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Cómo vencer el miedo en las manifestaciones
25 mar 2009
Una de las mejores armas de los antidisturbios es provocar pánico. Saber los rudimentos de cómo ese pánico actúa en nosotros a nivel psicológico puede ser de gran ayuda en situaciones jodidas, como las del pasado 18.
En 1943, el doctor Emili Mira, antiguo jefe de los servicios psiquiátricos del Ejército Republicano, publicó un libro -descargable- titulado "La psiquiatría en la guerra" donde analizaba, de forma sencilla y clara, algunos de los principales efectos psicológicos que se producen en situaciones de gran violencia y daba algunos consejos simples y prácticos para hacerles frente. Dedicó el capítulo segundo al miedo. Salvando las distancias y la radical diferencia entre su tiempo y el nuestro, creo que estas páginas pueden ser interesantes.

EL MIEDO Y SU SIGNIFICADO
Supongamos que toda una población está concentrada en la tarea de destruir a su enemigo. A pesar de su determinación y entusiasmo, tan pronto como se vuelven perceptibles los efectos físicos de la guerra (explosiones de bombas, visión de los muertos y heridos, etc.) casi todos sienten un cambio en su interior. El miedo ha hecho su aparición y no desaparecerá completamente hasta que vuelva la paz.
Para citar la Biblia: "En el comienzo, Dios creó el miedo". La Biología confirma que hasta los más simples organismos vivientes, tales como los protozoarios, poseen, no solamente la propiedad de conmoverse por determinados cambios del medio ambiente (irritabilidad), sino también la de paralizarse, parcial o totalmente, temporal o permanentemente, cuando son sometidos a acciones de estimulación perturbadora. Creo que esta propiedad, a la que denomino inactividad, es tan importante como la irritabilidad. E1 fenómeno de muerte aparente, ya desarrollado en los asteroides, y "el reflejo de la defensa pasiva inmovilizante" observado en muchos animales, cuando se ven ante seres humanos, son ejemplos de dicha propiedad.
Pavlov, después de someter a mamíferos superiores a la acción de varias situaciones nocivas, extrajo la conclusión de que "en el fondo del miedo normal (timidez o cobardía) y en particular de los miedos patológicos (fobias), hallamos un predominio del proceso psicológico de inhibición". Si consideramos que este término implica la cesación de los movimientos en curso, podremos decir que, desde la humilde amiba hasta el hombre, prevalece la misma ley biológica, según la cual la vida requiere ciertas condiciones de equilibrio para seguir su curso. Fuera de estas condiciones, tiende a desaparecer.
Como consecuencia, experimentamos este proceso de inactivación como un estado disfórico de creciente incapacidad, ineficiencia, duda e inseguridad. La pérdida consecutiva de nuestro poder reactivo, es vivida como un sentimiento de contracción y empobrecimiento del yo. Simultáneamente con la exageración de esta experiencia consciente, el desasosiego y la inquietud se extienden a través de todos los niveles de la mente y el individuo experimenta el ataque del proceso inhibitorio bajo la forma de una creciente sensación de impotencia. La poderosa fuerza de este mecanismo primario de supuesta defensa de la vida contra la muerte, consiste, después de todo, en el parcial anticipo de la agonía.
Contrariamente a lo afirmado por la Psicología clásica, según la cual el miedo emerge o proviene de la idea de peligro, o del sentimiento de amenaza o lesión del Yo, creo que el peligro, tanto subjetivo (imaginario) como objetivo (real) no es su causa ni siquiera su motivo. Por el contrario, el miedo es engendrado por la carencia de una reacción conveniente; en otras palabras, por la pérdida de fluidez y continuidad del curso reactivo natural, que asegura la descarga, en la vía final común, de todos los potenciales excitados por los estímulos, internos o externos.
La necesidad de asegurar el libre curso y la fluidez del proceso es tan grande que el miedo puede desarrollarse, hasta sin pretensiones de justificación, siempre que la inercia del proceso decrezca o esté exhausta. Esto ocurre, por ejemplo, cuando el signo desencadenante de una acción prevista no aparece, y, por lo tanto, el efecto deseado no ocurre. Ilustraciones de este hecho en el campo de la patología son las "neurosis de expectativa" (Er wartungsneurose; neurose d'atteinte) y la intensa panfobia experimentada por los enfermos que sufren de una depresión vital (Kurt Schneider).
Simplificando: el porvenir es todavía más terrorífico que lo cierto e inmediato; el conocimiento de lo que ocurrirá es menos terrible que la ignorancia o la duda. Los hombres prefieren la certeza de la muerte a la inseguridad de su destino. Como dijo Aníbal Ponce: "la duda es la raíz de la ansiedad".
