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PSOE 2004-2008: una política exterior hacia América Latina
25 mai 2008
España piensa América Latina en términos coloniales, estableciendo una relación asimétrica en la cual se siente cómoda. Historia de la idea de España imperial perteneciente a la razón cultural de Occidente transportada en el túnel del tiempo sirve a los intereses más rancios. Es así como la propuesta franquista de naciones hispanas se transforma en la versión del PSOE en comunidad iberoamericana para los fastos del quinto centenario.
PSOE: 2004-2008, una política exterior hacia América Latina
Marcos Roitman Rosenmann /I

España piensa América Latina en términos coloniales, estableciendo una relación asimétrica en la cual se siente cómoda. Historia de la idea de España imperial perteneciente a la razón cultural de Occidente transportada en el túnel del tiempo sirve a los intereses más rancios. Es así como la propuesta franquista de naciones hispanas se transforma en la versión del PSOE en comunidad iberoamericana para los fastos del quinto centenario. Proyecto faraónico para reafirmar señas de identidad. Su preparación copó gran parte del espacio político. Así, se postergaría un debate irresoluto sobre el tipo de Estado y la forma de gobierno en la construcción democrática de España. No debe extrañarnos que la identidad y unidad de España se haga coincidir con la fecha del 12 de octubre de 1492. Sus fundamentos: conquista y colonización; lengua y religión. Principios entrecruzados por un mito: el orgullo de construir un continente y alumbrar una civilización. Ser la madre patria. Patrón sobre el cual, el colonialismo del poder articula el posterior discurso del mestizaje cultural lleno de autoritarismo. Sobre este paraguas se construyen los programas de política exterior hacia América Latina. Sólo se retocan ciertos factores coyunturales. Así, durante los últimos cuatro años de gobierno socialista, se ha utilizado el discurso de la cohesión social para encubrir el proyecto de control imperial. Su lógica se une a los retos de la globalización en sus aristas de la competitividad productiva, recepción de inversiones, innovación tecnológica y lucha contra el terrorismo. Este es el postulado. Nace una nueva cooperación al desarrollo. Complementaria a las inversiones del capital. La lucha contra la pobreza es parte subsidiaria de la creación de riqueza cuya responsabilidad se deja en manos del capital privado. Son proyectos de cooperación relacionados con las políticas del FMI y el BM. Es la forma de evitar los riesgos de un desborde popular y la falta de gobernabilidad en la región. Este ha sido el discurso mantenido durante toda la legislatura. Trinidad Jiménez lo sintetizó al asumir la Secretaría de Estado para Iberoamérica, creada en junio de 2006. La cohesión social es: â... devolver la fortaleza, capacidad, estabilidad y credibilidad a las instituciones democráticas y mejorar la gobernabilidad... camino exitoso... para un nuevo contrato social...â? Por tanto, no es altruismo democrático ni compromiso socialista militante. La lógica es otra. La cohesión social es una llave. Abre otra dimensión: âEl futuro de España como país está en América Latina. El gobierno español contempla América Latina como una apuesta estratégicaâ?.

El horizonte de la cohesión social es una apuesta de largo plazo que garantiza la seguridad jurídica de las inversiones españolas. No olvidemos que las obtenidas por el grupo Santander Central Hispano en 2006 en la región alcanzan 40 por ciento del total de beneficios netos. Por esta razón, Trinidad Jiménez el 2 de marzo de 2007 en el ciclo de conferencias Diálogos, derechos humanos y seguridad jurídica en Iberoamérica, celebrado en Madrid, puso encima de la mesa otra cifra importante para la economía y el bienestar de los españoles: âLas inversiones brutas de las empresas españolas en América Latina representan 10 por ciento del PIBâ?. Así, España pasó de ser un país de poca relevancia inversora a convertirse en el segundo más importante tras Estados Unidos. Desde ese instante, las decisiones en política exterior responden a los intereses de las empresas. El pragmatismo prima sobre los principios ideológico-políticos. En cifras absolutas, las inversiones han pasado de 342 millones de euros en 1993 a un pico de 31 mil 287 en el año 2000 para situarse en 10 mil millones de euros para 2005. Si desglosamos dichas inversiones por grandes empresas y lobby, en algunos países observamos el siguiente cuadro en millones de euros. México: BSCH 2 mil 626, BBVA 4 mil 508, Iberdrola 584, Unión Fenosa 286, Gas Natural 600, Telefónica 2 mil 180, Dragados 80; Chile: BSCH 2 mil 200, BBVA 880, Endesa mil 186, Aguas de Barcelona 470, Telefónica 500; Brasil: BSCH 7 mil 200, BBVA 542, Endesa 799, Iberdrola mil 718, Gas Natural 450, Telefónica 12 mil 800, Telefonía Móvil 2 mil 780; Argentina: BSCH mil 800, BBVA 414, Repsol YPF 10 mil 500, Telefónica 9 mil 800.

