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Comentari :: pobles i cultures vs poder i estats
Izquierdas y Nacionalismo en Canarias (II)
10 oct 2008
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IZQUIERDAS Y NACIONALISMO EN CANARIAS (II)
Hay dos características que son consustanciales al âcomportamiento de izquierdasâ?. La primera es su âcarácter introspectivoâ? y la permanente puesta en cuestión de todo lo existente, incluyendo a su propia esencia, característica que nos lleva de lleno a la segunda, el âracionalismoâ?, que la conduce a rechazar frontalmente cualquier planteamiento político fundamentado en principios âreveladosâ? o de âorden superiorâ? o âde inspiración divinaâ? (praeterracional o supraracional) como sucedía en el Antiguo Régimen con el Trono (âtodo poder proviene de Diosâ? San Pablo) que resucita con los fascismos como el español (Francisco Franco, Caudillo de España âpor la gracia de Diosâ?). En este sentido la izquierda sería antignóstica más que agnóstica al no permanecer indiferente ante las pretensiones supraracionales.
Si pasamos ahora a la traducción estrictamente política de la dicotomía izquierda y derecha nos encontramos de nuevo con que lo que diferencia el concepto de âizquierda políticaâ? del de âsentimiento de izquierdaâ? es la voluntad transformadora de la sociedad existente en el camino a una sociedad sin la división entre explotadores y explotados, mientras que su opuesta, la âderecha políticaâ?, vendría definida por su defensa del orden existente, y por lo mismo, de la permanencia de un sistema que permite la explotación de unos hombres por otros, de unas clases por otras. La izquierda, pues, para serlo de verdad, es siempre revolucionaria y la derecha, también para serlo, es siempre conservadora.
La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica (1776) puede considerarse, por ello, como un acto político de una izquierda primigenia, aunque aún innominada como tal, ya que, aparte del hecho de la Independencia en si misma, establece por primera vez políticamente la IGUALDAD entre seres humanos y su derecho a cambiar el sistema de gobierno, eliminando el Trono, sostén del Antiguo Régimen, y poniendo al ciudadano como detentador del poder: âSostenemos que estas verdades son evidentes en sí mismas: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidadâ?. Quince años más tarde, en agosto de 1789, la Asamblea Nacional Constituyente francesa aprueba dos leyes fundamentales: la abolición de los derechos feudales y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Es de nuevo el comportamiento de una izquierda política que adquirirá tal nombre solo un mes después.
La nueva nomenclatura âizquierda vs. derechaâ? va a nacer de la configuración inicial de la Asamblea, en que a la derecha del Presidente se sentaban los Fuldenses, mantenedores a ultranza del sistema de privilegios y castas del Antiguo Régimen, condensados en sus instituciones claves: el Trono y el Altar, mientras que a la izquierda de la presidencia se situaban los Jacobinos encarnando la defensa de la soberanía del pueblo sobre el tándem Trono/Altar cuando el diputado Jean Joseph Mounier, monárquico moderado al estilo inglés de la época, puso a votación la cuestión del âVeto Regioâ?. Probablemente esa situación de âizquierdaâ? o âderechaâ? era algo más que un capricho topográfico del destino si tenemos en cuenta que la nobleza y la oligarquía se sentaba en las iglesias a la derecha del presbiterio y el pueblo llano a la izquierda y hasta Cristo, según reza el Credo católico, âestá sentado a la diestra de Dios Padreâ? y que la mano izquierda es la âsiniestraâ?, la âmano del Diabloâ? (recuerdo que en pleno franquismo se obligaba a los zurdos a aprender a escribir con la derecha). Va a ser esa posición lo que de nombre a los diputados, políticamente organizados, que, bajo el lema de LIBERTAD, IGUALDAD y FRATENIDAD dan fin al Antiguo Régimen e inauguran la Edad Contemporánea en la Historia, alumbrando el concepto de Estado Nacional en que la soberanía corresponde a la Nación, esto es, al Pueblo, y es justamente a la luz de estos tres conceptos básicos donde tenemos que buscar las diferencias claves entre izquierda y derecha.