Puede parecer que este concepto es opuesto al primeramente defendido por Darwin y más recientemente por Walter Cannon, que conceden un significado utilitario, en sentido teológico, a la reacción del miedo. Cannon considera que la emoción del miedo resulta de una excitación anormal del sistema nervioso simpático, que sirve para el combate o la huída. Sus investigaciones de las dos "simpatinas" -una de las cuales se supone que ejerce una acción inhibitoria- coinciden estrechamente con los conceptos de Pavlov. Con todo, cuando Cannon describe como sinónimos los cambios somáticos subyacentes en el miedo, la rabia, el dolor y el hambre, me inclino a atribuir sus resultados a una infortunada selección de los animales de experimentación. Obtiene una mezcla de estos estados pero no consigue la pura respuesta inactivante. Para despertar miedo puro, más bien que obtener un "cocktail emocional", hubiera sido preferible arrojar a los animales desde un aeroplano y examinarlos inmediatamente después de su aterrizaje con paracaídas. Entonces, quizás, un reflejo de defensa pasiva, como el descripto por Pavlov, hubiese sido obtenido.
Psicogénesis del miedo.
La psicogénesis del miedo ha sido objeto de numerosos y recientes trabajos de los cuales solamente citaré unos pocos.
Sabatier establece que el miedo es el efecto del desamparo e incapacidad para enfrentar la vida: "L'homme jeté nu et désarmé sur la planête à peine refroidie marchant en tremblant sur un sol qu'il sentait encore trembler sous ses pas . . . connut un état de misère et de détresse qui remplit son coeur d'une épouvante infinie".
La opinión de Levy-Bruhl es que el miedo despertó en los seres humanos junto con la superstición a causa del "misterio de lo desconocido". "Attrait et horreur, adoration et crainte se donnent ensemble... La peur fut d'abord une engoisse diffuse, émotion du mystère".
De acuerdo con el punto de vista de Rignano, el miedo sería el resultado del oscuro y primario propósito de cada organismo de subsistir de una manera fija en su estado psicológico : "tendence de l'être à perseverer dans son être, tendence a l'invariance".
Lacroze cree que el miedo proviene de la lucha entre una tendencia a la inmutabilidad y otra hacia la precaución vital: "Une vie qui est essentiellement mouvement et progrès, des individus qui en sont les aspects figés et arrêtes ... telle est l'opposition fondamentale d'où nait l'angoisse."
Las opiniones de Christin y Meyerson coinciden en considerar el Yo como la fuente real del temor. El primero dice "L'angoisse est la peur de soi-même"; el segundo opina "L'angoisse est surtout la peur du mystère que tout homme porte en soi".
Brissaud afirma que el miedo y la angustia son "una meditación de la muerte".
Janet escribe: "L'angoisse est une émotion avortée, un processus affectif arrété ou dévié dans son cours. L'angoisse se rapproche de la peur qui est la plus élémentaire des émotions. De la mime façon que l'action dégénère en agitation, l'émotion dégénère en angoisse."
Freud sostiene que el miedo es un elemento mórbido que acompaña algunas veces a las reacciones defensivas. Su origen proviene del sufrimiento inherente a la acción de nacer. Su discípulo Reick, se apoya en el hecho de que el miedo de la vida precede al miedo de la muerte y que el primero - estando implícito en el llamado instinto de conservación - no es sino un reflejo condicionado del último. Por su propia cuenta, Jones, otro discípulo de Freud, cree en la existencia de una insuficiencia de gratificación libidinosa en los niveles profundos de todos los temores; coincide con la creencia popular de que el valor es el compañero de la probidad, pero esto difiere de "tests" clínicos en muchos ejemplos.
Wallon sostiene el criterio de la existencia de una cierta oposición entre la luz e intensos grados del miedo, puesto que mientras los primeros son de origen externo, los segundos son debidos a "un debilitamiento del tono postural".
En cierto modo similares son las opiniones de Devaux y Logre cuando sostienen que la angustia representa "le fait affectif original" y su causa debe ser buscada en la "structure psychobiologique de l'animal."
Estos estudiosos que han hecho observaciones directas en pacientes que sufrían los efectos de situaciones horripilantes, no nos suministran menos variedad de opiniones. Schilder sostiene: "La expectativa de algún daño" como la causa del miedo citando el organismo tiende a evitar, más bien que a combatir el peligro.
K. Go1dstein remarca que la ansiedad no se debe, generalmente, a ningún objeto concreto ("Der Anttgst ist gegenstandlos") sino que nace, como nosotros sostenemos, cuando el ejercicio de determinadas funciones constitucionales se torna imposible.
