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La pérdida del vector social en el Anarquismo Brasilero de los años 1930
16 abr 2008
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LA PÃRDIDA DEL VECTOR SOCIAL EN EL ANARQUISMO BRASILERO DE LOS AÃOS 1930
Felipe Corrêa


El anarquismo, desde su surgimiento hasta hoy, nunca dejó de ser importante en su crítica al capitalismo y al Estado. Por lo tanto, cabe discutir por que, a partir de la década de 1930, el anarquismo brasilero deja de tener la visibilidad social que venía teniendo hasta entonces. Lo que nos parece, es que el anarquismo no desaparece como propuesta ideológica contundente y consciente, mas pierde el vector social que en aquel momento era representado por el sindicalismo, conforme comenta el historiador Alexandre Samis:

âFue sin sombra de dudas, el sindicalismo revolucionario el responsable del primer vector social conseguido por los anarquistas en los grandes centros brasileros. Como quería Malatesta, los anarquistas deberían entrar en todos los campos que susciten contradicciones en el capitalismo y ahí hacer que funcionen de la forma âmas libertaria posibleâ. En el medio sindical la orientación no era diferente.â? [Samis, Alexandre. Pavilhão Negro sobre Pátria Oliva: sindicalismo e anarquismo no Brasil.]

Algunos factores, tales como el vínculo de los sindicatos al Estado, la represión y la ofensiva bolchevique, contribuyeron para la perdida del vector social, que era constituido en esa época por el sindicalismo. La pérdida del vector social ocasiona, la tal pérdida de visibilidad del anarquismo en Brasil. Así, los anarquistas van a abrigarse en las ligas anticlericales, en los centros de cultura, ateneos, escuelas, colectivos editoriales y de dramaturgia, etc. que eran y son propuestas interesantes, cuando están ligadas a un movimiento social real, por que solas no son iniciativas capaces de realizar la propaganda necesaria, ya que la mayor y mas efectiva propaganda, ocurre cuando está respaldada por una práctica social concreta.

Samis continúa su reflexión sobre el tema, argumentando que: âla crisis del sindicalismo revolucionario quitaría de los anarquistas su vector social; sin espacios para la inserción, [...] los libertarios pasan a organizarse en grupos de cultura y preservación de la memoria.â? [Idem.] Ya había sido instalado, dentro y fuera de Brasil, que el vector social, o sea, la presencia de los anarquistas en los movimientos populares y en la lucha de clases, es fundamental para un anarquismo que pretenda apuntar a la constitución de una nueva sociedad. Un ejemplo de las reflexiones entorno de este fenómeno es encontrado en José Oiticica que, aún en la década de 1920, alertaba para ese problema, colocado y discutido ampliamente por los anarquistas en el inicio del siglo en el Congreso Anarquista de Ã?msterdam en 1907. Oiticica defiende la posición propuesta por Malatesta en el Congreso, en oposición a de Monatte; para Malatesta el sindicalismo no âse bastaría a si mismoâ?, como defendía Monatte; el sindicalismo sería un optimo campo para la difusión del anarquismo, un medio, un vector social que, en buen funcionamiento, conduciría al fin necesario, lo que según él, sería la anarquía.

Aún en 1923, en Brasil, Oiticica alerta por la falta de trabajo ideológico y la formación de grupos anarquistas específicos, para el trabajo dentro de los sindicatos, que serían capaces de sustentar su práctica revolucionaria. Muchos anarquistas habían entendido que la única actividad del militante anarquista sería la actuación sindical, y, si eso reforzaba el trabajo inmediato del día a día por un lado, por otro debilitaba la doctrina y las prácticas políticas ideológicas. Oiticica criticaba a los anarquistas que, en aquel momento, daban mucha atención a la acción sindical y poca a la actividad ideológica.

Reflexionando sobre la pérdida del vector social del anarquismo y la posición de Oiticica, Samis afirma que: âuna vez perdido el vector social y sin organizaciones específicas capaces de soportar el enfrentamiento ideológico, de mayor duración, no fue posible para los anarquistas encontrar, de inmediato, otro espacio de inserciónâ?. [Samis, Alexandre. Anarquismo, âbolchevismoâ? e a crise do sindicalismo revolucionário] La dedicación prácticamente exclusiva al sindicalismo confundía el medio con el fin, el vector social con la ideología. En su crítica, Oiticica tenía razón, pues una vez que se pierde ese vector, los anarquistas no tendrán mas la capacidad de elegir uno nuevo, ya que no estaban organizados ideológicamente.

Esa argumentación de Oiticica, que tiene por base diferenciar los niveles de acción social y político, había sido desarrollada en el siglo XIX por Bakunin. Ãl definió que el ambiente de formación y de unión entorno de la ideología, o sea, el grupo anarquista específico, sería el nivel político, representado en la época por la Alianza de la Democracia Socialista. El nivel social, o el movimiento social y popular, serían la movilización y agitación obrera de masas, que sucedían en la época en el seno de la Primera Internacional, o AIT. Encima de este mismo análisis, Oiticica, así como Bakunin, buscó defender una forma de actuación en que el vector social no suprime la idea del grupo político, ideológicamente anarquista. Fue entre otros factores, la confusión entre los niveles de actuación que terminó por condenar el anarquismo brasilero a la pérdida de su único vector social de la época, y que nunca mas sería retomado en las mismas proporciones.