España busca acrecentar su poder en la región y legitimar la acción de sus multinacionales. El PSOE se valdrá de la cumbre de Salamanca (2005) para dicho objetivo. Así, Rodríguez Zapatero tras su clausura dirá: âHa nacido una nueva sociedad iberoamericana para lograr la paz, la democracia y el desarrollo con cohesión social, teniendo como principales enemigos a la miseria y el terrorismoâ?. De su seno nacerá un instrumento, la Secretaría General Iberoamericana (Segib). Su comisario político será consensuado por todos a propuesta de España y recaerá sobre Enrique Iglesias, aliado de Estados Unidos y de la Trilateral. Así, la Segib daría seguimiento a los acuerdos de la cumbre, siendo el más destacado â... establecer un diálogo permanente en materia de inversiones, expansión de base empresarial y acceso al crédito y la asistencia técnica... concertar acciones para expandir la cooperación internacional, incluyendo países de renta media y eliminar las asimetrías del sistema financiero y comercial, así como el peso de la deuda externa, apoyar a los países a enfrentar las consecuencias de los cambios en el mercado energético, y en ese contexto celebrar una reunión especializada sobre fuentes de energía renovableâ?. No hace falta recordar que Endesa, Fenosa e Iberdrola controlan en América Latina la mayoría de las energías renovables y los recursos naturales y son los grandes âimpulsores de proyectos de desarrollo alternativoâ? y parte de los âmecenasâ? de la Segib. Así, gracias a Enrique Iglesias, el concepto de cohesión social, dos años más tarde, en 2007, dará nombre a la 17 Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile. El PSOE estará satisfecho. Cohesión social, creación de riqueza, inversión empresarial y política para pobres son una y la misma cosa. La inversión española en la región no tiene por qué peligrar. A la siguiente pregunta de un periodista: â¿La agenda que se viene encima está llena de nombres propios. Y de intereses españoles. Repsol, Endesa?â?, así responde Trinidad Jiménez: âVamos a defender los intereses españoles. Y quiero reunirme con todos aquellos que están implicados en lo mismo.â?

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PSOE: 2004-2008, una política exterior hacia América Latina
Marcos Roitman Rosenmann /I

Si aún quedasen dudas, el 30 de enero de 2007 declara al diario La Razón de Costa Rica: âLas empresas españolas han sido capaces de traer capital, generar desarrollo y empleo. El rechazo viene porque están instaladas en servicios esenciales, muy sensibles de la economía (agua, electricidad...) Y porque hubo crisis fuertes, como en Argentinaâ?. Pero el programa de 2008 es más claro: âLos socialistas seguiremos trabajando para garantizar un marco jurídico seguro y estable para las inversiones en América latina y para que estas tengan una incidencia positiva en el desarrollo donde están implantadas. Potenciaremos la responsabilidad social de nuestras empresasâ?.

