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Besos, abrazos y lágrimas que ni un juez ni la Policia pueden domar
29 ago 2009
Cuando abrazar a una sobrina es motivo de arresto y saludar a una amiga que no ves desde hace años es «enaltecer al terrorismo», existe un abismo entre la lógica y la «justicia». La llegada de Maite Aranalde, la noche del jueves, hizo que afloraran cientos de sentimientos sin que el pánico extendido a porrazos lograra reprimirlos.
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Siete años después de que la vieran partir de su Ibarra natal, Maite Aranalde volvía a su hogar tras años de exilio y cárcel. Cerca de doscientos vecinos y amigos no quisieron esperar ni un segundo más y aguardaron hasta la madrugada para ver, besar y abrazar a la joven ibartararra. Pero no lo hicieron solos.

La Ertzaintza cumplió con rigurosidad la orden emitida desde la Audiencia Nacional española para prohibir el acto de bienvenida a Aranalde. El problema, que no existía acto alguno, como volvieron a denunciar ayer desde Ibarra.

Decenas de vecinos y allegados esperaban en la calle, bajo la lluvia, con el fin de saludar y mostrar su cariño a una vecina que llevaban tiempo sin ver. No había llamamiento alguno, ni siquiera una miserable bandera que ondeara, ni una de esas fotos tan perseguidas hoy. Pero no había lugar para la razón.

Ocho furgonetas de la Ertzaintza, con agentes equipados con material antidisturbios, cercaron la plaza de la localidad identificando a todo vehículo que se aproximaba. Cuando confirmaron la presencia de las cámaras, que a la una de la madrugada se encontraban «por casualidad» en Ibarra, iniciaron su espectáculo arrancando con furia las pancartas que daban la bienvenida a la excarcelada.

Nadie les miró. La protagonista era Aranalde que estaba a punto de llegar y viendo el panorama de la plaza, optaron por dispersarse por toda la recta que recorrería la joven minutos después.

La caravana de coches que venía desde Soto del Real arropando a Aranalde fue saludada desde las aceras, con los brazos en alto y lanzando besos para la joven. Una demostración de cariño delictiva, al parecer, y es que la Policía autonómica se ensañó con los que con más fervor la saludaban: sus familiares.

La carga policial se saldó con un detenido y un herido que tuvo que ser trasladado al hospital, los dos, tíos de la joven. El arrestado, Xabi Ijurko, quedó en libertad horas después pero bajo la acusación de «enaltecimiento al terrorismo».

Aranalde logró llegar hasta la plaza, donde los asistentes tampoco pudieron reprimir los abrazos y besos. La Ertzaintza volvió a cargar contra ellos obligando a los congregados a refugiarse en las viviendas que muchos vecinos abrieron de par en par.

Después de que las cámaras de televisión abandonaran la localidad con la imagen que buscaban no había teatro que figurar. La calma volvió y con ella las decenas de personas que se vieron obligadas a huir, ofreciendo otra vez estampas de abrazos, besos y de cariño. Imágenes que no interesan ser difundidas, al parecer.

Una nota de prensa emitida ayer desde Ibarra aseguraba que la persecución contra familiares y amigos de Aranalde se inició antes de que ella abandonara la prisión. La veintena de ibartarras que se desplazó hasta la prisión de Soto del Real fue identificada por la Guardia Civil en dos ocasiones. Denunciaron además, que los agentes registraron todos los vehículos, se incautaron de dos banderolas que exigían la repatriación de los presos y obligaron a dos jóvenes a dar la vuelta a sus camisetas por los eslóganes que contenían.

Habiendo conseguido compartir unos instantes con Aranalde, los congregados se dirigieron a sus casas. La sorpresa volvió, sin embargo, a la mañana siguiente cuando la joven abandonó su hogar y siguió siendo perseguida por algunos medios de comunicación.

La atención mediática de la que ha sido objeto esta joven ha sido exagerada desde que el martes fuera extraditada por el Estado francés al español. El miércoles pasó ante el juez de la Audiencia Nacional española Eloy Velasco y tras abonar una fianza de 12.000 euros la joven ibartarra quedó en libertad a última hora de la tarde del jueves ante un sinfín de cámaras que grababan sus movimientos.

Este acoso mediático ha acarreado quejas por su puesta en libertad y la Fiscalía del tribunal especial interpuso ayer un recurso para que se revoque su situación de libertad o se le impongan mayores medidas de control como una vigilancia policial permanente y que las comparecencias impuestas sean diarias, en vez de semanales. Indicaron que será la próxima semana, cuando el juez Baltasar Garzón vuelva de vacaciones, cuando se resuelva esta petición. Asimismo, insistieron en que se ha vuelto a remitir a los tribunales franceses la orden de detención y entrega, la cual dicen que se extravió.

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