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Experiencia de un ingreso psiquiátrico
04 jun 2011
EXPERIENCIA DE UN INGRESO PSIQUIÁTRICO

Mi familia y amistades detectaron que había perdido el norte durante dos semanas teniendo alucinaciones en todos los sentidos y delirios continuos. Por ejemplo en el plano visual me veía una áurea alrededor de mi cuerpo primero azul y luego otra vez que la vi fue amarilla, o también veía hilos transparentes que unían a las personas como también vi en la pared de mi habitación como un gusano se convertía en capullo y a la vez las sabanas de la cama se me cubrían cuando estaba destapado al completo, luego el capullo pasaba a ser mariposa voladora. En el plano auditivo andando por la calle todo el mundo me insultaba diciéndome “hijo de puta”. En el aspecto olfativo por ejemplo me olía la piel del cuerpo y tenía un olor dulce. En el plano gustativo comía un alimento y tenía un sabor nunca sentido anteriormente. En el aspecto táctil por ejemplo tenía como punzamientos en el cuerpo, como pellizcos o notaba aire frío o de calor en situaciones que físicamente no se daban. Y en los delirios me creía Dios y que tenía superpoderes. Son unos pocos ejemplos de todo lo que me llegó a pasar.

Mi familia y amigos ante la impotencia de no saber que hacer por la noche llamaron a urgencias, vino una ambulancia a casa, me ataron a una camilla y me llevaron al complejo psiquiátrico más prestigioso de toda Catalunya, formado por el psiquiátrico de les Germanes Hospitalàries del Sagrat Cor de Jesús-Benito Menni y el psiquiátrico de Sant Joan de Déu, ubicados en Sant Boi de Llobregat, uno al lado del otro. Yo ingresé en el de les Germanes Hospitalàries del Sagrat Cor de Jesús-Benito Menni.

Nada más entrar me llevaron atado a la camilla hacia una habitación con paredes blancas, un pequeño armario empotrado de madera y una pequeña ventana con persianas que te impedía ver el cielo. Me encontraba dentro de la habitación con ocho personas entre ellos enfermeros y auxiliares, me desataron de la camilla y me dijeron que pasara a la cama, por un momento tuve un alivio al desatarme hasta que me dijeron que me debía desnudar al completo. Me negué a desnudarme y a la fuerza me desnudaron, de mientras una enfermera sonreía al creerse que no tenía poder al decidir sobre mi vida, que ellos eran todo poderosos. Me acabaron desnudando y me pusieron unos calzoncillos y una bata blanca, ya que la ropa individualiza y querían que tomara el rol de paciente en todas sus formas, despersonalizado. Luego me pincharon en el culo lo cual sería un calmante y me obligaron a tomar medicamentos antipsicóticos. No opuse resistencia violenta, no amenacé a nadie ni chillé; pero ellos me volvieron a atar a la cama. Me ataron de una manera que tenía los brazos totalmente rígidos y estirados y no podía moverme de cintura para arriba, los pies me los ataron pero había una pequeña movilidad.

Me dijeron que me ataban para que no me lastimase, pero justamente el delirio que tenía es que todo el mundo me quería hacer daño, yo mismo no me iba a lastimar. Se fueron de la habitación y la cerraron. Permanecí ahí mismo tres días sólo atado a la cama, me desataban un brazo cuando me traían la comida y la medicación, por lo que agradecía mucho al poder tener movilidad y alargaba la comida lo máximo posible. Yo no sabía que me pasaba, desconocía por completo porqué me encontraba así y ningún enfermero ni auxiliar en el momento del ingreso se paró a hablar conmigo preguntándome que me pasaba, que temía y ofrecerme una pequeña conversación tranquilizadora, lo que era una gran necesidad.