* Felipe Correa es militante de la Federación Anarquista de Rio de Janeiro(FARJ).
Mira també:
http://www.farj.org

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Comentaris

Anarquismo Especifista
16 abr 2008
ANARQUISMO ESPECIFISTA
Felipe Corrêa



ORGANIZACIÃN E INSERCIÃN SOCIAL

El anarquismo especifista reivindicado por la Federación Anarquista de Rio de Janeiro (FARJ), o simplemente âespecifismoâ?, es una concepción de organización anarquista. Traído de Uruguay, el término âespecifismoâ?, se refiere a los ejes fundamentales que marcan la actuación anarquista: la organización y la inserción social, basados en los conceptos clásicos del anarquismo, que son la actuación diferenciada en los niveles político y social, (concepto de Bakunin) y la organización específica anarquista, (concepto de Malatesta). Los primeros en utilizar este término fueron los compañeros de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU), a pesar de que se referían a una forma de organización que comenzó a desarrollarse en el siglo XIX y que fue perfeccionada en durante el siglo XX. En su Declaración de Principios, la FAU relaciona el concepto de especifismo con el de anarquismo organizado:

âNuestra crítica y nuestro proyecto no se agotan en el levantamiento, la protesta y la rebelión sino que maduran en un modelo de sociedad libertaria inconfundiblemente socialista, en una estrategia de ruptura revolucionaria y en un estilo militante combativo y de agitación permanente en dirección a las transformaciones sociales en gran escala. Este proyecto se canaliza a través de la organización revolucionaria específica y es por tanto, lucha organizada.â? [FAU. Declaración de Princípios]

La organización y la inserción social no son defendidas por todas las corrientes anarquistas. Sabemos que el anarquismo es bastante amplio y por eso abarca diversas concepciones, muchas de ellas contradictorias.

El especifismo defiende una posición clara en la polémica histórica sobre la cuestión de organización y de la práctica anarquista, es por eso que tiene en su primer eje la organización. En primer lugar, defiende que los anarquistas deben organizarse específicamente, como anarquistas, para entonces trabajar con los movimientos sociales. En este modelo organizacional vale la idea que, para actuar con eficiencia en la lucha de clases, es preciso que los anarquistas estén organizados, en el nivel político como un grupo de cohesión, con discusión política e ideológica avanzada, con una estrategia bien definida, de forma que eso les dé fuerza suficiente para actuar en el ámbito de las luchas de los movimientos sociales.

La organización específica anarquista, que trabaja en el ámbito político, actúa en el seno de la lucha de clases, en los movimientos sociales y populares, que constituyen el ámbito social. En este trabajo, los anarquistas, organizados como minoría activa, los influencian en cuanto pueden, haciéndolos funcionar de la forma más libertaria posible. Organizados como un agrupamiento específico de cohesión, los anarquistas constituirán una fuerza social mucho mayor y podrán funcionar como un elemento sólido de influencia y persuasión, que tendrá menos chance de ser âatropelladoâ?, por un partido de izquierda, por autoritarios de cualquier estirpe, por la iglesia, otros individuos y grupos que tentan a todo hora usar el movimiento social para su propio beneficio.

El segundo eje del anarquismo especifista es la inserción social. La idea de inserción social está ligada a aquella búsqueda del vector social perdido por el anarquismo, cuando este terminó por desligarse de la lucha de clases y de los movimientos sociales. Con el episodio del alejamiento de los anarquistas del movimiento sindical en Brasil, ocurrido entre los años 1920 y 1930, hay una pérdida de ese vector social del anarquismo, que termina por organizarse en centros de cultura, ateneos, escuelas, etc. La inserción social refuerza la idea de que los anarquistas deben buscar, además de estos aspectos de refuerzo de la memoria y de la promoción de la cultura libertaria, principalmente tener un papel relevante en la lucha de los movimientos sociales y populares. Muchos tienen un poco de recelo con el término âinserción socialâ?, por que lo asocian al viejo âentrismoâ?, de la izquierda autoritaria en movimientos para intentar aparejarlos, o hacerlos funcionar en su propio beneficio. En realidad, eso no es verdad. Este concepto de inserción social de los anarquistas está ligado, solamente, a la idea de retorno organizado de los anarquistas a la lucha de clases y a los movimientos sociales. No en un sentido de vanguardia, de luchar por el movimiento, sino defendiendo la minoría activa que lucha con el movimiento.

Hay algunas otras ideas que caminan junto con los conceptos presentados encima. Por ejemplo, la crítica a la falta de organización de la mayoría de los anarquistas, proponiendo por lo tanto, esa forma de anarquismo organizado, orientado por la concepción de organización específica explicada anteriormente. Hay también una clara oposición al anarquismo individualista y a la exacerbación de los egos, proponiendo una forma de anarquismo comunista o colectivista, que hace de la libertad colectiva su norte estratégico y que sin ella, considera imposible la libertad individual. Esa forma de organización se opone al modelo sintetista, por creer que no funciona, colocar una serie de individuos y organizaciones bajo el âparaguaâ? del anarquismo, simplemente realzando una identidad alrededor de la crítica â pues generalmente solo hay acuerdo en la crítica del Estado, del capitalismo, de la democracia representativa â o mismo de la sociedad futura; eso por que no hay ninguna unidad en términos organizacionales, o en las cuestiones constructivas. O sea, no hay una posición clara entorno de la forma de organización adecuada, en âcomo actuarâ?. Muchos anarquistas no consideran la organización tan necesaria y otros la hallan hasta autoritaria. En el modelo de organización especifista, se defiende la idea de trabajar con unidad táctica y teórica, lo que facilita enormemente el trabajo con proyectos estratégicos bien definidos y con todos trabajando en el mismo sentido. En esta forma de organización, hay también un papel preponderante para la cuestión de la responsabilidad y del compromiso, lo que veremos con algunos detalles a seguir.


