de 1917 cuando la necesidad de una organización general se sintió más nítida y urgentemente. Durante esta revolución, el movimiento anarquista mostró el más alto grado de desconexión y confusión. La ausencia de una organización general llevó a muchos militantes anarquistas activos a pasarse a las filas bolcheviques. Es también la causa de que muchos otros militantes estén actualmente en tal estado de pasividad, que les impide cualquier uso de sus fuerzas, que sin embargo son a menudo de gran importancia.

Tenemos una necesidad vital de una organización que, con la mayoría de los participantes del movimiento anarquista, establezca en él una línea general, táctica y política, que sirva así de guía para todo el movimiento.

Es tiempo de que el anarquismo salga del lodazal de la desorganización, de que ponga fin a las eternas vacilaciones ante las más importantes cuestiones tácticas y teóricas, de que emprenda resueltamente el camino de una meta claramente concebida, y de que tenga una práctica colectiva organizada.

No basta, sin embargo, con comprobar la necesidad vital de tal organización, hace falta también determinar el método de su creación.

Rechazamos como práctica y teóricamente inepta la idea de crear una organización con la receta de la "síntesis", esto es, con reunir los representantes de diferentes tendencias del anarquismo. Tal organización, por incorporar elementos heterogéneos en los planos de la teoría y de la práctica, sólo sería un ensamblaje mecánico de individuos con un enfoque distinto para todas las cuestiones del movimiento anarquista. Este ensamblaje se desbaratará inevitablemente ante el primer choque con la vida.

El método anarcosindicalista no resuelve el problema de la organización anarquista, ya que no le da prioridad, por interesarse únicamente en el afianzamiento y la vertebración del anarcosindicalismo en los medios obreros.

No obstante, allí poco se puede hacer, incluso de estar implantado, si no se posee una organización general anarquista. El único método que lleva a la solución del problema de la organización general es, a nuestro parecer, reunir a los militantes activos del anarquismo sobre la base de posiciones precisas: teóricas, tácticas y organizativas, o sea, la base más o menos acabada de un programa homogéneo.

La elaboración de tal programa es una de las principales tareas que la lucha social de los últimos años impone a los anarquistas. A esta tarea, dedica una parte importante de sus esfuerzos el grupo de anarquistas rusos en el extranjero.

La "Plataforma Organizativa" que se publica a continuación, representa las directrices, el esqueleto de tal programa. Debe servir como primer paso hacia la unión de las fuerzas anarquistas en un único colectivo revolucionario activo, capaz de actuar: la Unión General de Anarquistas.

Estamos conscientes de que existen lagunas en esta plataforma. Sin lugar a dudas, las tiene, como además es el caso, cualquier nuevo enfoque práctico con cierta importancia. Es posible que ciertas posturas esenciales se hayan omitido, que algunas no estén tratadas lo suficiente, o aún, que otras sean demasiado detalladas o repetitivas. Todo esto es posible. Pero no tiene importancia. Lo que hace falta es colocar los cimientos de una organización general. Y tal objetivo lo alcanza, con la precisión necesaria, la presente plataforma. Le corresponde a la colectividad entera, a la Unión General de Anarquistas, ampliar y profundizar esta plataforma luego para que sea un programa completo para todo el movimiento anarquista.

En otro plano, sin temor a equivocarnos, prevemos que muchos representantes del así llamado individualismo y del anarquismo caótico nos atacarán, con espuma en la boca, acusándonos de quebrar los principios anarquistas. Sin embargo, sabemos lo que los elementos individualistas y caóticos entienden por el nombre de "principios anarquistas»: incoherencia, desidia e irresponsabilidad, que provocaron en nuestro movimiento heridas casi incurables. En contra de ellos, estamos luchando con toda nuestra energía y pasión. Por eso podemos tranquilamente no dar importancia a los ataques de este campo.

Basamos nuestras esperanzas en otros militantes: en aquellos que se han permanecido fieles al anarquismo, que vivieron la tragedia del movimiento anarquista y buscan con dolor una solución.

Confiamos muchísimo en la juventud anarquista, formada con el aliento de la revolución rusa, y situada de golpe ante los problemas constructivos. Esta juventud buscará inevitablemente la realización de principios positivos y organizativos en el anarquismo.

