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Mano abierta de la vida
06 nov 2008
Mariano Cabrero:Nos falta comunicación abierta y sana entre nuestros corazones–hoy piedras muertas que producen soledad–, que de hecho emanan cantidades ingentes de seres humanos que viven solos
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âLa humanidad es la única virtud verdaderamente sublime del hombre: es la primera, y tal vez la única que las religiones deben inspirar a los hombres, porque encierra en sí todas las demás.â?
HELVETIUS, De lâhomme, I ,14.    


Se pregunta uno, muchas veces, qué espera el mundo de nosotros. Y mi corazón al pronto me responde: humanidad, más humanidad con nuestros semejantes. Y es que el mundo en que vivimos se nos está viniendo abajo, económica y moralmente hablando. Nos falta esa necesaria humanidad de respeto y cariño para con los demás. Nos falta espiritualidad en nuestros corazonesây no me importa, o no nos debe importar que cada cual practique âla religiónâ? que le enseñaron sus progenitores, pues todos tenemos el mismo Dios: el Dios de todas las religiones.

Nos falta amor..., que es entrega y muchas veces sufrimiento al mismo tiempo. Somos seres vivos mientras pernoctamos en este valle de lágrimas, y por esto, sencillamente, hemos de motivar nuestra libidoâdeseo sexual propio de cada uno de nosotrosâ, para que dos seres humanos se amen, se quieran, se deseen... Y tanto es así que mi corazónâque emana amor por los cuatro costadosâ, me dijo: âLa vi solo unos instantes, sola, sobre la quieta nieve emanando dulzura, quietud, belleza...eternidad. Desnuda estaba decúbito prono, pero enseñando nada en su desnudo cuerpo. Escuche voces, divinas palabras...Su cuerpo emanaba olor puro rosas, no concupiscencia; allí donde los ojos admiraban sin clavar dardos venenosos, allí donde pensamientos se sumaban en el olvido, allí donde el hombre contemplaba en ella a su Dios Creadorâ?.

Nos falta comunicación abierta y sana entre nuestros corazonesâhoy piedras muertas que producen soledadâ, que de hecho emanan cantidades ingentes de seres humanos que viven solos, o, de otro modo, en compañía de perritos de compañía. Nos sentimos solos y distantes, voluntaria o involuntariamente, pero solos...al fin y a la postre. Muchas veces nos encontramos solos a pesar de estar rodeados de personas a nuestro alrededor, y así, sin duda, se bloquea nuestra vida afectiva y de relación. Generamos sentimientos y emociones negativas, que nos conducen a la creación de seres solitarios, muchos seres solitarios que pululan por esos mundos de Dios. Si me siento triste, si me siento abandonado, si siento angustia en mi corazónâmano abierta a la vida es el último, y triste pero noble es reconocerloâ, me transforma en un hombre solitario parcial y/o temporal hablando. Entonces surge la historiaâtriste, verdadera, inventada, quizá fue un sueño... de âLas_mil_y_una_nochesâ?,⦠y qué se yoâ, que describo a continuación:

...Era tarde y tenía mucha prisa. Poca gente circulaba por la calle; sólo un hombre sentado sobre las escaleras de un portal, quien me dijo: â¡Eh!, escuche...â?. Paré mis pasos, preguntándole: â¿Le ocurre algo?â?. Cruzamos nuestras miradas, mientras sostenía en sus dedos un cigarrillo apagado, diciéndome: â¿Me da fuego?â?. Yo no fumo, le contesté.

¿Quién sería aquel personaje? Vestía ropas cansadas por el tiempo, sin afeitar, y tendría sobre setenta y siete años. Volviendo sobre lo andado, le dije: âTome, tome...cien pesetasâ?. No pido limosna y nunca la he pedido, me contestó. Para enmendar mi anterior error, continué diciéndole: â¿Quiere tomar un vino?â?. Al instante, respondió: âPoco bebo y cuando lo hago me lo pago yoâ?.

Por mi cabeza circulaban mil y una preguntas, y le interpelé: â¿Qué desea entonces?â?. Al momento, contestó: â¡Hablar!, hace más de un siglo que no hablo con nadieâ?. Le sonsaqué si contaba con familia y contestó que tenía tres hijos y cuatro nietos. âMás vale no hablar...; y, con la vejez, pierde uno hasta los buenos amigosâ?, concluyó diciendo.

He leído poco y me han contado algunas cosas sobre los ancianos. Allí se encontraba una de esas criaturas solitarias, un semejante que sólo solicitaba âhablarâ?...y una cerilla que no se la pude dar. Verdaderamente era alguien que estaba mendigando humanidad; bueno..., sí era realmente un ser que estaba solo.

Me arrepentí después de no haber estado más tiempo con él-ahora que está de moda no arrepentirse de nada1 (ni los políticos cuando mienten o se equivocan, ni los economistas cuando yerran en sus pronósticos...)-, con su soledad y sus miedos, su aislamiento..., que será el que uno tendrá a pocos años vista, si la sociedad en la que estamos inmersos no cambia sus costumbres deshumanizadas.

Cuando viejos comienzan nuestras grandes limitaciones físicas e intelectuales y entonces el afecto, la comprensión, el cariño...suplen unas y otras. El último recorrido de mi corta o larga vida la veo más llevadera dentro de la convivencia familiar y no aislada en tristes residencias que, aunque bien atendidas y limpias, son paredes muertas de mi propia soledad. Hay un antiguo proverbio chino que dice: âDe jóvenes somos hombres, de viejos, niñosâ?. Pues bien, ¡cuidemos a los niños!

Nuestra actual sociedad se ha olvidado de nuestros niños y ancianos, ignorando que los últimos han sido ya los primeros y, si Dios quiere, los primeros serán los últimos. Y es que nuestras universidades utilizan medios educativos trasnochados, que imparten conocimientos pero se olvidan de forman personas- jóvenes-, que son los verdaderos motores para construir un mundo mejor que el nuestros. La historia así nos lo enseña, y Rubén Daríoo también en su maravillosa Canción de primavera: â¡Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver! (...)â?.

Hemos de salir de este profundo y triste rió que recorre nuestras venas llamado soledad: cuando se decaen nuestras fuerzas internas del sentimiento, es fácil caer en una depresión afectivaâque hiere nuestros sentimientosâ, y, que, posiblemente nos llevará a un estado de animo muy común en nuestra sociedad actual: la depresión. Ãsta es la tan temida y común enfermedad del sigloXXI, que puede degenerar inexorablemente en el suicidio: enemigo público número de nuestra actual juventud. Nacer es una alegría y morir es una tristeza..., mas sabio, prudente y bueno es vivir el día a día: recordando alegrías y olvidando las tristezas.

La Coruña, 7 de noviembre de 2008
© Mariano Cabrero Bárcena es escritor

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