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Notícies :: sense clasificar
castigo+explotación: reinserción (Jornada anticarcelarias)
16 oct 2008
Casa "Al Fin": encuentro, cenador taleguero y quien sabe si concierto o...
Jornada sobre la "Condena B": la reinserción como extensión de la cárcel a través de la industria solidaria.
Castigo + explotación= REINSERCIÃN

24 de octubre 2008
18:30 Casa âAl Finâ? (metro Sarriá)

encuentro, cenador taleguero y quien sabe si concierto o...

Reunirnos y volver a interrogarnos sobre los que nos oprime. Vernos las caras, escucharnos, hablar entre nosotros. Pero no hablamos de un nosotros que se repliega sobre sí mismo, sino de un nos-otros, es decir, de un nosotros que se interroga sobre lo otro en lo nuestro o sobre lo nuestro otro. ¿Juego de palabras? Lamentablemente no: ley y orden, civismo de la tolerancia cero en los espacios urbanos, custodia policial, encierro masificado, excepcionalidad penal, aislamientos, dispersiones, incomunicaciones, reinserción obligada, supervisada, condicionada, son realidades de materialidad incontestable que hacen que la prisión sea, prácticamente, la única institución que crece demográficamente en España.

Más de 70.000 presos en todo el estado; Más de un 40% de presos inmigrantes, cada vez más mujeres y jóvenes en prisión. Con tantos presos, a los âclientesâ? que âcompran el servicioâ? del sistema penal â sobre todo víctimas y grupos de opinión â les parece normal que las autoridades pidan más cárceles. Les parece que eso es una mejora de calidad. Pero lo que hay que denunciar es que este crecimiento de la prisión no es producto de una tendencia natural o espontánea sino que tiene causas muy concretas.

âLa invisible mano del mercado de trabajo precarizado encuentra su complemento institucional en el puño de hierro del Estado que se despliega con el fin de yugular los desórdenes generados por la difusión de la inseguridad socialâ?

El panorama punitivo del estado español articulado por las políticas patrocinadas por el Ministerio del Interior y por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias es más que preocupante. La masificación del sistema penal proviene de una política de estado, apoyada por los jueces y la Audiencia Nacional, que promueve cada vez medidas más drásticas para la aplicación y cumplimiento de condenas. En los últimos 20 años su puede identificar al menos 15 leyes, formal o materialmente, antiterroristas y dos reformas del Código Penal, la última en 2003 de evidente carácter regresivo.

Son datos conocidos, que hay que repetir cada vez que se pueda. Pero, aunque muy importantes, estos hitos y cifras no nos muestras el proceso de encarcelamiento, ni sus condiciones reales, ni el precio personal y social que debe pagar una persona que está o ha estado en prisión. Es aquí donde volvemos a hablar de hacinamiento, degradación, abandono, agresiones, torturas, etc. Es también en este proceso donde el momento posterior al encierro se muestra en toda su crudeza. Mientras la lógica de la guerra desarrolla su función de contención de una conflictividad creciente, propia de una sociedad cada vez más desigual, el peso de las condenas se traslada hacia fuera de los muros: a los familiares, amigos, a los âconocidosâ?, en definitiva, al medio social de donde provienen los condenados. Son castigos invisibilizados que exceden los espacios penitenciarios, a través de la proliferación de la industria solidaria compuesta por los centenares de ONGâs que se han instalado al centro de la política penal del Estado, constituyéndose como un verdadero dispositivo â âhumanitarioâ? - de cogestión de la punición.

En este contexto invitamos a reflexionar y debatir el post-encierro, âla condena Bâ?: reflexionar sobre la operación de marketing político que ha lanzado la Dirección penitenciaria para vender la utilidad social de sus cárceles. La llaman reinserción: queremos decir algo sobre el flujo económico que genera, sobre la producción de consenso que la industria solidaria administra. Dejamos a la Iglesia los remedios milagrosos. El castigo humanitario no existe, ni fuera ni dentro las cárceles, porque se muere de cárcel pero también de reinserción.
¿Qué pasa cuando una persona, superada la fase de privación de libertad en la cárcel, inicia el proceso de reinserción? ¿Qué sucede realmente cuando afronta el reingreso en aquello que llamamos Sociedad? ¿Quién controla y examina su conducta? ¿Quién sanciona su libertad? ¿Quién parásita su vida?