Cuando pasaron los tres días me desataron de la cama y me abrieron la puerta. Y me dieron un mono azul para ponérmelo, les di la bata. Tenía los brazos molidos, porque tal estiramiento y rigidez a la que me habían mantenido durante tres días y mis intentos por moverlos un poco, pero no podía, los tenía totalmente estirados me producía un gran dolor en el brazo, me sentí muy incómodo en la misma postura estos tres días, sin poder moverte, sólo la cabeza y un poco las piernas.

Una vez fuera de la habitación vi una pequeña sala dónde había televisión y otra sala que era el comedor, que a la vez era la zona para fumar, y entre medio un espacio dónde estaba lleno de sillas acolchadas que podías estirar y tumbarte en ellas. Y una pequeña habitación de enfermería. En total hacía un espacio de 100m2. Era la segunda planta del pabellón H de les Germanes Hospitalàries del Sagrat Cor de Jesús. A causa de la medicación tenía gran somnolencia y me pasé estirado en esas sillas la mayor parte del tiempo durmiendo. No había nada que hacer, no había patio, sólo televisión y cigarros. Hablabas con la gente, con algunos tenías una especie de afinidad con otros no, porque se pasaban el día durmiendo. Los auxiliares y enfermeros para lo único que te hablaban era para decirte el nombre y los gramos de la medicación que tomabas. A la hora de comer sólo había cucharas. Y una buena mañana a las seis me despertaron los enfermeros para sacarme sangre y para que meara en una probeta para luego hacerme el control si había tomado drogas, y en esos momentos no podía mear, era demasiado temprano les dije dos veces que no podía mear, y ellos me amenazaron que si no meaba por las buenas me iban a sacar el meado por las malas metiéndome una sonda por el agujero del pene hasta sustraerme el meado, lo cual empecé a beber agua como si estuviera en medio del sahara y me hubiera pasado días y días sin probar gota. Me pasé ahí metido una semana en total.

Sin olvidar que una auxiliar me dio unos calzoncillos cagados ajenos para que me los pusiera y al verlos cuando se fue ella, los tiré al suelo.

Luego me cambiaron de habitación, compartida por dos personas más, en la tercera planta, lo único que hacía ahí era dormir, y durante el día estaba en la primera planta, con una sala de televisión, un comedor grande, la cual era la sala de visitas y sala de juegos, los únicos que tenían era el ajedrez, las damas y el parchís. Y el tan ansiado patio con tres palmeras y árboles, un ping pong y bancos para sentarte. Ya podía vestir con mi ropa de calle, les di el mono azul.

Cuando bajé fue agradable respirar aire fresco después de unos días donde lo único que inhalaba era aire contaminado por unas paredes que encerraban angustia, incomprensión, aunque había muros y cámaras de videovigilancia enfocadas al muro. Y el espacio de recorrido era poco, suerte que había pájaros cantando todo el rato que nos deleitaba la estancia allí. Por otra parte no podías tener un móvil, lo que te dejaba fuera de órbita, no podías hablar con nadie por teléfono, pero yo fui listo y le dije a mi madre que me pasara el móvil y así pude comunicarme por medio de mensajes a colegas, nadie sabía que tenía el móvil dentro, ni los compañeros ni ningún auxiliar ni enfermero. Tampoco se podían tener videoconsolas de mano. Dicen que el aburrimiento es contrarevolucionario, pues el psiquiátrico nos ganó la partida por adelantado. Sólo hacías que fumar, ahí dentro había pocas cosas de que hablar, de la enfermedad de que sufrías y un poco de tu vida por ahí encima y poca cosa más, porque no había actividades, ah si! se me olvidaba, tenías una tarde a la semana de manualidades, pintar murales con acuarela o construir pequeños monumentos con material reciclado, solamente eso. Pedí un psicólogo ya que me notaba perdido para que me ayudara a levantarme pero el psiquiatra me dijo que no, que la medicación era la única solución y tenía con él una visita fugaz a la semana y si había suerte dos, lo único que hablábamos era si tenía delirios o alucinaciones, cuatro preguntas y me decía que se había acabado la visita.