Invitamos a todas las organizaciones anarquistas rusas desparramadas en varios países del mundo, así como a los militantes anarquistas aislados, a unirse en un único colectivo revolucionario, sobre la base de una plataforma común organizativa.

¡Ojalá esta plataforma sirva de eslogan revolucionario, de punto de unión a todos los militantes del movimiento anarquista ruso! ¡Ojalá pueda echar los cimientos de la Unión General de Anarquistas!
¡Viva el movimiento anarquista organizado!
¡Viva la Unión General de Anarquistas!
¡Viva la Revolución Social de los obreros del mundo!
El grupo de los anarquistas rusos en el extranjero.
El secretario del grupo, Piotr Archinov

París, 20 Junio 1926
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PARTE GENERAL
1. LUCHA DE CLASE, SU PAPEL Y SIGNIFICADO
No hay una humanidad única.
Hay una humanidad de clases:
esclavos y amos.

Como todas las que la precedieron, la sociedad capitalista y burguesa de nuestros días no es una unidad. Está cortada en dos campos, muy diferenciados socialmente por su situación y funciones, el proletariado (en el más amplio sentido de la palabra) y la burguesía.

La suerte del proletariado es desde siempre hacer un trabajo físico pesado y agobiante, cuyo fruto, sin embargo, no lo cobra el trabajador sino otra clase privilegiada que posee la propiedad, el poder y los productos de la cultura (ciencia, educación, arte): la burguesía.

La esclavitud social y la explotación de las masas trabajadoras forman la base en que se apoya la sociedad moderna y sin la que no puede existir. Este hecho generó la lucha de clase secular, tomando a veces un carácter abierto y violento, y otras, insensible y lento. Y dio esencialmente una orientación hacia la transformación de la sociedad actual en una nueva, que pueda satisfacer las necesidades y el concepto de justicia de los trabajadores.

Toda la historia humana en el campo social representa una cadena ininterrumpida de luchas de las masas trabajadoras por sus derechos, la libertad y una vida mejor. En la historia de las sociedades humanas esta lucha de clases ha sido siempre el principal factor que determinó la forma y las estructuras de estas sociedades. El régimen social y político de cualquier país es ante todo el producto de la lucha de clase y sirve de indicador del estado actual y hasta qué punto ha llegado la lucha de clase. El más mínimo cambio en el curso de la lucha de clase, en la situación mutua de las fuerzas de clases en lucha, produce inmediatamente modificaciones en los tejidos y las estructuras de la sociedad.
Tal es el sentido general y universal de la lucha de clase en la vida de las sociedades de clases.

2. LA NECESIDAD DE UNA REVOLUCIÓN SOCIAL VIOLENTA
El sistema de la supeditación social y la explotación de las masas por la violencia constituyen la base de la sociedad moderna. Todos los ámbitos de esta sociedad: economía, política, relaciones sociales, se basan en la violencia de clase, cuyos órganos son: el poder, la policía, el ejército y el tribunal. Todo en esta sociedad, empezando por la fábrica y terminando por todo el sistema del Estado, forma un baluarte del capitalismo, donde se mantienen constantemente vigilados a los trabajadores, donde siempre están preparadas las fuerzas destinadas a reprimir todos los movimientos obreros que amenacen de cualquier manera las bases, o incluso la tranquilidad de esta sociedad.

Al mismo tiempo, el sistema de esta sociedad mantiene automáticamente a las masas trabajadoras en un estado de ignorancia y de estancamiento mental; impide por la fuerza el aumento de su nivel moral e intelectual, a fin de poder explotarlas más fácilmente.

El progreso de la sociedad moderna: la evolución técnica del capitalismo el perfeccionamiento de su sistema político, el fortalecimiento de la potencia de las clases dominantes, hace vez más difícil la lucha en contra de éstas, atrasándose el momento decisivo de la emancipación del trabajo.

El análisis de la sociedad moderna establece que no existe otra vía que la revolución social violenta para transformar la sociedad capitalista en una sociedad de trabajadores libres.

3. EL ANARQUISMO Y EL ANARCOCOMUNISMO
La lucha de clase, creada por la esclavitud de los trabajadores y sus aspiraciones a la libertad, generó entre los oprimidos la idea del anarquismo: la idea de la negación total de un sistema social basado en los principios clasistas y estatales, su sustitución por una sociedad libre y sin Estado de trabajadores que aplican la autogestión.

