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Alex, capitán de la selección francesa... y de la Gestapo
01 feb 2012
Las casi 300 páginas que escribió el francés Philippe Aziz bajó el título ''Traicionarás sin vergüenza'' son una sucesión de historias de terror de franceses que colaboraron con la Gestapo. Algunas de ellas de una crueldad que invitan a dejar de leer. Una habla del llamado comando ‘SS Mohammed’. Es la siguiente: "Alex y tres de sus hombres del BNA (Brigade Nord-Africaine) irrumpieron en la casa de Geneviève Léonard, a la que acusaban de esconder a un judío. Alex agarró a la mujer, que tenía 50 años y seis hijos, por el pelo. Ella cayó al suelo y le rogó que parara. "¿Dónde está tu judío?, gritó fuera de sí Alex. La mujer no contestó. Alex la levantó de manera brutal y la llevó a una granja vecina a golpes. Allí la obligó a ver una escena atroz. Los árabes del BNA torturaban a dos campesinos acusándolos de ser terroristas. Estaban atados de pies y manos a un árbol, eran azotados y tenían el rostro cubierto de sangre. Ella gritaba espantada. Uno de los árabes lanzó sobre los campesinos encadenados una antorcha ardiendo. Alex estalló en una carcajada. Los campesinos, ardiendo, pedían socorro. Fueron ametrallados. Mientras, parte del comando había encontrado al judío, Antoine Bachman. Lo llevaron ante la mujer, que fue abofeteada por Alex, que la arrestó exigiéndole 200.000 francos".
Al jefe del comando ‘SS Mohammed’ se le encuentra en los anales de la FIFA. Selección de Francia que acudió al Mundial de 1930, el primero de la historia. Es el segundo futbolista francés de la lista que aparece el FIFA.com: Alex Villaplane, nacido el 12 de septiembre de 1905. Jugó los tres partidos de Francia en Montevideo y uno con la selección del gallo en los Juegos Olímpicos de 1928. Él fue uno de los once franceses que el 14 de abril de 1929 perdieron ante España por 8-1 en el estadio del Torrero de Zaragoza, en una tarde en la que Gaspar Rubio hizo cuatro goles.
Villaplane, cuyo nombre ha tratado de camuflar la Federación Francesa, fue el primer jugador nacido en el norte de África (vio la luz en Argelia) que llevó el brazalete de capitán. Centrocampista de clase y con un poderoso juego aéreo, Villaplane fue uno de los futbolistas más importantes en la década de los 20 en Francia.
En un fútbol aún no profesional, el dinero fue para él una obsesión. En los equipos por los que pasó (FC Cette, Veréze, Nîmes o Racing de Paris) siempre estuvo rodeado de problemas. En la capital se convirtió en un asiduo de los cabarets, de las apuestas en el hipódromo y de locales de dudosa reputación en la zona de Montmartre. Su nombre era tan conocido en el campo de fútbol como en los bajos fondos.
Centrocampista de clase y con un poderoso juego aéreo, Villaplane fue uno de los futbolistas más importantes en la década de los 20 en Francia
Después del primer Mundial, con el fútbol ya entrando en la era profesional, Villaplane fichó por el Antibes, donde se encontró con dos amigos de su infancia: Laurent Henric y Pierrot Cazal. Fueron campeones de su grupo, pero el club acabó descalificado después de que se descubriera que había comprado el partido decisivo ante el SC Five Lille. Detrás de aquel 5-0 amañado apareció el nombre de Villaplane y de sus dos compañeros de aventuras. Es el primer partido comprado que se denunció en la prensa.
A partir de ese momento, la carrera deportiva del ex capitán de la selección
francesa entró en declive. Necesitado de dinero, recorrió las categorías menores del fútbol francés, pero con el delito ya como un veneno en su sangre. En 1935 acabó detenido por un turbio asunto de apuestas en los hipódromos de París y la Costa Azul. Su vida se convirtió un entrar y salir de las prisiones francesas. Su nombre apareció en el escándalo del robo de un billete premiado de la lotería nacional en el casino de Juan les Pins (región de Antibes) o en el asalto a la tienda parisina ‘Las 100.000 camisas’.
