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Breve imagen de la Argentina "oficial" y de la real, por Ernesto Eduardo Martorell
07 ago 2008
Un lucido sumario del inevitable derrumbe de la Argentina actual.
Breve imagen de la Argentina âoficialâ? y de la real


Por Ernesto Eduardo Martorell



âEstamos mal, pero vamos bienâ?
(Carlos I de Anillaco, circa 1994)

1. La crueldad de los números



Mi padre, que era doctor en ciencias económicas, solía decirme siempre que âen economía se puede hacer verdaderamente cualquier cosa; lo que no se puede, es evitar las consecuenciasâ?. Y así como a mediados de la década de los 80, un presidente argentino (Raúl Alfonsín) difundía la idea faraónica de trasladar la Capital a Viedma mientras el descontrol económico de su gobierno terminaría entre fines de 1988 y 1989 en una inflación del 4300% anual (¡), las âideas fuerzaâ? que se difunden hoy en nuestro país pasan por el meridiano de sostener que âla economía no se enfrióâ? y âel consumo creceâ?, mientras que a ciudadanos que ni siquiera tienen asegurado un viaje en tren por el corredor Buenos Aires-La Plata (menos de 70 km), por la vetustez de las locomotoras y los trenes, y el alto riesgo causado por el mal estado de las vías, se los compromete en el pago de dos âtrenes balaâ? a un costo de US$ 3500 millones (o vaya a saber cuánto) cada uno. Ello sin informarles que los mismos han sido desechados âpor ejemploâ por los EE.UU. para cubrir recorridos no rentables en distancias y circunstancias análogas a las de aquí por caros e inamortizables, como el planeado para unir la Capital con Mar del Plata, que sólo posee un flujo suficiente de pasajeros dos meses por año.

Sin embargo, más allá de enfrascarnos en discusiones en torno a lo que los inversores extranjeros juzgan como un país laberíntico siempre propicio para los experimentos excéntricos, resulta imprescindible atender a lo que muestran indicadores reales y confiables sobre el statu quo actual.

En ese sentido, y privilegiando lo espiritual, más allá de la situación de recelo con la cual se ve a la Iglesia Católica desde el balcón oficial, no se puede dejar de atender lo dicho por el Obispo de San Isidro âMonseñor Casarettoâ acerca de que crece a diario la cantidad de quienes le piden a Cáritas alimentos para subsistir, y que âdesde un punto de vista científico la pobreza está en aumentoâ?(1).

Desde una perspectiva meramente técnica; esto es, si se dejan de lado los âcucosâ? de las confabulaciones imperialistas, âel golpismoâ? y las âintrigas neoliberalesâ? a las que suelen recurrir permanentemente como argumento ex jóvenes del pasado fascinados por ideas truculentas, la posición exterior de la República Argentina es sumamente delicada.

En efecto, pese a la leve mejora del superávit fiscal primario (obtenida a costa de una presión tributaria ya ahora insostenible), no se pudo evitar que la deuda pública aumentara un 6% en dólares en 2007 (tal como ocurriera, a su vez, también en 2006), elevando el pasivo a US$ 144.728,6 millones, que se estima hubiera sido una suma sensiblemente superior si el gobierno no hubiera âarrasadoâ? el INDEC y âpinceladoâ? sus mediciones.

Consecuentemente, ya hoy la âdeuda externaâ? âcuya ârefinanciaciónâ? fuera exhibida como logro principal de la actual administraciónâ supera a la existente el último año del denostado gobierno de Fernando De la Rúa.

Efectivamente, cuando aquél nos llevara al fatídico default, la misma era de US$ 144.222, con un agravante: en diciembre de 2001 la misma equivalía al 54% del Producto Bruto Interno (PBI), mientras que hoy ya es del 56% (¡!)(2).

Empero, esto no es todo, porque si computamos los títulos públicos argentinos en manos de los holdouts (o sea, el grupo de acreedores que optó por no cambiar sus títulos en cesación de pagos en el canje de la deuda de 2005), la deuda externa llegaría hoy a unos 170.000 millones de dólares, consumiendo el 67% del PBI(3).

Además, según el Director de Calificaciones de Standard & Poorâs, Dr. Joydeep Mukherji, âla Argentina es el país más rico con la nota más bajaâ?, lo que adjudica a âun largo historial de volatilidad que aún no superóâ? y âa la manipulación por parte del INDEC del índice de inflaciónâ?. Si a ello se le agrega el que ningún sindicato argentino acepta hoy la tasa de inflación oficial (piensan en cerca del 30%), aunque nuestro país tenga el mejor nivel de infraestructura y de capital humano de toda América latina(4) igualmente espanta al inversor.

Pero la cosa no termina aquí, porque mientras la inversión extranjera directa (IED) en América latina fue récord en el año 2007: US$ 106.000 millones de dólares, y la destinada a la República Federativa del Brasil creció 84,3%, âadquiriendo nuestros hermanos la calificación de investment gradeâ la que vino aquí sólo lo hizo un 13,6% (¡!)â?, Merrill Lynch aconsejó vender Argentina y comprar Líbano pese a que âcomo se sabeâ este último es un país cuasi-beligerante, en cuyo territorio operan milicias privadas como Al Quaeda y la Falange de Gemayel, por estimar âque la inflación no podrá resolverse sin costos significativosâ?(5).

Por otra parte, al mes de mayo de 2008 la Administración ya se había consumido el 45% del Presupuesto del año en âsubsidiosâ? para evitar aumentos de servicios públicos e insumos y no pagar costos políticos(6); esto es, sin efectuar inversiones reales que aparejen algún beneficio futuro para la población. Pensemos, y ello es sólo un ejemplo, que el gobierno importa el barril de petróleo a US$ 130, unos $ 411, para venderlo en el mercado interno a US$ 42 dólares, o sea, a $ 130.

¿Hasta cuándo podrá mantenerse esto con la nafta, la energía eléctrica, el trigo y cada vez más cosas sin generar una gran deflagración?(7)

Dicho con otros términos, la perversidad de lo que exhibe el day by day argentino viene motivando âsegún informes conjuntos de la Pontificia Universidad Católica Argentina (me refiero al âIndice General de Expectativas Económicas o IGEE de la UCA) y de Ecolatinaâ que âlos pequeños ahorristas retiran depósitos de los bancos para volcarse al dólarâ?(8).