En esta lógica, el trato hacia América Latina responde a un lenguaje vertical de poder. Así deben interpretarse exabruptos reales y manifestaciones de cólera cuando la palabra proveniente del continente se utiliza horizontalmente para dejar patente dicha asimetría. La política exterior de España incorpora este ethos. En 2004, en su programa electoral, el PSOE denuncia la pérdida de protagonismo de América latina en la política exterior de España. Se trata de revertir el proceso: âIberoamérica es una de las principales víctimas de la ruptura del consenso por los gobiernos del Partido Popular, pues ha quedado relegada como referencia prioritaria de nuestra política exterior, subordinándola a una relación transatlántica concebida como una relación casi excluyente de España con Estados Unidos. En aras de esta relación, se ha debilitado el tradicional diálogo directo y privilegiado que habían establecido los gobiernos socialistasâ?. Para recuperarlo, pone énfasis en la política latinoamericana desarrollada durante los gobiernos de Felipe González. Cuestión clave para entender los cuatro años de gobierno actual, 2004-2008. Ya que González ocupa un lugar privilegiado en el organigrama de Zapatero para América latina. Un poder en la sombra. En el viaje de Evo Morales, la primera persona con quien el gobierno español decide debe entrevistarse es con Felipe González. Un interlocutor cuyo prestigio y obra estaría por encima del bien y el mal. Destacando entre sus haberes el desarrollo e impulso de las cumbres y la potenciación de la Comunidad Iberoamericana de naciones. Obras instrumentalizadas, a juicio del PSOE, por el Partido Popular en función de sus intereses. Circunstancia que llevó a perder en esta legislatura el espacio institucional para desarrollar la política exterior del reino. Sin embargo, este discurso es parte de una demagogia electoral. El propio Partido Popular defendió las cumbres, la comunidad iberoamericana de naciones y potenció la creación de la Segib con sede permanente en Madrid durante su mandato. Fue en la XIII cumbre celebrada en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia (2003). Pero el debate es carnaza para mediocres âideólogos de la crítica superficial al Partido Popularâ? centrados en un ataque por su poco sentido de Estado. No entienden del poder y del pacto de Estado. Por eso arguyen: âLa utilización partidista de la cumbre de San José por el Partido Popular, con intervención de su presidente Nacional, Mariano Rajoy, para atacar al gobierno de Rodríguez Zapatero y resaltar el âfracasoâ de su política exterior y en concreto latinoamericana, señalando que a la cumbre âno había ido ni el tatoâ?, no sólo suponía ningunear la presencia del rey y del presidente del gobierno español... Es evidente que mientras la lucha partidista continúe presente en lo que son las líneas maestras clave de la política exterior española, va a ser difícil garantizar el éxito de las Cumbres Iberoamericanasâ?.

El PSOE, al criticar el gobierno de Aznar, pretendía obtener un rédito político. Era una acusación a las posiciones pro norteamericanas fundadas en el unilateralismo que impregnaron su segunda legislatura a partir del atentado a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. Este arrebato de soberanía del PSOE renegando de Estados Unidos, sobre todo en la guerra contra Irak, deja al descubierto el carácter espurio de su crítica cuando se trata de explicar la relación entre Estados Unidos, España y América Latina. En esta dimensión, no hubo distanciamiento con el Partido Popular, ni con Estados Unidos. El PSOE es consciente de los límites de su crítica. Si nos remontamos al primer gobierno socialista, no olvidemos las palabras de Felipe González en plena guerra fría, cuando declaró: âHabría que ayudar a Estados Unidos a encontrar su dimensión positiva del liderazgo en América Latinaâ?. Más aún, arreciando la agresión al gobierno del FSLN de Nicaragua, las guerras de baja intensidad en Guatemala y El Salvador, González se mostró en favor de la comisión Kissinger: âEl Senado estadunidense ha presentado un esquema de solución al problema centroamericano en el que se atacan los problemas en profundidad, es decir, se busca en la situación económica las raíces de la actual violencia. La iniciativa española intenta completar, a nivel europeo, el proyecto norteamericanoâ?. Y por último, manda el siguiente mensaje a los dirigentes latinoamericanos: âNo tomaremos ninguna decisión sobre América Latina sin antes hablar con nuestro aliado del norteâ?. Esto dejaba al descubierto el rol subordinado de España y el papel rector de Estados Unidos en el proceso de toma de decisiones en la política exterior hacia América Latina. La crítica al Partido Popular en 2004 era un reproche dentro de la dialéctica gobierno-oposición. Pero las coincidencias respecto a Estados Unidos no acaban ahí. Si vemos la actual legislatura, constatamos la continuidad en los asuntos estratégicos. Ahora es Cuba.

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PSOE 2004-2008: una política exterior hacia América Latina
Marcos Roitman Rosenmann/III y última