ÃTICA Y RESPONSABILIDAD

Junto con la noción de organización e inserción social, caminan dos principios: la ética y la responsabilidad.

La ética es entendida siempre como un sinónimo del anarquismo, constituyéndose en su âespina dorsalâ?. No debe ser entendida como un sistema de ideas y valores teóricos; no aplicables, sino como un principio aplicable, de valores que toma en cuenta los intereses colectivos y universales; que define los principios de conducta. La ética anarquista es justamente una necesidad de coherencia entre nuestra conducta y los principios que defendemos, en el caso de la FARJ, por ejemplo, libertad, federalismo, autogestión, internacionalismo, acción directa, clasismo, práctica política, inserción social y apoyo mutuo.

La ética se diferencia radicalmente de la moral. La moral es algo que se coloca de fuera para dentro, un contenido no elaborado y que por medio de la coerción, se acepta, o simplemente se somete a ella. Distintamente, la ética es algo que viene de dentro hacia fuera, o sea, algo que es procesado, pensado sin coerción, que después norteará la conducta. La moral puede ser considerada una victoria sobre el individuo, al paso que la ética es el âvencer conâ? (o convencer), siendo la conducta orientada por la ética el resultado de la elaboración y del procesamiento de los conceptos.

Se relacionó mucho, durante la historia del anarquismo, la ética con la coherencia entre los medios y los fines. Por eso se defiende una forma de actuación, que sea adecuada con el fin que se desea alcanzar, la llamada coherencia entre los medios y los fines. Se entiende que si la lucha tiene por objetivo la libertad, debe ser hecha en libertad. Eso se explica de diferentes formas, desde rechazando un medio autoritario como el Estado para llegar a la libertad â el concepto marxista de socialismo â, hasta defendiendo una actuación honrada, íntegra y honesta políticamente, muy al contrario de las historias de militancia de Netchaiev, por ejemplo, que creía que todo valía la pena, para llegar a la revolución, mismo mintiendo, engañando, chantajeando, traicionando compañeros, etc.

En la propia historia del anarquismo en Rio de Janeiro, se relacionó bastante a la ética con el respeto mutuo, entendiéndola como un principio que exigiría la necesidad de respetar a los compañeros de lucha y hacer del ambiente político un lugar de solidaridad, sea con militantes antiguos, sus compañeros, sea con los nuevos interesados. Se recomienda así, una consideración a la pluralidad de ideas, un derecho a la manifestación y a la voz, siempre tratando a las personas con el debido respeto y repudiando conductas antisociales, desagregadoras y divisionistas. [CELIP. Ãtica no CELIP]

Además se puede relacionar le ética con la responsabilidad, de la forma que lo hizo Ideal Peres, cuando afirmo que âun sujeto que tiene una ética libertaria sabe por que está luchando y consigue explicar los motivos ideológicos de la lucha, tiene compromisos y autodisciplina para llevar a cabo las tareas asumidasâ?. En esta relación Ideal Peres, que siempre reforzó los valores de ética y responsabilidad, coloco la necesidad de los militantes anarquistas, de conocer los motivos de la lucha, es decir, contra lo que se lucha y por lo que se lucha, consiguiendo justificar ideológicamente sus argumentos. El compromiso y la autodisciplina serían fundamentales para colocar en práctica esa ética libertaria, siendo por lo tanto antiéticos, los anarquistas que defienden una posición muy común en el universo libertario de descompromiso e irresponsabilidad.

Al entender que la responsabilidad es contraria a la libertad, muchos anarquistas imposibilitan la relación de cualquier actividad seria, con objetivos mínimos. Los anarquistas que defienden la idea de responsabilidad creen que sin ella es imposible hacer cualquier proyecto de medio o largo plazo, de colocar en práctica un proyecto de corto plazo, o establecer una forma de acción y cumplirla. A partir de esa división se entiende que para la realización de cualquier actividad en una organización, debe haber una discusión previa, un planeamiento estratégico que se desdoble, en un planeamiento táctico, con las diversas acciones que la organización realizará. Para que esto ocurra, se deben dividir las responsabilidades y cada uno debe hacer lo que asumió. Como recientemente escribió la FARJ, âla autodisciplina es el motor de la organización autogestionariaâ? [FARJ. Reflexões sobre a Responsabilidade, o Comprometimento e a Autodisciplina], y debe funcionar sin disciplina servil, mas con coherencia con las ideas aceptadas, con la realización de las tareas asumidas y con la obligación severa, para con el trabajo de militancia y de lucha.


* Felipe Corrêa es militante de la Federación Anarquista de Rio de Janeiro (FARJ).
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Construir el Socialismo Libertário - Autogestión y Federalismo Hoy
16 abr 2008
CONSTRUIR EL SOCIALISMO LIBERT�RIO - Autogestión y Federalismo Hoy
Felipe Corrêa



âLa autogestión supone la abolición de la propiedad privada o
del Estado de los instrumentos de producción y su transferencia a los
trabajadores que tienen la âposesiónâ de esos instrumentos,
que les transmiten cuando dejan la empresa
a los que les sucedenâ?
Maurice Joyeux


ASPECTOS CONSTRUCTIVOS DEL SOCIALISMO LIBERTÃ?RIO

Una reflexión actual sobre autogestión y federalismo debe, ciertamente, tener en cuenta el fardo cargado por los anarquistas, hace años, que son acusados de criticar y acusar, y de proponer y construir poco. La afirmación tiene cierta base, visto que parte de los anarquistas se dedicó mas a fomentar su crítica sobre el principio de la autoridad y de la exploración, de que desarrollar los aspectos constructivos libertarios.

