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Las manos del capitalismo están detrás de las inundaciones de China, India y Pakistán
24 ago 2010
Detrás de las catástrofes naturales....
En China, en la provincia nororiental de Guanzu, debido a las lluvias torrenciales, los desplazamientos de tierra y los aludes de lodo han causado 337 muertes y 148 desaparecidos (la Repubblica 10-8) mientras que en el condado de Zhoqu, un tercio de cuyos habitantes son tibetanos, los muertos son más de 700 y los desaparecidos más de 1000; en la India las lluvias han provocado, en la región de Jammu & Kashmir, el Himalaya indio, violentos aluviones que han golpeado en particular la ciudad de Leh en Ladakh, provocando no menos de 165 muertos y otros 400 heridos, quizás más de 1000 personas desplazadas (il manifestó 10-8) y de esto los periódicos europeos han hablado porque es la zona que habitualmente frecuentan los turistas europeos que van a hacer trekking de alta montaña y alguno esta vez ha muerto en el fango. Pero el número final de muertos aún no ha sido proporcionado.
En Pakistán no para de llover y una gigantesca ola de inundación recorre desde hace casi tres semanas la cuenca del río Indo –que corta el país de Norte a Sur- provocando un aluvión desastroso: 1600 muertos confirmados hasta el momento (la Repubblica 17-8), 20 millones de personas desplazadas, entre ellos 6 millones de niños, además el 10% de la población del país perdió los cultivos y una quinta parte del territorio nacional ha sido devastada.
La situación es gravísima en la provincia nororiental de Khuber-Pakhtunkwa, donde las inundaciones han destruido aldeas, casas, puentes, campos de cultivo, para después llegar a la parte central del país, el Punjab, y después a las llanuras de Sindh, en el Sur, que constituyen el granero del país, todavía completamente inundado. Por otro lado el aluvión amenaza la siembra durante la mitad de septiembre y esto quiere decir carestía para algunas decenas de millones de pakistaníes. No hay agua potable y muchos puentes se han derrumbado, muchas calles se encuentran impracticables y por tanto las mismas ayudas inmediatas que servirían para la mera supervivencia aún son dificilísimas. La disentería, la gastroenteritis y el cólera han comenzado ya a difundirse. Una auténtica catástrofe.
Los meteorólogos afirman que se trata de las inundaciones más graves en un siglo provocadas por las lluvias del monzón, las más fuertes y continuas en los últimos años. Pero es indudable que en Pakistán, como en todas partes, el territorio ha sido devastado debido exclusivamente a la falta de planificación racional del desarrollo agrícola y de los recursos forestales. Y por otro lado también resulta indiscutible que en Pakistán, como en todas partes, también en la civilizadísima Europa, es absoluta la ausencia de planes de prevención de las consecuencias previsibles de las lluvias, ¡mientras que no falta nunca una valoración casi inmediata de los daños en términos de millones de dólares!
Por otra parte toda la vida de los hombres en este planeta y en parte también la del medio ambiente depende de la economía capitalista y de la espasmódica búsqueda de beneficio que sistemáticamente destruye –en cualquier parte del mundo- cualquier cosa (bosques, cursos naturales de los ríos, subsuelo, etc.) que resulte un obstáculo al beneficio ciego e inmediato acabando al mismo tiempo con la memoria de las tradiciones agrícolas más antiguas y del conocimiento y defensa del territorio que las generaciones precedentes poseían. Estos son algunos de los motivos por los sucesos naturales, por lo demás cíclicos y estacionales, como las lluvias monzónicas, completamente previsibles, se transforman en la época del capitalismo en desastres de proporciones cada vez más devastadoras.
Los defensores ambientalistas del capitalismo, mientras lanzan desde hace tiempo alarmas cada vez más frecuentes sobre los cambios del clima provocados por las emisiones de CO2 debidas al desarrollo “salvaje” de la economía ya en los países llamados “emergentes” ya en aquellos de industrialización antigua, afirman que la economía capitalista se puede reformar sin cambiarla en sus fundamentos: se puede volver “sostenible”. Están convencidos de que es posible controlar el desarrollo de la economía de mercado, de la economía capitalista, impidiéndola superar aquellos límites que, una vez sobrepasados, provocan crisis económicas, desastres ambientales, carestía y guerras devastadoras.