Así nació el anarquismo, no de las reflexiones abstractas de algún sabio o filósofo, sino por la lucha directa de los trabajadores en contra del capitalismo, por las necesidades de los trabajadores, por sus aspiraciones a la libertad e igualdad, que viven particularmente las masas obreras en las épocas más heroicas.

Los pensadores famosos del anarquismo, Bakunin, Kropotkin y otros, no crearon la idea del anarquismo. Ellos la hallaron entre las masas, con la fuerza del pensamiento y sus saberes, favorecieron el esclarecimiento y la extensión de esta idea. El anarquismo no es el resultado de obras e investigaciones individuales.

Así el anarquismo no es en absoluto el producto de aspiraciones humanas universales. No existe una única humanidad. Cualquier intento de hacer pertenecer el anarquismo a toda la humanidad, tal como es hoy día, el atribuirle un carácter humano general, constituye una mentira histórica y social, que desemboca inevitablemente en la justificación del orden actual y de una nueva explotación.

El anarquismo es globalmente humano en el sentido de que las ideas de las masas trabajadoras mejoran las vidas de todos los hombres, y de que la suerte de la humanidad de hoy o de mañana está relacionada a la del trabajo esclavizado. Si las masas trabajadoras son victoriosas, renacerá toda la humanidad. De lo contrario, como antes en el mundo reinarán la violencia, la explotación, la esclavitud y la opresión.

El nacimiento, la plenitud y la realización de las ideas anarquistas tienen sus raíces en la vida y en la lucha de las masas trabajadoras y está inseparablemente unida al destino suyo.

El anarquismo aspira a transformar la sociedad presente burguesa y capitalista, en una sociedad que suministre a los trabajadores el producto de su trabajo, su libertad, independencia y la igualdad social y política. Esta sociedad constituye el anarcocomunismo. Ella permite la plena expresión no sólo de la solidaridad social sino de la libre individualidad, desarrollándose ambas ideas en estrecha relación.

El anarcocomunismo considera que el único creador de todos los valores sociales es el trabajo, físico e intelectual; y sólo el trabajo tiene el derecho a administrar toda la vida económica y social. Por lo tanto, el anarcocomunismo de ningún modo justifica ni admite la existencia de clases no trabajadoras. Mientras tales clases subsistan al mismo tiempo que el anarcocomunismo, éste no reconocerá ningún deber para con ellas. Únicamente cuando las clases no trabajadoras decidan volverse productivas y deseen vivir en la sociedad anarcocomunista en las mismas condiciones que los demás, tendrán un lugar análogo al de todos, o sea la de miembros libres de la sociedad, disfrutando de los mismos deberes y teniendo los mismos derechos que todos los demás trabajadores.

El anarcocomunismo quiere acabar con toda explotación y violencia sobre los individuos y las masas. Para este fin, edifica las bases económicas y sociales que aúnan en un conjunto toda la vida económica y social del país, dándole a cada individuo una situación igual a la de los demás y permitiendo a cada cual el máximo de bienestar. Esta base es la puesta en común, bajo la forma de la socialización, de todos los medios y los instrumentos de producción (industria, transporte, tierra, materias primas, etc.) y edificación de organismos económicos sobre el principio de la igualdad y de la autogestión de las clases trabajadoras.

En los límites de esta sociedad autogestionada de trabajadores, el anarcocomunismo establece el principio de la igualdad de valores y derechos de cada individuo (no de la individualidad "en general", ni de la "individualidad mística" o del concepto de individualidad).

De este principio de igualdad de valores y derechos, y también de que el valor del trabajo aportado por cada individuo no puede ser ni medido ni estimado, se desprende el principio fundamental económico jurídico, social y jurídico del anarcocomunismo : "De cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades".

4. LA NEGACIÓN DE LA DEMOCRACIA
La democracia se presenta como una de las formas de la sociedad capitalista y burguesa.

La base de la democracia es el mantenimiento de dos clases antagonistas de la sociedad moderna: la del trabajo y la del capitalismo, y de su colaboración sobre el fundamento de la propiedad capitalista privada. La expresión de dicha colaboración es el parlamento y el gobierno representativo nacional.