El propio término anarquía, del griego an(a) âsinâ? y arkh(os) âgobierno/autoridadâ?, trabaja con un concepto de negación, en este caso del principio de gobierno y de la autoridad â y no de construcción.

Aún en medio de la Revolución Francesa, en el siglo XVIII, el término anarquismo ya era utilizado, aunque sin una definición clara, tanto para referirse a una concepción que apuntaba a promover la revolución, cuanto a una otra, que estaría dispuesta solamente a perturbarla.[1] Desde entonces, la utilización de los términos anarquía y anarquista fue constante, como se puede leer en los periódicos de los siglos XVIII y XIX. La utilización generalmente era hecha por personas defensoras del âordenâ? o por la prensa conservadora, con el objetivo de desclasificar adversarios políticos, generalmente aquellos que defendían cierto âexceso de libertadâ?, para referirse al estado de guerra civil, o a una tentativa de mudanza del orden social. O sea, ya se estaba creando en el imaginario popular, una ligación entre el concepto de anarquía, o anarquismo, y la subversión, el elemento desestabilizador del orden y el caos. Un concepto de crítica y repulsión de algo establecido.

El concepto solo fue utilizado de forma positiva por Proudhon, ya en el siglo XIX, como describe Alexandre Samis al decir que:

âLa anarquía, palabra recurrente en los discursos que tenían como objetivo desclasificar los oponentes, generalmente partidarios de la libertad, era entonces vista de forma diferente de la conceptualización que le dio Pierre Joseph Proudhon, en su tratado presentado a la Academia de Ciencias de Bensançon, Que es la propiedad?,en 1840â?.[2]

Aunque reivindicándose anarquista, Proudhon sustentó prácticamente solo este adjetivo, hasta la formación del concepto de aquello que se llamaría anarquismo, algunos años después. Los seguidores de Proudhon, entre ellos Bakunin, solo pasarían a llamarse anarquistas años después. Mientras tanto, debemos atribuir a Proudhon la primera tentativa de transformar el concepto de anarquismo, de un concepto de simple negación, con connotación peyorativa, en un concepto constructivo, âque sería el distintivo de toda una generación de revolucionariosâ?.[3] Es así que debemos concordar nuevamente con Alexandre Samis, cuando afirma que:

âProudhon tomó para sí la difícil tarea de habilitar un término con significado negativo y con postura estoica resistió durante mucho tiempo solitario con sus convicciones. Ãl afirma en Que es la propiedad?: âla propiedad y la autoridad están amenazadas de derrumbarse desde el principio del mundo: así como el hombre busca la justicia en la igualdad, la sociedad aspira al orden en la anarquía.â Proudhon transforma así la anarquía en vehículo para alcanzar el thelos cualitativo de la sociedad; es la piedra de partida que llevará al hombre al orden en oposición al caos que, según él, es la autoridad. El imperativo moral anunciado por Proudhon es una mudanza radical en el concepto de âanarquíaâ y confiere a los anarquistas un papel privilegiado en las mudanzas sociales.â?[4] (comillas mías).

A pesar de éste intento de Proudhon en traer el anarquismo para una esfera constructiva, y tantos otros que fueron hechos después, el hecho es que el anarquismo acabó conservando, hasta hoy, en su interior, gran parte de éste aspecto crítico, de destrucción, en detrimento de los aspectos positivos, de construcción. Fue así que el pensamiento libertario terminó fundamentando importantes críticas (como la crítica al capitalismo, a la autoridad, y principalmente al Estado), más muchas veces se restringió a ellas. En nuestros días el anarquismo no es más considerado, en todos los casos, con un sentido peyorativo y busca tener un sentido positivo. A pesar de la llamada âdiversidadâ? que existe dentro del anarquismo acabar por convertirlo en una cierta âbolsa de gatosâ?, hay una línea común en todas sus tendencias; ella es formada por las críticas, que terminan por sustentar aquel concepto de anarquismo como âelemento desestabilizador del ordenâ?.

Fue la continuidad de esta tradición, juntamente con la pluralidad de las ideas libertarias, sumada a las facilidades de las personas para adoptar slogans, que hicieron que las frases como âla pasión de destruir es también una pasión constructivaâ? de Bakunin, acabasen no siendo entendidas en su totalidad y siendo repetidas insistentemente, y así construyendo la realidad, no necesariamente semejante a aquella expresada por su autor. Se concluyó a partir de esta frase, por ejemplo, que para edificar una nueva sociedad bastaría destruir la actual, lo que es un completo absurdo. En la concepción anarquista, la destrucción sería representada por la revolución social, que derrumbaría la estructura de la vieja sociedad y abriría las puertas para la construcción de la nueva. Así fue en la historia de las revoluciones con participaciones libertarias significativas, como en Rusia en 1917 y España en 1936.