El hecho es que en cualquier “desastre ambiental”, en cualquier “catástrofe natural” se debe señalar que sus consecuencias, sobre todo las desastrosas, son imputables en la mayoría de los casos a la actividad humana y precisamente a la actividad económica capitalista y a su correspondiente “gestión política” por parte de la única clase que obtiene de esta actividad todos los privilegios sociales: la clase burguesa. No hay un desastre ambiental o devastación del territorio en la cual no haya causas ligadas al beneficio y, por tanto, a la corrupción, al mal hacer. Las ganancias inmediatas, fáciles, protegidas por los poderes económicos y políticos son el objetivo de cualquier empresario, también por los más honestos y legales. No es cuestión de diferenciar si lleva la empresa de manera honesta o no porque el verdadero motor de la actividad económica y financiera del capitalismo no es el burgués, el jefe de la empresa, el patrón… sino el mercado ante cuyas leyes el burgués, el jefe de la empresa, el patrón se deben inclinar so pena de su ruina económica y social.
El mercado tiene leyes que no se explican según la voluntad de tal o cual sino que son todos sin excepción los que, para mantener sus privilegios económicos típicos de los burgueses en la sociedad capitalista, tienen que someterse a sus leyes, a las leyes del valor, del beneficio capitalista, de rentabilidad y competitividad empresarial.
Las desastrosas inundaciones como las que están devastando Pakistán, India o China, pero que han sometido a una dura prueba también a la muy civilizada y organizada Alemania, son en gran parte la consecuencia de una auténtica guerra de saqueo que el capitalismo lleva a cabo bajo cualquier cielo no sólo contra la gran mayoría de la población humana diseminada en todo el mundo sino también contra el medio ambiente. Aunque el desarrollo económico y científico que caracteriza a la sociedad burguesa es inmensamente más fuerte y potente que aquel de las sociedades de clase precedentes non tiene y no tendrá nunca el poder de plegar las fuerzas naturales a sus propios intereses y deseos. Erupciones volcánicas, terremotos, maremotos, huracanes, ciclones, glaciaciones o desertificaciones suponen fenómenos que el hombre de la sociedad moderna apenas ha comenzado a reconocer y a analizar, pero se encuentra imposibilitado de manera objetiva para conocer sus causas mas profundas y sus complejas líneas de desarrollo debido a la visión distorsionada y del todo miope del mundo que le circunda, porque se encuentra inmerso en la mezquina y superficial realidad de la mistificación mercantil y supersticiosa generada por el modo de producción capitalista que pone en el centro de la vida económica y social de la humanidad –y por tanto de su capacidad cognoscitiva- la producción de valores ficticios, como de hecho son las mercancías, y la consciente producción de ignorancia y superstición como de hecho lo es la producción para el intercambio mercantil y la acumulación de dinero. Aquello que el capitalismo está determinado históricamente a hacer, pasado el periodo de revolución feudal y contra el despotismo asiático, es utilizar los “descubrimientos”, las “innovaciones”, las más avanzadas “tecnologías” sólo en función de la producción y reproducción capitalista, bloqueando cualquier posible desarrollo científico y de conocimiento que no sea de manera inmediata, o en un periodo breve de tiempo, transformable en beneficio capitalista. Aquí se encuentra la causa de la incapacidad de la burguesía de organizar la vida económica y social en función de la vida de especia y de su desarrollo, en vez de en función del mercado y del beneficio capitalista. Es un hecho que el capitalismo obtiene mucho beneficio de las destrucciones y de las catástrofes y non de las medidas de prevención, le vienen bien las devastaciones y las catástrofes. Hemos llamado al capitalismo economía de la desgracia ¡Con cualquier “catástrofe natural” tal afirmación obtiene una trágica confirmación!