W. Stern dice: "La fuente de la cual emerge el miedo es una repugnante impresión de inconstancia e indecisión (inconclusión en el futuro) con la vida y el mundo" .
A pesar de su gran variedad, estas definiciones remarcan el hecho, ya verificado por Gardiner Murphy para todas las reacciones emocionales, de que es mucho más fácil discutir los efectos del miedo que sus causas, puesto que éstas no están originadas, como anteriormente se creía, en la idea de peligro, sino justamente en lo contrario: la idea de peligro brota de la experiencia de los efectos del temor. En su trabajo "Sentimiento y Emoción", Murphy afirma: "La teoría de la emoción es un problema de funcionalisrno orgánico o correlación y casualidad dentro del organismo, no entre éste y el ambiente exterior o curso de la conducta. Así pues el problema real del miedo se halla dentro del organismo".
Por ello un cándido alumno replicó a la pregunta de su maestro - "¿Tiene Ud. miedo de mi pregunta?" - "No señor, tengo miedo de no saber la respuesta."
Terribles situaciones durante la guerra española.
Todas las guerras son terribles, pero la guerra española fue de las peores, porque no era simplemente una guerra de invasión, sino que al mismo tiempo era una guerra civil y una revolución. Algunas veces un individuo temía más a un miembro de su familia viviendo en el mimo cuarto que a las bombas que los aviones enemigos arrojaban sobre él. No describiré los innumerables casos en que el miedo fue experimentado u observado por mi en ese clima. Un solo ejemplo puede demostrar cuán terriblemente trágica era la vida durante esos días. En el frente de Madrid, los rebeldes emplearon un cierto número de mineros asturianos para comenzar peligrosos ataques contra nuestras trincheras delante del Hospital Clínico.
Dichos mineros habían sido tomados prisioneros cuando la caída del frente del Norte, después de haber luchado en el bando republicano. Fueron forzados, a enfrentar el peligro de muerte en todas direcciones: detrás suyo se hallaban sus verdaderos enemigos, preparados para matarlos en cualquier momento; delante estaban sus compañeros quienes, sin embargo, debían matarlos también; bajo sus pies había un campo minado, arriba estaban explotando, por todos lados granadas; una lluvia de bombas, completaba el anillo mortal. Algunas veces tenían la suerte de ocultarse en un agujero producido por alguna bomba u obús y esperar la caída de la noche para llegar a nuestras trincheras. Aquellos que sobrevivían llegaban en un lastimoso estado. Presentaban un excelente material clínico para estudiar la evolución del miedo, cuya descripción sigue.


Niveles evolutivos del miedo.
Basándome en mi experiencia, tanto como en la de los otros, he llegado a la conclusión de que es de gran utilidad diferenciar diversos grados en la evolución del miedo. Estos, de acuerdo con la teoría de Hughlings Jackson corresponden a distintas fases de desintegración funcional de los más altos centros cerebrales. Kretschmer los interpretaría como "regresión adaptativa".
Naturalmente no debe esperarse hallar en un determinado sujeto una seriación completa de esos niveles, Las peculiaridades constitucionales, el grado de fatiga, la constelación afectiva (estado mental previo), la duración y severidad de la situación fobígena, etc., pueden hacer cambiar en cualquier caso la rigidez de nuestra, descripción abstracta. Pero, prescindiendo de estas excepciones, creo que es posible diferenciar 6 niveles o grados de la emoción miedosa, de cada uno de los cuales puede hacerse una descripción tanto introspectiva como extrospectiva.
1. Prudencia y retraimiento.- Observado exteriormente el sujeto aparece modesto, prudente y sin pretensiones. Por medio de un retraimiento voluntario limita sus fines y ambiciones y renuncia a todos los placeres que implican riesgo. El individuo está ya en ese grado bajo la influencia inhibitoria del miedo. Reacciona entonces evitando profilácticamente la situación que se aproxima.
Introspectivamente, el sujeto no está todavía consciente de tener miedo. Por el contrario, se halla bastante satisfecho y orgulloso porque se considera dotado de una previsión mayor que la de los demás seres humanos.
2. Concentración y cautela. - En el segundo nivel el sujeto ya ha entrado en el campo de la situación fobígena, pero todavía controla sus reacciones. Sus movimientos evidencian unía actitud cautelosa: ya no son espontáneos - puesto que están sometidos a un severo control de atenta autocrítica sino que son lentos, correctos y minuciosos. La concentración voluntaria está destinada a asegurar el básico e inmediato propósito de mantenerse en una situación de seguridad, propósito en el que concentra toda su energía disponible. El sujeto actúa, no solamente para lograr el éxito, sino para asegurarlo. Se observa en él una tendencia a repetir y revisar sus movimientos (reiteración).
