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Anàlisi :: ecologia
¿A dónde va Greenpeace? Experiencias y conclusiones de un ex-promotor de ONG
25 oct 2010
Si una ONG fundada sobre las basas de principios altruistas adopta actuaciones o elementos propios de una empresa privada, corre el grave peligro de deshumanizarse.
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¿A dónde va Greenpeace? Experiencias y conclusiones de un ex-promotro de ONG
─ Hola, ¿Conoces Greenpeace?
Ésta es una de las preguntas con las que uno puede ser abordado en una calle de cualquier importante ciudad del estado español, por parte de algún individuo que, con camiseta verde y aspecto juvenil, intenta captarte como socio de dicha ONG.
─ Sí, claro, conozco Greenpeace- Responderán muchos.
Y ciertamente, ¿Quién no se ha sentido impresionado alguna vez al contemplar a esos activistas lanzándose contra enormes barcos balleneros a bordo de sus diminutas lanchas fuera-borda? ¿O esos escaladores que, disciplinados, uniformados y entrenados como si de un comando militar de operaciones especiales se tratase, se cuelgan y descuelgan de los edificios de empresas contaminadoras y centrales nucleares? Métodos de lucha basados en una especie de guerrilla urbana pacífica, por otra parte tan espectaculares como discutibles, dado que por sí solos no fomentan la participación de las masas en la lucha, sino que tienden a sustituirla por una capa de activistas con todo lo que esto conlleva. Sin embargo esos métodos no son objeto de estudio en este artículo, y aún así hay que reconocer que en ocasionas, estos actos vienen acompañados por convocatorias de manifestaciones más o menos masivas.
Pero ¿Es realmente Greenpeace una ONG? De momento, sí. No obstante, cuando una Organización No Gubernamental fundada sobre las bases de unos principios ideológicos altruistas comienza a adoptar elementos propios de la empresa privada, corre el peligro de contaminarse de las perversidades del sistema capitalista y deshumanizarse, desviándose de los nobles ideales originarios. Aún así, esta organización aún está a tiempo de rectificar.

