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La Guerra del Paraguay y la guerra contra la Historia de la Iglesia Católica
30 oct 2008
La extracción clerical del Obispo Fernando Lugo, lejos de la propaganda y las expectativas, sólo puede generar sospechas con respecto a la pureza nacionalista de sus reivindicaciones.
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Uno de los más importantes aliados del imperialismo en su tarea desnacionalizante en Paraguay, fue siempre el catolicismo.

La extracción clerical del Obispo Fernando Lugo, por consiguiente, lejos de la propaganda y las expectativas, sólo puede generar sospechas con respecto a la pureza nacionalista de sus reivindicaciones.

Tan enconada llegó a ser la posición de la iglesia, que incluso llegó a enfrentarse con la misma historia.

LA HISTORIA DE LA GUERRA DEL PARAGUAY Y LA IGLESIA CATÃLICA

Una más de las luchas del catolicismo con la Historia se dio durante la reivindicación histórica del Paraguay.
La campaña propició de los episodios más candentes de enfrentamiento entre el clero y el estado paraguayo.

El choque se produjo durante el gobierno nacionalista y revolucionario de Rafael Franco, cuando al influjo patriótico de la victoria del Chaco este último decidió reivindicar la memoria del Mariscal Francisco Solano López, en 1936.

Solano López, héroe y mártir de la guerra que enfrentó al Paraguay contra la Triple Alianza de Brasil, Argentina y Uruguay, sufragadas por el imperio inglés en América, había sido excomulgado por el Vaticano como derivación del fusilamiento del obispo Palacios, involucrado en la conjura legionarista de San Fernando.

El Vaticano, previamente, se había unido moralmente a la Triple Alianza contra el Paraguay en plena guerra, negando autonomía a su iglesia y declarándola subsidiaria de Buenos Aires.

Es conocido el desaire del arzobispo Sinforiano Bogarín al jefe de Estado cuando fue consagrado el Panteón Nacional de los Héroes para albergar las cenizas simbólicas del Mariscal-presidente, inventándose supuestas obligaciones en el exterior para ausentarse del país. La razón que ocultaba el hombre de la sotana, es que la iglesia priva al excomulgado de los sufragios de la iglesia y de los "efectos divinos", siendo uno de esos efectos de la excomunión mayor la privación de sepultura eclesiástica. Esta contravención a las normas canónicas sirvió de excusa a Bogarín para rechazar la invitación de Rafael Franco y desairar al Mariscal López, viajando a Buenos Aires para participar de los festejos por el aniversario de dicha ciudad invitado por Vedia y Mitre, descendiente del principal responsable de la hecatombe de 1870.

CHOQUE CON LA HISTORIA

La reivindicación histórica de López chocaba necesariamente con la posición de la Iglesia Católica, que había excomulgado al Mariscal por el fusilamiento, en 1868 del obispo Palacios.
Según las memorias del arzobispo de Asunción, se ausentó del pais para participar de un acto con el intendente de Buenos Aires para no estar el día que se rendía homenaje a López inaugurando el Panteón. Por ironías del destino, el anfitrión porteño era un descendiente de Bartolomé Mitre.

âInvitado con anterioridad y oficialmente por el señor Intendente de Buenos Aires, Dr. Mariano Vedia y Mitre, para las fiestas 4º centenarias de la fundación de dicha ciudad, me embarqué en el âBernaâ? el cuatro de octubre, llegando a esa el sieteâ?.

Sobre la reivindicación en sí, el obispo Sinforiano Bogarín opinó que âEl presidente provisional Coronel Franco, por ser lopista o hacerse simpático al pueblo paraguayo casi en su totalidad amante del Mariscal, mandó revocar apresuradamente el Oratorio de la Virgen de la Asunción, cambiando su nombre histórico por el de âPanteón Nacionalâ? para depositar allí los restos del Mariscal López y de un soldado desconocido del Chacoâ?.

Según Juan Speratti, âpor lo visto fue una obra baladí, parapara Monseñor Bogarín, la restauración y terminación del Oratorio de la Virgen de la Asunción, tras sesenta años de abandono y de ruinosa postración. Tanta fue su animadversión que le privó ver en el monumento histórico terminado, su excelso simbolismo patriótico, sino sólo el revoqueâ?.
Franco era de la opinión que la imagen de la Virgen debía estar en la Catedral Metropolitana, criterio compartido por la influyente Federación de la Juventud Católica del Paraguay, admiradora de López.
Posteriormente, durante el gobierno de Félix Paiva, la imagen recuperó el sitio y el monumento pasó a llamarse Oratorio y Panteón.

LA REVOLUCIÃN ANTE EL CATOLICISMO

Los revolucionarios de 1936 tenían roces previos con el clero.

Los puntales intelectuales de la revolución de febrero a su vez, se habían opuesto rabiosamente a la creación del arzobispado, siendo los más férreos detractores de la vieja iglesia católica, aquella institución inquisitorial, opresiva, contemporizadora de terratenientes y déspotas deslustrados que no tardó en abrir los confesionarios para la conjura que acabó tumbando al gobierno nacionalista-revolucionario de Rafael Franco en agosto de 1937.
Fueron fundadores e ideólogos del febrerismo como Anselmo Jóver Peralta, con discursos que los enaltecen, los primeros en alzar sus voces denunciando la falta de conciencia en la iglesia paraguaya, a la que no le interesaba la espantosa miseria en que vivían los peones de estancias de oligarcas en la pre-guerra del Chaco, sino el hecho de que vivan en concubinato sin haber "sacramentado" por medio de algún sacerdote su matrimonio.Es que se debía dar más vueltas al dogal con que se tenía oprimido a un pueblo sumido en la peor de las bajezas, para que subsista la estructura inícua que favorecía a quienes desde la conquista y colonización de América se habían beneficiado de las exacciones impuestas a los nativos.