En un momento cuando comíamos, que por cierto había tenedor, se me pasó un delirio por la mente de que me querían hacer daño y le dije a la enfermera que daba la medicación de que quería bajar al patio, se lo dije dos veces, y la tía en lugar de venir a hablar conmigo, decirme que me pasaba, como me encontraba, etc... me amenazó con subirme otra vez a la segunda planta y callé, me guardé todo lo que tenía para adentro y fingí que no me pasaba nada. Los compañeros me contaron que a un chico el mes pasado que se negó a comer durante dos días vino una enfermera y le pilló del cuello fuertemente lo agachó al plato y le obligó a que comiera, el tío chillaba del dolor y la enfermera seguía cogiéndole el cuello. Espantoso.

Por otra parte, una mañana cuando cambiaban las sábanas los auxiliares vi como cambiaban la mía por la de mi compañero de habitación que se había pasado la noche babeando en la cama a causa de la medicación, un asco increíble, pero lo hicieron los auxiliares, y desconozco porqué. En ese momento no reaccionas, no te lo crees y me tenía que ir al patio.

Entonces empecé a poder tener visitas, la familia y amigos me podían venir a ver 3 horas al día que estaba especificado como visitas y el fin de semana, sábados y domingos, me podían ver 5 horas al día, por la mañana y por la tarde. Era una mierda, una restricción de visitas muy fuerte, yo creía que allí a los enfermos se les podía ver a cualquier hora del día como en un hospital normal, había familiares o amigos que no me podían ver en estas horas porque trabajaban y se quedaron sin poder verme y dar el tanto apoyo que necesitaba en aquellos momentos. Gracias a ellos fue mi recuperación rápida, solamente se la debo a ellos (y no a los psiquiatras) que eran los que me daban el apoyo abundante y me reía mucho con ellos.

Vi como un chico y una chica se besaban en la boca y los subieron a los dos a la segunda planta como castigo, no se podían dar besos en la boca y lo que es peor, una mujer cincuentona que daba un beso a la mejilla cuando nos encontrábamos para bajar al patio a quien quería para dar los buenos días, se lo prohibieron. No se podían dar ni besos en la boca ni en las mejillas, deshumanizador total, el psiquiátrico cada vez tenía más idea de que no era un hospital... sino se asemejaba más a una cárcel con muchos condicionantes y límites. Que en lugar de mejorar al enfermo lo mantenían ahí encerrado sin ningún tipo de estímulos emocionales.

Al patio no se podía estar siempre, había un horario también de apertura, después de la comida se estaban dos horas y media sin abrirlo. Al lado del patio había un campo de futbol-sala con dos porterías y cuatro canastas de basket, pero ahí sólo podíamos entrar una vez a la semana, y si se lo pedías de rodillas a los auxiliares te daban una pelota de basket y otra de fútbol y durante poco tiempo, lo cual experimenté una vez que estuve ahí jugando a basket que se me quitaron por arte de magia todas las paranoias que tenía en la cabeza, pero esto ellos no lo entendían, de lo que se trataba es que les molestaras lo mínimo y te tomaras la medicación. El trato con los psiquiatras, enfermeros y auxiliares era muy frío, muy distante, era una relación que te marcaban todo, cuando podías dirigirte a ellos, no cuando lo necesitaras siempre; de que podías hablar y de lo que no podías y te hablaban muy poco, cortaban rápido la conversación para marcarte las distancias. Debería haber voluntariado normalizador o educadores sociales que fueran allí para hablar y conversar contigo y hacer cosas conjuntas, y se comportaran como alguien más, un colega más, alguien que de verdad te diera calor.

