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Notícies :: antifeixisme
Afirman que las FSE "secuestraron, torturaron y mataron" a Anza
13 mar 2010
Las FSE "secuestraron, torturaron y mataron" a Jon Anza, es la única versión en la que insisten de forma tajante familiares, amigos y abogados del militante independentista, así como la izquierda abertzale, después de que su cuerpo sin vida haya "aparecido" en la morgue de un hospital de Toulouse once meses después de su fallecimiento. Han realizado un llamamiento a la ciudadanía de Euskal Herria a que acuda el lunes a las 8.30 a la morgue de Toulouse ante la negativa de las autoridades francesas a que un médico de confianza participe en la autopsia
JONERAILA2.jpg
PP y PSE rechazan "las teorías de las conspiraciones o guerra sucia"....http://www.gara.net/azkenak/03/188102/es/PP-PSE-rechazan-las-teorias-con.........

ELA califica de inverosímil la versión oficial....http://www.gara.net/azkenak/03/188103/es/ELA-califica-inverosimil-versio caso de Jon Anza es un escándalo que puede afectar seriamente al Gobierno francés..............http://www.gara.net/paperezkoa/20100313/188037/es/El-caso-Jon-Anza-es-es otro mito: Francia no es el país de los expertos, es lapatria-delosincompetentes http://www.gara.net/paperezkoa/20100313/188072/es/Cae-otro-mito-Francia-..............

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Insostenible
13 mar 2010
Los periodistas se disputan las sillas en la inusualmente atestada sala del tercer piso del tribunal de Baiona. «¿Estamos en Francia o en España?», bromea una risueña periodista de Cuatro. «En Euskal Herria», le responde un periodista local, hoy en franca minoría. «Ya, es sólo una broma», responde la corresponsal. Un par de cadenas de televisión francesas compiten con una nube de cámaras hispanas.

La mayoría de los informadores no entienden a la procuradora Anne Kayanakis, que arranca la esperada comparecencia con retraso y tras resoplar a la vista de los muchos ojos que la observan. La mayoría no entiende el francés, y dos colegas se encargan de retransmitirles el grueso de la intervención de la fiscal que ha dirigido una investigación que, reconoce consternada, «no ha funcionado». En tono profesional, hace un relato cronológico sobre la aparición del cuerpo de Jon Anza en el mismo lugar en el que lo buscaron sin éxito su familia, primero, y más tarde la Policía Judicial. Su responsable en Baiona, Patrick Léonard, acompaña a la procuradora en el «mal trago» de razonar todo un cúmulo de circunstancias inexplicables.

Un vacío de 10 días...

La versión que defiende Kayanakis, sin mucho convencimiento, es la siguiente: el 29 de abril de 2009, diez días después de que Jon Anza llegara en tren a Toulouse procedente de Baiona, una patrulla de la Policía Local ve a una persona que llama su atención. Es medianoche y el parque del Boulevard Strasbourg, en que encuentran con síntomas de desvanecimiento a Jon Anza. No es un lugar concurrido a esa hora. Anza aparece inclinado sobre el jardín, los policías previenen a los servicios de urgencia. Los bomberos y el SAMU se personan en el lugar. Ha perdido la consciencia. Le aplican un masaje cardiaco. Es reanimado y trasladado sin demora al Hospital Purpan. En ese centro hospitalario fallecerá el 11 de mayo sin que en ese tiempo haya recobrado la consciencia.

Hasta ahí el relato de la procuradora. Antes y después de las dos fechas clave del 18 de abril y el 11 de mayo se agolpan los interrogantes. Las preguntas se suceden, pero la fiscal tiene pocas respuestas. No sabe qué pudo ocurrirle a Anza en ese lapso de once días. Un periodista le pregunta si se descarta la denuncia de una operación secreta y fallida de la Policía española. Ni ante ésa ni ante otras preguntas de la misma índole la procuradora descarta taxativamente esa hipótesis. Aunque Kayanakis evita «dar alas» a una «teoría alentada por ciertos sectores», a los que, como ya hiciera cuando GARA publicó en octubre la información, requiere que «nos aporten datos». En un off tras la conferencia de prensa -que ha durado exactamente 36 minutos y 47 segundos-, la procuradora se muestra más categórica al afirmar que la tesis de la huida de Anza con el dinero que llevaba a ETA, apuntada por el titular hispano de Interior, Alfredo Peréz Rubalcaba, «se descarta totalmente».

