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Notícies :: antifeixisme
Els Mossos d’Esquadra y el lado oscuro de su fuerza
17 mai 2010
La conselleria de Interior del govern de la Generalitat está en mano de la coalición ICV-EUiA. Joan Saura es su titular.
¿Era imprescindible que la coalición asumiera esa cartera? No. ¿Calculó con acierto la coalición al aceptarla? En opinión de muchos afiliados y electores de la coalición, no. ¿Ha habido actuaciones escandalosos de los Mossos bajo la dirección política de ICV-EUiA? Sí,más de una. Un ejemplo no olvidado: las inadmisibles actuaciones policiales durante los encierros y manifestaciones estudiantiles contra el Plan de Bolonia.

Sin embargo, sería absurdo e injusto olvidar otras actuaciones o intentos que merecen ser destacados. Por ejemplo, el uso de cámaras para filmar las actuaciones policiales en determinados centros de detención. La finalidad era obvia pero nada fácil de conseguir: evitar que las comisarías, Les Corts era un ejemplo conocido por la ciudadanía, se convirtieran en centros de infamia e indignidad (y de torturas por supuesto)[1]. La reacción del sector duro de los Mossos, con la entusiasta ayuda de agitadores profesionales en la derecha catalana y acaso de algunas instancias gubernamentales, no se hizo esperar: manifestaciones donde se exigía ni más ni menos que la dimisión del conseller de Interior. A ellos no les tosía nadie Saura no dimitió pero si hizo concesiones y declaraciones que ahora no es el momento de recordar.

La cosa ahora va de códigos, no de cámaras.

Un código ético que el departamento de Interior está preparado para los Mossos no ha sido bien recibido por el cuerpo policial catalán. Atenta contra los frecuentes deseos de impunidad y descontrol del lado oscuro de su fuerza. El objetivo del documento redactado por un comité liderado por un Carlos Jiménez Villarejo que cada día que pasa está más activamente enrojecido, aunque sea con moderación, es recoger los artículos del Código Europeo de Ética de la Policía y de otras normas establecidas por organismos internacionales, ninguna revolución en el horizonte, y dotar al cuerpo, se ha señalado, de armas político-culturales para mejorar sus buenas (o no tan buenas) relaciones con la ciudadanía. El texto se centra en la forma de practicar las detenciones, en los procedimientos para identificar a los potenciales sospechosos y en el uso de las armas. Poco más aunque sea mucho.

Por lo demás, Jiménez Villarejo y el resto de asesores defienden que la vulneración del código, y el punto no es insustantivo, ha de conllevar determinadas consecuencias jurídicas pero, en ningún caso (¡en ningún caso!) podrá haber sanciones.

Las reacciones policiales y sindical-policiales no se han hecho esperar. Algunas críticas merecen ser escuchadas (y acaso atendidas). Sin duda. Por ejemplo: el código señala que los agentes son titulares de los mismos derechos que el resto de ciudadanos, si bien, apunta a continuación, tiene que existir algunas restricciones a causa del ejercicio de sus funciones. Detrás de ello parece estar la negación del derecho de huelga y de negociación colectiva que son reclamados por los sindicatos policiales. No parece que ese campo y esas vindicaciones no deban ser abonados.

NO este es el punto en todo caso. El día 3 de mayo de 2010 [2], uno de los sindicatos mayoritarios del cuerpo, SAP-UGT envió una carta al mismísimo president de la Generalitat [3] en la que manifiesta su preocupación por el proyecto. Según Valentín Anadón, el portavoz ugetista policial, la actitud de Interior es gravísima. ¿Por qué? Anadón critica que el departamento desee que la policía catalana se guíe por esta normativa cuando una amplia mayoría de los miembros del Consell de Policies deCatalunya, 23 en total, votaron la semana pasada en contra del código; cuatro a favor, un voto fue en blanco y hubo dos abstenciones. ¡Ya nos podemos imaginar la composición político-cultural del Consell y sus grandes esperanzas y finalidades democráticas!