Para concretar e ilustrar mejor sobre el tema, voy a poner como ejemplo a mi amigo Marcos, ex -promotor de Greenpeace, un nombre ficticio para un caso real.
Marcos había enviado su currículum a multitud de ofertas laborales de todo tipo.La de promotor de o­nG era una de ellas. Cierto día, Marcos recibió una llamada de Greenpeace para concertar una entrevista. Así que al día siguiente, con el corazón en un puño, acudió al local de esta o­nG en su ciudad y tras demostrar que era capaz de defender ideas y argumentos en público, aseguró ser un gran defensor de la causa del ecologismo y un admirador de Greenpeace.Finalmente, Marcos consiguió el puesto; y tras un breve periodo de formación, se lanzó a la calle carpeta enmano, con una camiseta verde que lucía el logotipo de dicha o­nG y sonriendo contra las malas caras de los transeúntes para tratar de captar socios. El sueldo, todo hay que decirlo, según Marcos era más bien correcto para las horas de trabajo y para los tiempos que corren.
Marcos afirma que fue sincero durante la entrevista, ya que realmente simpatiza con la causa del ecologismo, aunque él era más bien un joven recién licenciado en paro como cualquier otro chico de cualquier barrio obrero, al que le preocupaba más el tema del desempleo (en general y el suyo propio) y los casos de pobreza y marginación que le rodean, quela extinción de las ballenas.
Aún así, según me comentó, gran parte del resto de miembros del equipo eran de un perfil más o menos similar al suyo. En cierta ocasión alguien de su equipo comentó en tono jocoso: -Si antes llegan a contratarme como grumete en un buque ballenero japonés, allí estaría ahora cortando y enlatando filetes de cetáceo como un campeón. Una ironía que demuestra cuál es la principal y natural motivación de un promotor por encima de cualquier otro objetivo.
Marcos descubrió realidades que desconocía por completo, como el peligro de los transgénicos, el engaño de los biocombustibles, la amenaza de la energía nuclear... temas sobre los que iba aprendiendo cada día y que también le gustaba comentar tanto en su trabajo como a amigos y familiares.
En principio, según le refirieron, Greenpeace es una organización que busca depender económicamente de sus socios y de aportaciones voluntarias de simpatizantes, a sabiendas de que la aceptación de subvenciones o de aportaciones de empresas pondría en peligro su independencia y su activismo. Es un buen punto de partida, pensaba. Ése era uno de los argumentos que empleaba en su trabajo de captación de socios, aunque siempre había quien le decía que no estaban de acuerdo en que él cobrase un sueldo por eso.
Con el paso de los días aquel joven sentía un creciente entusiasmo y se mostraba dispuesto a acudir a cuantas charlas y conferencias hicieran falta para su aprendizaje. Estudiaba todo lo referente a los cultivos transgénicos y le hubiera gustado escribir artículos sobre ecologismo para difundirlos. Marcos había adoptado un nuevo enemigo, la multinacional Montsanto, y tenía ideas que proponer para dar a conocer las luchas que emprendía esta ONG, el problema es que ese no era su trabajo.
El principal obstáculo para él era el insalvable número de socios semanales que se tenía que alcanzar. Al principio, según observó, una de las primeras cuotas de socio que se añaden en tu listado de capturas es la del propio promotor, y es normal también añadir la de algún familiar cercano. Luego, en la calle, la gente se mostraba reacia, las o­nG ya no gozan de esa aura de generosidad desinteresada de antaño, sobre todo cuando se las comparaba con los partidos políticos, y además la crisis económica actual no le ayudaba mucho, pese a lo que le dijeran los jefes de equipo. El objetivo eran ocho socios a la semana por persona. Para asegurárselos recomendaban captar un par al día, - “Peace & Love”, le decían mostrando los dedos índice y corazón de la mano derecha: dos socios.
Pero los malditos ocho socios semanales se le resistían. Si un lunes sólo conseguía uno, el martes se obligaba a conseguir tres, y a lo mejor no conseguía ninguno, por lo que el miércoles necesitaba hacer cinco, y a esto se le sumaba la presión de la “empresa”. Durante temporadas el pobre Marcos soñaba con los socios, le costaba dormir, sentía angustia, desasosiego, frustración...─ ¡Lo que hay que hacer para sobrevivir en tiempos de crisis!─ Se lamentaba. Por supuesto que siempre había alguien en el equipo que acostumbraba a alcanzar el objetivo e incluso lo superaba, generalmente era alguien especialmente dotado para este tipo de trabajo y que, cual moderno mercenario de la solidaridad, ya contaba con una amplia experiencia en todo tipo de o­nG.Greenpeace no era para él su primera ONG, y seguramente no sería la última. Pero esa era la excepción, los demás compañeros acostumbraban a ir más o menos rezagados a pesar de sus esfuerzos, lo que demuestra que tal vez el objetivo era excesivo y provocaba un sobreesfuerzo sobre los trabajadores, además esto facilitaba el despido de los mismos en unos dos meses, favoreiendo la entrada de otros trabajadores nuevos a los que poder extraer todo el jugo al máximo en un plazo de otros dos meses. Es algo que recuerda al perverso sistema de puerta giratoria de las empresas de ventas multinivel.
Si al cabo del mes no se había alcanzado el objetivo, el siguiente mes tenía la última oportunidad para remontar. Luego, según se había firmado en un contrato, por mucho que uno se hubiera esforzado, por mucho que uno sehubiera involucrado en la causa, uno acababa en la calle. No hay compasión. Greenpeace puede estar enfrentada en muchos aspectos a las lacras del sistema capitalista, sobre todo a las que destruyen el medio ambiente para beneficio de unos pocos, pero no se enfrenta al sistema, no discute el capitalismo, y acaba cumpliendo sus leyes. Ideológicamente y políticamente, a Greenpeace se le podría catalogar de reformista, y al aceptar el sistema capitalista, siguiendo la lógica de éste, acaba siendo como una empresa más, luchando por el índice de beneficios ¿Hacia dónde le llevará esta política a Greenpeace? Nadie lo sabe a ciencia cierta, todo dependerá de si la organización es capaz de dar un giro de timón.
Cierto día, mientras Marcos asaltaba un transeúnte tras otro para poder ganarse la vida, escuchó cómo a uno de sus compañeros que hablaba por teléfono móvil le estaban dando la noticia de que un ser querido había fallecido. A Marcos le impactó comprobar cómo este compañero apenas pudotomarse unos minutos para calmarse y más tarde regresar al trabajo, ya que tenía que cubrir el objetivo de socios e iba muy atrasado. Al día siguiente, ni siquiera pudo asistir al funeral, tenía que trabajar. Es de suponer que en una empresa privada, esta falta de humanidad hubiera sido considerada como algo normal, y se habría asumido fácilmente dado que si el pariente fallecido no se trataba de un padre o hermano, no habría ausencia justificable según convenio, pero ¿Puede o debe una organización como Greenpeace actuar igual que una empresa privada?
En mi opinión, ese sería el primer paso para tirar por la borda los valores con los que fue fundada.Si bien es cierto que es necesario mantener un elevado porcentaje de cuotas para mantener cierta infraestructura y poder seguir luchando, categóricamente es falso creer que el fin justifica los medios. Si queremos alcanzar un fin, su esencia ha de expresarse en todo momento en los medios empleados, o se perderán de vista los objetivos provocando que el barco navegue a la deriva sin rumbo fijo.
Con el paso de los días, mi amigo llegaría a conocer la existencia de un argumento para captar socios que los más veteranos no le habían enseñado pero él había sorprendido a más de uno utilizándolo. Se trata de un argumento que nada tiene que ver con el ecologismo, sino con la lástima y con la desgracia de estar trabajando como promotor para una o­nG. La razón para solicitar a un viandante que rellene el formulario y acepte colaborar, por encima del ecologismo, el pacifismo, las ballenas, los bosquesy las nucleares,es hacer un favor al promotor para que éste no regrese a la oficina con las manos vacías, circunstancia que al nuevo socio no debe de repercutirle en el bolsillo, dado que la primera cuota no se paga hasta el mes siguiente. De esta forma, se dispondría deun plazo de tiemporazonable para darse de baja antes de que el banco cargara en su cuenta el primer recibo. Conociendo a Marcos como lo conozco, me resulta muy creíble que él nunca llegara a esgrimir tal argumento, y tal vez por eso, entre otras razones, fue de losprimeros en quedarse sin trabajo.
Transcurridos los dos meses, Marcos no disponía del número de socios acordado, así que aceptó su derrota, cobró el finiquito, y se marchó para no querer volver a saber nunca nada más ni deGreenpeace ni de ninguna otra ONG. Con el sentimiento del fracaso sobre sus hombros, con la vergüenza de no haber sido capaz de defender un puesto de trabajo, Marcos se hundió como primera reacción a lo que le había ocurrido.
Marcos es sólo un ejemplo, pero también podría hablar de Paula, un mujer que formaba equipo con mi amigo y que él me describió como una persona de mediana edad y de gran corazón, que teniendo entre manos otra interesante oferta de trabajo, había decidido dejarlo todo para trabajar por una causa por la que ella creía.
Con el tiempo, se daría cuenta de que poco después de su marcha, ya no quedaría en Greenpeace ni rastrode todos los demás compañeros que trabajaron con él. Tampoco Paula, que tanto empeño e ilusión había puesto en el trabajo. Ella tampoco alcanzó el objetivo exigido. Y con el tiempo, Marcos llegaría a comprender.
Analizando su experiencia, opino que por un lado, una Organización No Gubernamental o incluso un partido político, aunque pretenda ser económicamente independiente (cosa muy loable)no se mantiene sólo con el trabajo voluntario de los socios y simpatizantes y es necesario contar con un aparato de profesionales,personas que trabajen a tiempo completo y en su lugar cobren por ello un sueldosimilar al de cualquier otro trabajador cualificado. Lo contrario provocaría que la organización acabara siendo invadida por los “balas perdidas” de siempre, elementos sin oficio ni beneficio que por la razón que sea, pueden permitirse estar todo el santo díaen los locales de la o­nG pintando pancartas. Siempre existen elementos aventureros que no tienen necesidad de trabajar y prefieren dedicarse al activismo como estilo de vida para disfrutar de viajes, aventuras, ligues... infectando con sus vicios y prejuicios a toda la organización.
Por otro lado, toda organización humanitaria, política o ecologista cuenta con una red de socios, afiliados y simpatizantes, algunos más concienciados que otros. De entre los más comprometidos, hay muchos que tal vez apenas pueden hacer poco más que no sea aportar donaciones, y eso si pueden permitírselo, por el hecho de tener que ganarse la vida en sus respectivos trabajos a los que tal vez tienen que dedicarse a tiempo completo.