Desde la perspectiva de la solidez financiera del país, las reservas internacionales bajo administración del Banco Central (BCRA) cumplieron âal viernes 6-6-08â su 10ª (décima) semana consecutiva de caída(9), retrocediendo en escasos días US$ 2238 millones, de los cuales $ 6000 millones se fueron sólo en cuatro semanas (¡!)(10), cayendo un 44% la oferta local de capitales(11) a raíz de la âmaestríaâ? (?) del manejo del conflicto campo-gobierno, por el temor de los ahorristas a nuevos defaults, âpesificacionesâ? y otras âlacrasâ? por todos conocidas. Y, desde que empezó la batalla del PEN real prácticamente contra todos, se habrían fugado cerca de US$ 9000 millones(12).

Agotada toda posibilidad de inversión para el ahorrista, por falta de atractivo, la calificadora de riesgo Standard & Poor redujo de estable a negativa la perspectiva asignada a sus calificaciones sobre la deuda emitida por la Argentina, tras lo cual se produjo un verdadero âderrumbeâ? en los precios de los Bonos(13), tal el caso del âBono Parâ? que âpensado por el Ministerio de Economía como vedetteâ cotiza a menos del 22% de su paridad, sumándose a ello el congelamiento de Bonos Global por US$ 17.000 millones, dispuesto por el juez norteamericano Thomas Griesa, a raíz de un planteo de accionistas que se negaron al âcanje-Kirschnerâ? en el año 2005(14).

Es tal el revival de vuelta al pasado que estamos viviendo que, aunque parezca mentira, la incertidumbre creada por âEl Príncipeâ? ha logrado que cada día más ahorristas se vuelquen al oro, en lo que los analistas llaman âuna opción de refugioâ?(15).

Finalmente: ¿Puede confiarse hoy en el dinamismo de la actividad privada para revertir la situación actual incrementando la producción de bienes y servicios?

En lo personal entiendo que no, y ello se debe a que la actual Administración logró concretar un nuevo hito en la economía argentina: el Estado ya tiene más trabajadores registrados â1.173.778 personas desempeñándose para el sector públicoâ que la industria manufacturera (uno de los principales rubros empleadores del país), cuyo plantel sólo asciende a 1.170.124 trabajadores (¡!)(16).

2. ¿Por qué no se invierte hoy en nuestro país?

No son pocos quienes sostienen que, si efectuamos un racconto histórico, hallaremos que quizás la última vez que alguien arribó a la Presidencia de la Nación con un pensamiento estratégico fue en el año 1958 (Arturo Frondizi).

En esa oportunidad, y en la convicción de que no nos podíamos limitar a volver al modelo económico agro-exportador, se diseñaron políticas de integración productiva entre los distintos sectores, potenciándose la siderurgia, la industria pesada y la petroquímica, otorgándosele protagonismo a las inversiones de capital y a las tecnologías intensivas, en un marco de desesperante inestabilidad política, signado por veintiséis planteos militares y seis intentos de golpe de Estado que, con el tiempo, terminarían con el Presidente preso y una nueva frustración nacional.

Curiosamente hoy, que nos encontramos ante un momento único de nuestra historia, dado que la Argentina posee el 30% de su PBI exportable (lo cual nunca ocurrió, puesto que en épocas de âLa República Conservadoraâ?, cuando éramos el 6º país del mundo, no llegaba al 20%)(17), el riesgo país o riesgo argentino superó los seiscientos puntos, llegando a su mayor nivel de los últimos tres años(18).

¿Por qué la inversión extranjera âde riesgoâ? es prácticamente inexistente hoy en la República Argentina?

Para comenzar, según el último Indicador de Gobernabilidad (2007) del Banco Mundial, dado a conocer el 25-6-08 en Washington, mientras Dinamarca y Luxemburgo se encuentran compartiendo el primer puesto en el Indice de Calidad de Políticas Regulatorias, la Argentina está 167, al lado de Bangladesh, Yibuti, Haití y Tuvalú (¡!), considerándoselo un país que ahuyenta negocios(19).

Por otra parte, ya en abril de este año, el informe mensual del IAEF (Instituto Argentino de Finanzas) advirtió la fragilidad de la situación argentina, motivada por tres hechos:

El primero: que la dinámica de la crisis financiera internacional impacte las economías emergentes y se produzca una caída en los precios de los commodities a niveles significativamente menores que los de hoy;

El segundo: la aceleración de las expectativas inflacionarias argentinas que, mientras la Universidad Torcuato Di Tella estima en un 32,8% para el 2008, desde el interior es vista acercándose al 36,7%;

El tercero: el agotamiento de los márgenes de relación entre los salarios, el tipo de cambio y los precios, llevando a un dilema: ¿Se intentará recomponer la relación frenando la suba de sueldos o acelerando el deslizamiento del tipo de cambio (esto es, con una devaluación)? Y ello porque, de hacerse esto último, se producirá âindefectiblementeâ una caída de la confianza del consumidor(20).

Resumiendo: frente a la realidad de los hechos, hoy Venezuela es el único país que le presta dinero a la República Argentina, lo que se hace en medio de gran pompa y cuando todavía no se han aquietado âlos fastosâ? (¡!) por la cancelación de la deuda que mantenía nuestro país con el Fondo Monetario Internacional. Empero, lo que no se le dice a nadie al respecto son dos cosas:

La primera, que mientras la deuda con el FMI devengaba una tasa de interés apenas superior al 5% anual, y la que todavía se mantiene con el Club de París conlleva apenas el 5,3% de interés, los fondos que nos facilita âel tío Hugoâ? (Chávez) nos llegan al 13% anual, con grave daño a nuestra soberanía.

La segunda, que aun cuando la República Bolivariana de Venezuela nos ha âinyectado fondosâ? comprándonos cerca de 5000 millones de dólares en los últimos tres años, no sólo dicho financiamiento es hoy el más caro del mundo, sino que viene acompañado de condicionalidades, como lo muestra el silencio casi suicida mantenido por nuestro país ante la reestatización de la siderurgia Sidor, de capitales argentinos (Techint), que realizara el gobierno del presidente Chávez a fines de 2007.