Anza no llevaba documentos de identidad; sin embargo, el funcionario de Policía que, mientras llevaba a cabo otra pesquisa, habría sido alertado hace unos días por un empleado de la morgue de la existencia de un cuerpo sin identificar halla entre los enseres del fallecido 500 euros y un billete de tren del trayecto Baiona-Toulouse.

Y un misterio de un año

No es ese informe aparentemente incompleto el único incidente fatal que la procuradora Kayanakis deberá aclarar en el curso de la investigación para aclarar la muerte de Jon Anza, que según ha anunciado abrirá en sustitución del «caso por desaparición misteriosa» que ha instruido desde el mes de mayo de 2009.

Se trata de un billete de ida y vuelta que prueba que Anza llegó a la capital occitana el 18 de abril pero no pudo regresar a casa en la fecha que marcaba el billete: 20 de abril. Con el billete en la mano se produce una llamada a la comisaría de Baiona que desencadena el proceso que abocó, este jueves, a la identificación policial de Jon Anza. Pero el hallazgo de ese billete ni siquiera figura en el informe que redacta un agente de la comisaría de Toulouse sobre la localización de la persona desconocida, según reconoce, contrariado, el comisario Leónard.

La nueva pesquisa deberá explicar por qué los requerimientos de la Policía Judicial al Hospital Purpan, «como a todos los de Francia», se saldaron con respuesta negativa. Y antes de ello, dilucidar si la dirección de ese centro sanitario incumplió el protocolo que obliga a poner en conocimiento de la Policía el ingreso de cualquier persona no identificada.

Kayanakis no acertaba a dar con la expresión adecuada para explicar esa «extraña insumisión» de un hospital a seguir el guión marcado por el Ministerio de Salud y la Policía.

«No tenemos todas las respuestas, pero tenemos interrogantes a los que deberá responder la investigación», ha repe- tido sin cesar Kayanakis. Habida cuenta del, cuanto menos, sonoro fracaso de la investigación, ¿cederá por fin la fiscal, como ha solicitado públicamente la familia Anza, este caso a un juez de Instrucción? Por el momento, la fiscal dice que no encuentra motivos para ello.

Mutismo absoluto en Madrid y París
El ministro de Interior español, Alfredo Pérez Rubalcaba, no tuvo nada que decir ayer sobre la aparición del cadáver de Jon Anza, ni siquiera después de que la fiscal de Baiona subrayara que su hipótesis sobre la desaparición ha quedado descartada.

Pese a que algunos medios de Madrid intentaron presentar el hallazgo del cadáver como una confirmación de sus tesis, a lo largo de la jornada estas afirmaciones perdieron cualquier sentido ante las múltiples incógnitas abiertas todavía.

En este contexto, el Gobierno español se cuidó mucho de no aludir para nada a este caso, y lo mismo hizo el PP, cuyo presidente, Mariano Rajoy, estará hoy en un acto en Donostia.

Especialmente significativo fue el silencio de la vicepresidenta y portavoz, María Teresa Fernández de la Vega, a la conclusión del Consejo de Ministros. Tampoco desde instancias gubernamentales francesas hubo alusión alguna a la cuestión, y todas las explicaciones oficiales se dejaron en manos de la fiscal de Baiona.

Por lo que respecta a los medios, el tratamiento fue muy desigual, pero entre líneas prácticamente todos admitían la existencia de puntos inverosímiles en la versión oficial dada el jueves. GARA

El médico logra ver el cuerpo tras un plante en la morgue
Casi 24 horas tuvieron que pasar desde que se difundió la noticia hasta que representantes de la familia pudieron ver el cadáver y comprobar que, efectivamente, se trataba de Jon Anza. Fue el médico de confianza quien lo certificó a media tarde. Hasta entonces, la Fiscalía había impedido cualquier acceso al cuerpo del militante donostiarra.

La autorización final llegó después de que miembros del Colectivo Jon Anza anunciaran que pensaban seguir allí hasta que se pudiera realizar una identificación visual. Horas antes, las autoridades francesas ya habían confirmado que se trataba de Anza, al parecer a través de las huellas dactilares o de las pruebas de ADN. Atrás quedaban casi once meses en los que afirman que nunca repararon en ello. Y eso que la Policía francesa disponía de las muestras de ADN de los familiares para realizar un cotejo, otro supuesto «error» que se suma a la larga lista de incoherencias que presenta el caso.