Así pues, sería precisamente de entre esos socios y simpatizantes, invisibles en muchos casos pero comprometidos, entre los que Greenpeace y cualquier organización de estas características ha de saber buscar a la gente que trabaje para ellos profesionalmente. La clave no está en ofrecerles un puesto de trabajo para vivir, ni un estilo de vida aventurero, sino en proponerles que abandonen sus respectivos trabajos a cambio deotra ocupación a lo mejor peor remunerada y más sacrificada, y que sean capaces de aceptar. Y trabajarán captando socios, por supuesto, pero no sólo eso, sino mucho más, permitiéndoles además desarrollar sus talentos y aptitudes por el bien de la organización, como las virtudes que yo mismo advierto en Marcos para divulgar causas y proponer ideas e iniciativas y que Greenpeace no supo aprovechar, encasillándolo en una tarea concreta y desechándolo después, al no cumplir un determinado objetivo, al más puro estilo capitalista. Aquí cabe añadir que si una o­nG, organización humanitaria o partido político tiene personal laboral, los sindicatos deberían seguirlos muy de cerca para evitar casos de explotación, ya que a veces con el pretexto de estar sirviendo además a una causa justa, se puede caer fácilmente en el chantaje emocional para presionar a los trabajadores.
Recientemente, Marcos me explicó que fue abordado en plena calle por una joven alegre armada con carpeta, bolígrafo y unos inmensos ojos verdes. Con una amplia sonrisaintentó convencerle de la imperante necesidad que existía en el mundo de defender la causa por la que luchaba determinada ONG, y cuánto urgía que él se hiciera socio para evitar males mayoresa la humanidad. Ante la negativa de Marcos de colaborar con la causa, la chica,sin abandonar su peculiar sonrisapero con los ojos un poco más apagados, le respondió:
-Entonces, tú que pareces buena persona, tal vez me puedas hacer un favor: necesito captar un par de socios para llegar al objetivo de esta semana. Si fueras tan amable de rellenar esteformulario ahora mismo, no tendrásque pagar ninguna cuota hasta el mes que viene, y antes de eso te podrásdar de baja. De esa forma me habrás salvado el cuello por una temporada. ¿Qué te parece?
En ese instante, a Marcos le vino a la memoria la imagen de un par de chicas jóvenes a las que él mismo detuvo, hace ya varios otoños, en plena vía pública para intentar captarlas como socias de Greenpeace. Una de ellas le explicó que era madre soltera y recientemente se había quedado sin empleo.
Por el futuro de su hija, con el fin de conseguir un planeta más humano en el que vivir, aquella chica fue capaz de prescindir de lo que ella misma denominó “un gasto superfluo” (su teléfono móvil) para pagar una pequeña cuota mensual con tal de que Greenpeace continuara luchando por el medio ambiente y la naturaleza. Marcos pensó que seguramente no había hecho muchos socios en su época de promotor, pero fue él quien había convencido a aquella chica y había conseguido que colaborara con aquella ONG. Aunque él ya no tiene ningún vínculo con Greenpeace, está convencido de que aquella joven madre, a día de hoy aun estará pagando su cuota. Y es que mi amigo Marcos, como seguramente la gran mayoría de simpatizantes de Greenpeace, es un idealista y cree más en el valor de un compromiso verdadero para cambiar el mundo que en cifras cuantitativas y fríos porcentajes.

