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Notícies :: amèrica llatina
De traidor y dictador a paradigma nacionalista
10 set 2008
Una disputa interpetrolera precipitó en la década de 1930 la última guerra de Sudamérica. Paraguay y Bolivia sangraron por las venas de sus soldados en la vasta planicie esmeralda del Chaco Boreal, en nombre de la Standard Oil y la Shell, que se disputaban el subsuelo de la región.
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Tras sufrir un atentado en la Legislatura de Louisiana, Huey Long falleció en un hospital de Baton Rouge, un 10 de Septiembre de 1935. La fanfarria nazi del domingo en Paraguay, presidida por el poder ejecutivo, fue una mueca siniestra a esta historia.
Una disputa interpetrolera precipitó en la década de 1930 la última guerra de Sudamérica. Paraguay y Bolivia sangraron por las venas de sus soldados en la vasta planicie esmeralda del Chaco Boreal, en nombre de la Standard Oil y la Shell, que se disputaban el subsuelo de la región.
Paraguay, que vencería militarmente a Bolivia en una guerra de ejércitos descalzos, terminaría cediendo por un tratado infame la ubérrima zona petrolífera del Chaco que precipitó la matanza.

HUEY LONG INTERVIENE EN EL CONFLICTO INTER-IMPERIALISTA

Un legendario político de Louisiana y Senador norteamericano, Huey Long, iría a envolverse en esta disputa inter-petrolera acusando a la Standard Oil y a los Rockefeller de ser la mano negra detrás de la matanza paraguayo-boliviana por el Chaco Boreal (guerra del Chaco de 1932 a 1935), un 30 de mayo del año 1934.
Electo gobernador de Louisiana a fines de la década de 1920, se vio pronto enfrentado a la Standard Oil de Louisiana requiriéndole un impuesto por cada barril de petróleo a ser refinado para sus progamas sociales. Los amos en el negocio del kerosén pusieron el grito en el cielo y fraguaron un juicio político en busca de la destitución.
La Standard Oil emprendió una gran campaña de difamaciones, sobornó legisladores, chantajeó e intimidó físicamente a otros tantos, compró espacios en la prensa y hasta subsidió festejos populares en busca de su objetivo. A pesar de todo, Long contrarrestó con inusitada habilidad la turbulenta campaña adversa y terminó absuelto.
En la década de 1930 se había iniciado la producción en serie de automóviles, y el petróleo se iniciaba como âleitmotivâ? del intervencionismo norteamericano en Latinoamérica y el mundo. Personeros de la Standard Oil viajaban por el mundo apropiándose del recurso y fundando filiales que pretendían ser naturales de los países que expoliaban. Así nació la Standard Oil of Bolivia, instituída por Spruille Braden, luego cabeza de la conspiración contra el Paraguay en la Conferencia para la Paz del Chaco, quien insinuó al presidente boliviano Salamanca sobre la posibilidad de obtener armas y créditos para apoderarse militarmente del Chaco paraguayo y sus yacimientos petrolíferos.
No era América del Sur la que iba a imponer condiciones a su majestad el dólar.