Al cabo de las dos semanas empecé a tener salidas los fines de semana, salía el viernes por la tarde y volvía el domingo por la tarde y luego el lunes le contaba al psiquiatra que tal había sido mi salida, lo cual siempre era muy positiva, creerme cualquier cosa era mejor que estar ahí dentro. Un compañero con depresión me dijo que no quería salir los fines de semana porque después a la vuelta se encontraría otra vez en la misma situación aislado y para él sería muy duro volver a esta realidad y prefería no salir de permiso, para no ponerse la miel en los labios.

Una tarde, una mujer de unos 50 años a la que se le aplicaba el TEC (electroshock en el cerebro, se aplica cuando el paciente sufre una grave depresión o psicosis) murió de paro cardiaco en el mismo psiquiátrico, la vinieron a buscar su cuerpo sin vida la ambulancia para llevársela, lo malo de todo esto, es que antes de hacer esta “terapia” te hacen firmar a la familia unas hojas conforme que estás dispuesto de afrontar los riesgos. Se aprovechan del desconocimiento de la gente en torno a la salud mental y de la confianza que hay en los expertos para hacer consentir a la familia este tipo de prácticas.

Por otra parte había una asamblea-farsa a la semana, que por lo que me dijeron siempre se pedía lo mismo y nunca se cumplía nada, mínimas cosas como que las sillas que hay allí en la primera planta son muy incómodas y las cambiaran o que pusieran aceite en las comidas para el pan o las ensaladas y decían que si por ellos fuera que si, pero que no había presupuesto para hacerlo. Eso es una gran mentira, los 22 días que me pasé ahí costaron a la seguridad social 3.500 euros, a 160 euros por día, como si fuera un hotel y hubiera spa, buena comida, barra libre y sala de billar. Lo que estaba claro es que inflaban lo máximo el dinero de tu estancia allí para recaudarse sus fondos la Iglesia y las monjas del Sagrat Cor de Jesús. Negocian con la salud pero de una manera abismal.

En fin, de lo que más se hablaba en el patio es que era una cárcel el psiquiátrico, que de hospital no tenía nada, todo el mundo y cuando digo todos es todos estábamos de acuerdo en ello, suerte que a los 22 días me dieron el alta, ahí no voy a volver más y si vuelvo me rebelaré en todas las injusticias que vea.

Cabe remarcar por último, que es difícil para la familia y los amigos tratar con un brote psicótico, a una persona con delirios y alucinaciones no se sabe muy bien que decirle como apoyarle como hacerle entrar en razón. Está claro decir que los psiquiátricos oficiales no son la solución, sino un tipo de psiquiatría diferente, más igualitaria, solidaria y libertaria, que el paciente no sufra la opresión por parte de un poder supremo. Y la medicación de primeras ayuda y es una solución más que necesaria, no hay que dejar de tomar la medicación sin llegar a un consenso con el psiquiatra, pero también cabe decir que estoy en contra de la sobremedicación. Pero no es la única vía, hay muchas y todas son complementarias, como está el hablar mucho y entrarle en razón mediante la conversación. Y sobretodo decirle de que sufre, si es trastorno bipolar, brote psicótico (o esquizofrenia) o depresión, etc. Que sepa que le está pasando porque la mayoría de veces su primera vez el sujeto no sabe lo que le pasa.

Pd: me dijo una auxiliar de enfermería que en su protocolo de comportamiento tiene un punto que prohibe dar caricias, abrazos, besos, tocamientos, dar la mano; un profesional al paciente, con la excusa de ‘respetar al paciente’. Pensar por vosotros mismos.