En las concepciones de Bakunin sobre la revolución social, podemos ver claramente, en la mayoría de las veces, un concepto de destrucción, cuando enfatiza, por ejemplo, que:

âÃsta pasión negativa está lejos de ser suficiente para elevar la causa revolucionaria al nivel deseado; pero, sin ella, esta causa es inconcebible, y también imposible, pues no hay revolución sin destrucción profunda y apasionada; destrucción salvadora y fecunda, justo por que de ella y solo por ella, se crean y nacen los nuevos mundosâ?. [5]

A pesar de eso, son evidentes también los conceptos constructivos, que eran traídos por Bakunin, al tratar de la revolución cuando, por ejemplo, afirmaba que:

âNadie puede querer destruir sin tener por lo menos una remota imaginación, real o falsa, del orden de cosas que debería a su parecer suceder al que existe actualmente; y cuanto más viva está en el dicha imaginación, más poderosa se vuelve su fuerza destructora; y cuanto más se acerca a la verdad, o sea, está más en armonía con el desarrollo necesario del mundo social actual, más saludables y útiles se hacen los efectos de su acción destructora. En efecto, la acción destructora está siempre determinada, no solo en la esencia y en el grado de intensidad, sino también en los modos, las vías y los medios que emplea, por el ideal positivo, que constituye su inspiración primera, su almaâ?.[6]

Como el propio Bakunin demuestra[7], después de la revolución hay un período intermedio, que no debemos confundir con la âdictadura del proletariadoâ?, que generalmente es de guerra civil, en el que la contra revolución ataca, intentando retomar el poder. Hay una gran ofensiva de la reacción, lo que torna aún mas difícil la construcción de la nueva sociedad, pues, si por un lado se tiene que ocupar de esta construcción, al mismo tiempo se debe preocupar con la cuestión de la â defensa de la revoluciónâ?.[8] El caso en España de la guerra civil de 1936-1939, en que fábricas de alimentos tuvieron que ser ajustadas para la producción de armas es un ejemplo claro que la construcción de España no era simplemente la revolución. No era simplemente una nueva construcción después del éxito de la revolución de julio. Era obviamente mantener los logros conquistados, al mismo tiempo abrir el campo para la construcción de la sociedad, y pasada la amenaza de la contra revolución, edificar la sociedad libertaria, poniendo en práctica la autogestión y el federalismo, con todas las dificultades que eso implica: cambiar la cultura, la conciencia, el funcionamiento de la industria, de las empresas, de las comunidades, etc.

Cuando Bakunin desarrolló este tema de la destrucción y de la construcción, su inspiración estaba en Proudhon, y por tanto en uno como en otro, también hay ciertas ambigüedades con relación asunto. Veamos un ejemplo de Proudhon. En 1849 él escribía: â[...] soy socialista [...] no apenas por que protesto contra el régimen actual de la sociedad, sino por que afirmo un nuevo régimen[...]â?.[9] En esta frase, Proudhon coloca claramente la cuestión constructiva del socialismo, insistiendo que ser socialista no significa simplemente negar el capitalismo, sino afirmar una nueva sociedad, es decir, concebir y luchar por una sociedad anhelada; socialista en este caso.

Sin embargo, Proudhon también tiene pasajes relativamente ambiguos que pueden posibilitar una doble interpretación. Es el caso, en este mismo artículo de 1849, cuando continúa: âSoy socialista, esto es simultáneamente reformador e innovador, demoledor y arquitecto; pues, en la sociedad, esos términos son sinónimosâ?. De ese trecho, podemos tener dos interpretaciones. La primera que nos parece equivocada, que âdemoledor y arquitectoâ? son sinónimos, o sea, la misma cosa. Está claro que destruir no es la misma cosa que construir. La segunda interpretación, que nos parece más coherente, es que destruir no significa construir, pero el destruir implica el construir. Es decir, de nada adelanta nos afirmar en la destrucción de algo, sino sabemos, con alguna claridad, lo que queremos colocar en el lugar.

Esta segunda interpretación justifica una noción constructiva que es importante, inclusive, para la persuasión de otras personas, sobre los ideales por los cuales luchamos, y también para que podamos pensar estratégicamente en las alianzas, en los acuerdos y en las reivindicaciones que hacemos.

Los anarquistas, varias veces, fueron víctimas, pues se aliaron a otros, en la expectativa de hacer una revolución, para después, ver lo que sería hecho. El resultado fue obvio: en la âobra de la destrucciónâ?, todos los que eran contra los regímenes vigentes se aliaron para destruir aquellos regímenes, o sea, para la revolución. Los problemas vinieron en el momento de construir algo después de la revolución, pues en ese momento, los anarquistas aliados en la obra de la destrucción, terminaron por tornarse enemigos, en la obra de la construcción. Muchos anarquistas fueron muertos, simplemente eliminados por eso.[10]

Fue justamente por la conclusión de la necesidad de trabajarse los aspectos constructivos que el anarquismo se pautó, en gran medida, sobre el desenvolvimiento de los conceptos de federalismo y autogestión. Toda esta discusión se caracterizó por la búsqueda de la respuesta a dos preguntas:

a. Como funcionará la sociedad autogestionaria y federalista, defendida por los anarquistas, después de la revolución social?
b. Como aplicar los principios del federalismo y de la autogestión hoy, por lo menos parcialmente, y hacer con que ellos, se constituyan como herramienta, en la lucha contra la exploración y la opresión, llevándonos en la dirección de los objetivos de largo plazo?

Fue siempre en busca de esas respuestas que los libertarios intentaron desarrollar conceptos para el funcionamiento de la sociedad futura y para las luchas cotidianas.

