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Memòries del subsòl
21 abr 2010
La ciudad, estratificada por niveles, comporta un mundo inferior o subterráneo que requiere también la presencia de seres humanos. Mención especial merecen los túneles o galerías abarrotadas del Metro, medio de transporte metropolitano por excelencia considerado hasta ahora el vehículo más eficiente para el traslado en masa de pasajeros; espacio subterráneo, controlado, mecanizado…que en poco tiempo funcionará de manera totalmente automática. El metro es la verdadera prueba de carga del sometimiento a un complejo de control artificial por parte de una población resignada: aire viciado, cámaras, altavoces, perros, guardias de seguridad, pantallas publicitarias, aglomeraciones, túneles oscuros, y el peligro latente de un accidente o atentado que atrape en una trampa sin salida a sus impotentes usuarios.

Como sabemos al uso intensivo del subsuelo se opone el protagonismo de los grandes rascacielos, estructuras elevadas, alejadas de la calle, que funcionan como un entorno íntegramente prefabricado, autosuficiente, encapsulado... y con un alto valor simbólico. Cada vez hay mayor separación entre la parte elevada que rige la ciudad y la multitud que transita por los distintos niveles inferiores.

El aumento exagerado de las distancias en la ciudad más la tecnología ha propiciado la aparición los modernos medios de transporte urbano. Antes que el metro (cuya regularidad mecánica se ha convertido casi en el único argumento de algunos defensores de la gran ciudad), fueron los ferrocarriles y tranvías los medios que facilitaron el transporte colectivo, llevando el crecimiento urbano a zonas cada vez más alejadas.

El primer Metro se inaugura en Londres en 1863, cuando esta ciudad contaba 2.9 millones de habitantes. Un periódico londinense de la época aseguró del nuevo medio de transporte que era "un insulto al sentido común suponer que la gente pudiera preferir ser transportada por el fétido subsuelo de la ciudad". Pocos meses después 26.000 urbanitas habían utilizado el “nuevo y rápido” medio de transporte. París abría el suyo en 1900, Berlín en 1902 y Nueva York en 1904. Actualmente las redes de metro cuentan con centenares de kilómetros de túneles que atraviesan por debajo de cada ciudad, mueven a millones de pasajeros diariamente y son un rasgo homogeneizador de la identidad metropolitana. Nueve millones de personas utilizan cada día el metro de Tokio (donde en las horas punta unos empleados con guantes blancos ejercen de “empujadores”). El 60% de los viajeros dedica más de dos horas a desplazarse a su centro de trabajo. Muchos de ellos optan por pasar la noche en nichos tecnológicos llamados “hoteles cápsulas” (2 metros cuadrados que incluyen cama y televisión, a 25 euros noche). Claro que, además de la puntualidad impresionante, el metro de Tokio se caracteriza por la plaga de suicidios que ocurren a diario.

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