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Obediència social
10 feb 2012
Divendres 10 de Febrer 2012 :: 19.30 h
OBEDIÈNCIA SOCIAL
através d´una versió de l'experiment de Milgram
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El documental muestra e intenta describir los procesos de obediencia ante las órdenes de la autoridad. El contexto del “experimento” es un estudio televisivo. Los participantes deben dar descargas eléctricas a una persona que se equivoca a las preguntas planteadas. Las descargas se hacen cada vez mayores, pero, a pesar de las protestas y los gritos del sujeto que recibe las descargas los participantes siguen dando descargas porque “son las reglas”. No saben que las quejas y el sufrimiento del participante-víctima son ficticias, de cinta grabada. La mayoría sigue hasta el final para no estropear el programa de televisión (también ficticio), que es el escenario de todo este montaje.
Hay que dejar un poco de lado las explicaciones sociológicas y psicosociales de los especialistas que aparecen en el video, y sus comentarios políticos. Su discurso y también el de los periodistas, que a parte de sus incongruencias, no insisten en lo esencial: lo que pasa en el “experimento” presentado es lo que pasa cada día en la vida cotidiana y social en nombre del orden democrático.
El ciudadano “libre” se convierte en un sumiso que llega a reprimir, torturar y legitimar toda estructura que induce a la humillación del Otro. No se interesa por el sufrimiento que provoca pues está legitimado por una autoridad que supuestamente es la responsable. En otras palabras, la obediencia va ligada a la des-responsabilización ¿Pero porque la gente se auto-considera no responsable? La respuesta es que las sociedades en los regímenes jerárquicos modernos delegan su poder decisorio a unas cúpulas de “profesionales”. La persona normal y corriente acepta que “no sabe” qué es lo mejor. Acepta que esto lo saben los que tienen algún poder. Por tanto sigue sus dictámenes. Esta obediencia se hace más profunda en la Democracia: la delegación a la autoridad goza de mayor prestigio porque surge de un proceso mediante el cual se expresa la “voluntad” del pueblo. Evidentemente no todas las cúpulas son elegidas, pero aun así, se respetan porque las leyes democráticas ejercen algún control de ellas.
A medida que el marco general es la democracia, todas las reglas incluso las más violentas, se consideran reglas democráticas, a saber, reglas justas. Obedecer, reprimir, torturar es más aceptable en las democracias -y no menos!- , en medida que se manifiesta cómo conducta regulada y sometida al control de un superior democráticamente legitimado.
El ciudadano libre en las democracias actuales es siempre una persona aislada. Cualquier forma de vida pública queda reducida en las elecciones cada cuatro años. Por cierto, la democracia permite la libertad de expresión o de protesta pero sólo en la medida que no se convierten en acción constitutiva de una nueva realidad o prácticas sociales. Para el estado, el espacio “público” se permite sólo como un estado de pasividad generalizada. Esta pasividad anula las posibilidades de antagonismo y de lucha que podrían obstaculizar o romper las normas establecidas. Cuando no hay colectividades antagónicas hacia los grupos y las relaciones dominantes, abundan personas como las que dan descargas “hasta el final”. Y vale la pena tener en cuenta que, en la película todo esto se hace en un escenario de entretenimiento. Los hombres y mujeres que viven la vida según el ciclo trabajo-consumo pasan por alto los pequeños “detalles” de violencia que están ligados a nuestra realidad social. Descargas eléctricas, centros de encelamiento para inmigrantes, torturas psicológicas o físicas en las comisarias y las cárceles, violencia contra inmigrantes o marginados, y cada vez más, a cualquiera de nosotros y nosotras. Todo queda justificado por el aparato ideológico de la democracia y del estado de derecho.
Por nuestra parte creemos que la pasividad social que genera pequeños y grandes verdugos se puede sabotear sólo mediante una actividad social y política anti-jerárquica anticapitalista y antiestatista. La vida normal y corriente, el circulo trabajo-consumo, la obediencia en el nombre de la ley es solamente una matriz de humillación y muerte.
Mira també:
http://cascanticllibertari.org/obediencia-social

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