En primer lugar, el funcionamiento de la sociedad futura, como un proyecto de largo plazo, un esbozo de las líneas generales del funcionamiento, de las instancias económicas, políticas y sociales, que en el momento apropiado, sustentarían la ânueva sociedadâ?. Vale resaltar que mucho mas relevante de que crear proyectos acabados de sociedad, como fue el caso de los falansterios de Fourier, es importante la discusión y la determinación de las âlíneas maestrasâ? que permitirán una adaptación según el tiempo y el momento.

En segundo lugar, la aplicación de los principios inmediatamente, pues de nada serviría tener un proceso en funcionamiento de sociedad, que quedase âguardado en el cajónâ?, para nunca ser aplicado, como ocurrió con el proyecto de âcomunismoâ? de Marx. Eso implica exactamente la discusión de fines y medios. Para los anarquistas, los fines están en los medios, es decir, si queremos una sociedad en la que funcionen plenamente los principios de la autogestión y del federalismo, no existe otra forma para llegar a ella, que no sea por las luchas federadas y autogestionarias. O sea, los fines son los propios medios. Aquí está un proyecto de lucha bastante diferente de la concepción desarrollada por la escuela marxista, que afirmaba que los fines justificaban los medios, y basados en esta máxima justificaban un Estado autoritario como medio de lucha (la concepción del socialismo como estadio intermediario de Marx), para alcanzar un fin comunista, sin Estado, algún día quién sabe. Las previsiones anarquistas se confirmaron: de las luchas con carácter autoritario, solamente se originan proyectos de sociedades autoritarios. Es decir, el medio autoritario â el Estado âsocialistaâ? â no desaparece nunca y el medio se torna el fin; exactamente como aconteció con el proyecto de la Unión Soviética, entre otros, que intentaron llegar al comunismo siguiendo la escuela marxista-leninista. Hallamos muchos ejemplos.

Es exactamente por este motivo que, se defendemos los principios del federalismo y de la autogestión para dirigir el funcionamiento de una sociedad futura, es imprescindible que ellos comiencen a ser aplicados inmediatamente y nos ayuden en la aproximación de la revolución social, o mismo para las luchas que tienen objetivos de corto plazo, pero que no dejan de ser revolucionarias. [11]


LA NECESIDAD DE APLICACIÃN DE LOS PRINCÃ?PIOS DE AUTOGESTIÃN Y FEDERALISMO HOY

Estos aspectos constructivos del anarquismo no deben ser pensados solamente a partir de una perspectiva de âpost-revoluciónâ?. Muchos escritos sobre el tema, reflexionan sobre la autogestión y federalismo solamente como un sistema que deberá entrar en la orden del día cuando se haga la revolución, o sea, en la implantación del socialismo o del comunismo libertario. El mejor proyecto al que tuve acceso, en este sentido, fue el llamado âPARECONâ?, un acrónimo del inglés, utilizado para el término Participatory Economics, o economía participativa, desarrollado por Michael Albert y otros autores.[12]

El PARECON parte de una premisa libertaria de construcción de una sociedad futura y que tiene como principales pilares equidad, solidaridad, diversidad, autogestión y equilibrio ecológico. Las discusiones en torno de ese proyecto son bastantes grandes y hay contribuciones significativas a la cuestión sobre el funcionamiento de la sociedad futura. El PARECON defiende una estructura de consejos democráticos de trabajadores y consumidores que permitirían una forma diferenciada de toma de decisiones, en varios niveles, sustentada por la autogestión. Hay otro eje central, en la propuesta del PARECON, que es la creación, de complejos balanceados de tareas, lo que permitiría acabar con la separación entre el trabajo manual y el intelectual. En el centro de la discusión del PARECON, hay todavía, todo un debate, en torno de economía, propiedad privada, remuneración, distribución, producción, consumo, eficiencia, productividad, creatividad, innovaciones, entre otros temas.

La idea del PARECON, fue construida mezclando parte de los conceptos anarquistas, parte de los conceptos de otras corrientes socialistas de cuño libertario, como es el caso de los comunistas consejitas, y desenvolvió características propias, profundizando las tradiciones clásicas. Tratando la relación, entre la propuesta del PARECON y el anarquismo, Michael Albert afirmó, en una entrevista:

âCreo que el propio PARECON es un proyecto económico anarquista, por que el realiza funciones económicas deseables, de manera de incorporar rápidamente la influencia y el envolvimiento de cada persona. El PARECON no posee jerarquías fijas y estructura de clases. Genera, no solo participación y justicia en los resultados sociales y materiales, como también autogestión real, lo que es claramente un objetivo del anarquismo. Debo pensar, en otros términos, que los anarquistas no deben hallar el PARECON simplemente adecuado, y sí verlo como un compañero muy próximo de sus aspiraciones.[13]

Antes e este proyecto, fueron varios los autores que intentaron trazar las líneas maestras para una organización de la sociedad futura, de manera anti-autoritaria. Entre estos ejemplos, podemos resaltar el libro La Conquista del Pan de Piort Kropotkin, El Organismo Económico de la Revolución de Diego Abad de Santillán, El Comunismo Libertario de Isaac Puente, Idées sur lâorganisation sociale [Ideas sobre la Organización Social] de James Guillaume, Los Sindicatos Obreros y la Revolución Social[14] de Pierre Besnard, Sobre el Contenido del Socialismo II de Cornelius Castoriadis, Consejos Obreros de Anton Pannekoek, entre otros.

Debemos reconocer que hay una gran importancia en la discusión y en la definición de nuestro propio proyecto socialista libertario, describiendo, en líneas generales, la sociedad en que quisiéramos vivir. Es este proyecto que nos permitirá imaginar donde queremos llegar, y evaluar las acciones que tomamos hoy, verificando si ellas están caminando rumbo a nuestros objetivos de largo plazo o no. Puede parecer obvio, mas es fundamental, para un militante o un grupo de militantes, saber donde se pretende llegar con su trabajo. Es responder a la cuestión: donde queremos llegar?