Subjetivamente la víctima está preocupada; concentra su atención e interés en los sucesos exteriores. Una pequeña nube de pesimismo invade su espíritu; para borrarla, intenta reunir todo su valor. Para el mundo externo todavía pretende, con éxito, hallarse en calma, ser confiado pero reservado.
3. Aprensión y alarma. - En el tercer nivel, el paciente está objetivamente asustado; su actitud es de preocupación y desconfianza. Los movimientos superfluos hacen su aparición; acciones secundarias e insignificantes son agrandadas; manifiesta todas sus dudas y sufre oscilaciones y alteraciones en el ritmo y precisión de movimientos esenciales.
A causa de la inmoderada estrechez del campo atentivo, la conciencia del sujeto se ve oprimida. Se observan fallas práxicas que disminuyen el control, al mismo tiempo que una tendencia a la extensión de las extremidades, con repentinos temblores.
Subjetivamente, la preocupación existente en los niveles anteriores es aumentada hasta producir una división en la corriente de la conciencia. La ideación desaparece y el pensamiento pierde su claridad. El Yo experimenta una creciente sensación de desamparo e inestabilidad. A medida que el sujeto se convence de su ineficiencia, aumenta esa vivencia.
Ejecuta acciones sin sentido común, que frecuentemente no concluye, resultando una confusión de movimientos. Se aproxima al próximo nivel, durante el cual perderá totalmente el control de su conducta.
4. Ansiedad y angustia. - En el cuarto nivel, la conducta del individuo pierde su unidad funcional y su sentido; intenta ejecutar nuevas acciones antes de finalizar las anteriores; los moldes psicomotores se desorganizan. La creciente excitación de los centros subcorticales y mesencefálicos es responsable de continuos movimientos, obtusos, algunos de los cuales son insistentemente repetidos. El sujeto semeja un autómata, pero todavía es consciente y capaz de dar respuestas verbales atinadas. .
Una tendencia a descargar en la esfera neurovegetativa los impulsos que han sido rechazados por el barrage de los efectores da lugar a la llamada "tempestad visceral". La actual anarquía en los niveles conscientes se extiende también a los órganos internos. En este grado, el diencéfalo comienza a apoderarse de la corteza que todavía no está completamente inhibida; contraolas conflictivas invaden los centros superiores y subcorticales, en tanto se observan externamente gestos estereotipados, movimientos disociados y acciones unilaterales, así como temblores y espasmos.
Subjetivamente, el sufrimiento alcanza su cumbre. El sujeto experimenta una extremadamente desagradable sensación de pérdida del equilibrio y proclama que ya no puede controlarse. En algunas ocasiones actúa desesperadamente y se deja llevar por un impulso de destrucción o autodestrucción. Al hacer esto, no experimenta ningún sentimiento particular de odio o rabia; es simplemente espectador, no autor de sus impulsos.
Otras veces, el Yo consciente aparece completamente disociado del arco efector del sistema nervioso. La víctima puede negar que se está moviendo y asegurar que se halla completamente tranquila y obedeciendo órdenes, al mismo tiempo que comete actos sin sentido común.
5. Pánico. - Anteriormente el sujeto estaba al borde de la pérdida completa de conciencia. Ahora su conducta es dirigida por los centros talámicos y menencefálicos. Se observan movimientos de gran violencia, que no pueden ser reprimidos, ni conscientemente por la víctima ni, externamente, por uncambio de la situación.
La tempestad motriz final ha comenzado: algunas veces da origen a arrebatos y otras causa catastróficos "deflejos" defenso-ofensivos. El sujeto puede empezar a correr - y será cuestión de suerte que lo haga hacia delante o hacia atrás. Nadie puede detenerlo y se necesitan 3 ó 4 personas para asirlo, aun cuando normalmente sea de complexión débil.
No es extraño que, en el campo de batalla, soldados en esta fase de pánico puedan efectuar actos que luego serán considerados como heroicos. En realidad cuando, en un instante de obnubilación cerebral, "escapan hacia delante" pueden conquistar posiciones y despertar el coraje de sus camaradas, que ignoran la ausencia de motivación voluntaria en su acción.
Subjetivamente, el estado de pánico es vivido como una pesadilla consistente en una peculiar e irregular sucesión de imágenes mentales oníricas, la mayor parte de las que se olvidan prestamente, cuando la víctima se serena. La denominada subconsciencia - actividad de la persona profunda (Kraus) es la que únicamente puede rememorarlas, y es por eso que se hace necesario el tratamiento hipnótico para explorarlas a posteriori.