Formalmente, la democracia proclama la libertad de palabra, de prensa, de asociación, y la igualdad de todos ante la ley.

En realidad, todas estas libertades tienen un carácter muy relativo: son toleradas mientras no cuestionen los intereses de la clase dominante, o sea la burguesía. La democracia mantiene intacto el principio de la propiedad privada capitalista. Con ello, deja a la burguesía el derecho a apoderarse de toda la economía del país, toda la prensa, la enseñanza, la ciencia, el arte y de hecho, la burguesía tiene el dominio absoluto de todo el país. Con el monopolio en el ámbito de la vida económica, la burguesía puede establecer su poder ilimitado también en la esfera política. En efecto, el parlamento y el gobierno representativo en la democracia no son más que los órganos ejecutivos de la burguesía. Por lo tanto, la democracia sólo es uno de los aspectos de la dictadura burguesa, enmascarada tras fórmulas engañosas de libertades políticas y de garantías democráticas ficticias.

5. LA NEGACIÓN DEL ESTADO Y DEL PODER
Los ideólogos de la burguesía definen el Estado como el órgano regulador de las relaciones complejas políticas, civiles y sociales entre los hombres en el seno de la sociedad moderna, protegiendo el orden y las leyes de ésta. Los anarquistas están perfectamente de acuerdo con esta definición, sólo añaden que la base de este orden y de estas leyes es la supeditación de la enorme mayoría del pueblo por una insignificante minoría, y que para ello precisamente sirve el Estado. El Estado es simultáneamente la violencia organizada y el órgano ejecutivo de la burguesía en contra de los trabajadores.

Los socialistas de izquierda, y en particular los bolcheviques, también consideran el poder y el Estado burgués, como servidores del capitalismo. Pero sostienen que el poder y el Estado pueden convertirse, en manos de los partidos socialistas, en un medio poderoso por la emancipación del proletariado. Por esta razón, estos partidos están por un poder socialista y un Estado proletario. Unos quieren conquistar el poder por medios pacíficos, parlamentarios (los socialdemócratas); otros, por medios revolucionarios (los bolcheviques, los socialistas revolucionarios de izquierda).

El anarquismo considera ambas tesis como fundamentalmente erróneas, nefastas para la obra de la emancipación del trabajo.

El poder está siempre relacionado a la explotación y a la supeditación de las masas populares. Nace de esta explotación, o se crea para ella. El poder sin violencia y sin explotación pierde toda razón de ser. El Estado y el poder quitan a las masas la iniciativa, el espíritu de creación, cultiva en ellas la psicología servil de sumisión, de espera y de esperanza en los superiores y los mandos. Pero la emancipación de los trabajadores sólo es posible durante el proceso de la lucha revolucionaria directa de las vastas masas obreras y de sus organizaciones de clase en contra del sistema capitalista.

La conquista del poder por los partidos social demócratas, en el marco del orden presente, no hará avanzar de un solo paso la tarea de la emancipación del trabajo, por la razón de que la potencia real y, por consiguiente, el poder real, permanecerán en manos de la burguesía, que mantendrá el dominio de toda la economía y toda la política del país. El rol del poder socialista, en este caso, se reducirá a las reformas, al mejoramiento de ese mismo régimen burgués (Ejemplos : MacDonald, los partidos social demócratas de Alemania, Suecia, Bélgica, llegados al poder en la sociedad capitalista).

La toma del poder por el colapso social y la organización de un así llamado "Estado proletario", tampoco puede servir la causa de la auténtica emancipación del trabajo. El Estado, edificado primero con el pretexto de la defensa de la revolución, termina inevitablemente adquiriendo características propias, para ser luego su propia finalidad y favorecerá en torno suyo castas sociales de privilegiados, en que se apuntala. El Estado somete las masas por la fuerza de acuerdo a sus propias necesidades y las de las castas privilegiadas y restablece, por lo tanto, el fundamento del poder y del Estado capitalistas: la supeditación y la explotación habituales de las masas por la violencia (Ejemplo: el Estado "obrero y campesino" de los bolcheviques).