Fueron también ideólogos febreristas como Elpidio Yegros, German Soler, y tantos otros,quienes desafiando a un ambiente plagado de impurezas y su mentalidad consecuente, intentaron desterrar con su pensamiento y acción política el oportunismo, el seguidismo y la falta degrandeza imperantes desde siempre en la contaminada politiquería paraguaya.
Habían sido justamente las mentes y plumas privilegiadas que alguna vez se nuclearon en el febrerismo, como la de Arnaldo Valdovinos, las primeras en denunciar que intereses extranjeros a la región eran los que obligaban a paraguayos y bolivianos a matarse unos a otros en el verde infierno del Chaco, sólo para decidir si qué potencia imperial se quedaba con las riquezas del subsuelo.Mucho menos en aquel entonces que hoy, una miserable republiqueta sudamericana hubiese podido imponer condiciones a su majestad el dólar.

El derrocamiento del gobierno revolucionario de Franco reconcilió a la jerarquía eclesiástica con el gobierno, así como con los representantes de la diplomacia imperial y otros personeros de intereses extranjeros. En ese contexto el restaurador del viejo orden liberal, el doctor Félix Paiva-a diferencia de lo que propugnan sus herederos del PLRA que insisten en ignorar las leyes de su otrora aliada, la iglesia- se sometió al derecho canónico dividiendo en dos niveles el monumento; destinando el nivel superior a oratorio y la cripta a panteón de hijos ilustres de la patria. Como persistían las dudas, el ulterior arzobispo Menaporta pidió un dictamen para rendir cuentas ante el Vaticano al historiador Efraim Cardozo, quien dictaminó que no existía motivo de controversia puesto que no existía posibilidad de que los restos depositados en la esquina de Palma y Chile correspondieran a Solano López, y en caso de tratarse de algún brasileño, no constaba a la iglesia su excomunión.


LA CAMPAÃA PERIODISTICA, LA PLUMA CONTRA LA CRUZ

El 2 de mayo de 1902, aniversario de la batalla del Estero Bellaco, Juan E. O´leary, entonces joven poeta y periodista de 22 años, publicó su primer artículo de la serie titulada âRecuerdos de Gloriaâ?, en el diario La Patria de Asunción.
En la serie, O´leary expuso ante las nuevas generaciones las hazañas de los héroes de la Triple Alianza quienes, según él mismo, âdormìan casi olvidados de la patria historia, después de haber escrito en sangre la estupenda epopeya de aquella defensa sobrehumanaâ?.

Según señala Sebastián Scavone Yegros, los Recuerdos de gloria âprovocaron una honda impresión en la opinión pública, pues aparecieron en una época en que predominaba aún el abatimiento colectivo, que fue consecuencia de la derrota.

Según Natalicio González, otro destacado reivindicador de Lòpez, O´leary habló en sus artículos con valentía inaudita. El mismo O´leary confesó que âmi audacia para juzgar los hechos y los actores de la guerra parecía una imprudencia, que podía sernos fatal. Todos veían, velando amenazadoras nuestras fronteras, las sombras pavorosas del Brasil y de la Argentinaâ?.

O´LEARY

Según O´leary, Cecilio Báez se pasó al legionarismo âpor razones puramente políticas, preparando una revolución, que había de ser el comienzo de una era de anarquía y grandes desgracias para el Paraguayâ?.
Juan Emiliano O´leary nació en Asunción el 12 de junio de 1879, hijo del argentino del mismo nombre y Dolore Urdapilleta, y falleció el 31 de Octubre de 1969 a los 90 años.
Sus principales obras fueron el folleto 24 de mayo (1904), Nuestra Epopeya (1919), El Mariscal Solano López (1920), El Libro de los Héroes (1922), El Paraguay en la Unificación Argentina (1924) y El Centauro de Ybycuí (1929).


IGNACIO A. PANE

Juan E. Oleary no estuvo solo en su faena, y tuvo formidables compañeros como Ignacio A. Pane (1883-1920).
Como periodista, además de sus publicaciones en el diario Patria (dirigido en aquel entonces por Enrique Solano López), colaboraba en La Semana y La Democracia.
Sus obras principales recoradadas son Lecciones de Literatura Preceptiva, Sociología, El indio guaraní, La Familia Paraguaya.
Sobre la campaña de reivindicación de López, se cuenta que una ocasión estaba lanzando un ferviente discurso de tinte lopizta. Entre los presentes, un militar de alto rango gritó desde las tribunas: ¡Muera López!
Sin inmutarse, y de inmediato, Pane contestó:
¡Muerto está, pero su memoria está viva!

NATALICIO GONZÃ?LEZ

Natalicio González (1897-1966), quien llegaría a presidente del Paraguay en 1948, también tendría una activa participación en la campaña lopizta.
Sus obras más importantes: Proceso y Formación de la Cultura paraguaya, El Paraguay y la Lucha por su Expresión, Cómo se construye una nación y El Paraguay Eterno.

El 1º de marzo de 1920 publicó un alegato lopizta bajo el título âCerro Coráâ?.
Acompañaban el libro notas y poemas de otros periodistas de la misma filiación, como Benjamín Velilla, Leopoldo Ramos Jiménez, Capace Faraone, Antoliano Garcete, José D. Miranda, Gomez Freire Estevez, Justo A. Pane, Fermín Domínguez.
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