6. Terror. - Cuando se alcanza esta última fase del miedo es imposible diferenciar sus aspectos objetivos y subjetivos. La inhibición ha alcanzado todos los niveles encefálicos y ha paralizado incluso las reacciones automáticas, que se hallaban en su apogeo en la fase anterior.
Existe, a veces, la posibilidad de conservar un suficiente tono postural como para mantener de pie al sujeto; o quizás éste se halla en una extravagante postura, inmóvil, sobre el suelo. De cualquier modo, es tan inactivo como una piedra: se halla, en realidad "petrificado", o aparentemente muerto. Su palidez y falta de expresión revelan la completa ausencia de vida psicoemocional. El retorno a la tierra - y creo que la palabra "terror" proviene de la raíz "terra" antes que de "tremor" - se ha completado. Tal inactivación, puede, incluso, hacerse permanente: esto ocurre cuando la inhibición invade los centros vitales del bulbo. He observado, en efecto, dos casos de muerte sin traumatismo, en soldados que estuvieron sometidos a un espanto prolongado, hallándose previamente exhaustos. Cannon explica tales muertes por un proceso de deshidratación, disminución del volumen sanguineo y precipitación coloidal.
Cuando se recupera del estado de terror la víctima empieza por abrir sus ojos, aun cuando el cuerpo siga inmóvil. Entonces ha de ser tratada con cuidado, pues puede ocurrir que, bruscamente, entre en el estado precedente - por desinhibición súbita - y exhiba una reacción ciega y agresiva, de pánico. Otras veces el retorno a la normalidad es lento y persisten, largo tiempo, síntomas depresivos; el sujeto continúa apático, perezoso e indiferente a cuanto le rodea.
Factores Fobigénicos.
Los factores fobígenos o fobigénicos son los productores o agravantes de la reacción miedosa. No hay duda que unos sujetos nacen con mayor predisposición que otros al miedo. Cuando se estudia esta emoción en el neonato con la técnica propuesta por Watson puede obtenerse una idea de su acción inactivante en un determinado caso. No creo que exista una definida relación entre la constitución física y el grado de miedosidad, pero sí la hay entre el valor de la energía vital, la salud y la fuerza física, de un lado, y la resistencia individual al proceso fóbico inactivante, por otro lado.
También existe una clara relación entre la concienciación de un peligro y el desencadenamiento del miedo. Esta correspondencia, empero, no ha de ser exagerada, pues como ya se ha dicho el miedo depende más de cómo ve el sujeto su situación que de los caracteres objetivos de ésta. Así, p. ej., soldados inexpertos se asustaban más durante un lejano e impreciso bombardeo de artillería que cuando marchaban a exagerada velocidad, manejando un camión por caminos desconocidos, en condiciones de peligro físico mucho mayor.
Así, pues, la imaginación nos asusta más que el peligro en sí. Del propio modo, un acontecimiento inesperado, incluso cuando es inofensivo, desencadena más miedo que la anticipación de una situación realmente dolorosa o peligrosa. Uno de mis colegas de Facultad, valeroso y enérgico en deportes, casi se desmayó cuando - siendo Presidente del Comité de Atletismo - un gracioso "le dió la mano", es decir, usó un guante relleno de algodón para dejarlo en su mano al saludarlo, con pretexto de congratularle.
Además de lo antes expresado, veamos las más importantes causas de la difusión del miedo en la retaguardia o en el ejército
1. Ausencia de dirección o comando. - Una experiencia vivida en la guerra española nos da un buen ejemplo de esto: en marzo de 1938 se colapsó el frente aragonés y muchas unidades de infantería huyeron a la desbandada al grito de "Sálvese quien pueda", ante el ataque enemigo. Grupos de soldados en las peores condiciones físicas y morales llegaban, huidos, por la carretera a Lérida. Pero bastaron las arengas de unos pocos oficiales salidos de dicha ciudad para reagruparlos en nuevas unidades que se batieron, nuevamente, con indómito coraje.
Los hombres son incapaces de comportarse como miembros de un grupo si éste no tiene una estructura social organizada. Un número de soldados sin ,jefe se transforma en masa de elementos anárquicos, si antes no se les ha dado una pauta de conducta para tal emergencia.
2. Extenuación fisica y mental. - La falta de comida, sueño, vestido y otras necesidades físicas, así como el exceso de trabajo mental, puede originar una disminución de las energías individuales, haciendo al sujeto asustadizo, aun sin motivos lógicos para ello. Pedemos ilustrar esto, con otro ejemplo de la guerra española: el quinto y el. décimo cuerpo de Ejército figuraban entre los mejores de las tropas republicanas. Ambos se batieron bravamente varias semanas y llevaron el peso principal de la batalla en el río Ebro. Pero tras la persistencia del hambre y el insomnio, fueron incapaces de resistir otra ofensiva, menos intensa, de los rebeldes (noviembre 1938) en tanto el Ejército del Este, que había descansado varios meses, la detuvo con éxito.