Firma: un miembro de la Asamblea de Majaras de Sant Boi

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Comentaris

Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
04 jun 2011
http://www.boigpertu.cat
Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
04 jun 2011
m'he oblidat de possar que hi ha telèfon fixe a la primera planta del pabellón H del Benito Menni, però clar.. si tothom tingués móvil seria molt més cómode i personal i lliure...
Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
04 jun 2011
Habla en pasado, pero no detalla el año de los sucesos.
Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
04 jun 2011
los sucesos son de este año
Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
04 jun 2011
Gràcias compañero por tu escrito! por romper el silencio con el que estan acostumbrados a "trabajar" esos centros sanitarios (perdon queria decir penitenciarios). Donde prefieren tratar a las personas con estigmatizaciones, aislamientos, medicalización que te deje catatónico,... lo que sea menos despierto y consciente del proceso de cada persona para mejorar su salut y tirar para adelante. En un claro abuso de poder, autojustificandose entre ellos y haciendo protocolos de actuación que perpetuen los maltratos, des de sus asientos pagados por la sanidad pública y costeando la indústria farmacéutica a base de la sobremedicación. Y la sociedad bien tranquila delante de la tele en su sofà del Ikea, mientas estan (como dice un compañero de la CNT de Sabadell) "delegant la violència necessària pel desenvolupament de la seva vida (còmoda vida en un país occidental, per més que ens trobem enmig d’una crisi endèmica) en els especialistes de la violència: maderos, grangers, matarifes, segurates…". Añadimos los psiquiatras la larga lista de torturadores! Nosotros no callaremos!
Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
04 jun 2011
La antipsiquiatría, también fue promovida por psiquiatras. Generalizar no ayuda, de la misma manera que hay personas que se sienten "enfermas", aunque no sepan de qué enfermedad y de la misma manera que hay personas presas que están convencidas que deben de pagar condena por el delito cometido...
Nada es tan sencillo, ni tampoco lo que parece. El reconocimiento y la solidaridad se debe expresar con quien tiene el valor de denunciar, sea una persona diagnosticada, sea un familiar, sea un psiquiatra...
Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
05 jun 2011
Se me ha encogido el corazón leyéndote....aun siento escalosfrios el dia que mi hermana salió por una llamada de la consulta en el hospital al que me habian llevado y me ataron con aquellas correas y ante mi negativa de tomar nada me inyectaros...aquella noche siempre está rondando mi cabeza
Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
05 jun 2011
Aún, con tanto hipotético progreso, supuestos avances científicos e intelectuales y en el siglo XXI, hay centros en los que siguen "tratando" la homosexualidad como un trastorno grave de la conducta. Todavía, se sigue aplicando con total permisividad y sin ningún tipo de escándalo, el electroshock, sobre el que muchos especialistas y profesionales sin rubor alguno, hablan de su "milagrosa" efectividad en las recuperaciones. Si no entendemos que nos ponemos en manos de otros que no tienen por qué preocuparse más por nuestra salud que por su economía y prestigio, nos pasará como con los políticos, que seguiremos pidiéndoles que no sean tan "malos" con nosotras, sin darnos cuenta que si bien ellos, gobernantes, son los que llevan los controles del sistema, es el sistema el que está ideado para el sufrimiento. Cambiar el sistema también significa llevar los controles de nuestra propia existencia, todo lo contrario que cambiar a quienes lo gestionan.
Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
06 jun 2011
http://www.soyborderline.com/component/communitypolls/viewpoll/polls/100
Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
06 jun 2011
Son, no sólo insalubres, sino antiestéticos, antinaturales, verdaderos reductos de marginalidad al cubo. La madre de todas las marginaciones, el estigma más agudo de todos los estigmas
Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
09 jun 2011
Tengo una enfermedad mental grave desde hace años, y los peores recuerdos de todo este tiempo no tienen que ver con los síntomas de mi enfermedad, sino con la forma en que me he sentido tratada a causa de ella. Por ejemplo, un día, una persona que conocía a mi familia le dijo a mi hijo, que tenía 9 años, que yo estaba mal de la cabeza, y como el pequeño estaba sorprendido, le dijo que se lo podía preguntar a todo el mundo en la ciudad donde vivíamos entonces. ¿Qué iba a pensar el niño de eso? ¿Qué imagen tendría de su madre a partir de ese momento?