Para acabar quisiera recalcar que hay pocas organizaciones en el mundo capaces de detectar las amenazas que se ciernen sobre el medio ambiente y la humanidad y desenmascarar a las grandes multinacionales como lo hace Grenpeace, una ONG que se ha ganado la simpatía de millones de personas en todo el globo terráqueo. Sólo por eso merece la pena dedicarle un artículo tan crítico como éste.

Daniel Guerra. 25/10/2010
Mira també:
http://www.kaosenlared.net/noticia/donde-va-greenpeace-experiencias-conclusiones-ex-promotor-ong

This work is in the public domain

Comentaris

NGO=Vividors
25 oct 2010
Les ONG en general, pretenen ajudar els pobres sense mai qüestionar el sistema capitalista que porta la gent a la pobresa, fa més feina d'ONG un antisistem que uns pijos que van pel món donan uns euros als pobres perquè tinguin menjar mentre donen suport al capitalisme que porta la gent a la misèria.

Oxfam i Ajuda en acció, totes elles complices de la pobresa i amb la boca callada perquè part dels seus fons provenen de l'administració, per si això fos poc, els directors d'aqueses ONG cobren sous de €50.000 any, no us deixeu enganyar per la seva propaganda, cap cèntim en aquests vividors.
Re: ¿A dónde va Greenpeace? Experiencias y conclusiones de un ex-promotor de ONG
25 oct 2010
seguiu el rastre de wesser & Partner per internet, famós per les seves ofertes de feina per estudiants a internet.
Re: ¿A dónde va Greenpeace? Experiencias y conclusiones de un ex-promotor de ONG
25 oct 2010
Greenpeace a la merda va!!
Re: ¿A dónde va Greenpeace? Experiencias y conclusiones de un ex-promotor de ONG
26 oct 2010
Jo tinc un amic treballant a una ONG que recull fons per la lluita contra el cancer i és tres quarts del mateix: fins i tot està allà a través d'una subcontrata, així que us podeu imaginar als nivells de misèria que arriba.

Per altra banda, l'autor de l'article em sembla un passarell: què es pensa que ens descobreix la sopa d'all? no ha existit ni existirà una ONG que no sigui reformista i estigui perfectament inserida i sincronitzada amb la lògica capitalista.
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