El ministro de Asuntos Exteriores Moratinos, en rueda de prensa celebrada en Luxemburgo, declaró una vez concluido su viaje a dicha isla entre los días 2 y 3 de abril de 2007, el primero desde 1988, que âel gobierno español ha mantenido contactos con Estados Unidos antes, durante y después de mi visita a Cubaâ?. Y será Trinidad Jiménez quien da explicaciones a Thomas Shannon, secretario adjunto para América Latina, a petición de Washington, un mes más tarde. De esta manera satisface los deseos de la subsecretaria de Estado adjunta de Estados Unidos, Colleen Graffy, para explicar las causas de la incomparecencia de Miguel Ã?ngel Moratinos con la disidencia cubana durante su estancia en la isla. Toda una maniobra mediática. En el fondo no había problemas. Si bien Moratinos no lo hizo, el director general para Iberoamérica, Javier Sandomingo, se reuniría con la llamada disidencia el 4 de abril. Este ejemplo muestra como ambos partidos encuadran su discurso bajo un mismo patrón cuando se trata de Estados Unidos y América Latina. Sólo hay matices. Ciertamente importantes, pero matices. Así, cuando el PSOE presenta su balance de las relaciones con América Latina en la legislatura 2004-2008, une dicha relación con Estados Unidos. âCon Estados Unidos compartimos una larga tradición de cooperación, confianza y entendimiento mutuo bilateral en áreas como el comercio, la cultura, la educación, el terrorismo, la educación, la investigación o la lucha contra el terrorismo, que los y las socialistas queremos mantener y potenciar. Estados Unidos y España son socios y aliados, y su desacuerdo puntual no puede ocultar el tejido de sus estrechas relaciones a todos los niveles... Superado el desencuentro en torno a Irak, el gobierno socialista ha intensificado las relacionesâ?. De esta manera, es necesario para el periodo 2008-2012 âla creación de un área trasatlántica de integración entre la Unión Europea y Estados Unidos. Y debido al triangulo de relaciones entre España, Estados Unidos y América Latina, nos proponemos desarrollar una cooperación con Estados Unidos en sintonía con los estados latinoamericanosâ?.

Igualmente, resulta jocoso que el subsecretario de Relaciones Internacionales del Partido Popular, Jorge Moragas, vierta elogios a la secretaria de Estado para Iberoamérica. âSu partido concede un margen de confianza a Jiménez a la espera de que sus labores se traduzcan en una mejora de las relaciones entre España y esa región del mundo... La dirigente socialista en más de una ocasión ha defendido posiciones distintas a las de Moratinos... La posición de Jiménez sobre Cuba se ha mostrado más abierta a la necesidad de reformar el régimen de Castroâ?. Son viejos conocidos. Mientras fungió como encargada de relaciones internacionales del PSOE, el 5 de diciembre de 2005, emitió un comunicado condenando la âpersecución política a la oposición socialdemócrata cubana. Manifestando su apoyo a la coalición progresista y deplorando los actos del régimen cubanoâ?. No hay que olvidar que Jiménez es miembro de la Trilateral desde 2001 y anteriormente ejerció cargos dentro del organigrama de la cooperación estadunidense.

Será el talante progresista del PSOE o neoconservador de la derecha el arco en el cual se dirima la política exterior. Si el PSOE criticó en 2003 la pérdida de liderazgo de la política exterior en la región, en 2007 el Partido Popular hará lo mismo. Sus argumentos, apoyar a gobiernos definidos populistas y defensores del socialismo del siglo XXI. Un peligro para Occidente, la libertad individual, la gobernabilidad, la economía de mercado y un riesgo donde anida el terrorismo internacional. España no puede aliarse con tales regímenes. Ecuador, Venezuela, Bolivia y Nicaragua caen en este saco. Tras el viaje de Moratinos a Cuba, la crítica incluye la traición. Se rompió la política de aislamiento internacional del régimen âcastristaâ?. Los argumentos van y vienen. Son maleables, chovinistas y emergen en tiempos electorales.

Sin embargo la verdadera política exterior se mueve bajo la razón de Estado. Subsume a la corona, las inversiones del capital privado y estatal, la política migratoria, la cooperación, la venta de armas y la ayuda al desarrollo. Su práctica presupone un pacto. Entre sus actos destacamos que el gobierno español del PSOE fue el primero en reconocer a Felipe Calderón, presidente ilegítimo de México en 2006, en apoyar la relección de Uribe en Colombia, en seguir expulsando a cientos y miles de latinoamericanos durante su legislatura, en amparar las acciones desestabilizadoras e ilegales de las empresas multinacionales Repsol, Endesa, Telefónica, BBVA, Santander, bajo el criterio de razón de Estado. En este sentido, el Partido Popular asiente y aplaude. Bajo esta óptica, el consenso nunca se ha roto. Lejos quedan los años en que el PSOE apoyaba las luchas antioligárquicas y democráticas de los pueblos latinoamericanos por la autodeterminación, la liberación nacional, anticapitalistas y antimperialistas.

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