Lo que tampoco nadie alcanza a explicar es cómo la Argentina âcuyo panorama social de 2008, ante la poco feliz política fiscal de âretenciones móvilesâ?, se ha vuelto un âreñidero de gallosâ?â obtendrá crédito para cancelar o renovar 8500 millones de dólares de deuda, a los que se suman 6000 de intereses; o sea un total de 14.600 millones, con más US$ 11.800 millones de dólares en 2009 y 10.500 en 2010, dado que todas las opciones para obtener financiamiento que poseen las administraciones normales están haciendo agua por la pérdida de confianza(21).

Y, si de analizar lo más cercano en el tiempo se trata, pensemos que el 2009 es un año electoral y parece sumamente dificultoso que, sin enormes âdistribucionesâ? de lo que todavía queda de âlos años de bonanzaâ? (2003, 2004, 2005 y 2006) âlo que sería lo mismo que âintentar apagar un incendio con naftaâ?, por las desastrosas consecuencias que a nivel de inflación y otros males no menores podría desatarâ la administración actual pueda salir del paso sin ajustes tan feroces como los que se suelen imputar a âgolpistasâ?, âneoliberalesâ? y a las demás deidades infernales de la extravagante demonología oficial.

II
Riesgos del inversor frente al porfolio (?)
de inversiones que ofrece hoy la Argentina

âSi logramos pasar 2010 sin confiscación de depósitos y sin crisis financiera, la confianza, la credibilidad, la previsibilidad habrán ganado un gran pasoâ? (Lic. Felisa Miceli, Ministra de Economía de la República Argentina: Conferencia del martes 5-6-07) (!!)(22)

1. Riesgos causados por âEl Príncipeâ?

Tal como sostuve en algún trabajo anterior(23), según el informe denominado âGrandes Empresas de la Argentinaâ? que elabora el INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos), ya a fines del año 2005, dos de cada tres empresas de envergadura eran âde capital foráneoâ?(24).

Pero esto no es todo, porque siempre a tenor de los datos suministrados por dicha fuente oficial:

â Si se compara el valor de producción la relación se quintuplica;

â Si lo que se mide es âel valor agregadoâ?, el de las compañías extranjeras es seis veces mayor que el de las de capital nacional;

â Si lo que se pondera son las âutilidadesâ?, la diferencia entre las empresas nacionales y los 2/3 de empresas con participación extranjera es once veces mayor;

Finalmente, mientras que de las quinientas empresas más grandes del país, en doscientas noventa y cuatro la participación de capital extranjera supera el 50%, en el período 2003/2005 han sido estas últimas las que más incrementaron sus planteles de personal; o sea, son las que más trabajadores contratan(25).

Por otra parte, y ya desde lo puntual, el último quinquenio vió pasar a inversores de capital de países vecinos a empresas nacionales consideradas âlíderesâ?, puesto que:

â âLoma Negraâ? (ex âGrupo Fortabatâ?) fue vendida al âGrupo Camargo Correiaâ?, de origen brasileño, en más de US$ 800 millones;

â âPecomâ? (ex âGrupo Pérez Compancâ?) se vendió al âGrupo Petrobrásâ?, de capital brasileño, en aproximadamente 1300 millones de dólares;

â âAcindarâ? (ex âGrupo Acevedoâ?) fue transferida al âGrupo Belgo Mineiraâ?, de origen brasileño, y luego al gigante indio Arcelor-Mittai;

â âQuilmesâ? (ex âGrupo Bembergâ?) fue vendida al âGrupo AMBEVâ?, de capital brasileño, en más de 1000 millones de dólares;

â âAlpargatasâ? (ex âGrupo Clutterbuck-Zavalía Lagos y otrosâ?) fue adquirida por el âGrupo Camargo Correiaâ?, de origen brasileño, y;

â âEditorial Atlántidaâ? (ex âGrupo Vigilâ?), fue adquirida por el âGrupo Televisaâ?, de origen mexicano, en cerca de 70 millones de dólares(26).

Finalmente hoy ây ello es sólo un ejemploâ el capital brasileño controla el 80% de la producción de calzado deportivo (zapatillas) del país, y el 60% del denim (loneta destinada a la confección de blue-jeans)(27), lo que da una pauta clara de la significativa transformación de la realidad societaria argentina ocurrida en los últimos años(28).

¿Por qué está en venta prácticamente todo el parque industrial argentino?

¿Por qué, por ejemplo, nuestros hermanos brasileños exhiben sociedades cada día más poderosas que no sólo se expanden en su país sino que avanzan en el exterior adquiriendo empresas extranjeras, mientras las familias argentinas de raigambre industrial se desprenden de sus compañías dejando de producir?

Para comenzar, el alienante contexto económico nacional y las crisis endémicas que nos azotan ây, en particular, la endeblez de nuestro sistema financiero y del mercado de capitalesâ implican un permanente castigo para los activos empresariales âatornilladosâ? a nuestro suelo.

Siendo así las cosas: ¡cómo no les van a interesar a los extranjeros nuestras empresas si se cotizan a precio de ganga!(29).

Si a ello se le suma el temor de los ahorristas locales (fundado en los hechos y la historia reciente (léase, âEl Rodrigazoâ? de Isabel Perón en 1975; âla tablitaâ? del dictador Videla en 1980/81; âel desagioâ?, el âPlan Primaveraâ? y la hiperinflación de Alfonsín de 1987-89; el âPlan Bonexâ? de Menem de 1991; âla pesificaciónâ? y la maxidevaluación de 2001/2002 de Duhalde, y un vasto etcétera) que prefieren colocar sus capitales âcon el fin de preservarlosâ a tasas bajas en el sistema financiero internacional, cuando no âen los colchonesâ?, viene llevando desde hace años a los empresarios argentinos a buscar ârealizarâ? sus activos en el país y âposicionarseâ? (?) en dólares y/o en euros en el exterior, para preservar el patrimonio familiar(30).

Resumiendo: es el llamado âHecho del Príncipeâ?; esto es, la recurrente impericia de nuestros sucesivos Jefes de Estado âsiempre acompañada por la exorbitante avidez crematística de una clase política parasitaria y venalâ y su acabada impotencia para controlar al Estado y para ponerle límites a la sociedad civil en su fervor consumista, la que lleva a la comunidad âcontinuamenteâ a crisis cíclicas, impulsando la desnacionalización permanente de nuestras empresas(31).

