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El hiyab y las políticas corporales
31 jul 2010
Es preciso inscribir en un registro más amplio la larga polémica suscitada por la decisión de la joven Najwa Malha de cubrirse la cabeza con un hiyab durante su jornada escolar en el instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón (Madrid).
Este caso coincide en el tiempo con la voluntad anunciada por diversos municipios catalanes (Cunit, Lleida, El Vendrell y Tarragona por el momento) de prohibir el uso del “velo integral” (niqab o burka) en las dependencias públicas o, en un gesto de radicalidad que sin duda tendrá seguidores, directamente en el espacio público. Pero también con la eventual prohibición de mostrar el torso desnudo, destinada fundamentalmente a imponer el uso de la camiseta entre los descuidados turistas que visitan Barcelona. Guardando las distancias, ambos casos forman parte de un nuevo paisaje prohibicionista, que toma el cuerpo y su presentación pública como eje de un debate en el que la voluntad reglamentista del Estado a la hora de monopolizar la administración del espacio público parece no tener límites.
    Esta obcecación por determinar las condiciones apropiadas en que debe producirse el deambular urbano de los ciudadanos –y la consiguiente punición de las conductas inapropiadas- no es sino un ejemplo de la creciente legislación corporal que nos envuelve, y que toma los cuerpos de las ciudadanas musulmanas, percibidos como organismos exóticos y en definitiva extraños, como un auténtico laboratorio vivo.
    Como problema político que es, la cuestión del hiyab nos obliga a reflexionar sobre los criterios que el Estado emplea para autorizar el acceso a un espacio público patrimonializado hasta un extremo tal que los ciudadanos pueden sentir que se hallan en territorio hostil cuando lo atraviesan. Resulta imposible analizar el problema del hiyab sin tener en cuenta el papel decisivo que el Estado moderno juega en su definición.
    En este sentido, es absurdo reducir el debate en torno al hiyab a un pretexto para dirimir la naturaleza moral de la religión musulmana o el machismo recalcitrante de las sociedades árabes. El “problema” del hiyab es, ante todo, un problema suscitado por la particular idiosincrasia del Estado moderno –laico o aconfesional- en Europa, como se deduce fácilmente por el hecho de que ese tipo de polémicas estén ausentes en los países en que el islam es religión mayoritaria.
    Desde ese punto de vista puede comprenderse mejor esa auténtica sobrecarga semántica que afecta al pañuelo como símbolo. Es cierto que el hiyab parece haber adquirido un valor nuevo entre las comunidades musulmanas de Europa, al erigirse en signo inequívoco de afirmación e identidad más allá de las circunstancias más o menos banales que acompañaban su uso en las zonas rurales magrebíes. Pero no lo es menos que el pañuelo se ha convertido también –y muy especialmente- en el campo de batalla elegido por los partidarios del laicismo entendido como auténtica religión de Estado, para emitir un juicio sumarísimo sobre una realidad compleja. Por mucho que algunos se empeñen en reducir el significado del pañuelo –que, en numerosos medios de comunicación, sigue siendo incomprensiblemente calificado como “velo”- a un símbolo religioso del sometimiento de la mujer musulmana, lo cierto es que la misma religiosidad del signo resulta discutida y discutible. En cada momento de la historia, el campo de lo religioso no es un coto cerrado y perfectamente delimitado en el que no puede entrar o salir nada; lo que es o no religioso se ve sometido a intensas negociaciones. Y si la propia ‘umma islámica debate incesantemente sobre el estatus jurídico de esa prenda –sobre su condición obligatoria o recomendada, sobre sus dimensiones, sobre la manera de llevarlo, y sobre todo sobre la necesidad de llevarlo-, el empeño en reducir todas esas dimensiones a un mero símbolo de opresión es una mera simplificación destinada a permitir una mejor instrumentalización política del hiyab en las guerras culturales en las que Europa se ha enzarzado con entusiasmo en los últimos años.
