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La insurrección tunecina.
24 gen 2011
Si desde su insurrección vencedora los obreros tunecinos lograrán progresar hacia una verdadera revolución social y económica, además de cultural, política e institucional, la sublevación podría pasar a la historia como el comienzo del fin de toda una era capitalista.
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¿La insurrección tunecina abre un ciclo histórico global?

Si desde una insurrección vencedora como esta, los obreros tunecinos lograrán progresar hacia una verdadera revolución social y económica, además de cultural, política e institucional, la sublevación podría pasar a la historia como el comienzo del fin de toda una era capitalista.
La dimensión informacional se escapa de las manos de la oligarquía global, y este fenómeno se puede trasformar en una verdadera batalla social y política global. Una batalla del protagonismo social contra los poderes globales, donde los jóvenes precarios de cada país, actualmente el sector más dinámico y radical de la clase obrera, pueden llevar la iniciativa.


¿Por qué puede marcar el fin de toda una era política?

Por varias razones.

Es la primera insurrección lograda obviando de partidos, mecanismos clásicos del dominio capitalista o socialista. Ha sido más bien contra los Partidos, en gran medida, utilizando nuevas o clásica herramientas de organización democrática popular directa: internet y organismos de poder local desideologizados y potencial o explícitamente anticapitalistas.

Es decir: rompiendo las fórmulas clásicas de la partidocracia, de izquierdas o de derechas, funcionales al régimen capitalista parlamentario y a sus sucedáneos, siempre organizados sobre la base de una o más ideologías, religiones o teorías hegemónicas.

Internet es solo un instrumento de comunicación, como lo fue el teléfono para la revolución soviética. Pero esta vez mucho más desarrollado y libre y, sobre todo, combinado con la dimensión de la información, como también de la cultura y del ocio. Es decir: hemos entrado de lleno, socialmente, en la dimensión informacional, libre de dominios ideológicos, subordinando además las preexistentes o preliminares dimensiones espaciales (territorio) y temporales (control de tiempos y cadencias de los procesos sociales y productivos, por parte del poder), que se tienen que medir o engarzar con esta nueva dimensión planetaria.

En la medida en que los insurgentes, la clase obrera y los movimientos populares, controlemos cada vez más estas dimensiones, con procesos de poder popular y de liberación colectiva e individual, puede terminar el dominio del poder económico, de sus gobiernos y partidos sobre el territorio, las formas de organización y los tiempos de vida (trabajo, escuela, ocio, etc, etc.). Precisamente quitándole el control de la información y de la comunicación, como ha hecho el pueblo obrero tunecino.


¿Qué quiere decir que se ha superado el paradigma del partido?

Muy simple: se ha marginado la dirección ideológica de clase o del movimiento, en todas sus versiones, para generar organismos horizontales de poder local. Apartando por ejemplo al partido Hizb Ennahda, islamista y algo reconocido, que ha hecho amagos de infiltración para intentar controlar la autoorganización de los barrios.

O aceptando la participación de militantes y hasta de algunas secciones locales, de base, de la UGTT (el gran sindicato laborista Unión Génerale des Travailleurs Tunisiens) en las acciones de control popular, organizadas contra la policía y los grupos parapoliciales del partido RCD (socialdemócrata de la Internacional Socialista, al poder con Ben Alí), desbaratando sin embargo, al mismo tiempo, todas las maniobras de la dirección UGTT para controlar esos cuadros y secciones ya autónomas. Limitando así muchas posibilidades de intervención de la insurrección desde arriba.

Tanto que el 15 de enero la dirección sindical reformista se ha visto obligada a apoyar, por lo menos de palabras pero públicamente, en la TV, la formación de comités locales de vigilancia ciudadana.

Entonces, la ausencia de teleconducción del movimiento y, sobre todo, la iniciativa determinante de la juventud, directamente conectada por medio de redes telemáticas, facebook (más de 1 millón de usuarios), twitter, etc. es lo que ha permitido garantizar la coordinación insurrecional. Revelando una inmensa inteligencia colectiva, que localizaba enseguida los intentos de difundir el caos desde arriba con el fin de desvirtuar la rebelión popular.

La instauración muy rápida de las células ciudadanas de seguridad (los grupos de autodefensa), ha sido el arma principal para desbaratar las maniobras del RCD y de otros partidos más o menos clandestinos, sobre todo después de la huida de Ben Alí. Lo refleja bastante, por ejemplo, el sito Nawaat.org, una especie de Indymedia tunecino. (Indymedia estaba vetado hasta ahora, naturalmente).