Cuando el 24 de junio de 1940 Adolf Hitler y Albert Speer, su arquitecto de cámara, visitaron París, Villaplane estaba encarcelado. Henri Chamberlain, que se hace llamar Lafont, se dirige al Ejército alemán para organizar una red de colaboradores para enfrentarse a la Resistencia, puesta en pie desde el discurso de De Gaulle del 18 de junio. Su presentación fue la caza de Lambrecht, el líder de la resistencia belga.

Alex Villaplane
La sede de la Gestapo en París queda fijada en el número 93 de la Rue Lauriston, muy cerca de la Plaza del Trocadero. Allí, Lafont, conocedor de los bajos fondos parisinos, campa a sus anchas y pide a los alemanes la puesta en libertad inmediata de Alexander Villaplane, asegurándoles que no se van a arrepentir. Lafont, Paul Maillebiaux y Pierre Bony (antiguo responsable de la policía parisina ), como recogen los archivos del Partido Comunista Francés, forman la cúpula de la sanguinaria estructura en el que Alex se va a hacer imprescindible. Junto al ex futbolistas reclutan o sacan de prisión a delincuentes que habían tenido en jaque a la policía de la capital: Genest, el guardaespaldas del periodista-colaboracionista Jean Luchiere; el experto tirador Albert D’Anos; Andre Gaini, alias ‘pierna de madera’, famoso por su crueldad o Jean Sagtore, el hombre con una doble vida acusado de más de 150 ejecuciones y de dejar cinco cadáveres irreconocibles con cuchillas de afeitar.
Alentado por Hitler en persona, Lafont crea la Brigade Nord-Africaine, a la que encarga la caza de judíos, en especial en la zona de Perigord. Hay carta blanca para Alex, nombre de guerra de Villaplane, y sus hombres. Nada queda ya del futbolista. En una acción en el pueblecito de Mussidan (Aquitania) su comando secuestra y ejecuta a once jóvenes entre 17 y 27 años. A su regreso a París se vanagloria ante varias jarras de cerveza alemana de haber abierto él mismo el fuego.
Alex se convirtió en un demonio para los judíos. Haciéndose pasar por un salvador, el ex capitán de la selección francesa convenció a varias familias judías de que a cambio de las posesiones que tenían o escondían (cuadros, joyas, dinero...) él les sacaba de Francia bien por barco o haciéndoles llegar hasta Portugal a través de España. Una vez convencidas, las subía a camiones que le cedía la Gestapo con distintivos del ejército alemán desde los que no se veía nada. Él mismo les explicaba que era la mejor manera de no levantar sospechas. Al volante se colocaban sus hombres, que durante varias horas se dedicaban a dar vueltas alrededor de París para acabar aparcando en el interior de la sede de Gestapo o en otro lugar acordado por los germanos. Las víctimas se bajaban del camión y se encontraban rodeadas de uniformes con la calavera y las dos tibias. En su horror comprendían pronto que el ángel, del que ya no había rastro, que les iba salvar era en realidad su pasaporte al campo de concentración y en muchos casos a la muerte.
Los sueños de gloria de Villaplane se fueron convirtiendo en miseria con los golpes de la Resistencia, que tenían bien anotado su nombre y que habían intentado en varias ocasiones asesinarle sin éxito. Cuando el 26 de agosto de 1944 las tropas aliadas desfilaron en los Campos Eliseos, Villaplane quiso recuperar su pasado como gloria del fútbol francés y convencer de que detrás de su máscara de colaborador lo que había hecho era liberar a compatriotas y salvar a judíos de las manos de los nazis. Había demasiada información como para caer en esa trampa. El 1 de diciembre de 1944 se sentó ante la Justicia en la Corte del Sena. Él y sus secuaces fueron condenados a muerte por alta traición, colaboración con el enemigo, asesinatos y actos de barbarie. A las diez de la mañana del 26 de diciembre, en el cuartel de Montrouge , a 13 kilómetros de la sede de la Gestapo parisina, fue fusilado junto a Lafont y Pierre Bony (quien llegó a ser teniente de las SS).
Era Alex Villaplane, el asesino que fue internacional con Francia en 25 partidos, mundialista, olímpico y capitán de la selección del gallo. Su nombre avergüenza aún hoy al fútbol francés.
Mira també:
http://www.marca.com/reportajes/2011/12/el_poder_del_balon/2012/02/01/seccion_01/1328059771.html

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