Anadón ha apuntado un argumento anexo que debe pasar a la historia universal del rostro curtido. Están hablando, ha declarado refiriéndose a los dirigentes políticos de Interior, de incorporar valores democráticos al cuerpo y, en cambio, apunta complacido, contento de haber descubierto el Mediterráneo y haber leído algún apunte pasado bajo mano, “ellos no buscan el consenso”. ¿No buscan el consenso después de haber consultado, sin imperativo legal para hacerlo, con ese Consejo de Policías cuyas afinidades políticas parecen traslucirse bien a las claras y de hacer trasladado el documento a ayuntamientos, sindicatos y mandos policiales?

No ha sido UGT la única voz discrepante. David Miquel del Sindicat de Policies de Catalunya (SPC) [4] ha declarado que los Mossos ven el código como una intromisión en su actividad diaria. Y que por ahí no, que por ahí no pasan. Regula, señala, cosas que ya están ya reguladas. Y entonces, si fuera así, ¿cuál es el problema? Insisten en este punto: el código es obvio, está incorporado a sus actuaciones diarias. Entonces, ¿dónde se ubican los problemas y el rechazo del Consell de Policies de Catalunya y del sindicato? ¿Oposición a lo obvio y a lo que, de facto, ya se practica? Vivir para oír y leer.

Toni Castejón, de SME-CC.OO (¡las Comisiones Obreras policiales!) ha transitado por idéntico camino añadiendo un apunte que merece no pasar desapercibido: “El documento no debería ser una prioridad para el Departamento del Interior”. Un sindicato dirigiendo la política del Departamento del Interior; la policía autonómica, autónomamente, en el puesto de mando.

Pasemos página y escuchemos alguna voz que merece ser escuchada. Para Sergi Santamaría, del Col.lectiu Ronda, un abogado que a menudo se enfrenta a denuncias por abuso de autoridad de los Mossos, la creación del código ético es una buena noticia al haber mucha dispersión normativa y escasez de normas concretas. La ley, por ejemplo, afirma que la fuerza debe emplearse de forma proporcionada pero, ¿quién dice lo que es proporcionado señala? Para Santacana el código se queda corto: no prevé multas a los infractores como sí lo hace, por ejemplo, el código francés.

Jorge del Cura, de la Coordinadora catalana para la Prevención de la Tortura,también ha señalado la bondad del documento. Este tipo de documentos, en su opinión, son necesarios: remarcan la importancia de tener una actitud ética. La policías, advierte con razón y desde una atalaya histórica informada, siempre son reticentes al control.

Ni que decir tiene que esta vez, y acaso sirviendo de precedente, la conselleria del Interior, que desde luego no tiene ningún cheque en blanco, puede y debe contar, y creo que cuenta, con el apoyo de toda la ciudadanía democrática, de todo ciudadano o ciudadana que aspira a que los cuerpos policiales no sean una agregación incontrolada donde reine una vez más, como cosa natural, como postulado indiscutible, el lado oscuro de una fuerza que hay que vigilar con la máxima atención. Nos va la salud democrática en ello. Y a veces, algo más.

PS: Por recordar cosas sabidas: els Mossos no son un cuerpo heredado del franquismo, no son la policía fascista reconvertida ni la Guarda Civil caminera. Es un cuerpo creado después de la restauración de la Generalitat catalana.

Notas:

[1] No es necesario decir que nadade eso se hizo en los años de la consellera Tura

[2] Extraigo la información de las páginas de la edición catalana de Público, de 4 de mayo de 2010.

[3] Como no podía ser de otra forma, el sindicato ugetista policial sabe qué puerta tocar, es muy consciente de la finalización de la legislatura y que un gobierno muy otro se vislumbra en el horizonte político catalán, por no hablar del menosprecio político subyacente hacia los responsables de Interior de los que deben pensar que son unos pardillos y, sin mucho menos serlo, unos rojos ocultados.

[4] Público (Catalunya), 3 de mayo de 2010, p. 4


S.L.A. en Kaos en la Red

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Comentaris

Re: Els Mossos d’Esquadra y el lado oscuro de su fuerza
17 mai 2010
Pues, sinceramente, no se si prefiero a un Mosso actuando como un verdadero hijo de puta (lo habitual) o uno que venga tipo "policia social" como en otros países europeos dónde, al fin y al cabo, te la meten EXACTAMENTE igual, pero con vaselina (y con más aceptación social).
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