6. EL PAPEL DE LAS MASAS Y DE LOS ANARQUISTAS EN LA REVOLUCIÓN SOCIALES
Las fuerzas principales de la revolución social son: la clase trabajadora de las ciudades, del campo y una parte de los intelectuales asalariados. Observación: los intelectuales asalariados, si bien se presentan como una clase oprimida y explotada como los jornaleros agrícolas y el proletariado urbano, son más desunidos que los obreros y los campesinos, a causa de los privilegios económicos otorgados por la burguesía a algunos de sus elementos. Por eso, durante los primeros días de la revolución social, los militantes activos no podrán salir más que de las capas menos acomodadas de estos intelectuales.

El papel de las masas en la revolución social y en la construcción del socialismo se separa fundamentalmente del de los partidos estatales. Mientras el bolchevismo, y las corrientes afines, consideran que las masas trabajadoras poseen sólo instintos revolucionarios destructivos, siendo incapaces de una actividad creadora y constructiva, - puesto que esta acción de creación debe corresponder a gente reunida en el gobierno del Estado o el comité central del partido-, los anarquistas, al contrario, creen que las masas trabajadoras tienen enormes posibilidades creadoras y constructivas, y aspiran a suprimir los obstáculos que impidan la manifestación de estas posibilidades. Los anarquistas consideran el Estado precisamente como el principal obstáculo, usurpando todos los derechos de las masas y quitándoles casi todas las funciones de la vida económica y social. El Estado debe perecer no "algún día" en la sociedad del futuro, sino que debe ser destruido por los trabajadores el primer día de su victoria, y no debe ser restablecido bajo forma alguna. Será sustituido por un sistema federalista de organizaciones de producción y de consumo de los trabajadores, autogestionados federalmente. Este sistema excluye la organización del poder por la dictadura de un partido u otro.

La Revolución Rusa de 1917 muestra precisamente esta orientación del proceso de la emancipación social con la creación de un sistema de soviets de obreros y campesinos y comités de fábrica. Fue un triste error el no haber liquidado, en un momento oportuno, la organización del poder estatal del gobierno provisional primero, del poder bolchevique luego. Éste, aprovechándose de la confianza de los obreros y los campesinos, reorganizó el Estado burgués de acuerdo a las circunstancias del momento y mató luego, con la ayuda de dicho Estado, la actividad creador de las masas revolucionarias. El régimen libre de los soviets y de los comités de fábrica representaba el primer paso hacia la construcción de una sociedad sin Estado.

La acción de los anarquistas se divide en dos períodos, antes y durante la Revolución. En ambos casos, los anarquistas sólo podrán cumplir su papel si representan una fuerza organizada, con una concepción clara de los objetivos de su lucha y de las vías que conducen a la realización de estas finalidades.

La tarea fundamental de la Unión General de Anarquistas, en el período prerrevolucionario, es la preparación de los trabajadores y campesinos para la revolución social. Al negar la democracia formal (burguesa), el poder y el Estado, al proclamar la completa emancipación del trabajo, el anarquismo destaca al máximo los rigurosos principios de la lucha de clase, fomenta y desarrolla en las masas la conciencia de clase y la intransigencia revolucionaria de clase.

Es precisamente en el sentido de la intransigencia de clase, el antidemocratismo, el anti-estatismo, el ideal del anarcocomunismo, como tiene que hacerse la educación anarquista de las masas. Pero no basta la educación en sí... Indispensable es también cierta organización anarquista de masas. Para realizarla, es necesario obrar en dos direcciones: en el plano de la selección y del agrupamiento de las fuerzas revolucionarias obreras y campesinas en una base teórica anarcocomunista (organizaciones anarquistas específicas); en el plano de la unión de los trabajadores y campesinos revolucionarios sobre una base económica de producción y consumo (organizaciones productivas de obreros y campesinos revolucionarios, cooperativas obreras y campesinas libres).

La clase obrera y campesina, organizada sobre la base de la producción y del consumo, penetrada por las posiciones del anarquismo revolucionario, será el primer punto de sustentación de la revolución social. Cuanto más consciente y organizado de modo anarquista se vuelva, desde ya, más manifestará una voluntad intransigente y de creación anarquista en el momento revolucionario.