Pero eso no fue lo peor, lo peor vino de quienes yo pensaba que me podrían apoyar y ayudar. La abuela de mis hijos (uno de ellos, que en gloria esté), les dijo en dos ocasiones que su madre, o sea, yo, estaba loca. Me sentí hundida, humillada por culpa de esa persona y de una enfermedad que yo no había escogido. Toda mi familia política me señalaba con el dedo y me maltrataba, empezando por mi marido. Llegué a intentar suicidarme al caer en una depresión por lo mal que funcionaba mi matrimonio. Un intento de suicidio por el que tuvieron que amputarme un pie.

Ahora estoy divorciada y estudio unas oposiciones para poder trabajar y así recuperar la custodia de mi hijo. Gracias al apoyo de muchas personas buenas y a la asociación SAPAME, de Granada, estoy rehaciendo mi vida, olvidando el odio y la discriminación que recibí de las personas más cercanas a causa de mis problemas mentales. Espero de verdad que no le pase a nadie más
Re: Experiencia de un ingreso psiquiátrico
21 jun 2011
No voy a referir detalles de los motivos que me llevaron a ingresar en el hospital, eso se lo dejo a los psiquiatras y además os aburriría, o quizás no, quién sabe, solo os voy contar un poco como he vivido el ingreso desde el comienzo hasta el final.
Cuando llamaron al 112 yo me encontraba en una plaza, acompañado, con una gran alteración en la percepción de la realidad, con un síntoma de risa desaforada, como si me hubiera fumado 20 porros por primera vez. Pero la risa no provenía de nada ni me reía de nadie en particular, se podría decir que era como el Buda Mile :-), también conocido como el Buda de la Felicidad. Previamente tuve un fin de semana con una gran crisis psicótica llena de contenido místico que me reportó mucho sufrimiento, pero no les entrentengo más, vamos al grano. Fui trasladado al hospital donde me hicieron una entrevista, que en mi modo de parecer no tiene nada de terapeútico. Tres señoritas, entre ellas supongo estaría la psiquiatra, me hacían preguntas desde las alturas, yo en la camilla. Estuve mucho tiempo acompañado de mi familia, gracias a Dios, pero totalmente desconectado de la realidad, con delirios y alucinaciones en torno al caos que se oía en el pasillo de urgencias. Fui llevado en camilla después de aceptar el ingreso con enfermeros poco humanos en el trato y en la delicadeza, que según mi parecer deben tener no ya con un paciente común, válgame dicha expresion, sino con un mínimo de psicología, vamos , yo no me iba a comer a nadie ni estaba agresivo.
Entré por tercera vez por el umbral de esa puerta blindada en mitad de la noche y me recibieron afablemente, que yo recuerde, pero al no poder dormir y seguir teniendo pensamientos recurrentes y con unas paranoias de aquí te espero, por lo que no creo que sea lo más adecuado dejar a un paciente solo, sin su familia que es el sostén o colchón en el que te conectas de nuevo con la realidad un poco mas mundana. Por lo que me levanté y estuve dando vueltas en mi habitación y realizando todas las meditaciones que a mi mente llegaban para ver la posibilidad de morir y escapar de este mundo cruel según yo lo veía en ese entonces, y seguí haciendo la película de mi vida, me tumbé en los pasillos de la planta y rápidamente vinieron a intentar levantarme, a lo que yo no respondí con palabra ni gesto alguno. Como si estuviera catatónico seguí allí acostado, mientras las enfermeras sugerían ayuda de los gorilas de seguridad. Recuerdo claramente como una de las auxiliares, de la que no mencionaré su nombre por respeto a la profesión con la que yo también me ganaba la vida, y esto no es una alucinación, expresó , ¿y si le ensañamos una teta a ver si así se levanta? Vamos a ver, que estemos en medio de un brote, señorita auxiliar, no significa que estemos sordos ni que se nos pueda faltar el respeto, vamos, que si me enseñas una teta, yo encantado, pero no creo que sea la manera correcta de tratar a un paciente