Para la derecha la idea de libertad va directamente relacionada con lo âindividualâ? porque desde esta óptica la sociedad es solo la suma de los individuos -incluyendo siempre en lo individual a los individuos jurídicos como las empresas- libertad extendida fundamentalmente al âmercadoâ? como referente supremo de la sociedad de derechas actual y limitada por las Leyes, independientemente de que estas Leyes sean justas o injustas. âDura Lex, sed Lexâ?. Para la izquierda este concepto no es divisible y no debe tener más límites que el bien colectivo, porque pone el énfasis en la idea de que la sociedad es algo más que la suma de los individuos.
Esa visión de la sociedad propia de la derecha que hace del âinterés del individuoâ? (sea persona física o jurídica) el bien supremo a alcanzar, es la que determina su concepto de igualdad, que pasa así a tener apellidos que la concreten: la âigualdad ante la Leyâ?, la supuesta âigualdad de oportunidadesâ?â¦. logrando que ese interés individual âsobre todo económico- haga que unos sean más iguales que otros. Para la izquierda, que acentúa más el carácter social del individuo, la igualdad es un referente de aplicación general a todos los aspectos del modus vivendi â sociales, económicosâ¦- que, al menos como horizonte utópico, se pretende alcanzar, por lo que parte del hecho de que las desigualdades históricas âpor ejemplo, entre géneros- necesitan medidas desiguales para remediarlas. La fraternidad es, para la izquierda, el medio de avanzar hacia la igualdad y se expresa mediante la solidaridad, mientras la derecha, que no parte de supuestos igualitarios, la considera como un acto graciable que se practica con aquellos a los que considera inferiores en forma de caridad.
Sin entrar en las diversas versiones de la izquierda política, toda su formulación teórica arranca de Marx y Engels y se desarrolla luego por toda una serie de politólogos âaunque a Lázaro Carreter eso de âpolitólogoâ? le parece un neologismo mal construido- posteriores, y a pesar de las desafecciones y urticarias que el término âmarxistaâ? parece despertar entre algunos de sus herederos, como la socialdemocracia española que aprueba en el 28º Congreso en mayo del 79 con el 60% de los votos una ponencia que expresaba: âEl PSOE reafirma su carácter de partido de clase, de masas, marxista, democrático y liberalâ?, lo que provoca la dimisión fulminante de su Secretario General, Felipe González, y la inmediata convocatoria de un 28º Congreso âbisâ? cuatro meses después que certifique la âexpulsiónâ? de Marx del Partido y el âreingresoâ? de Felipe.
Si la socialdemocracia europea daba por muerto a Marx al inicio de los 80 y Gorbachov a mediados de la década -con la âGlasnostâ? y la âPerestroikaâ?- inicia el fin de la URSS y, luego, la caída del Muro berlinés a finales de la década certifica la implosión del denominado âsocialismo realâ? soviético, ¿habría con ello muerto el marxismo? ¿fue eso el triunfo total del capitalismo? El neohegeliano gringo, aunque de origen japonés, F. Fukuyama con su âFin de la Historia y el Ãltimo Hombreâ? (1992 pero basado en un ensayo de 1989) afirma, nada menos, que la Historia Humana como lucha de ideologías ây de clases- ha terminado al tiempo que la URSS con el triunfo de los âvalores occidentales de la Economía de Mercadoâ? y que la única opción viable era la âdemocracia liberalâ? tanto en lo político como en lo económico, iniciando el llamado âpensamiento únicoâ? que nos viene a decir que las ideologías ya no son necesarias porque han sido sustituidas por la economía y, en palabras del propio autor: Estados Unidos, es por así decirlo, la única realización posible del sueño marxista de una sociedad sin clases. Ha nacido el neoliberalismo y el pensamiento âneoconâ? al que la socialdemocracia rendirá pleitesía.