Respecto de la clase obrera en Rusia, resulta claro que, tras ocho años de dictadura bolchevique, que encadenó la natural necesidad de las masas de actividad libre, etc., y demostró la verdadera naturaleza de cualquier poder, tiene en sí enormes posibilidades de formar un movimiento de masas anarquistas. Los militantes anarquistas organizados deben responder enseguida con toda las fuerzas disponibles a estas necesidades y posibilidades, afin de que no degeneren en menchevismo [reformismo].

Con igual urgencia, los anarquistas deben intentar con todas sus fuerzas organizar al campesinado pobre, aplastado por el poder estatal, en busca de una solución y con enormes posibilidades revolucionarias. El papel de los anarquistas en el período revolucionario no puede limitarse a la única propaganda de esloganes e ideas anarquistas.

La vida es el escenario, no sólo de la propaganda de tal o cual grupos, sino también, con la misma importancia, el de la lucha, de la estrategia y de las aspiraciones de estos conceptos para la dirección de la vida económica y social. Más que cualquier otra idea, el anarquismo debe ser la directriz de la revolución social, porque es sólo con la base teórica del anarquismo como la revolución social puede lograr la emancipación completa del trabajo.

La posición de dirección de las ideas anarquistas en la revolución significa una dirección teórica anarquista de los acontecimientos. No se debe confundir, sin embargo, esta dirección con la dirección política de los partidos autoritarios que desemboca finalmente en el poder del Estado.

El anarquismo no aspira a la conquista del poder político, a la dictadura. Su principal aspiración es ayudar a las masas a tomar la vía auténtica de la revolución social y la construcción del socialismo. Pero no basta con que las masas tomen el camino de la revolución social. Es también necesario mantener esta orientación de la revolución y de sus objetivos: la supresión de la sociedad capitalista en nombre de la de los trabajadores libres. Como nos lo enseñó la experiencia de la revolución rusa de 1917, esta tarea está lejos de ser fácil, sobre todo por los numerosos partidos que tratan de orientar el movimiento en un sentido opuesto a la revolución social.

A pesar de que en los movimientos sociales las masas viven profundamente con las tendencias y los esloganes anarquistas, éstos, no obstante, se dispersan, no están coordinados con un sistema previo y, por lo tanto, no tienen la fuerza de una dirección ideológica organizada, que es imprescindible para guardar en la revolución social la orientación y los objetivos anarquistas. Esta fuerza ideológica directora sólo puede ser obra de un colectivo especialmente creado por las masas. Los elementos anarquistas organizados y la Unión General constituyen este colectivo.

Los deberes prácticos y teóricos de este colectivo son considerables a la hora de la revolución. Debe tomar la iniciativa y participar totalmente en todos los ámbitos de la revolución social: en la orientación y el carácter general de la revolución, en la guerra civil y en la defensa de la revolución, en las tareas constructivas de la revolución, de la nueva producción, del consumo, de la tierra, etc.

En todas estas cuestiones, y en la mayoría de las otras, las masas exigirán de los anarquistas una respuesta clara y precisa. Y desde el momento en que los anarquistas predican una concepción de la revolución y de la estructura de la sociedad, estarán obligados a dar a estas cuestiones una respuesta exacta, a relacionar la solución de estos problemas con la concepción general del anarquismo y dedicar todas sus fuerzas a las prácticas concretas.

Sólo en este sentido la Unión General de Anarquistas y el movimiento anarquista cumplen del todo un papel ideológico de dirección en la revolución social.

7. EL PERÍODO TRANSITORIO
Los partidos políticos socialistas entienden, bajo la expresión "período de transición", una fase determinada en la vida de un pueblo, que se caracteriza por la ruptura con el orden antiguo de las cosas y la instauración de un nuevo sistema económico y político : un sistema que, no obstante, no representa aún la emancipación completa de los trabajadores.

En este sentido, todos los programas mínimos de los partidos políticos socialistas, por ejemplo, los programas democráticos de los socialistas oportunistas, o el programa de la "dictadura del proletariado" de los comunistas, son programas del período de transición. El rasgo esencial de estos programas mínimos es considerar imposible, de momento, la realización completa de los ideales de los trabajadores: independencia, libertad e igualdad. Así se mantiene toda una serie de instituciones del sistema capitalista: el principio del poder del Estado, la propiedad privada de los medios e instrumentos de la producción, el asalariado, y varios más, de acuerdo a los objetivos de tal o cual programa a que se refieren los partidos. Los anarquistas han sido siempre los principales enemigos de tales programas, por estimar que la construcción de sistemas transitorios con principios de explotación y de coacción sobre las masas, conducen inevitablemente a un nuevo aumento de la esclavitud. En lugar de establecer programas políticos mínimos, los anarquistas han defendido siempre la idea de una revolución social inmediata, que prive a la clase capitalista de sus privilegios políticos y económicos, y entregue en manos de los trabajadores los medios e instrumentos de producción, asicomo todas las funciones de la vida económica y social.

