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En el futuro de mañana
17 jul 2011
El gobierno pretende aprobar una legislación que facilite la actividad económica y empresarial, que apoyada por la ya aprobada reforma laboral, la eliminación de la competencia del servicio público y la gestión o venta de parte de las infraestructuras públicas a entidades privadas.
Pero no sólo va a flexibilizar precarizando los trabajos y deshaciéndose de casi todo el sector público, sino que va a adoptar medidas fiscales muy generosas con las grandes empresas y además, va a destinar el dinero público para financiar planes de Desarrollo y Tecnología (TYD) con los que enmascarar el desvío del dinero público a proyectos de supuesta investigación, que se valorarán muy por encima de su coste real. Con espectaculares inversiones en lo privado, como la que ya ha recibido la banca, y una desmesurada elevación de costes injustificados e injustificables, el desvío de grandes presupuestos a manos de los consejos de dirección y ejecutivos de las grandes multinacionales, dejaremos de obtener el escaso beneficio del disfrute de unos servicios universales que seguiremos pagando.

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Esta estrategia de ingeniería financiera, no va a representar ninguna mejora para la población en general, sino más bien al contrario.

Durante mucho tiempo, nos han estado adoctrinando sobre las necesidades de subvencionar a las grandes empresas, pues, según decían, son las que creaban empleo. Actualmente, acercándonos a los 5 millones de personas desempleadas, nos encontramos frente a una situación en que los beneficios de las grandes empresas, no aumentan con la producción y el consumo, sino con la especulación de grandes bolsas de capital inexistente que se trasladan de unos valores a otros, creando espejismos financieros en los que de un día para otro, los valores de algún producto financiero suben vertiginosamente por la entrada de una importante inversión financiera, para dejarla caer de golpe en el momento más álgido de la euforia inversora. Así, los grandes capitales que iniciaron el vertiginoso aumento de precio de dichos valores, multiplican sus activos, a costa de las pérdidas que recaen sobre un elevado número de pequeños inversores.

Prácticas como estas, de alta ingeniería financiera, son las que se van a llevar al terreno empresarial. Las grandes empresas ya no necesitan tener ni importantes recursos humanos de mano de obra, ni tampoco grandes infraestructuras para los procesos de producción, ni una feroz competencia, sino sólo una bolsa de clientes que no podrán recurrir más que los grandes gestores de estos grandes presupuestos, que repartirán o excluirán de las demandas de producción laboral, según les convenga. Para ello, dispondrán de una enorme legión de empresas de contratación y subcontratación, a través de las que extenderán sus demandas productivas, de las licitaciones conseguidas.

El trabajo remunerado a través de cursos de formación, que impartirá la gran empresa a través de subcontratación, y los incentivos y penalizaciones, se convertirán en los nuevos grandes negocios, en los que, pase lo que pase, nunca se pierde. Incentivos por objetivos imposibles, que hagan subir los beneficios de la gran empresa, sin tener en cuenta criterios de calidad, pues, las penalizaciones se aplicarán por ese mismo motivo, y se convertirán, no sólo en el impago del trabajo deficiente, sino en una remuneración por no haber cumplido el contrato, así, el trabajo medio mal hecho, pasa a otra empresa subcontratada a menor coste (pues sólo hay que realizar una parte del trabajo y con menor calidad de la contratada), pero expuesta a mayor riesgo de penalización.

Trabajar será un infierno, pero lo que generen los enormes beneficios ya no será la producción del trabajo y la venta de los productos o servicios, sino la especulación de la gestión de la distribución del dinero público, para las grandes obras; de manera que si el presupuesto inicial parte con 100 millones (por ejemplo), a la empresa contratada, sólo llegarán 40 millones, por lo que necesitará subcontratar y así sucesivamente. Con ese desvío de dinero en el camino, sólo es posible realizar los trabajos precarizando mucho más las condiciones laborales y reduciendo gastos en la calidad de materiales e incluso en su no existencia... Parte de ese trabajo se trasladará hacia los alrededores de las grandes macrocárceles, en las que el trabajo ya está precarizado de antemano.

Nos han dicho que gran parte de esta crisis, se ha originado por las burbujas económicas, pero son crisis provocadas para justificar todo un séquito de medidas, imposibles de imponer en otras circunstancias. Para ello se ha recurrido a esta serie de doctrinas de shock, en las que una hipotética burbuja inmobiliaria, ha provocado que las mayores empresas se queden sin competencia. Todas estas empresas, en su mayoría multinacionales, están gestionadas por los mismos consejos de dirección que los grandes bancos y cajas que han propiciado el gran fraude de la propiedad. No hay que olvidar que los gestores de una gran entidad a la que llevaron a la quiebra más extrema, a los pocos días de concederles una fuerte inversión de dinero público, la estaban dilapidando en una enorme celebración con todo lujo, sin reparar en gastos y sin tener que dar cuentas a nadie. Ese era el gran premio del sistema por su eficaz labor de hacer parecer mucho más verdadero el simulacro.