Como lo expresara el escritor paraguayo Arnaldo Valdovinos, centenares de ametralladoras, manejadas por manos esclavas, rompieron el silencio de las selvas chaqueñas, festejando el triunfo de sus amos. En varias de sus novelas más celebradas, Augusto Roa Bastos narró los episodios más trágicos de un ignominioso capítulo de la expansión imperialista en Sudamérica, en que los condenados paraguayos parasitados y desnutridos, debieron empuñar el fusil para defender el subsuelo y los latifundios extranjeros que se extendían sobre la vasta planicie esmeralda del Chaco Boreal.
Cuando el 15 de enero de 1935 la Sociedad de las Naciones decidió levantar el embargo de armas que pesaba sobre Bolivia, manteniendo el mismo sobre Paraguay, Huey Long declaró a la prensa: âEsta decisión de la Liga de las Naciones no es más que un mensaje dirigido al Paraguay y firmado por Rockefeller que dice: No toquen los lugares donde hemos localizado pozos del petróleoâ?.
Obviamente, el senador había incursionado en terreno fangoso y los sucesos no tardaron en demostrarlo.
El 8 de septiembre de 1935, habiendo abandonado el senador Long con sus guardaespaldas una sesión especial en el Capitolio Estatal de Baton Rouge, adonde había arribado desde Washington buscando zanjar en cuestiones locales de su estado, un desconocido se le acercó al amparo de la oscuridad y en ese momento se escuchó un disparo. La guardia de Long abrió fuego contra el sospechoso ocasionándole a su turno 51 heridas de bala antes de ser éste identificado como un joven y respetado médico, Carl Austin Weiss, proveniente de una familia de reconocida alcurnia en la sociedad local.
Posteriormente se sabría que Weiss había actuado como cabeza de turco y que las balas que impactaron en Long tenían otra procedencia. En las primeras horas del día 10 de septiembre, hace 74 años, fallecía el senador en el Hospital Our Lady of the Lake, víctima de la avidez sin límites del imperialismo petrolero, y la Standard Oil tenía las manos libres para quedarse con el petróleo del Chaco. Con la guerra entre Bolivia y Paraguay como telón de fondo, se había cerrado uno de los más infames y controvertidos capítulos de la historia norteamericana.

LA ENTREGA DEL CHACO

Spruille Braden es siempre recordado cuando se habla del ascenso al poder de Juan Domingo Perón, como el diplomático a quien el caudillo argentino desafió con el exitoso eslogan âBraden o Perónâ?, que le permitiò ganar las elecciones de 1946. Según su colega británico David Nelly, Braden tenía la idea fija de que había sido elegido por la Providencia para derrocar al régimen Farell-Perón. Pero este petrolero-diplomático tejano tenía también otras historias.

En 1971 Braden acabó publicando sus memorias, que llevaron el título original de âDiplomats and Demagogues: the Memoirs of Spruille Bradenâ? (New Rochelle, Arlington House). En las páginas del libro los paraguayos pudieron constatar, confesado por el mismo interesado, lo que siempre habían sospechado con respecto a las negociaciones para la paz del Chaco en 1938. El resultado era de esperarse en las tratativas, considerando los negociadores que presentó el Paraguay.

El mismo Braden consignó en sus memorias, de manera burlona, que en una oportunidad tuvo que ayudar a levantarse de su silla al anciano negociador paraguayo Cecilio Báez para llevarlo al baño y dejaron entonces una línea de orina en todo el recorrido.

A la senilidad de Báez vino a agregarse el desmedido afán de protagonismo del secretario de la delegación paraguaya Efraim Cardozo, quien informaba al delegado norteamericano de todo cuando acontecía en el seno de la comisión paraguaya, comprometiendo seriamente de esta manera los intereses de su país. En ese contexto, Cardozo fue responsable de que sustituya el arbitraje de derecho por el arbitraje de hecho, en fórmula que llamaron âex aequo et bonoâ?.

Así en los primeros días de julio de 1938, un comité formado por los delegados Braden, Ruiz Moreno y Barreda Laos (de Estados Unidos, Argentina y Perú respectivamente), empezaron a elaborar un tratado secreto que, según ellos, proveería tanto a Paraguay como a Bolivia, mutua satisfacción. En realidad hoy sabemos que el tratado preservaba para Bolivia âpero sobre todo- para la empresa petrolera Standard Oil unos 38 mil kilómetros cuadrados de ubérrimo territorio petrolífero en poder de los paraguayos.

El doctor Zubizarreta, jefe de la delegación paraguaya, se negó a participar de semejante engaño y viéndose presionado, el departamento de estado norteamericano considerando su interés por preservar los pozos petrolíferos para una empresa estadounidense solicitó la intervención del embajador paraguayo en Washington, el general José Félix Estigarribia. Ãste fue comisionado de urgencia por los norteamericanos a Buenos Aires donde, tras protagonizar una fuerte discusión con Zubizarreta, lo desplazó de la jefatura de la delegación paraguaya.