3. Intensidad anormal de la estimulación sensorial. -.El exceso de luz y ruido puede asustar tanto al sujeto como la oscuridad, el silencio o la soledad. Naturalmente se observan variaciones individuales; muchas personas tienen miedos especiales. Pero la mayoría se asusta máximamente por la combinación de la oscuridad, la soledad y el silencio, periódicamente interrumpidos por ruidos inesperados y desconocidos.
4. Impredictibilidad del peligro. - E1 rápido cambio de lugar y la irregularidad en la apariencia o desaparición de los estímulos fobígenos aumentan su acción deletérea. Todos sabemos que un animal tan pequeño como el mosquito puede mantenernos inquietos toda una noche con sus bruscas e inesperadas picadas.
5. Creencia en el "rodeamiento" enemigo. - Durante la antes mencionada ofensiva de marzo de 1938, los rebeldes usaron con éxito pequeños grupos de alpinistas que infiltrándose a través de nuestras líneas, consiguieron hacer ondear banderas en cumbres montañosas de la retaguardia, originando el pánico de nuestras tropas que se creyeron rodeadas por el enemigo.
6. Misteriosidad de la situación. - Cualquier arma secreta goza del crédito de ser más peligrosa que las conocidas. Así, los técnicos alemanes aconsejaron a los rebeldes un sencillo truco para cruzar el Ebro: en un día de viento empezaron a difundir nubes de extraños colores desde la orilla opuesta; bastó este suceso para desconcertar a nuestros soldados que creyeron hallarse frente a un nuevo y terrible gas venenoso.
7. Falta de un definido plan de acción. - Siendo el miedo una emoción paralizante, su víctima no puede crear la reacción conveniente para salir de la situación. Lo más que se puede esperar de ella es que acierte a usar las respuestas que ya tiene habitualizadas. Por ello si no se le han dado instrucciones concretas de lo que ha de hacer ante cada peligro y no ha ensayado suficientemente su conducta ante él, existe la probabilidad de que el sujeto se sumerja en fases avanzadas del miedo por falta de un definido plan de acción.
Un ejemplo claro nos lo dan las reacciones anormales de miedo observadas en los soldados que se hallaban con permiso en ciudades españolas bombardeadas. Tales hombres se comportaban peor que los civiles durante los raids aéreos y al no saber donde se hallaban los refugios se asustaban más que en pleno campo de batalla.
Factores tranquilizantes.
No hay duda que el miedo disminuye siempre si el sujeto: a) se siente ayudado por la presencia de un grupo cercano y visible; b) espera rescate, ayuda o venganza próxima; c) se halla, o cree hallarse, protegido contra un golpe directo; d) conoce la localización del peligro y sabe como puede ser dañado por él; e) está consciente de su propia fuerza; f) sabe qué ha de hacer inmediatamente y después; g) confía en la eficacia de sus propias técnicas defensivas.
Si tuviéramos que seleccionar los factores decisivos, creo que habríamos de destacar el pernicioso influjo de la ignorancia y el benéfico efecto de la determinación, para conseguir un objetivo intensamente anhelado. Por este motivo me atrevo a proponer las siguientes:
Reglas para prevenir el miedo incontrolado.
1ª- Hacer que el pueblo conozca la verdad acerca de la situación. No es posible publicar cuanto ocurre, pero han de evitarse las mentiras procedentes de fuentes oficiales.
2ª- Dar al pueblo suficiente información acerca de lo que puede ganar con la victoria y perder con la derrota.
3ª-Proporcionar suficiente comida, vestido y reposo a quienes han de hacer frente al peligro.
4ª- Discutir amplia e intensamente todas las objeciones, dudas y comentarios acerca de la situación, hasta que todos comprendan la necesidad de proseguir la guerra.
5ª - Hacer querer al pueblo más intensamente la causa por la que luchan, que la vida ya pasada.
6ª - Hacer comprender al pueblo que no hay privilegios ni excepciones en el sufrimiento y en el peligro de la guerra (justicia igual para todos).
7ª -Colocar en posiciones de mando a los que las merecen por su eficiencia. No fiarse tan sólo de la teoría o la tradición: valorar el rendimiento en la acción.
8ª -Preparar rápidas y efectivas medidas para restablecer la confianza publica cuando flaquee; permitir manifestar entonces, francamente, los sentimientos sin temor a ser tachados de cobardía o traición. Para ello hay que distribuir un técnico experto en psicoterapia en cada grupo social.