Esta postura, los anarquistas la mantienen hasta ahora. La idea del período de transición de que la revolución social no debe llevar a la sociedad anarquista, sino a un sistema X, conservando elementos y supervivencias del antiguo sistema capitalista, es antianarquista por esencia. Dicha idea encierra la amenaza con reforzar y desarrollar estos elementos hasta sus dimensiones de antes y con hacer retroceder los acontecimientos.

Un ejemplo deslumbrante es el régimen de la "dictadura del proletariado", establecido por los bolcheviques en Rusia. La convicción de ellos era que este régimen no debía ser más que una etapa transitoria hacia el comunismo total. En realidad, esta etapa ha llegado, de hecho, a la restauración de la sociedad clasista, en cuyo nivel inferior se encuentran como antes los obreros y los campesinos pobres.

El centro de gravedad en la construcción de la sociedad anarquista no consiste en la posibilidad de asegurar a cada individuo, desde el primer día de la revolución, la libertad ilimitada de satisfacer sus necesidades, sino en conquistar la base social de esta sociedad y establecer los principios de relaciones igualitarias entre los individuos. El problema de una abundancia de bienes más o menos grandes no es una cuestión de principio sino un aspecto técnico.

El principio fundamental en el que se edificará la nueva sociedad, base de esta sociedad y que no deberá ser limitado de modo alguno, es el de la igualdad de las relaciones, de la libertad y de la independencia de los trabajadores. Este principio representa, en efecto, la exigencia fundamental de las masas, en nombre del que sólo se sublevarán por la revolución social. Una de dos: o la revolución social terminará por la derrota de los trabajadores, y, en este caso, habrá que volverse a preparar a la lucha, a una nueva ofensiva contra el sistema capitalista; o se llegará a la victoria de los trabajadores, y en tal caso, éstos, aplicando la autogestión de la tierra, la producción y las funciones sociales, comenzarán la construcción de una sociedad libre.

Así será el inicio de la construcción de la sociedad comunista que, una vez comenzada, seguirá entonces adelante sin interrupciones, fortaleciéndose y perfeccionándose.

En este sentido, la conquista de las funciones productivas y sociales por los trabajadores trazará un límite tajante entre la era estatal y la no estatal. El anarquismo, para ser el portavoz de las masas en lucha y la bandera de una época de revolución social, no tiene que ocultar sus principios fundamentales, y adaptar su programa a reminiscencias antiguas, a tendencias oportunistas de sistemas y períodos de transición, sino al contrario desarrollarlos y aplicarlos al máximo.

8. ANARQUISMO Y SINDICALISMO
Consideramos totalmente artificial, sin fundamento alguno y un absurdo, la oposición entre el anarcocomunismo y el sindicalismo y viceversa. Las nociones del anarquismo y del sindicalismo pertenecen a dos planos diferentes. Mientras que el comunismo, o sea la sociedad libre de trabajadores iguales, es la meta de la lucha anarquista, el sindicalismo, esto es el movimiento laboral obrero revolucionario, sólo es una de las formas de la lucha revolucionaria de clase. Al unir a los obreros en el ámbito de la producción, el sindicalismo revolucionario, como por lo demás cualquier movimiento laboral, no tiene una teoría determinada. No tiene una concepción del mundo con respuestas para todas las complicadas cuestiones políticas y sociales de la realidad contemporánea. Siempre refleja las ideologías de diversos grupos políticos, en particular de aquellos que trabajan más intensamente en sus filas. Nuestra actitud de cara al sindicalismo revolucionario deriva de lo que se acaba de definir. Sin preocuparnos aquí de resolver de antemano la cuestión del papel de los sindicatos revolucionarios después de la revolución, o sea si serán los organizadores de toda la nueva producción, si dejarán este papel a los soviets obreros o a los comités de fábricas, juzgamos que los anarquistas tienen que participar en el sindicalismo revolucionario, como una de las formas del movimiento obrero revolucionario.