que te está escuchando, aunque no lo creas, así que un poquito de educación (en otras ocasiones esta auxiliar me dijo que la manzana que comía estaba envenenada, cosa que no me parece correcta decir a un paciente que está en fase aguda). En otra ocasión esta misma señorita, al ir a pedir mantas, usaba la graciosa expresion que tampoco me parece del todo correcta "si tienes frío, metete en el culo mío" y no es que me parezca mal que se hagan bromas con el paciente, pero depende del grado de evolución de este y de la confianza que con este se tenga. El trato allí, en lineas generales, fue espantoso y es de las primeras veces que hago un comentario en este blog con respecto a profesionales de la salud mental con contenido negativo. Sigamos, como no quería levantarme, efectivamente vinieron los dos gorilas que tan bien cumplen su trabajo, dos fornidos hombres que me levantaron en peso, me llevaron a la cama y me sujetaron de pies y de manos, todo eso sin ver por ningún lado a la psiquiatra de guardia; me encerraron en el cuarto de la tele y cerraron las puertas a cal y canto, lo que fomentó aún más mi delirio y empecé a gritar, mientras uno de los auxiliares me miraba de manera amenazante. Hasta que por orden del psiquiatra "invisible" me suministraron una inyección que en mi delirio supuso una enfermedad contagiosa, porque en ningún momento se dirigieron a mí no ya como a un paciente al que tienes que explicar la praxis que le vas a realizar, no, me clavaron la banderilla y estuve gritando en medio de la noche e intentando deshacerme de las amarras durante horas, en medio de un delirio espantoso. Opinión personal: la medicación es necesaria, sí, pero el trato humano con un paciente que acaba de ingresar también: sobre todo para evitar este tipo de actuaciones en pleno Siglo XXI..
Alli he vivido y visto lo que no está escrito: sujecciones a la cama por levantarme de la cama por insomnio sin valoración de un médico, trato hostil sobre todo de los hombres, sin interesarse en nada por el paciente, sin un mínimo de preparación en psicología, bajo mi punto de vista y por qué no decirlo, una partida de vagos que tenían puesta la Tv las 12 horas del día sin interactuar con el paciente, sino ellos a lo suyo, a cumplir con sus 7 horitas de trabajo y poco más. Entiendo y rompo una lanza a favor de algunos de ellos como es B., que siempre tenía tiempo para charlar cuando llorabas ante la impotencia de estar allí encerrado mientras los otros se rascaban la barriga. No sé cual es el motivo de ese comportamiento, pero sinceramente la que más psicología tenía de toda la planta o por lo menos con una de las que más conecté fue con la peluquera, que venía una o dos veces por semana. Estuve allí dos meses disfrutando de solo un permiso. El médico me vio una o dos veces en semana, vamos, como la peluquera, y las entrevistas eran de 5 minutos, cosa que me parece poca cosa, valga la redundancia.
Asi funciona el hospital según mi modo de entender. La decoración poco menos que zen tirando a carcelaria. La terapeuta deja mucho que desear, los psicólogos te examinan como en un tribunal médico en el que solo tienes 1 minuto escaso para ver como ha ido el fin de semana, y que se limita a decir tu nombre y tu enfermedad en todas las sesiones que recuerdo y en el que te sientes violento ante la mirada de de 10 o 12 batas blancas que parecen escudriñar algo oculto en ti. Hago mención especial a la psicóloga jefa con la cual hubo un acercamiento más directo y personal, pero que solo constituyó un dia.
Y demos gracias porque en otro psiquiátrico de Madrid en el que estuve hace tiempo, se comía en la sala de la tele, previa colocación de mesas y sillas plásticas por parte de los enfermos, una sola ducha masculina en la que nos poníamos en cola desnudos para ducharnos, sin patio, y habitaciones de 5 o 6 pacientes (estoy hablando de hace solo 4 años y supongo que seguirá igual).
Sindicat Terrassa