Psicoterapia del miedo.
Hemos concluido que el miedo, subjetivamente considerado, no es más que la conciencia del fracaso individual, el anticipo de una insuficiencia reaccional o el predisgusto de la derrota. De aquí que su psicoterapia haya de tender a devolver al sujeto su confianza en sí. Mucho más importante que sacarle los estímulos fobígenos es intensificar sus medios de respuesta ante ellos. Solamente cuando el sujeto se ve libre de conflictos y peligros íntimos, sólo cuando está de acuerdo consigo y alcanza una síntesis intrapsíquica, cuando sabe qué quiere y por qué, cuando conoce los cómo y los cuándo de sus futuras reacciones podrá incluso improvisar respuestas ante lo imprevisto. En otras palabras: el psicoterapeuta ha de reajustar al sujeto y luego darle el esquema de vida más adecuado a sus recursos personales.
Si el individuo sabe lo que ha de realizar y tiene fe y entusiasmo en sus ideales, es decir, si lucha para obtener o defender un objetivo amado, entonces la acción inactivante del miedo será reducida al mínimo, cualesquiera que sea el peligro, objetivo, que lo provoque. La joven más tímida se torna valiente cuando lucha, como madre, para rescatar a su hijito: ni las llamas ni las balas la arredran en su defensa del ser querido. Cuando alguien se enamora se siente transformado y efundido; ya no vive en sí, sino dentro del objeto amado. En tanto el miedo implica introversión (in-fusión) y anulación, el amor supone plenitud, desbordamiento y éxtasis ; por eso el antídoto del miedo no es el coraje sino el amor. Ser un héroe significa estar bajo el signo de Eros, el Dios del amor.
Resulta imposible llegar de la actitud miedosa a la amorosa sin pasar por la fase intermedia de la afirmación del ser. Solamente quienes se sienten firmes son capaces de trascenderse y actuar. El máximo deseo y objetivo del amor es la creación, para alcanzar la eternidad. Por eso el Supremo amor es, también, el Supremo hacedor o Creador.
La religión ha tenido, y seguirá teniendo, tanto poder porque promueve la fe en la eternidad. Podemos comprender por qué los mártires cristianos no temblaban en la arena circense: todos se hallaban en éxtasis -fuera de sus límites corporales. En suma: tan sólo quienes creen, pueden; tan sólo quienes aman son capaces de superar obstáculos, ignorar peligros y resistir la adversidad.
El miedo ha de ser dominado mediante una educación científica, social, médica, pedagógica y psicológica. La fe no ha de estar expuesta a cambios de ánimos; las creencias no han de ser dejadas al azar. Ambas han de basarse . en una amplia y realista visión del Mundo. Los hombres han de saber quiénes son, dónde están, qué van a hacer y por qué tienen obligaciones y deberes por cumplir, así como derechos a reclamar. Solamente cuando estas premisas filosóficas han sido científicamente cumplidas la persona tiene personalidad; entonces - y sólo entonces - será algo más que un animal humano. Incluso las bestias más feroces pueden huir ante el miedo; pero los defensores de Madrid, de Guadalcanal y de Stalingrado no se rindieron ante el miedo, porque estaban orgullosos de su misión y tenían fe en su causa. Esperemos que en el mundo venidero la psicoterapia social conseguirá que cada cual tome tanto interés en la defensa y cumplimiento de sus deberes como ahora lo hacen los mejores combatientes de la democracia.
Técnicas de recondicionalización en las fobias bélicas.
Se ha visto, por la experiencia de la guerra española y de la actual, que algunas personas presentan formas muy peculiares de miedo absurdo, en tanto son capaces de reaccionar normalmente ante el miedo lógico. Así, p. ej., hay quien se asusta más por la sirena de alarma que por las bombas durante un raid aéreo. Un oficial republicano se angustiaba sumamente cuando veía acercarse al cuartel un grupo de soldados, porque se le ocurría que podía tratarse de espías disfrazados de republicanos. El psicoanálisis investiga y trata los motivos de estas fobias, pero en tiempos de guerra no puede dilatarse su terapéutica: el psiquiatra militar no sólo ha de readaptar sus hombres sino que ha de hacerlo pronto; nadie le preguntará de qué sufrían o cómo los curó, sino a cuántos y en cuánto tiempo los devolvió a las filas.