    Puede ser cierto que no hay peores cadenas que las que uno se impone a sí mismo, pero frente a la idea de que la determinación de llevar el hiyab es fruto de voluntades domadas, de una presión social sofocante y de chantajes emocionales diversos, son legión las jóvenes musulmanas europeas que repiten por activa y por pasiva que su decisión es un acto de afirmación soberano que se toma en muchas ocasiones en contra de las propias recomendaciones paternas. Ahora bien, medir la autonomía en la decisión de ponerse un hiyab es tan difícil como valorar la presión social que siente una joven a la hora de colocarse un piercing en el ombligo. Todos comprendemos que las decisiones no se toman en un mundo abstracto en el que nos hallaríamos únicamente con el fin de satisfacer nuestros deseos soberanos. Ese no es el quid del problema.
    Dejando al margen el hecho de que haríamos bien en preguntarnos por los motivos que abocan a esas jóvenes a adoptar una estrategia afirmativa tan tajante, y por las múltiples formas de marginación que han experimentado a lo largo de sus vidas; es posible que lo que no se tolere de las jóvenes musulmanas europeas sea precisamente la dimensión voluntaria de ese gesto, la iniciativa personal irrenunciable que parece percibirse detrás de cada polémica, la autonomía de criterio. Si la representación del hiyab como una amenaza del orden convivencial ha prosperado del modo en que lo ha hecho no es porque en los hogares musulmanes se fuerce a las jóvenes a cubrirse la cabeza, sino justamente por lo contrario. Lo que nos alarma es que decidan no vestirse siguiendo las modas más actuales, que no se dejen atrapar por las mismas trampas, que no sean, en suma, como nosotros. Que tengan una opción real de serlo importa, a esos efectos, poco. Esa disidencia en la gestión de sus cuerpos en el espacio público constituye un desafío mayor para el Estado, que tolera mal la discrepancia en esa materia. La corriente de indignación moral desbocada por el caso de Najwa Malha, instrumentalizada por diversos municipios para promover la prohibición del “velo integral”, es un paso más en la crisis paranoica que parece afectar al Estado en Europa. Una institución obsesionada en la tarea de negar derechos y estigmatizar a quienes impugnan su autoridad sobre los cuerpos de los ciudadanos.
Publicat al Masala. Periòdic d'informació, denúncia i crítica social a Ciutat Vella. Juliol-agost 10 núm. 54

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Comentaris

Niqab=Feixisme
01 ago 2010
Els únics que porten niqab són els talibans extremistes, no pas els musulmans, gent així no té cabuda a Catalunya.
Re: El hiyab y las políticas corporales
01 ago 2010
no tolerem el yibab e les escoles pero si les putes a la carretera, les dones musulmanes no tenen voluntat propia i els seus pares i marits les obliguen a tapar-se. Les putes al contrari, es deixen explotar lliure ment per oferir-nos un servei public.
collons,quin galimeties.
Re: El hiyab y las políticas corporales
01 ago 2010
kiko=maria=almogaver=sólo haces que repetir lo mismo mil veces=goebels=nazi=pesao...
Me aburroooooooooo...
Mea burroooooooooo...
Re: El hiyab y las políticas corporales
01 ago 2010
Què li passaria als homes, si a les dones d'aquests talibans les obliguessin a vestir-se com a les prostitutes que oferixen els seus serveis en les carreteres, i a les prostitutes les obliguessin a vestir-se com a les dones d'aquests integristes?.
Uuuhmmm!, us deixo una estoneta per a imaginar-lo.
Re: El hiyab y las políticas corporales
01 ago 2010
A veure islamòfobs i islamòfils dels collons pq no deixeu d'agobiar amb tanta tonteria? Que les joves musulmanes volen tapar-se de cap a peu? Per mi com si volen fer-se lapidar... La que em preocupa és l'ordenança contra les pixades al carrer: tinc prostatitits...
Re: El hiyab y las políticas corporales
01 ago 2010
Madame la petite guillotine.
Más información: http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/400646/index.php
Re: El hiyab y las políticas corporales
02 ago 2010
Para el escozor y el prurito vaginal causado por el furor uterino y el uso & abuso del consolador o vibrador:
http://www.vaginesil.com
Re: El hiyab y las políticas corporales
06 ago 2010
Hi han altres mètodes naturals que desconeixes
Sindicat