Por consiguiente, tan importante cuanto la discusión sobre las perspectivas posibles de largo plazo, es la discusión de como esos objetivos estratégicos, es decir, nuestro proyecto político a largo plazo â en que la autogestión y el federalismo ciertamente tienen un lugar preponderante â, deben orientar las prácticas de la lucha cotidiana, o sea, como podemos aplicar inmediatamente esos principios en las luchas del día a día, en la militancia por los logros de corto plazo, en las movilizaciones cotidianas, o en nuestra actuación que se coloca más en el ámbito táctico de que en el estratégico. Es responder dos cuestiones. Que hacer hoy, para comenzar a caminar rumbo hacia donde queremos llegar en el futuro? Como actuar para poder avanzar en la dirección correcta?

Buscar respuestas para estas dos cuestiones es importante, hace que las ideas libertarias salgan del plano ideal, de un concepto teórico, para tornarse una realidad concreta. La crítica hecha a los anarquistas que acabaron âen las torres de marfilâ? ocurrió exactamente por el distanciamiento que la teoría libertaria acabó teniendo de la práctica y por eso terminó creando un hiato monstruoso entre aquello que se pregonaba y aquello que se realizaba. Eso fue fundamental para una radicalización bastante mal sucedida con los miembros de la tradición libertaria cuando el anarquismo se distanció de su bies mas importante, que es la realidad social, y pasó a propagar una teoría cada vez mas âradicalâ?, terminando por transformarse en sectarismo absoluto, con acciones individualistas entre otras prácticas contraproducentes. Son muy comunes los ejemplos de grupos que simplemente no consiguen tener trabajo social por creer que todos los ambientes en que esta actuación social sería posible: sindicatos, escuelas, movimientos sociales, etc. son completamente âcontaminadosâ? por partidos políticos y por las ideologías autoritarias. Hay una confusión entre lo que se trata en el plano político y lo que se trata en el plano social, se escapa de la realidad por ser ésta muy diferente del plano teórico y ideal. De esa forma, crece la âviolencia verbalâ? presente en los discursos, que no existe minimamente en la práctica. O sea, hay una idealización del plan futuro, que no tiene cualquier acción de corto plazo que puede apuntar para los objetivos deseados. Se construye una teoría que es vacía y no da cuenta de la realidad.

Es justamente la aplicación de los principios libertarios en la realidad cotidiana, que encamina la teoría, así como la teoría inspira la práctica del día a día. Como viene a colocar la Federación Anarquista Uruguaya (FAU), en Huerta Grande: Importancia de la Teoría, cuando resalta:

âPor eso, a partir de esta comprobación básica es que surge como fundamental y prioritario el actuar, la práctica política. Solamente a partir de ella, en su existencia concreta, en las condiciones comprobadas de su desarrollo puede llegar a elaborarse un pensamiento teórico útil. Que no sea gratuita acumulación de postulaciones abstractas con más o menos coherencia y lógica interna, pero sin coherencia con el desarrollo de los procesos reales. Para teorizar con eficacia es imprescindible actuar.â?[15]

Un ejemplo mas visible de eso es el siguiente: los grupos más sectarios, menos dispuestos a trabajar con personas diferentes (no anarquistas), que todos acusan de ser reformistas, etc. son exactamente los grupos que menor trabajo social poseen. Los grupos más dogmáticos y que más slogans profieren, sin cualquier sentido práctico, son exactamente esos grupos, sin contacto con la realidad social. Sin movilización social, como es posible pretender caminar, rumbo a una sociedad en que impere la libertad y la igualdad? Fue así que acabaron siendo constituidos los âdestruir el capitalismo y el Estadoâ?, âser revolucionarioâ?, entre otros slogans que, a pesar de tener un contenido por detrás, vienen siendo repetidos como un dogma, si cualquier reflexión que apunte para una acción cotidiana, que pavimente el camino rumbo a estos objetivos.

Es una cuestión simple, observemos las letras siguientes:

A         B         C         D         E

Si deseamos salir de âAâ? y llegar en âEâ? por el camino mas corto, debemos pasar necesariamente por âBâ?, âCâ? y âDâ?. Considerando que la sociedad de hoy, en que estamos viviendo, sea la letra âAâ? y que la sociedad en que el comunismo libertario esté plenamente establecido sea la letra âEâ?, necesariamente tendríamos que realizar acciones que hiciesen con que pasásemos por âBâ?, âCâ? y âDâ?, respectivamente. El ejemplo de los radicales sin contacto con la realidad, citado encima, podría ser caracterizado como personas que viven en âAâ? y que pregonan la âEâ?, mas no realizan nada en términos de âBâ?, âCâ? y âDâ?. Muchas veces, ni hallan que deben hacer alguna cosa, en esos términos. Como pretenden caminar sin querer mover las piernas?

Es justamente en la aplicación hoy de los principios de la autogestión y del federalismo que harán con que las prácticas militantes de los socialistas libertarios caminen de âAâ? hasta âEâ?. La organización y la actuación del día a día crean condiciones para que se establezcan logros de corto plazo y para que se acumule una gran fuerza social libertaria lo que podría ser considerado âBâ?. Con gran fuerza social y significativo apoyo popular se podría pensar en la realización de una revolución social, con la lucha por el fin del capitalismo y del Estado, lo que podría ser considerado âCâ?. El período de defensa de la revolución, de guerra civil y de reorganización (o lo que algunos llaman socialismo libertario, como período intermediario), podría ser considerado âDâ?. El establecimiento de la sociedad comunista libertaria, con la implementación efectiva de la autogestión y del federalismo, que podría ser considerado âEâ?.