Por eso creo que tales casos han de ser tratados de un modo personalmente enérgico, mediante una combinación de persuasión y sugestión, seguidas, inmediatamente, de la recondicionalización experimental, es decir, de la práctica de la respuesta conveniente ante la situación fobígena, que es ahora provocada experimentalmente, o sea, de un modo artificial y premeditado. Tan pronto como se logra del paciente la respuesta correcta se le insta a repetirla voluntariamente, a mayor distancia del control psicoterápico.
Más adelante (capítulos 6 y 7) insistiremos en esta técnica, que había de ser adelantada aquí, ya que muchos casos de fobias obedecen a reflejos condicionales negativos engendrados en la primera infancia. Un brillante análisis de ese material ha sido hecho por Glover en su librito "The Psychology of fear and courage", pero hay que advertir que la simple explicación al paciente del origen de sus fobias, no es suficiente para suprimir en él sus efectos.

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Comentaris

Re: Cómo vencer el miedo en las manifestaciones
25 mar 2009
fes-me un resum, home....no tinc temps per llegir-m'ho tot.
Re: Cómo vencer el miedo en las manifestaciones
25 mar 2009
EStic amb ... QUIN TOSTON FES UN RESUM ¡¡¡¡¡¡¡.
Re: Cómo vencer el miedo en las manifestaciones
25 mar 2009
cap resum! a llegir! que sino feu servir el cervell acabeu als mossos de quadra. com aquests del comentari anterior que segur que son gossos.
Re: Cómo vencer el miedo en las manifestaciones
25 mar 2009
Res que valgui la pena es pot resumir tant com us agradaria, tarugos!
Re: Cómo vencer el miedo en las manifestaciones
25 mar 2009
He trigat aproximadament 35-40minuts en llegir tot el text i resulta interessant. Fer un resum faria obviar detalls i conceptes que resulten necessaris.

Qui no el pugui llegir li recomano que faci un copiar-pegar a un document de text o que l'imprimeixi per mirar-se'l en un moment idoni (abans d'anar a llit, viatjant en transport públic, fent un cafè-infusió en solitari...)

Ens estem acostumant massa a l'aquí i ara... la prisa mata.
Re: Cómo vencer el miedo en las manifestaciones
25 mar 2009
Justa resposta!
Re: Cómo vencer el miedo en las manifestaciones
25 mar 2009
"Para despertar miedo puro, más bien que obtener un "cocktail emocional", hubiera sido preferible arrojar a los animales desde un aeroplano y examinarlos inmediatamente después de su aterrizaje con paracaídas. Entonces, quizás, un reflejo de defensa pasiva, como el descrito por Pavlov, hubiese sido obtenido."

L'experimentació amb animals és injustificable en tots els aspectes.
Re: Cómo vencer el miedo en las manifestaciones
25 mar 2009
Se trata de un texto largo sí, pero lo interesante es que está basado en la experiencia real sobre situaciones de una violencia extrema producto de la agresión armada. Cada vez que cargan, los antidisturbios ponen en marcha toda una coreografía del pánico basada, en parte, en estudios psicológicos de la masa. Con sus sirenazos, exhibición de armas, rodeo de manifestaciones, etc, consiguen controlar o disolver a miles de personas con un mínimo esfuerzo. Y encima pueden apalearlas con total impunidad porque muchas se encuentran semiparalizadas por el pánico. Con artículos como éste puede iniciarse una reflexión colectiva vital para cualquier movimiento de masas. Conocer los mecanismos del miedo es una forma de vencerlo.

Salud
Re: Cómo vencer el miedo en las manifestaciones
25 mar 2009
¿y como habran sacado informacion de la neo-corteza? jajaja
Nadie sabe nada de la mente humana, ni con una vida lecturas se aprende algo de ella.
Estamos de acuerdo en que el cuerpo de policias intenta controlarnos con pánico, si es verdad los sentimientos se contagian, entendido así es facil la respuesta.

Porcierto el texto da a entender que el ser anarquico es miedoso. me parto.
Re: Cómo vencer el miedo en las manifestaciones
26 mar 2009
Bueno Ana
creo que lo aprovechable del texto son otras cosas, exotismos psiquiátricos aparte. Pero tampoco lo consideraría una sarta de sandeces a las que se les pueda dar una respuesta "fácil". Si es tan fácil la respuesta explícame tu por qué el Ejército de Estados Unidos, sin ir más lejos, se gasta todos los años una paston impresionante en buscar nuevas técnicas para aterrorizar a la gente: detenidos, población civil, etc.
Una vez establecido que "el ser anárquico" es el más valeroso, audaz y revolucionario de cuantos sujetos puedan pisar las calles, y salvado el honor de la sacrosanta acracia, ¿de verdad que te sigue pareciendo absoluta palabrería lo que ese señor expones sobre el miedo?
Sindicat