Sin embargo, el problema que se plantea ahora no es saber si los anarquistas deben o no estar en el sindicalismo revolucionario, sino cómo y para qué tienen que participar.

Consideramos todo el período precedente, hasta hoy, cuando los anarquistas entraban en el movimiento sindicalista revolucionario, como militantes y propagandistas individuales, como un período de relaciones artesanales para con el movimiento sindical. El anarcosindicalismo, tratando de vertebrar las ideas anarquistas en el ala izquierdista del movimiento sindicalista revolucionario, mediante la creación de sindicatos de tipo anarquista, representa, desde este enfoque, un paso adelante, pero con todo no supera la fase artesanal. El anarcosindicalismo no relaciona obligatoriamente la "anarquización" del movimiento sindicalista con la organización de las fuerzas anarquistas fuera de lo sindical. No obstante, únicamente con tal relación es posible “anarquizar” el sindicalismo revolucionario e impedirle que se desvíe hacia el oportunismo.

Considerando el sindicalismo revolucionario sólo como un movimiento laboral de trabajadores, sin una teoría social y política determinada y, por lo tanto, sin fuerza para resolver por sí mismo la cuestión social, estimamos que la tarea de los anarquistas en las filas de este movimiento consiste en desarrollar dentro las teorías anarquistas, en dirigirlo en un sentido anarquista, a fin de transformarlo en un ejército activo de la revolución social. Es preciso no olvidar nunca que, si el sindicalismo no encuentra un apoyo en el momento oportuno de la teoría anarquista, se basará, con más o menos adhesión, en la ideología de cualquier partido político estatal.

Un ejemplo llamativo es el del sindicalismo francés, que antes pregonaba esloganes y tácticas anarquistas y cayó luego bajo la influencia de los bolcheviques, y sobre todo, de los socialistas oportunistas Sin embargo, la tarea de los anarquistas en las filas del movimiento obrero revolucionario sólo podrá cumplirse siempre que esté vinculada y coordinada su militancia con la actividad de la organización anarquista exterior al sindicato. Dicho de otro modo, tenemos que ingresar en el movimiento laboral revolucionario como una fuerza organizada, responsable del trabajo cumplido en los sindicatos ante la organización anarquista general, y orientada por ésta. Sin limitarnos a la creación de sindicatos anarquistas, debemos buscar ejercer nuestra influencia teórica en todo el sindicalismo revolucionario y bajo todas sus formas (los IWW, las uniones profesionales rusas, etc.). Esta meta, sólo la podremos alcanzar con poniéndonos a la obra como colectivo anarquista rigurosamente organizado, pero de ninguna manera como pequeños grupos artesanales, sin vínculos organizacionales, ni convergencia teórica.

Los grupos anarquistas en las empresas y fábricas, estimulando la creación de sindicatos anarquistas, llevando la lucha en los sindicatos revolucionarios por la preponderancia de las ideas anarquistas en el sindicalismo, orientando su acción por una organización anarquista general a la que pertenecen : tales son el sentido y la forma de la actitud de los anarquistas frente al sindicalismo revolucionario y los movimientos profesionales revolucionarios afines.
Related Link: http://www.fondation-besnard.org/article.php3?id_articl...e=517
Mira també:
http://www.fondation-besnard.org/article.php3?id_articl...e=517

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Comentaris

Re: Plataforma organizativa por una Unión General de Anarquistas
01 abr 2012
Hi ha una versió publicada per l'editorial Aldarull.
http://aldarull.org/?p=188&lang=ca
Re: Plataforma organizativa por una Unión General de Anarquistas
01 abr 2012
I una versió en català feta per la CNT d'Olot a:
http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/03/Grup_Dielo_Truda-Plata
Re: Plataforma organizativa por una Unión General de Anarquistas
01 abr 2012
La versió de la CNT d'Olot en català conté més articles relacionats amb l'assumpte que el que heu penjat en aquesta web d'Indymedia
Re: Plataforma organizativa por una Unión General de Anarquistas
02 abr 2012
Gracies per les infos d'Olot i Aldarull.
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