2. El riesgo motivado por la crisis económica endémica

Si bien es cierto que en algún momento la Argentina decidió dar comienzo a un ciclo de âsustitución de importacionesâ? que en los hechos daría lugar a lo que desde el populismo suele denominarse la burguesía nacional, no es menos cierto que el proceso de industrialización inaugurado por el general Perón en 1945 promovió la radicación industrial masiva sin distinguir entre empresas que tenían posibilidades reales de competir y las que no.

Como a este proceso se le fue sumando el crecimiento masivo de la burocracia estatal, la única manera de sostener el modelo fue subsidiar los bajos salarios que el mismo podía pagar avanzando (¿apropiándose?) sobre los abundantes recursos que generaba el alto grado de competitividad de la producción agropecuaria.

Finalmente, en los últimos años âpara ser más preciso, en el último quinquenioâ se fue acentuando descomunalmente la presión tributaria sobre el único sector que estaba verdaderamente en condiciones de competir y salir airoso en los mercados internacionales: el agro, para ir armando una verdadera âmadejaâ? de subsidios a la nafta, a la energía, al trigo, a la carne y prácticamente a todo, afectándose recursos que debieron haberse aplicado a la industrialización del país.

Hoy, quien se acerca a la empresa argentina se ve afectado por un triple riesgo.

Para comenzar, pese a la âmejoríaâ? de la situación de los trabajadores permanentemente mencionada en el discurso oficial, los últimos doce meses exhiben lo que algún diario denominó âimparable crecimiento de huelgasâ?(32), dado que sólo en los últimos doce meses hubo seiscientos treinta y ocho conflictos (¡!), triplicando la administración Kirchner la conflictividad laboral promedio âllegando a su nivel más alto desde 1980â?(33).

Tenemos, entonces, un altísimo nivel de descontento e inconducta laboral lo cual, como se sabe, opera como desincentivo para cualquier emprendimiento industrial de envergadura.

Pero, además, es algo conocido que âaunque desde las altas esferas está practicamente prohibido mencionarloâ el déficit energético al que hemos llegado, fruto del congelamiento de tarifas, la desinversión en equipamiento en generación y la falta de crédito internacional (fruto de los âpatrióticosâ? [?] canjes de deuda, que âbirlaranâ? a los inversores en títulos públicos argentinos sus ahorros), impide hoy producir a pleno, aún en aquellos casos en que la llamada âcapacidad instaladaâ? perfectamente lo permitiría.

Valga como ejemplo un solo caso âel de âAcindarâ?â que, pese a haber destinado una inversión de US$ 140 millones en el año 2007 a su planta siderúrgica sobre el río Paraná, perdió la producción de 34.000 toneladas de acero por falta de electricidad y gas, no obstante la inyección de fondos que le diera el poderoso grupo indio Arcelor-Mitai, hoy su dueño(34).

Finalmente, tampoco las empresas pueden hoy acceder al crédito mediante mecanismos genuinos de financiamiento, como la emisión de las Obligaciones Negociables (ON) y/o de títulos análogos, porque las crisis endémicas, al motivar permanentes presentaciones de aquéllas en concurso preventivo o su recurrencia al temible e inmoral âAcuerdo Preventivo Extrajudicialâ? (APE) (35), han hecho que âsólo en los últimos tiemposâ quienes se acercaron a firmas consideradas âde primer nivelâ? para incorporar emisiones de las mismas a su porfolio vieran afectados nada menos que la friolera de US$ 5657 millones (cinco mil seiscientos cincuenta y siete millones de dolares), que en no pocos casos fueron fruto de renegociaciones, âquitasâ?, âesperasâ? o ambas, efectuadas âsiempreâ en perjuicio del inversor(36).

3. El riesgo motivado por la âno factibilidadâ? de ajustes

Pero además, y tal como lo recuerda mi amigo Alejandro Borda, âLa indexación implica un reajuste automático de precios de acuerdo a la variación del índice que se haya tenido en cuentaâ? lo cual, prohibido en su momento por la âLey de Convertibilidadâ?, fue luego confirmado por la ley 25.561, que instituyó la llamada âpesificaciónâ?, manteniendo la veda para el empleo de cláusulas de actualización que tengan en cuenta las variaciones de precios según índices oficiales(37).

Esto es lo que hace que hoy, en el año 2008, y cuando desde organismos especializados como Poliarquia Consultores âen relevamiento efectuado para el CIF (Centro de Investigación y Finanzas) de la Universidad Torcuato Di Tellaâ esperan que la inflación alcance un promedio de 36,7% en los próximos meses(38), quien contrata no pueda implementar ningún índice de ajuste âpor estar prohibidosâ y, aunque pudiera hacerlo, al estar totalmente âdibujadosâ? los que suministra el INDEC, resulta absolutamente imposible no sólo obtener los datos más elementales de nuestra economía (como ser los índices de pobreza, de desempleo o de aumento de precios al consumidor), sino también mantener en moneda constante la equivalencia de prestaciones en los contratos.

Véase si no, la verdadera âentelequiaâ? por la que deben pasar quienes quieren firmar hoy un contrato de alquiler que los cubra de la expectativa inflacionaria y evite que se envilezcan los cánones pactados(39).

Sean como fueren las cosas, ni es serio lo que nos está pasando en la materia, ni es justo que en el país de Dalmacio Vélez Sársfield, Lafaille, Salvat, Borda, Halperín y Ramón Castillo, se haya degradado tanto nuestra cultura jurídica como para haber llegado hasta este âpisoâ? (¡!).

III
Los argentinos y la âcolocaciónâ? de fondos
off shore (âblancosâ? y de los otros)

âLas finanzas occidentales son la peor manera de asignar capital, excepto por todas las demás formasâ? (Sir Winston Churchill)

Si se analiza el cuadro ya mencionado de crecientes expectativas inflacionarias, la ausencia total en la Argentina de un clima de negocios que frena todo eventual proceso de inversiones, la caída del salario real y el deterioro de las cuentas fiscales que genera un permanente aumento de la presión tributaria(40), se entiende por qué se está volviendo a hablar âdesde hace bastante más de un trimestreâ de âvolatilidadâ? de los depósitos bancarios.