Para el capitalismo no existe límite a la explotación del trabajo humano, en todos los sentidos, llegando a la explotación cínica y brutal de masas de hombres, mujeres y niños abandonados a la miseria y a la muerte por hambre, enfermedad o a causa de guerras de rapiña. Y tampoco conoce límites a la explotación de los recursos naturales que de época en época pueden representar fuentes de beneficio capitalista sino que la explotación es igualmente cínica y brutal. Por él mismo o por las ilusorias predicas ambientalistas el capitalismo no pondrá fin jamás a esta ciega carrera al beneficio. Lo puede poner únicamente una sola fuerza social más potente e igualmente mundial: la clase proletaria internacional en lucha contra la clase burguesa y contra todos los estratos sociales que viven parasitariamente de la explotación capitalista, la clase proletaria que es la única fuerza social que ha demostrado ya poder acaba con la guerra imperialista transformándola revolucionariamente en guerra de clase, como en el 1917 ruso, aunque los sucesos históricos no han permitido a aquella primera revolución proletaria expandirse victoriosamente por todo el mundo y ser también la última y definitiva revolución que abriese a la sociedad humana las puertas de su historia de especie y a un desarrollo en armónica relación también con la naturaleza.
Una potente revolución abrió el camino al desarrollo de las fuerzas productivas y del capitalismo en Europa y en el mundo; pero aquella revolución, mientras acababa con todas las economías cerradas y feudales abriendo a la sociedad burguesa la puerta del mundo, llevaba el desarrollo de la sociedad divida en clase a su grado máximo, simplificando los antagonismos sociales y universalizándolos, más allá del cual sólo existe la sociedad sin clases, el comunismo. La misma sociedad capitalista crea así las bases económicas para el desarrollo ulterior que históricamente exige un paso revolucionario, aún más potente y violento de cuantos ha dado la burguesía, la revolución proletaria mundial. El límite que el modo de producción capitalista no puede superar es planteado por este mismo: es el modo de producción capitalista el que no tiene ninguna posibilidad de transformarse en un modo de producción superior porque por más que se desarrolle a sí mismo y a las fuerzas productivas que lo definen –capital y trabajo asalariado- no hace más que reproducir la contradicción y el antagonismo entre capital y trabajo asalariado y no sale de la carrera desenfrenada hacia crisis económicas y sociales cada vez más devastadoras. El capitalismo se nutre de crisis, de desagracias, de destrucción, de catástrofes, de guerras, de explotación del hombre por el hombre y del medio ambiente por el hombre, pero la historia de la sociedad humana enseña que, tras aguantar hasta cierto límite, el hombre reacciona con extrema violencia y, frente a condiciones históricas favorables, revoluciona de arriba a bajo toda la sociedad.
Entonces no será más el mercado quien dicte las leyes, quien dicte las normas del comportamiento humano, porque el mercado desaparecerá definitivamente y se verá sustituido por una organización social racional y planificada, capaz de utilizar la energía social y los recursos naturales de la manera más consciente y previsora teniendo como finalidad permanente la satisfacción de las necesidades de la especie en armonía con la naturaleza y esto no momento por momento sino de generación en generación.
18 de agosto 2010
PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONAL
Il comunista – le proletaire – programme communiste – el programa comunista- proletarian

www.pcint.org

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Comentaris

Re: Las manos del capitalismo están detrás de las inundaciones de China, India y Pakistán
25 ago 2010
El capitalismo es la causa de todos los males. Vale.
Pero en este texto no hay ni una frase, ni una palabra de critica a la casta dirigente comunista china. Ningun analisis de la explosion demografica que tanto devalua las vidas tercermundistas y que promueven las castas sacerdotales musulmanas paquistanies o hinduistas en la India. Ninguna alusion al genocidio de los tibetanos por parte de las autoridades marxistas y el ejercito popular. Ninguna reflexion en torno a los desmanes ecologicos perpetrados en paises comunistas regidos por comunistas [Chernobyl, Mar de Aral, presas monstruosas en china, empresarios chinos con carnet de PCCh explotando a parias del tercer mundo y esquilmando recursos naturales en Africa o Sudamerica, etc...]
Cabe suponer que el cinismo y la perfidia son consustanciales con el materialismo historico.
Sindicat