La jornada fue muy larga y tensa para los allegados del fallecido, desplazados a Toulouse urgentemente. Todas sus demandas fueron rechazadas. Por ejemplo, la de hablar con el médico que supuestamente le atendió en el hospital antes de su muerte. Tampoco se les entregó la ropa que llevaba Anza, bajo el argumento de que está a disposición judicial.

Los familiares ofrecerán hoy por la mañana una rueda de prensa para valorar toda la situación creada, y en la que podrían conocerse más datos sobre el estado del cuerpo, a la espera de que posiblemente el lunes se realice una autopsia.

Pese a las negativas recibidas durante toda la mañana, en la que la dirección del hospital canceló también una comparecencia para valorar el caso, por la tarde la familia del militante de Intxaurrondo volvió a la morgue para insistir. Y fue ya casi a las 18.30 cuando el médico pudo entrar y confirmar la identidad sin ningún género de dudas.

Sólo entonces abandonaron el lugar, al que seguramente deberán volver a principios de semana, pero esta vez para llevarse los restos de Anza.

El mutismo no sólo era absoluto en torno al recinto hospitalario, sino en otras instalaciones como la comisaría central de Policía de Toulouse. Ante las abundantes preguntas que quedaron sin respuesta tras la comparecencia de la fiscal Kayanakis, GARA acudió a recabar información. Después de gestiones telefónicas previas y de casi una hora de espera, la petición era despachada con esta significativa frase: «Este caso está bajo cerrojo».

El agente que atendía en la oficina de recepción también era claro: «Aquí no le darán explicaciones. Si lo desea, diríjase a la Fiscalía de Toulouse, pero creo que allí tampoco obtendrá nada».

En Euskal Herria era la Ertzaintza quien comenzaba a mostrar nerviosismo ante el caso. Ocho ertzainas irrumpieron «de muy malas formas» en la herriko de Santurtzi y arrancaron un cartel que aludía a Jon Anza hablando de un supuesto «enaltecimiento» e identificando a dos personas. A. M......................................AsímaipulalosmediosalserviciodelEstadover:La fiscal francesa achaca a un error burocrático la larga 'desaparición' del etarra Anza:http://www.elpais.com/articulo/espana/fiscal/francesa/achaca/error/buroc
Le disparu de l'ETA retrouvé un an après à la morgue
13 mar 2010
L'homme a été identifié grâce à ses empreintes digitales. C'est en effet sans papiers qu'il avait été retrouvé le 29 avril 2009 sur la voie publique à Toulouse où il aurait été victime d’un malaise. Alors transporté par les pompiers au CHU Purpan, il y serait décédé le 11 mai «sans avoir repris connaissance», ajoute la magistrate.

C'est l'organisation séparatiste basque elle-même qui avait rendu publique cette disparition le 18 mai 2009, craignant qu'il y ait eu bavure policière. Jon Anza était en effet «en opération», porteur selon elle d'une grosse somme d'argent:

Fin octobre 2009, le parquet de Bayonne avait ordonné l’ouverture d’une enquête assortie d’une demande d’entraide à la justice espagnole. La presse espagnole venait de faire état de témoignages indirects selon lesquels Joan Anza serait mort au cours d’un interrogatoire illégal après avoir été séquestré en France par des agents des services anti-terroristes espagnols.
Ces derniers, autorisés à être armés en France, sont associés aux policiers français dans les enquêtes sur l’ETA dans le cadre d’un accord de coopération entre la France et l’Espagne. «La thèse de la bavure policière est une piste parmi d’autres», avait alors déclaré la procureure de la République à Bayonne.

Le comité de soutien de Jon Anza avait pour sa part lancé un avis de recherche assorti d’une photo prise peu de temps avant sa disparition. On pouvait y voir Jon Anza, le visage gonflé par un traitement à la cortisone consécutif à une grave maladie. Le même comité de soutien avait aussi demandé la désignation d’un juge d’instruction et l’ouverture d’une information judiciaire pour "enlèvement et séquestration".

Une autopsie pour déterminer les causes exactes de la mort du porteur de valise basque sera pratiquée lundi à Toulouse. Contacté par LibéToulouse, les avocats de la famille de Jon Anza ont déclaré «attendre d’en savoir plus».