Por otra parte y yendo ya al análisis de la fauna que âcolocaâ? dineros off shore, suele ser muy variado el perfil de quienes invierten sus fondos âconvertidos en divisas (entendiendo por tales a las llamadas âmonedas fuertesâ?; léase, euros, dólares, etc.)â en otras plazas bancarias, por lo común los llamados âparaísos fiscalesâ? o âpaíses de baja tributaciónâ? (Virgin Islands, Cayman, Principado de Lichtenstein, Grenada, etc.).

Sin embargo, hay varias situaciones emblemáticas en las que encuadran estos âahorristasâ? o âinversoresâ? tan particulares, entre las cuales âsegún lo indica la experiencia argentinaâ los casos de políticos corruptos vertiginosamente enriquecidos, sindicalistas eternizados en sus cargos de âdefensores de la justicia socialâ? (?) y empresarios, comerciantes y financistas con ingentes recursos carentes de todo seguimiento fiscal âlos habitualmente llamados âfondos negrosâ?(41)â suelen ser los integrantes más comunes del cardumen aludido.

Si volvemos una vez más al panorama argentino, veremos que información muy reciente nos indica que en el primer trimestre de 2008 (enero-febrero y marzo), ahorristas no residentes (argentinos) generaron un crecimiento de un 8,4 % del total de los depósitos en el sistema bancario del Uruguay(42); situación ésta que se habría casi duplicado en el trimestre posterior.

Ese incremento originario, calculado en US$ 820 millones, es totalmente independiente del utilizado por argentinos que âhuyendo de los graves efectos de nuestra política económicaâ han venido comprando campos en el Uruguay, sosteniéndose que hoy más del 30% de la superficie sembrada de la ROU es de argentinos y/o de empresas de capital argentino y que, en este caso, tal corriente inversora obedece al miedo a eventuales corridas y/o reprogramaciones como las del período 2001-2002, o a la repetición de nuevos âcorralitosâ?.

Sin embargo, tal fue el nivel de desastre creado por los argentinos en la plaza bancaria montevideana hace seis años ârecordemos que nuestros hermanos âcharrúasâ? debieron âreprogramarâ? la restitución de los fondos a los ahorristas (los que, sin embargo, en menos de dos años fueron devueltos en dólares)â que el propio Sindicato Bancario de la ROU reclamó el mes de mayo pasado a las autoridades económicas, en pedido desestimado por el gobierno, que aplique medidas restrictivas a los depositantes argentinos para evitar la âvolatilidadâ? en la plaza financiera oriental.

En ese sentido, el Presidente de la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU), Gustavo Pérez, sostuvo que â...el gremio observa con preocupación el aumento de depósitos argentinosâ?, y verían con agrado que se âpremie a los depósitos a largo plazoâ? y se âdesincentive las colocaciones a la vista de argentinosâ?(43).

Pese a que el Presidente del Banco Central del Uruguay (BCU) âDr. Walter Cancelaâ afirmó que el mayor flujo de dinero argentino ha sido por inversiones productivas (como la compra de campos) ây no por traslado de ahorrosâ?, lo cierto es que nadie hoy ignora en la City porteña que existe una incesante fuga de depósitos de los bancos nacionales, su posterior conversión en divisas, y su remesa final hacia plazas off-shore como eventual resguardo frente a una nueva repetición de crisis sistémicas(44).

IV
Los financial advisors (asesores financieros).
Operatividad

En esta República Argentina que, desde los años 90 en más exhibe un creciente gusto snob por la anglosajonización de los términos empleados en los diálogos, sobre todo en la City bancaria(45), corresponde despejar una serie de interrogantes con carácter previo a adentrarnos en lo medular de la cuestión, a saber:

¿Qué es un financial advisor?: Pues, según la calificada opinión de Guillermo Cabanellas de las Cuevas y Eleanor Hoague, se trataría de un âasesor, consejero o consultorâ?(46) â...financieroâ?(47), al que âlos privadosâ? (para utilizar la terminología de Fargosi) suelen recurrir cuando de invertir sus dineros excedentes se trata.

¿Quiénes suelen actuar como financial advisors en la República Argentina?: Según lo que exhibe la realidad nacional, habitualmente actúan como consejeros o asesores financieros de ahorristas, inversores y del público en general personas físicas con predicamento social (por lo común miembros de familias de cierto linaje, con dominio del idioma inglés y algún MBA o posgrado análogo obtenido en universidades norteamericanas y/o del Reino Unido).

También cubren este rol ex funcionarios de la Banca oficial o foránea a los que se presume âcon contactosâ? en Wall Street o en centros financieros internacionales, ex ejecutivos de empresas transnacionales que estuvieron radicados muchos años afuera y, finalmente, funcionarios de Bancos de Inversión, âbrokersâ? de prestigio mundial e incluso representantes de Banca extranjera que, con sede en el país y pese a no hallarse autorizados por la ley 21.526 para âtomar fondos del públicoâ? y remitirlos para su inversión overseas, igualmente lo hacen, âescabullendoâ? la operatoria al contralor de la Policía Financiera ejercida por el BCRA.

¿Qué âleading caseâ? han desnudado la actuación patológica en nuestro país de algunos de estos sujetos?: Como el lector no ignora, los banqueros, brokers u operadores financieros inescrupulosos suelen crear estructuras institucionales âléase bancos y/o sociedades financierasâ en âpaíses de baja tributaciónâ? o âparaísos fiscalesâ?, que luego habrán de ser utilizadas por los mismos para transvasar ilícitamente activos monetarios desde la República Argentina (habitualmente, desde una entidad nacional) hacia esas entidades off shore.