El inefable Braden afirma con ironía en sus memorias que tuvo que despedir al jefe de la delegación paraguaya que entorpecía sus planes.

En la madrugada porteña del 9 de Julio de 1938, en el más estricto sigilo, se firmaría el tratado favorable al imperio petrolero que incluía una cláusula de permanecer para siempre en secreto. En él Paraguay renunciaba a todo arbitraje y cedía a Bolivia un extenso territorio entre la frontera actual y el límite natural e histórico del Chaco al noroeste, el río Parapití, muy renombrado en la cultura popular paraguaya.

Se había consumado lo que historiadores paraguayos denominaron âel día de la infamiaâ?, la traición que hoy es la mejor documentada de la historia paraguaya. Braden lo confesaría cuatro décadas más tarde: âSólo la prensa y el público fueron engañados, pero ello era vital para restablecer la paz. Una vez logrado el acuerdo, ya no era necesaria mi presencia en Buenos Airesâ?.

EL TRAIDOR SE CONVIERTE EN DICTADOR NAZI

José Félix Estigarribia no sólo fue el entregador del área petrolífera del Chaco Boreal a la Standard Oil company y a Bolivia por el acuerdo de paz de Julio de 1938 en Buenos Aires, en la mejor documentada traición de la historia paraguaya. También fue el dictador neo-nazi que con un autogolpe abrió, en febrero de 1940, una oscura etapa de totalitarismo, traición y obsecuencia al imperio norteamericano en Paraguay, que sería continuada por Higinio Morínigo y Alfredo Stroessner.
Aunque Estigarribia es recordado en forma casi exclusiva, por los autocensurados historiadores paraguayos, en su carácter de comandante del ejército que enfrentó a Paraguay y Bolivia en una guerra inter-imperialista por el petróleo del Chaco, azuzada por la Standard Oil Company y la Shell- también es responsable del funesto legado autoritario que dejó al Paraguay con su herencia Nazi-Fascista y sus leyes represivas. Ver:

http://www.blogsincensura.com.py/html/articulo1.htm

LA FUERZA DEL PASADO NAZI EN PARAGUAY

Las leyes represivas nazi-fascistas que impuso por decreto José Félix Estigarribia en julio de 1940, fuertemente influenciado por Hitler y Mussolini, no eran casualidad en un país donde habían echado raíces las ideas Bernard Foester, quien a fines del siglo XIX intentó crear una colonia de arios puros en este país sudamericano.
Fuertemente influenciado por estas ideas nazis, Estigarribia abrió la dinastía totalitaria en 1940.
Aunque de 1940 al 2008 han pasado casi siete décadas, sorprende reconocer hoy lo mucho que los liberales siguen pareciéndose a sí mismos a lo largo de su propia historia.

No por casualidad el actual gobierno glorificó al dictador José Félix Estigarribia, quien inauguró el 18 de febrero de 1940 la etapa totalitaria nazi-fascista en Paraguay, que iría a consolidarse el 13 de enero de 1947. Tanto hoy como en 1940, el fantasma del autogolpe ronda las mentes de los sátrapas de turno, que en ambos casos fueron convocados desde ámbitos extraños al partido liberal.
¿Cómo se convierte a un traidor y dictador en paradigma nacionalista? La respuesta se encuentra mucho más en el deseo de jerarcas militares de justificar su entreguismo y obsecuencia a los imperios, así como sus afanes de lucro y deslices en ilícitos como el narcotráfico y el contrabando, que en los ilusorios méritos de héroes inventados.
La defensa que hiciera Huey Long del Paraguay, en tanto, sigue siendo un tema olvidado en las efemérides de la historia paraguaya, mientras se siguen glorificando dictadores y traidores, una alegre forma de asesinar a la historia.
Mira també:
http://www.democraticamente.com

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