(LiberationToulouseJME)
Sobredosis de incógnitas en una muerte muy poco natural
13 mar 2010
La aparición del cadáver de Jon Anza en una morgue de Toulouse no cierra el caso sino que lo abre de par en par. Hoy hay muchísimas más preguntas sin respuesta que antes de que su cuerpo volviera de la nada. Y sigue habiendo una incógnita básica: ¿qué le impidió acudir a la cita que tenía con ETA?

Al guionista parece habérsele ido la mano también en esta ocasión. La resolución de cualquier thriller o de una historia de terror debe tener una mínima coherencia, satisfacer como poco al espectador menos exigente. Cuando no puede conseguirse, en el cine y en la literatura siempre queda el recurso de despertar al protagonista y decir que todo había sido un mal sueño. Pero, ¿qué hacemos con las pesadillas cuando son reales?

La imagen del resoplido de impotencia de la fiscal de Baiona, Anne Kayanakis, y la actitud de manos caídas de su acompañante, el comisario de la Policía Judicial Patrick Leonard, son la muestra más patente de que este caso se ha intentado cerrar dejando, de momento, muchas más preguntas que respuestas. Y si así están los encargados de la investigación, imaginemos el sufrimiento de los familiares y allegados de Jon Anza.

La «versión oficial» relatada, que deja boquiabierta y estupefacta a la propia fiscal, es un coladero por el que se escapa el sentido común.

El cadáver de Jon Anza aparece cuando empezaba a ser ya un desaparecido muy incómodo para las autoridades francesas. Su caso había traspasado la frontera de «los vascos» e importantes medios como «Le Monde», «Le Journal de Dimanche» y «Libération» habían empezado a hacer preguntas. Y, llamativamente, las respuestas que encontraban les dirigían todas a la misma tesis: agentes españoles habían tenido algo que ver en su desaparición.

Además, la investigación oficial francesa había llegado también a plantear cuestiones a la Audiencia Nacional española, con lo que el «Dossier Anza» empezaba a ser, quizá, demasiado voluminoso.

Y, de pronto, por arte de magia, Jon Anza aparece allí donde se le esperaba. En Toulouse. En el lugar en el que ya se le había buscado. Desde donde ya le respondieron a la fiscal que no estaba. Hay quien recuerda el caso de Mikel Zabalza, a quien también pusieron en el Bidasoa para que apareciera donde debía. La diferencia estriba en que es posible rastrear un río sin éxito hasta que el cuerpo salga a flote, mientras que es inimaginable buscar un cadáver en una morgue -un lugar cerrado y ordenado, donde todas las entradas están certificadas- y no encon- trarlo si es que yacía allí.

¿Dónde estaba en mayo-junio de 2009 ese operario tan diligente que esta semana avisó a su amigo policía? ¿Dónde el resto de trabajadores de la morgue y del hospital que tuvieron contacto con Jon Anza? ¿Nadie supo en un año que estaban buscando a una persona de esas características? ¿Reciben moribundos o cadáveres sin identificar todos los días?

¿Cómo es que los billetes de tren con origen y destino en Baiona que ahora han resultado determinantes no figuran en el registro del ingreso hospitalario? Y si no los consignaron por considerar que no eran algo de valor, ¿tampoco los tuvieron en cuenta para tratar de buscar alguna pista sobre el origen y la identidad de una persona a la que atendieron supuestamente durante trece días en el hospital y estuvo meses en la morgue?

Las huellas dactilares de Jon Anza figuraban en los archivos de la Policía francesa y de la española. ¿Nadie tomó las huellas a un cadáver sin identificar y las cotejó?

Pero aun admitiendo que desde el 29 de abril se produce una cadena de fallos en todos los protocolos que impiden la identificación de un enfermo y un cadáver -que ya es mucho admitir-, la pregunta que sigue causando un escalofrío es: ¿dónde estuvo Jon Anza desde que salió de la estación de Baiona hasta que apareció moribundo en un parque apartado de Toulouse? ¿Qué le hicieron en esos días?

¿Dónde está el dinero que debía entregar a ETA?. Porque lo único que la fiscal Anne Kayanakis ha descartado es la hipótesis de Rubalcaba de que Anza hubiera desaparecido voluntariamente para gastárselo. Por cierto, «Interviú» publicó en junio, citando fuentes policiales españolas, que el desaparecido portaba 300.000 euros, lo que desde entonces se ha considerado una verdad absoluta. Si la Policía española no sabía nada de la desaparición de Anza, ¿cómo ofreció una cifra concreta?