Sin embargo, como el leit motiv de constituir y emplear sociedades off shore de Banca no es otro que el poder invocar la existencia de las mismas frente a los inversores y/o ahorristas y/o clientes de países periféricos como el nuestro, cuyas entidades financieras se encuentran sometidas cíclicamente a âriesgo sistémicoâ? o a eventuales âdevaluacionesâ? que podrían afectar la intangibilidad de la moneda en que se suelen efectuar los depósitos en sede patria, para âtentarâ? con promesas de solvencia overseas (en el exterior) a los incautos y âtrasvasarâ? hacia aquéllos los ahorros originariamente depositados aquí, se suele asignar a dichas sociedades extranjeras de Banca una denominación sino igual muy similar a la de la entidad argentina. Y así ha ocurrido, precisamente, en todos los leading cases en los que se ha estafado a los ahorristas autóctonos, como el del âBanco Australâ?, con su paralelo âAustral Bank Bahamasâ?, o el del âBanco Mayo Cooperativo Limitadoâ?, con el âMayflower Bank (Banco âFlor de Mayoâ?), hacia los cuales se desviaron cuantiosas cifras del ahorro privado nacional, sin obtener a cambio absolutamente nada (¡!)(48).

En otros casos, tal el leading case âPiekar c. Peñaâ?, lo que se hacía era âtomarâ? ilegalmente los dólares en la Casa Central capitalina de la entidad (Banco Peña), bajo la forma de âmesa de dineroâ? (marginal) o análoga, y darle un destino hipotéticamente off shore, ya que se decía haberlos âremesadoâ? a âPeña Uruguay Inversiones y Mandatos S.A.â? (de la ROU), para âdarles un fin seguroâ? (!), del cual âobviamenteâ jamás volvieron(49).

Más recientemente, y en forma aún más grosera, âasesores financierosâ? vinculados a una entidad de gran prestigio provincial (âNuevo Banco de Santa Fe S.A.â?), indujeron a clientes tradicionales del mismo âcon el argumento de hallarse vinculados a un grupo extranjero de vasto predicamento (?) internacional (âBanco General de Negociosâ?, del âGrupo Rohmâ?)â a derivar las colocaciones en dólares hacia la âCompañía General de Negocios Saifeâ? (de la ROU), âpor la total garantíaâ? que ello implicaba, âevitando así asumir un riesgo mayorâ?(50).

¿Cuál suele ser el plexo de argumentos al que aluden los financial advisors âprácticamente siempre miembros o personas vinculadas a la entidad madre que recibiera los fondos (y a veces, de realmente existir, también a la entidad off shore)â para âescabullirâ? su responsabilidad?

En los hechos, y en el afán de no restituir jamás al ahorrista-inversor perjudicado dólar alguno, cuando éste acciona judicialmente âharto ya de reclamar âpor las buenasâ? y no obtener absolutamente nada o, a lo sumo, lograr sólo la entrega de magras sumas de dinero a título de âinteresesâ? por la esperaâ todos suelen alegar como defensa prácticamente lo mismo, pero fundamentalmente, tres cosas, a saber:

â La falta de identidad entre el o los demandados y la entidad supuesta o realmente recipiendaria de los fondos;

â La calidad de inversor âavezadoâ? del colocador del dinero âbirladoâ? que hipotéticamente, y por acción de la âteoría de los actos propiosâ?, estaría impedido de reclamar judicialmente (?), y;

â La carencia de peso jurídico del sustento probatorio del actor que, por lo común, no pasa de ser un montón de âpapeles caribeñosâ?, que dicen documentar la entrega de los fondos no aquí, sino en el exterior.

V
Inversión off shore y âgato encerradoâ?.
Responsabilidad de los financial advisors (breve referencia al caso âWachovia...â? ex âPrudential....â? y otros de actualidad en la Argentina de 2008)

En fecha muy reciente, un conocido diario de finanzas argentino difundió el fallo dictado por el titular del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial Nº 4 (Dr. Vitale), por el cual se dispuso que los administradores de fondos ajenos colocados en el exterior y quienes aconsejaran la operación deberán rendir cuentas a su titular de las inversiones de carácter financiero efectuadas por ellos(51).

Las alternativas del caso fueron las siguientes: un inversor argentino (César Enrique Bustos), entregó la suma de US$ 1.456.580 a Wachovia Securities (Argentina) LLC, antes Prudential Securities (Argentina) LLC, entre los meses de noviembre de 2000 y marzo de 2001, en el marco de una relación que calificó de âcontrato de mandatoâ?, ampliando luego la demanda entablada contra la persona física (Lartirigoyen) que âen virtud de una relación de confianzaâ fuera pieza determinante en la realización de la operación.

Como âes de estiloâ?, toda la documentación fue elaborada en idioma inglés âque el accionante dijo no dominarâ siendo los fondos entregados en nuestro país en la fecha anteriormente indicada, firmándose contratos de âapertura de cuenta... en formularios preimpresos de empresas de Prudential âen las oficinas que la demandada tiene en Buenos Airesâ? por el mentado Lartirigoyen, que incorporó al actor como cliente de âPrudential Argentinaâ?.

Asimismo, aquel le sugirió también a Bustos que, amén de suscribir otros formularios de apertura de cuenta adquiriese una sociedad uruguaya (Nessling Corp S.A.), a través de un conocido estudio de contadores de la R.O.U., a la cual se le asignó una cuenta corriente.

También resultaron apoderados en representación de Prudential, amén de Lartirigoyen, otros sujetos (Beccar Varela, Costantini, Paz y Gowland) âen carácter de Asesores Financieros (Financial Advisors)â?, y como gerente general el último de los nombrados, todos los cuales âdesarrollaban sus tareas en las oficinas de Prudencial Argentina en el edificio âAlem Plazaâ?, requiriendo Bustos que los coaccionados explicaran qué transacciones realizaron con sus fondos, qué cuentas se abrieron en su nombre o en el de Nessling Corp. S.A., y la justificación del destino de los fondos de referencia.

¿Qué contestó Wachovia Securities...?

Dijo que no tenía relación alguna con el actor oponiendo excepción de âfalta de legitimación pasivaâ?, afirmando que sólo existe similitud en el nombre de la demandada y la sociedad con la cual sostenía haber contratado Bustos.

Resaltó que la Wachovia (ex Prudential) de Argentina âno tiene como actividad recibir fondos de terceros, ni administrarlos, ni realizar inversiones financieras ni de ningún otro tipo con dinero ajenoâ?, y que âla sucursal sólo se dedica a prestar asesoramiento financiero (financial advisor) a terceros pero que no brinda servicios de administración de fondos, representación de inversores en negocios financieros, bursátiles ni de ninguna otra especie que pueda existir en los mercados mundialesâ?.