Es exactamente la lucha por la constitución del paso âBâ?, es decir, acumulación de fuerza social significativa por parte de los defensores del federalismo y de la autogestión, que podrá preparar el terreno para el âCâ?, o sea, para la revolución social. Si no, cuál será el camino para la revolución social? Es por medio de ese raciocinio que llegamos a la conclusión de la necesidad, de la aplicación inmediata de los principios del federalismo y de la autogestión.

Primeramente, como un medio libertario de alcanzar los fines deseados. En segundo lugar, como una forma de aumentar la lucha por nuestros objetivos y acumular fuerza social. Es solamente así que se puede caminar rumbo al comunismo libertario âEâ?. Simplemente profesar: vamos a acabar con todo!, vamos a construir el comunismo libertario â o sea âEâ? â, sin trabajar de hecho para la consolidación de âBâ?, es caer en el discurso vacío, en la práctica de discursos frágiles, que no se sustentan en la práctica.


* Felipe Corrêa es militante de la Federación Anarquista de Rio de Janeiro (FARJ).



NOTAS:

1. Samis, Alexandre. âAs Matizes do Sentido: anarquismo, anarquia e a formação do vocabulário político no século XIX. [Los matices del sentido: anarquismo, anarquía y la formación del vocabulario político en el siglo XIX]â?. In: Revista Verve 2. San Pablo: Nu-Sol, 2002 p.48.

2. Idem. p.52.

3. Idem. p.61.

4. Idem. p.54-55. La citación de Proudhon en el artículo de Samis fue extraída de Proudhon, Pierre Joseph. Que es la propiedad? Barcelona, Tusquets, 1975, p.283.

5. Bakunin, Mikhail. Estatismo e Anarquía [Estatismo y Anarquía]. San Pablo: Imaginário, 2003, p.52.

6. Bakunin, Mikhail. âProtesta de la Alianzaâ?, citado en Mintz, Frank. Bakunin: crítica y acción. Buenos Aires: Colección Utopía Libertaria, 2006, p. 33.

7. Ver especialmente el âdiálogoâ? de Bakunin con Maximov en el libro de Mintz citado encima.

8. Ver la discusión hecha por Nestor Makhno sobre eso, especialmente en su artículo âSobre la Defensa de la Revoluciónâ?, además del documento que originó la discusión, escrito por su grupo Dielo Trouda âPlataforma Organizativa por una Unión General de Anarquistasâ? â hay una nueva traducción para el español revisada y hecha directamente del ruso [http://www.fondation-besnard.org/article.php3?id_article=517] A pesar que tenemos ciertos puntos de discordancia en relación a lo que defiende Makhno, la mayor parte de sus argumentos es correcta, debiendo ser considerada con atención.

9. Proudhon, P, J. âLe socialisme jugé par M. Proudhonâ? en La Voix du Peouple 1849, apud Leval, Gaston. âConcepções Construtivas do Socialismo Libertário [Concepciones Constructivas del Socialismo Libertario]â?. In: Autogestão e Anarquismo [Autogestión y Anarquismo]. San Pablo: Imaginário, 2002. p.19.

10. Para un ejemplo práctico de eso basta que observemos la historia de la Revolución Rusa de 1917. Los anarquistas acabaron aliados a las otras tendencias de izquierda para la destrucción del zarismo. En las batallas contra el Ejército Blanco, Nestor Makhno y los revolucionarios ucranianos fueron solicitados, algunas veces, por el Ejército Rojo, y su ayuda fue fundamental para alejar la amenaza de la contra revolución. Los bolcheviques cuando vieron la amenaza de la restauración del zarismo pasar, colocaron a los makhnovistas en una emboscada, diezmando todo el ejército que tanto los ayudara. El ejemplo es exactamente ese: en la obra de la âdestrucciónâ?, estaban todos âjuntosâ?. En la obra de construcción, para los bolcheviques, los anarquistas podían constituirse como un obstáculo a sus objetivos centralistas y autoritarios.

11. Trabajé ese concepto un poco mas detalladamente en un artículo, transformado posteriormente en libreto, llamado de Reforma e Revolução [Reforma y Revolución], publicado por Faísca Publicaciones Libertárias en 2006.

12. Michael Albert publicó, hace algún tiempo, un libro con el nombre de PARECON: Life After Capitalism (2003), en el cual sintetiza sus ideas sobre el PARECON, que fueron siendo desenvueltas, principalmente, en tres libros anteriores, llamados Looking Forward (1996), Thinking Forward (1997) y Moving Forward (2001). Hay mucho material sobre el tema en otros idiomas, principalmente en inglés, en el sitio www.parecon.org. A pesar de su trabajo sobre el posible funcionamiento de una sociedad libertaria futura ser muy bueno, hay muchos equívocos de su parte al discutir los medios, tales como las formas de organización, lucha, alianzas, etc.

13. Albert, Michael, entrevistado por Andrej Grubacic. Regarding PARECON.

14. Ver la obra completa, en el original en francés.

15. Federación Anarquista Uruguaya (FAU). Huerta Grande: Importancia de la Teoría.
Mira també:
http://www.farj.org
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