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Comentari :: antifeixisme
Rearticulación de la derecha. Tendencias
03 gen 2008
Grupos de Nazis y agresiones fascistas ha habido siempre, pero ¿qué características reúne esta nueva oleada de matones y sobre que se sustentan?.
Grupos de Nazis y agresiones fascistas ha habido siempre, pero ¿qué características reúne esta nueva oleada de matones y sobre que se sustentan?.
En primer lugar debemos desechar la idea de que es un fenómeno aislado o cíclico, de carácter âautónomoâ? y que carece de un soporte social que impulsa y regenera su acción, por lo que se deduce que sería un grave error político limitar la respuesta (o ataque) como movimiento a un continuo ir y venir de agresiones, a una búsqueda incansable de cuevas fascistas generando una espiral de desgaste tanto físico como político.

Personalmente considero que debemos tener una perspectiva de miras bastante más amplia y tratar de descifrar la matriz del problema. Un problema que no se circunscribe al Estado Español sino que se eleva a escala Europea donde la rearticulación de la derecha ha tomado un gran impulso tanto a nivel de calle como institucional durante los últimos años. Casos conocidos como Le pen, en Francia, Haider en Austria, Suiza con el 29% de los votos y muchos más que podríamos enumerar.

Todos los casos no están tejidos con la misma fibra y es su propia evolución socio histórica la que determina sus razón de ser, ya sea debido a la desarticulación de las clásicas formas organizativas del movimiento obrero dejando así un vacío en donde se pasaría de ser obrero a ânacionalâ?, como es el caso francés, o como reacción a las dictaduras estalinistas como ocurre en algunos países del Este.

En caso del Estado Español los vestigios de la lógica franquista continúan ejerciendo una gran influencia en la memoria colectiva de la derecha, la idea de que existe una España que tiene como labor mantener los valores y costumbres que la hacen grande y por lo tanto una antiespaña que se encarga de amenazar, romper, confundir y traicionar la idea de la nación, nido de rojos y anarquistas que representan un cáncer a extirpar.
Asimismo se han rediseñado las formas de intervención política de la derecha, adaptándose a los nuevos tiempos en donde hacen de los movimientos migratorios, la seguridad y el âanti-terrorismoâ? herramientas claves de su discurso e imaginario político.

Alrededor de esta idea han girado las 21 demostraciones de fuerza que ha ejercido en la calle desde el 2005, usando todos los tentáculos que conforman la macro plataforma postfranquista, ya sean canales informativos, asociaciones de victimas, iglesia y un sin fin de siglas que aunque
supongan un grupo heterogéneo convergen con vistas a la carrera electoral en agruparse en torno al Partido Popular.

Un Partido Popular que sabe como presionar haciendo uso de la idea rancia de España, sacando a cientos de miles de jubilados a enarbolar la bandera, pero que al mismo tiempo es el primero en declarar que ellos descartan cualquier traba a la hora de aplicar la Ley de Partidos contra los grupúsculos como DN, AN, etcâ¦puesto que son conscientes de que no pueden tolerar ningún tipo de fisura en sus filas ni desvíos electorales, ya que son ellos los que aglutinan a casi todo el espectro de la derecha. y no están dispuestos a ceder su arma arrojadiza.



Debido a estas razones particulares que conforman la realidad local desarrollada dentro del Estado Español resurgen con fuerza las bandas de nazis que se han visto a si mismas con más legitimidad y fuerza para salir a las calles a defender a España.

Pero no debemos confundirnos: es cierto que las causas de esta rearticulación de la derecha se manifiesta y se compone dependiendo de las características propias de cada territorio y su evolución interna, pero todas ella confluyen en usar como chivo expiatorio y eje desde donde articular su actividad política a la clase más vulnerable; los inmigrantes, fomentando la alarma social donde se delinean dos bandos, los invasores (y los que los apoyan) que quieren usurpar nuestra cultura, tradiciones, trabajo etc.. Y por el otro todo el conjunto de buenos europeos que nos sentimos amenazados y por ellos debemos reaccionar con contundencia, para defender âlo nuestro frente a una imparable invasiónâ?

¿Por qué se utiliza la misma fórmula a lo largo y ancho de Europa?

Quizá la respuesta se ubica dentro de las características propias de la época en la estamos inmersos y la ausencia de brújula creada a raíz de ello. Una gradual reducción de la demanda de trabajo vivo potenciado en gran medida por la innovación tecnológica conlleva una cuota estructural de paro, totalmente inamovible, con tendencia ampliar el conjunto de capas poblacionales que se caen de toda integración económica y social, afectando también aquellos que perciben su situación como una incertidumbre constante en todas las facetas de su vida, aceptando condiciones precarias para no convertirse en un posible paria.