Negó que la sucursal o sus dependientes fuesen apoderados del actor a los fines de administrar fondos de aquél, como asimismo haber suscripto con el accionante contrato alguno o recibido suma de dinero ninguna de su parte, afirmando que jamás administró fondos de Bustos ni realizó inversiones financieras con dineros del mismo.

Para concluir, sostuvo que cuando el accionante dijo haber entregado fondos a Prudential Argentina las transferencias lo fueron a Prudential Securities INC, sociedad ésta incorporada bajo las leyes de Delaware, EE.UU., distinta a la casa matriz de la sucursal demandada en autos, que se denomina Prudential Securities (Argentina) Inc., hoy Wachovia Securities (Argentina), LLC, negando la posibilidad âademásâ de notificar aquí una demanda futura contra su casa matriz.

¿Qué se probó en la causa y qué resolvió el tribunal?

Con respecto a la excepción de âfalta de legitimación pasivaâ? sustentada en el supuesto hecho de que la sucursal demandada no recibe fondos de terceros ni realiza inversiones financieras ni de ningún otro tipo, se ponderó lo alegado por Bustos de que en los formularios y contratos suscriptos en Wachovia... de Buenos Aires âse instituía una figura de apoderado especial con capacidad amplia de manejo de fondosâ?; que ello ocurrió en la sucursal de la Capital Federal y que el apoderamiento se efectuó âen las personas físicas que cumplían funciones dentro de la sucursalâ? (Sres. Lartirigoyen, Beccar Varela, Constantini, Paz y Gowland), todos ellos dependientes de aquélla, Financial Advisors (Asesores financieros) y Gerente General, respectivamente.

Que todos se desempeñaban en la sede de Wachovia Argentina..., en el edificio âAlem Plazaâ? de Puerto Madero, y que con todas estas personas tuvo trato el accionante Bustos, habiéndose celebrado allí los âcontratos de apertura de cuentaâ? acompañados a la causa, instituyéndose expresamente la sucursal de aquélla en la Argentina âcomo la oficina que presta el servicioâ?.

Por otra parte, se acreditó que fue la secretaria del co-demandado Lartirigoyen quien firmó recibos âen prueba de recepción de los fondos del actor en esa sucursal de Buenos Airesâ?, y que âno sólo Gowland era Gerente General de la sucursal argentinaâ sino que, además, era âuno de los firmantes de los conveniosâ?.

En lo que hace a la relación existente entre las distintas compañías, sostuvo el juez que âademás del hecho de que instalar un establecimiento o sucursal en otra jurisdicción para desarrollar su actividad implica âavecindarse en ese lugar para el cumplimiento de las obligaciones allí contraídasâ?â de las constancias anejadas a la causa por la Inspección General de Justicia, surgía que Prudential Securities Inc., sociedad constituida y registrada âconforme las leyes del Estado de Delaware, Estados Unidos de Norteamérica, es la única accionista de la segunda (Wachovia Securities LLC), casa matriz de la sucursal argentinaâ?.

También se tuvo por acreditado que la Prudential... de Delaware (E.U.U.), había devenido, por ende, â...en controlante de su voluntad social como bien lo señala el pretensorâ?, diluyéndose la mentada âindependenciaâ? utilizada como defensa, correspondiendo rechazar la supuesta âfalta de legitimaciónâ?.

Con respecto a la cuestión de fondo; esto es, a la âobligación de rendir cuentasâ?, el juez âtras analizar los diversos contratos de adhesión impuestos al actor; o sea, el Account Opening Information (Información de Apertura de Cuenta), el Individual/Joint Private Costumer (Cliente Privado Individual/Conjunto), y el Institutional Option Client (âCliente de Opciones Institucionalesâ?)â determinó que, surgiendo de los mismos que el actor âentregó fondos en moneda estadounidense facultando a la entidad a realizar inversiones de carácter financieroâ?, en nada obsta que el Estatuto de la entidad recipiendaria de las divisas no contemplara como actividad recibir fondos de terceros o administrarlos, puesto que tal deber aparece impuesto siempre a quien gestiona fondos ajenos. No pudiendo, además, âel exceso de mandatoâ?, âperjudicar a los acreedores de buena feâ? (arts. 1718 y 1719, cod. civil).

Concluye el magistrado su decisorio destacando que, en ciertas ocasiones ây ésta es una de ellasâ âel conocimiento de los hechos que interesan a la litisâ? no puede alcanzarse sino mediante prueba indiciaria y que además, en toda hipótesis, âse debe optar por la interpretación más favorable para el consumidorâ? (art. 3º, ley 24.240, âde Defensa del Consumidorâ?)(52).

Finalmente, otro escándalo vinculado con un Financial Advisor se desató muy recientemente, cuando un profesional argentino que trabajaba en Nueva York para la casa matriz de uno de los tres bancos de inversión más importantes del mundo (âJ. P. Morgan Securitiesâ?), manejando activos que Reuters cifró en más de US$ 200 millones (mayoritariamente pertenecientes a inversores argentinos), virtualmente âdesaparecióâ? de los EE.UU., según se dice, tras efectuar operaciones reprochables consistentes en el desvío de cuantiosos fondos hacia un banco competidor (Morgan Stanley)(53).

La situación, delicada por cierto, motivó que la entidad financiera norteamericana pidiera, con fecha 13-5-08 al juez James Francis IV, del Distrito Sur de New York, el âinmediato arrestoâ? del ex funcionario, mientras más recientemente âel 20 de junioâ otro magistrado, el honorable Richard Holwell, emplazó al encartado para que devolviera a su ex-empleador el material y el dinero objeto de conflicto(54).

Como el ex funcionario, que se encontraría en la República Argentina, habría presentado a la Justicia Federal Nacional el listado de numerosos clientes, entre los que figurarían algunos de los empresarios más importantes del país, denunciando âlavado de dineroâ?, lo cual âobviamenteâ va a dar un enorme protagonismo jurídico al tema objeto de este trabajo(55), cabe plantearse los siguientes interrogantes:

¿Qué actitud debe adoptarse frente a las entidades extranjeras que âno pudiendo administrar cuentas de banca privada en el paísâ lo hacen igualmente tomando aquí fondos que se desvían al exterior?;

¿Puede negarse la sucursal o representación argentina del banco extranjero, el broker y/o financial advisor a restituir los fondos invertidos aquí, tras rendir cuentas de los frutos obtenidos, con los mismos remanidos argumentos que hemos venido analizando?;

¿Qué acciones posee contra el banco extranjero el inversor argentino de buena fe que, habiendo âcolocadoâ? overseas fondos que tiene declarados aquí ante la AFIP o no, se ve involucrado en un escándalo en el cual sus cuentas reservadas (no pocas veces cuantiosas) toman âestado públicoâ? por intrigas palaciegas en el seno de la entidad, con grave riesgo personal para él y para su familia?(56).