Si Jon Anza fue, por ejemplo, víctima de un robo, ¿cómo es que tenía 500 euros en metálico según figura en el ingreso hospitalario? ¿Y dónde están la documentación y el móvil? Un detalle interesante el del teléfono, porque la investigación pidió su registro de llamadas en aquellas fechas. ¿Lo tienen ya? ¿ Y dónde durmió? ¿Dónde comió? ¿Por qué no volvió a casa? ¿No podía? ¿Quién o qué lo retenía?

Quizá murió realmente de un ataque al corazón. Pero la clave está en saber qué se lo provocó. Porque, se mire por donde se mire, la muerte de Jon Anza aparenta cualquier cosa menos una muerte natural. Y no es un sueño ni una película.
gara
Silencio sepulcral en los tres escenarios de la versión oficial
13 mar 2010
En Toulouse había ayer tantos periodistas como poca información. Todos los intentos de obtener datos resultaban baldíos. Nadie osaba comunicar ni tan siquiera aspectos meramente técnicos, como por ejemplo cuál es el protocolo o funcionamiento que rige en estos casos.

Ningun servicio del hospital Purpan, ni del tanatorio del mismo centro, soltaban prenda. Ni, por supuesto, la comisaría central y el Samu (servicio de atencion urgente) podían «informar de nada». La propia responsable de Comunicacion del importante centro sanitario se negaba a detallar cualquier aspecto, ni telefónicamente ni directamente ante los medios de comunicacion apostados ante la morgue. Dos guardias de seguridad impedían acercarse con un reiterativo «sólo se permite el acceso a la familia». La respuesta a la demanda de cualquier información remitía inexorablemente a la Fiscalía de Baiona, «porque el caso es ahora médico-legal», según apuntaban.

GARA pudo hablar con una empleada del servicio de Comunicación, que se mostraba empeñada en declinar eventuales responsabilidades del centro sanitario, aunque nadie se las hubiera insinuado hasta ese momento. «Los cadáveres no iden- tificados pueden permanecer años en la morgue si nadie los reclama», justificaba. Y añadía que en el hospital Purpan -que además de centro universitario es uno de los más importantes sanatorios de Occitania- «se actúa igual que en los demás hospitales de Francia». Preguntada sobre si había muchos casos de esa índole en el tanatorio, se aferraba al «secreto profesional» o a la reserva sobre el funcionamiento interno.

A las 12.45, la compañera de Anza, familiares y amigos del militante donostiarra, acompañados por la abogada Xantiana Cachenaut, salían del tanatorio y se introducían raudos y con caras serias en tres vehículos para abandonar el lugar a donde habían llegado a primera hora de la mañana para ver el cuerpo de su allegado, sin conseguirlo hasta media tarde.

Nadie vio nada

En las cercanías del hospital hay un gran parque, pero no fue allí donde los servicios de urgencias encontraron a Jon Anza, sino en otro más pequeño que se halla frente a la estación del tren, al borde del canal y que cuenta con unos pocos bancos. En uno de ellos habría sido hallado Anza, según la versión oficial.

En la estación de Matabiau, la principal de Toulouse, hay un trajín incesante de viajeros, gente que va y viene, policías patrullando a pie y también los característicos «sin techo», a quienes las brigadas populares que en mayo pasado hicieron el recorrido desde Baiona a Toulouse mostraron la fotografía del militante desaparecido. Alguno de ellos sí dijo que le «sonaba» la cara de Anza, pero resultaba imposible medir la fiabilidad del testimonio, ¿quién sabe?

Sea como fuere, lo cierto es que no hay datos para cerrar el círculo de lo ocurrido a Anza, sobre todo en los once primeros días desde que salió de Baiona hasta que supuestamente fue hallado en este parque.

Ironías del destino: la avenida principal más cercana al hospital Purpan es la ruta de Baiona. Y el parque donde lo habrían encontrado queda muy cerca de la estación de tren. Jon Anza tenía el billete de vuelta -dicen que para el 20 de abril-, pero no pudo retornar a su país con vida. Y todo lo demás lo envuelve ese espeso manto de silencio.
AM

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