Atravesada por la violencia de la institución en la cual pagó su pena, a disposición del examen perpetuo de los agentes de la condicional, sitiada por la arrogancia de la tutela terapéutica de los agentes sociales, ONG´s, comunidades, etc. que gobiernan las condiciones de su readmisión social y laboral, una persona que ha pagado años de cárcel se encuentra frente a la violencia del trabajo precarizado. No está sola: miles de seres precarizados la acompañan, porque tod*s estamos siendo permanentemente reinsertad*s. Los inmigrantes que arriesgan todo, los estudiantes que salen del limbo de la universidad a trabajos mal pagados y temporales, los trabajadores de las fábricas cerradas o reducidas que deben reconvertirse, los técnicos que van quedando obsoletos, etc.

Reunirnos y volver a preguntarnos sobre la nueva disciplina reinsertadora, sobre la doble tecnología de encierro que se esconde en la âcondena Bâ? donde reinsertarse es sinónimo de confesar y expiar. El terapeuta es el empresario social de nuestra contemporaneidad: necesita pruebas tangibles para conceder la âaltaâ? de vivir. Porque en última instancia la libertad se obtiene superando el examen del mercado laboral, en el cual la situación de expresidiari* determina las condiciones de su trabajo y sus relaciones políticas y sindicales con sus jefes. ¿Acaso no es este proceso resocializador la tarea de reciclaje que emprende el sistema para contar con todo un potencial humano (hombre, mujer= mano de obra barata) que vivirá bajo una situación de amenaza continua? ¿Acaso la vida de estos hombres y mujeres es algo diferente de una vida vigilada?

Hay que preguntarse: ¿Conocemos aquellas entidades (empresas, multinacionales, etc.) que se enriquecen directamente de esta mano de obra precarizada?, ¿Cuánto ganan los sacerdotes de la reinserción?, ¿Quién paga estos tutores del proceso de reinserción?, ¿Qué relación existe entre ambos mundos, el empresarial y el solidario, en el marco de las políticas de reinserción de la Dirección General de Institución Penitenciaria?, ¿Desde cuándo y por qué participan las ONG´s y demás entidades de carácter social en la gestión de gobierno de lo social?, ¿A qué clase de convenios colectivos y condiciones laborales está sujeto el trabajo de mano de obra de un o una ex presidiaria? ¿Es vendida a precio de saldo? En definitiva, si la policía es sinónimo de higienización social ¿qué papel cumple la terapia cuando la reinserción se da en unas condiciones que: o se es prisionero del estado o súbdito del capital? 

OFICINA SOCIAL DE ANTROPOLOGÃ?A Y PRISIÃN
(BARCELONA, Octubre de 2008)

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Comentaris

Re: castigo+explotación: reinserción (Jornada anticarcelarias)
16 oct 2008
Hostia, no me lo puedo creer!!! Algo proviniente del mundo universitario bien pensado y bien orientado!!!

Felicidades por no sucumbir a la miopía académica.
Re: castigo+explotación: reinserción (Jornada anticarcelarias)
18 oct 2008
Se save de sobra que yo he pasado la mayor parte demi vida en centros de extermio. Pero tanvien es savido que dentro del mivimiento hay unos individuos que dicen ser anarquistas y solo son unos putos vividores que utilizan al movimiento en veneficio propio. Yo me considero un preso pero nunca hire a ningun acto empro de los presos, mientrras estosindividuos sigan dentro del mivimiento. Tienen tratos con la rama mas dura del sindicato de fun cionarios, son facha. Atraves del sindicato saben como manipular alos presos, pensar que tienen el istoriar de presos que sean tirado toda la vida presos, son informes elavorados por gente esperta, como psicologos o criminologos, no son anarquistas son mafiosos, y, es de esto de lo que deveis debatir, sobre el fascismo dentro del movimiento. Si os silvede algo os ditre que mi hermana estuvo en manos de estos perros y la obligaron a canviarse el apellido palllares por otro español. No quiero pénsar a que mas la obligaron. Yo soy anarquista de forma natural hodiop la violencia pero contra estos perros solo que da utilizar la violencia.
Sindicat