El método es bastante eficaz, efectivo y rentable. Primera se crea un espejismo en el que se dan numerosos créditos para la compra de propiedades, especialmente inmuebles. Esos créditos, muchos de ellos hipotecarios, van subiendo con la excusa de la "volatibilidad" del mercado. A su vez, los pequeños ahorradores, en su afán de participar en el sistema capitalista y revalorizar su dinero, realizan inversiones con el consejo de dichos grandes bancos. Inversiones que sufrirán una espectacular caída en picado con la excusa de que nadie se lo esperaba, ni podía predecirlo. Ese dinero, misteriosamente aparece en las arcas de dichos bancos, que al igual que muchas empresas de grandes beneficios, reclaman rigurosas medidas contra la crisis, la inyección de nuevos activos y la pérdida de derechos laborales y sociales, para no hipotecar el despegue.

Dichas empresas, nunca tocaron suelo, sino que siguieron en el vuelo de sus elevados beneficios, pero crean esa falsa ilusión despidiendo a trabajadores y trabajadoras y consiguiendo tratos de favor financiero.

Las personas, con el paso de los meses y ante la imposibilidad de encontrar otros trabajos, sobreviven de la solidaridad familiar y de los amigxs y vecinxs. Esa situación no se puede sostener durante demasiado tiempo, pues poco a poco cada vez son más las personas necesitadas y menos los ingresos. Esto conduce a una venta por debajo de su valor de parte del patrimonio, que va a parar a manos de los mismos especuladores que controlan el mercados de los productos de riqueza.

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Las personas empiezan a perder sus casas, y en vez de librarse de la deuda, siguen con ella, sin casa y sin posibilidad de encontrar trabajo. Las inmobiliarias que han sobrevivido, provocan la venta de viviendas muy por debajo de su precio, asustando y engañando a lxs propietarios con la debacle del mercado inmobiliario y quedándose con muchas propiedades, al igual que los bancos, por precios muy por debajo del mercado y que constituirá su parque de oferta inmobiliaria, al igual que los bancos.

La sanidad se privatiza, la educación hace lo propio y en pocos años quien necesite una operación de vida o muerte, tendrá que hipotecarse con las pocas propiedades que disponga, para poder pagar las intervenciones médicas. Si a eso le añadimos que no podremos conseguir suficiente dinero para las intervenciones quirúrgicas más avanzadas, muchas personas no saldrán del quirófano, pero seguirán teniendo una enorme deuda que tendrán que pagar sus "herederos" de la miseria.

Estudiar seguirá el mismo proceso. Créditos a muchos años vista, para después no saber ni tan siquiera si se podrá acabar la carrera, pues la necesidad de buscar un trabajo que no existe, se convertirá en la ocupación de la mayor parte de nuestro desesperado tiempo.

Nuevas leyes que garanticen la "paz social" frente a tanta incertidumbre y vidas sin salida a ninguna parte, paralizarán las posibles respuestas de lxs más desesperadxs. La aparición casi espontánea de hipotéticos nuevos grupos de "terrorismo urbano", llevarán a generar un mayor miedo social y una mayor ocupación del espacio penitenciario, el único en el que se puede conseguir un trabajo garantizado a cambio de la comida, la cama, y una escasa y elemental atención médico-sanitaria.

Las empresas que se deslocalizaron a otros países para esquivar tener que adecuar sus empresas a las condiciones ecológicas de no contaminación, realizarán la parte más contaminante de la elaboración de sus productos tecnológicos, en esos paraísos antiecológicos y sus procesos de manufactura o manipulación, en los talleres de los penales y las macrocárceles o en sótanos clandestinos que estarán poblados por lxs mayores desposeídxs.

La gran bolsa de pobreza, provocará una mayor necesidad de buscarse la vida en el hurto y el robo a los que aún tienen algo y los directivos y ejecutivos de los consejos de dirección de los grandes centros de la estafa cotidiana, vivirán en urbanizaciones de mansiones-búnker, en las que entrar será poco menos que imposible. Vivirán en un mundo completamente aparte del margen y en el que la gestión de sus negocios generadores de miseria human, se podrá realizar desde los aviones, los trenes de alta velocidad o desde sus lujosos vehículos que se desplazarán por vigiladas autopistas privadas.

Aparecerán nuevos negocios en los que con escasos recursos humanos y de infraestructura, se trabajará en las consecución de conseguir que las personas que vivan de la beneficencia o de las pocas y ridículas ayudas sociales, sean objeto de transacción económica y deban generar mayor riqueza de la que reciben, so pena de perder la que tienen.

Frente a este paisaje tan "esperanzador", sólo tendremos la salida del depredador o la del apoyo mutuo. Darwinismo frente a Proudhon.

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