Desde el mundo Latinoamericano y el Caribe, el âpatio traseroâ? gringo, Eduardo Galeano plantea que para los oprimidos del mundo el supuesto âFin de la Historiaâ? significa realmente el desprecio total como destino: âPero, si los imperios y sus colonias yacen en las vitrinas del museo de antigüedades, ¿por qué los países dominantes siguen armados hasta los dientes? ¿Por el peligro soviético? Esa coartada ya no se la creen ni los soviéticos. Si la cortina de hierro se ha derretido y los malos de ayer son los buenos de hoy, ¿por qué los poderosos siguen fabricando y vendiendo armas y miedo?. El presupuesto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos es mayor que la suma de todos los presupuestos de educación infantil en el llamado Tercer Mundo. ¿Despilfarro de recursos?¿O recursos para defender el despilfarro? La organización desigual del mundo, que simula ser eterna, ¿podría sostenerse un sólo día más si se desarmaran los países y las clases sociales que se han comprado el planeta? Este sistema enfermo de consumismo y arrogancia, vorazmente lanzado al arrasamiento de tierras, mares, aires y cielos, monta guardia al pie del alto muro del poder. Duerme con un solo ojo, y no le faltan motivos. El fin de la historia es su mensaje de muerte. El sistema que sacraliza el caníbal orden internacional, nos dice: "Yo soy todo. Después de mí, nada" ¿Fin de la historia? Para nosotros, no es ninguna novedad. Hace ya cinco siglos, Europa decretó que eran delitos la memoria y la dignidad en América ây en Canarias y en todas las colonias, añadimos nosotros-. Los nuevos dueños de estas tierras prohibieron recordar la historia, y prohibieron hacerla. Desde entonces, sólo podemos aceptarla.â?.(Galeano; 1992)
La visión de la derecha de que el âsocialismo realâ? que impuso la burocracia soviética era ya el comunismo y el máximo desarrollo del socialismo, choca con la realidad del pensamiento marxista que, al partir siempre del marco material en que se está desarrollando, no es estático, y que, como la propia historia, es una categoría congruente, por lo que, al cambiar el marco material se producen desfases que obligan a replanteamientos, ârevisionesâ? que, si se realizan en la dirección basada en los análisis correctos, no son negaciones sino desarrollos de las tesis anteriores, como en su día hicieron, entre otros, Lenin, Gramsci o Mariátegui. Ni el marxismo ni el comunismo han fracasado. Solo se abre una nueva etapa y, por ello, más prometedora. Coincido con Carlo Fabretti cuando afirma que la caída del Muro de Berlín âno fue el principio del fin sino el fin del principio. Con el desmembramiento de la URSS terminaba la fase primitiva, infantil, del llamado socialismo real y empezaba una nueva etapa de maduración y desarrolloâ?. El desplome total del pensamiento neocon al que estamos asistiendo en directo sí que es el Fin de âsuâ? historia, la del imperialismo gringo y su cohorte financiera mundial. Requiem in pacem.
Nos queda por determinar la relación de estas ârevisionesâ? del pensamiento marxista y de las izquierdas en general con el nacionalismo, que será objeto de otra próxima parte.
Francisco Javier González
Gomera a 9 de octubre de 2008
Mira també:
http://www.kaosenlared.net/noticia/izquierdas-nacionalismo-canarias-ii

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Comentaris

Re: Izquierdas y Nacionalismo en Canarias (II)
10 oct 2008
Es un buen trabajo pero tiene algo de revisionismo. Además, entre las "revisiones" citadas, ¿como no están Stalin y Mao?
Re: Izquierdas y Nacionalismo en Canarias (II)
11 oct 2008
Yo lo veo muy correcto y bien trabajado desde un profundo conocimiento marxista,dinámico y realista
Re: Izquierdas y Nacionalismo en Canarias (II)
13 oct 2008
El canario es otro nacionalismo diferente de los europeos y en los trabajos de Francisco Javier (I y II) se nota. Veremos el próximo
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