¿Por qué hablamos de clase obrera?

Muy simple:

En primer lugar, porque su sector empleado (por las empresas capitalistas y el gobierno, igualmente capitalista por supuesto), ha crecido totalmente condicionado por los discursos laboristas, sindicales, integradores y alienantes típicos del reformismo. Y por la corrupción (ideológica por ejemplo ¿os suena, europeos?). Mientras que las demás capas sociales de la clase obrera (parados, precarizados, mujeres, ancianos, estudiantes, currelas autónomos como Mohamed Bouazizi que se ha inmolado con el fuego desencadenando la kale borroka) han establecido una alianza de poder popular con el resto del proletariado (campesinos, artesanos, etc.). Barriendo de un solo golpe la presunta hegemonía o protagonismo de los trabajadores, la famosa cuanto inexistente clase de los trabajadores del vetero-marxismo y laborismo.
El peor virus capitalista injertado en la clase real, la clase obrera de todos los expropiados de la Tierra.

Obrero: por supuesto, no como sinónimo de trabajador, sino de obrador de la revolución, y en eso está la clase en Túnez. Ya veremos si y como lo consigue, el Ekile tunecino. Donde por supuesto, tenemos una composición obrera a dominancia de parados, intermitentes (turismo) y precarios.


El sector juvenil, estudiante y precario de la clase.

Es el protagonista central de la insurrección tunecina. Y los será en las siguientes. Hasta, a lo mejor, en los países metropolitanos, tan podridos de laborismo como Euskal Herria. Y de consumismo alienante, que rompe la solidaridad internacional de clase.
Aquí en Indymedia EH se escribe mucho de esto, y quienes todavía no lo entienden, terminarán igualmente en la papelera de la historia (con todos los reformadores, reguladores, socializadores o apologistas del capitalismo) como la socialdemocracia de Ben Alí, el presidente tunecino de la I. Socialista.
Ben Alí, apologista del identitarismo estatalista tunecino, mira tú por donde...
(Desde luego, como se ha visto, regulador muy malo del capital y de su estado, este bandido criminal).


¿Insurrección o revolución?

¿Lograrán los sectores más conscientes y avanzados de la insurrección transformar este terremoto en una verdadera revolución? ¿Y los demás pueblos cercanos, se moverán?
¿Logrará el capital mundial, con sus soportes locales, los partidos en primer lugar, imponer de nuevo un régimen parlamentario (reformado, o transitado como el español por ejemplo, o como el egipciano y el turco) para encauzar la rabia, la cólera y la voluntad de libertad y justicia social?

¿Conseguirán las iglesias ideológicas, es decir los partidos, recuperar protagonismo, encauzar y centralizar el movimiento de poder popular, la verdadera democracia, en la música institucional clásica del capitalismo moderno, el régimen parlamentario? ¿Con sus bonitas y mediáticas izquierdas y derechas? ¿Para que las ovejas vuelvan a elegir y votar (tunecinos, cuidado, solo cada X años por supuesto) lo que decidan los mercados, las finanzas, los gobiernos del capital, y todos sus brazos y medios controlados?

Y la propuesta de Asamblea Constituyente, ¿será una nueva propuesta de fachada para otro régimen parlamentario capitalista (*), o un medio que el poder popular utilizará para el desarrollo de la democracia real: económica, social y cultural del proletariado tunecino?

Mientras tanto, a aprender, conectar, preparar.
En Euskal Herria también, que además tenemos encima más carga todavía: francespaña. Claro, sabemos que Europa está podrida de laborismo y cada vez más derechista, pero ya nos llegarán más músicas liberadoras.

Aprovechemos las grietas de poder popular que nos abre la huelga sindical/pensiones U27, para debatir y asumir esta insurrección obrera que nos llega desde Madre África como una experiencia y enseñanza para toda la clase obrera mundial.
Ea ba! Unidad popular, autodeterminación social y nacional, también con el U27!


Nota
(*)
Titular del último número de Jeune Afrique (2611, pag. 22):
Ahora hay que superar la euforia revolucionaria para aceptar la transición hacia la democracia.
(Democracia, se entiende, sería el régimen de los partidos parlamentarios, que es lo que le sirve al capital internacional).
Mira també:
http://euskalherria.indymedia.org/eu/2011/01/71871.shtml

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