Obviamente, podrá demandar judicialmente en nuestro país, en la certeza de que âcon un muy alto grado de probabilidadesâ su reclamo será acogido por nuestros jueces(57).

VI
Conclusiones

Primero: disipado el verdadero âespejismoâ? en que estuvimos viviendo el último quinquenio, y convertido el país es un âreñidero de gallosâ? por los gravísimos errores que viene cometiendo su dirigencia, se han âevaporadoâ? nada menos que US$ 9000 millones (prácticamente un quinto de nuestras reservas), en el drenaje de divisas más significativo desde la caída de la convertibilidad (2001)(58).

Segundo: acentuada enormemente la âvolatilidadâ? de los depósitos bancarios por el riesgo de nuevos âcorralitosâ? u otros actos perversos de inmovilización compulsiva o conculcamiento de los ahorros públicos a los que nos tiene acostumbrados âEl Príncipeâ?, el crecimiento exponencial del riesgo del inversor argentino, tal como ocurriera en otras oportunidades, se está traduciendo en una fuerte corriente de transferencia de divisas de argentinos a entidades off shore. Y ello a un punto tal que líderes sindicales uruguayos han requerido al Gobierno de la República Oriental que ponga límite al ingreso de fondos de nuestros ciudadanos a la Banca charrúa, para evitar que âcomo les ocurriera en el bienio 2001-2002â les produzcamos una crisis sistémica.

Tercero: Ocurridos estos indicios de debacle en un marco internacional de caída de entidades, fuerte retroceso del dólar y crisis de fondos de inversión, colocaciones de riesgo y valores y títulos de toda naturaleza(59), empresarios, ahorristas e inversores argentinos han comenzado a preguntarse seriamente cuáles son los alcances de la responsabilidad de sus financial advisors o âasesores financierosâ?, que son quienes âdesde la República Argentinaâ les han venido aconsejando complicadas operaciones, por lo común vinculadas a bancos y sociedades de la ROU, Cayman, Islas Vírgenes Británicas y otros destinos ignotos de baja tributación que, como la fábula de la cueva del león, suelen exhibir muchas huellas de âentradaâ?, pero muy pocas o prácticamente ninguna de salida.

Cuarto: En este sentido, el inversor abusado en su buena fe por sujetos de impecable porte, excelente inglés, gran prosapia y no pocas veces significativo abolengo, o por sucursales o representaciones de importantes bancos de inversión extranjeros que, aun no contando con autorización para âcaptarâ? depósitos de envergadura y âremesarlosâ? âal mundo del Nunca Jamásâ? (¿Se acuerdan del universo de Peter Pan y el pirata Garfio?), los toman para luego negar su recepción, ampararse en homonimias, âexcepciones de falta de legitimación pasivaâ? e imputaciones de propia torpeza al timado, debe sentirse amparado por nuestra Justicia. Es que, en los últimos años, nuestros magistrados han ido elaborando un verdadero plexo jurisprudencial tutelar, que permite reclamar la restitución aquí ây con éxitoâ de ahorros en otra época irrecuperables.

Quinto: Así, se ha ido agrupando herramental jurídico que, tras considerar que la validez del depósito no está sujeta a la observancia de ninguna forma probatoria en particular (art. 2201 y sigs., cod. civil), permite recurrir a cualquier medio de prueba para acreditar su existencia, y aceptando a los âcertificadosâ? anómalos que estos financial advisors suelen procurar a sus incautos clientes como âprincipio de prueba por escritoâ? (arts. 209, cod. de comercio y 1192, cod. civil), ha creado convicción en nuestros jueces acerca de que todo esto vuelve âverosímil el hecho litigiosoâ?(60). Si a ello se le suma que se ha entendido que las manifestaciones insinceras que exhiben estos âcertificadosâ? âpor no ser otra cosa que afirmaciones no veraces redactadas por el predisponenteâ no pueden ser opuestas al perjudicado, y que los directores de una entidad que toleraron la celebración de operatoria marginal en su seno responden por la restitución de los fondos, ora por culpa in vigilando, ora por permitir que se usara al banco o sociedad como âun recurso para violar la leyâ? (arg., art. 54, LSC), tenemos claramente conformado el plexo tutelar de significación al que anteriormente aludiera.

Sexto: Finalmente, la aceptación de que el financial advisor que aconseja invertir en el exterior los dineros que âtomaâ? aquí por medio de una entidad no autorizada para ello debe ârendir cuentasâ? de su gestión, como paso previo al deber restitutorio, según acertada sentencia del juez Vitale(61), y que quienes preordenan âuna estructura y un supuesto panorama de solvencia calificada e internacional del grupo económico luego dolosamente vaciadoâ?, deben responder en forma personal, tal lo resuelto en el leading case âBsereniâ?(62), arroja una luz de certeza de que âquienes se vean estafados por la negativa de devolución de los fondos entregados en el país (a bancos oficiales o privados que los toman clandestinamente, brokers, consultoras, extrabursátiles o financial advisors) âso capaâ? o con amparo en los abtrusos argumentos aquí analizadosâ, podrán requerir la protección de nuestros jueces de comercio y la imposición a aquéllos tanto del deber âde rendir cuentasâ? por lo actuado, como de restituir los depósitos recibidos, porque que ello ocurra âcomo diría el recordado maestro Héctor Cámaraâ además de hacerle bien a nuestra Justicia, interest republicae(63).
Mira també:
http://www.universoportela.com.ar
http://www.lalupe.com.ar

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Comentaris

Re: Breve imagen de la Argentina "oficial" y de la real, por Ernesto Eduardo Martorell
08 ago 2008
Si esto es breve...
Sindicat Terrassa