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Notícies :: laboral
Cañeros: pedimos solamente lo que nos corresponde
13 mar 2009
Protestas frente al edificio del Grupo Pellas
Movilización ANAIRC.jpg
Mientras en estos días altos cargos del Ingenio San Antonio, propiedad de la Nicaragua Sugar Estates Ltd, que integra al Grupo Pellas, anuncian con “bombos y platillos” el envío a Europa de un total de 40 millones de litros de etanol, la mitad de lo que tienen previsto para 2009, y el aumento de hasta 500 mil litros de la capacidad de destilación diaria, lo que originará unos 60 millones de dólares en divisas, los ex trabajadores azucareros y las viudas de la ANAIRC, organización afiliada a la UITA, continúan acampados en Managua pidiendo que se les reconozca una indemnización por los daños causado a su salud.

Silvio Baltodano Flores es uno de ellos. Trabajó 9 años en el Ingenio San Antonio en la preparación de la mezcla y en el riego de agrotóxicos y salió afectado. La Insuficiencia Renal Crónica (IRC) lo tiene al borde de la muerte, con el 57 por ciento de su funcionalidad renal comprometida para siempre. La empresa cuando se dio cuenta que “estaba pegado” (enfermo) no le volvió a dar trabajo y le dijo que pidiera su pensión al Seguro Social.

Sentado en una de las hamacas del campamento, Silvio contó a Sirel su historia, exigiendo a los dueños del Ingenio San Antonio que respondan por los daños que han ocasionado a miles de personas.

-¿En qué año comenzaste a trabajar para el Ingenio San Antonio?

-Entré en 1992 para desarrollar un trabajo de investigación agrícola. Trabajaba con diferentes tipos de agrotóxicos como el Roundup, Gramoxone, 2,4-D, Hexazinone (Velpar), Diuron (Gesapac), entre otros.
Los aplicábamos en pequeñas extensiones de tierra donde se sembraban diferentes variedades de caña para seleccionarlas y sembrarlas en vasta escala. Ya seleccionadas, el uso de agrotóxicos era masivo. Trabajé a lo largo de dos periodos. En el segundo trabajé 9 años consecutivos, invierno y verano, y en 2001 salí afectado con 1,9 de creatinina.

Me presenté al “enganche” para la zafra y como siempre me mandaron a un chequeo médico. Cuando el doctor del hospital del Ingenio se dio cuenta me dijo que tratara de tomar agua y comer productos como la piña (ananá) para que bajara el nivel de creatinina, pero más bien el valor subió a 2,2. Al final me dijo: “Lo sentimos mucho pero no podemos darte el “enganche”. Estás “pegado”, estás enfermo, así que mejor vas al Seguro Social para que te pensionen”.
Después de tantos años, todavía estoy esperando mi pensión.

-¿Cómo aplicaban esos agrotóxicos?

-Primero preparábamos la mezcla del producto, le echábamos agua y llenábamos las bombas para ir a regar a mano. Lo normal era que nos chorreáramos la espalda y el cuerpo con esos productos.

-¿Ocurría frecuentemente?

-Casi siempre. Recuerdo una vez que prácticamente me mojé todo con Gramoxone (Paraquat) y a los tres días tenía el cuerpo quemado. Llamé al ingeniero y me enviaron al hospital, pero después de una semana ya estaba trabajando.
No tengo la menor duda de que ese contacto continuo con los agrotóxicos provocó la enfermedad que padezco.
Otro problema era la falta de agua. Cada quien llevaba su cantimplora pero se acababa rápidamente, y después teníamos que aguantar sed hasta que regresábamos al departamento.

-¿Cuál es su estado de salud actualmente?

-Pasé varios años con 1,9 de creatinina y ahora en el último examen que me realicé resultó que tengo el 57,25 de mi funcionalidad renal comprometida.

-¿Cómo estás sobreviviendo?

-Tengo hermanos que me ayudan, pero es difícil. Tengo una familia y a veces mis hijos no tienen que comer. Cuando busco trabajo en el campo me rechazan porque estoy afectado y cuando encuentro algo en la construcción después de dos o tres días ya no puedo seguir por el cansancio y tengo que dejarlo.

-¿Qué estás pidiendo a la empresa?

-El Ingenio San Antonio tiene que buscar cómo solucionar este problema. Saben que somos ex trabajadores, que trabajamos para ellos y es gracias a nuestro trabajo que pudieron ser lo que son. Esta enfermedad es como un cáncer, no para hasta matarte y cuando entré a trabajar al Ingenio San Antonio estaba sano y salí enfermo. Aquí en el campamento en Managua hay viudas, padres que han visto morir a sus hijos, y hay muchos más que no están aquí y que se quedaron en Chichigalpa. Estamos en este proceso de lucha para que nos indemnicen, para que nos den lo que nos corresponde.

-¿Si pudieras hablar con el dueño de la empresa qué le dirías?

-Que se ponga la mano en el corazón y que sepa valorar al ser humano, porque todos somos seres humanos. Esperamos una respuesta lo más pronto posible y estamos dispuestos a estar aquí con esta protesta cívica y pacífica pero firme, hasta que se nos dé una solución.

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