Inmersos en un proceso de desmantelamiento del Estado de Bienestar que
garantizaba la integración social y económica en la sociedad a través del ciclo trabajo consumo-ciudadanía, vemos como gradualmente se va configurándose cada vez más como una ilusión pasada del Fordismo-keynesiano. Si la norma es reducir el Estado al mínimo, los
servicios públicos se presentan como un campo virgen de acumulación capitalista donde poder sacar rédito ; desde la educación, hasta la sanidad se elaboran procesos de mercantilización usando soporte público para beneficio empresarial.

Las ayudas sociales adquieren un carácter punitivo sobre el beneficiado y la procedencia social y económica de la persona ya no son suficientes para justificar (aunque sea vagamente) ningún acto fuera de la ley, en donde debe aplicarse todo su peso sobre quien la infrinja puesto que se hace percibir a la población que todo individuo actúa en el mercado según sus necesidades y posibilidades subjetivas por lo que las personas se relacionan libremente según su decisión personal.

Esta visión moralista e individualista de la pobreza responde a la falta de recursos organizativos clásicos del movimiento obrero (*1) que resultaban efectivos precisamente como respuesta a un modelo económico distinto, por lo que se han visto superados y descompuestos a raíz de los profundos cambios que se están gestando en la esfera productiva, unos cambios que igualmente hace mutar la propia intervención en la escena pública de la extrema derecha rediseñando su discurso.




La obsesión securitaria canaliza la formación de las nuevas tecnologías del control que actúan cartografiando la sociedad en donde se estigmatizan grupos sociales enteros como potenciales colectivos propensos a cometer ilegalidades, por lo que deben ser controlados pero no reinsertados, puesto que resulta ineficiente su reinserción.
Estas nuevas clases peligrosas compuestas mayoritariamente por inmigrantes, jóvenes, desocupados, mendigos etc.. son consideradas como tal por el conjunto de la población gracias a la construcción social del consenso que contempla el reajuste de medidas represivas con tal de mantener el orden social.

Esta situación nos presenta un modelo de sociabilidad en donde entra en crisis el contrato social de la modernidad, ya no cabe una voluntad general en una sociedad fragmentada drásticamente en múltiples apartheid. La emergencia de distintos fascismos societales que se alejan de la categoría política diluyéndose dentro de la propia génesis capitalista se enfundan como un valor democrático que impregna todo el campo social, lo cual supone el verdadero reto al que hacer frente en las sociedades postfordistas.

Ruptura de los clásicos lazos sociales de los que disponía la clase obrera, deshilachando todo resto de tejido social, reduciendo toda existencia hacia un modo contractual estrictamente individual donde desaparece cualquier iniciativa colectiva, conllevan una reprogramación neurológica e incluso una mutación antropológica donde nos acostumbramos a olvidar cualquier herencia solidaria, de conocernos, de poner en común, naturalizando la relación mercantil como única vía posible, donde el futuro que esta por venir nada tiene de diferente de lo ya vivido.

La metrópolis se adapta a las exigencias securitarias utilizando metodologías militares, la ciudad como escenario de guerra donde desplegar todos los instrumentos necesarios para hacer frente a un siempre posible imprevisto, provocando una gradual homogenización de las calles y los lugares donde encontrarnos, eliminando toda diversidad y multiplicidad de usos, reduciendo el espacio público y las calles a la relación mercantil donde priman marcas, empresas y el consumo, destruyendo toda capacidad de vitalidad y de encuentro.

Es en este ambiente donde las bandas de nazis proliferan con facilidad, como síntoma de la frustración y la desesperación y ausencia de todo lazo social, una reacción que apunta hacia los mas débiles, hacia lo diferente, lo extraño.
Sin duda estas son tendencias que apuntan hacia donde nos dirigimos que hoy día se empiezan a dibujar gradualmente compartiendo terreno con características propias de la modernidad, lo que determina que nos encontramos inmersos en un procesos de transición en donde los viejos
esquemas resultan obsoletos a la hora de analizar la realidad y los nuevos están en proceso de implantación.









Y en la práctica ¿Por donde tiramos?


En primer lugar dejar bien claro que somos antifascistas por el hecho de ser anticapitalistas, hoy más que nunca carece de todo sentido autocalificarse únicamente como antifascista si se pretende avanzar hacia una transformación social radical, debido en parte a que si bien el antifascismo representó, históricamente, un fenómeno de masas y de alianza internacional , hoy es una visión incorporada y proyectada por el mismo sistema que en los años 30´ utilizó el fascismo como reacción a una creciente turbulencia social. Reclamarse hoy antifascista sin tener en cuenta una óptica anticapitalista fácilmente conduce a reivindicar una Democracia liberal.

Si queremos plantar cara a las bandas de fascistas como se comenta al inicio no nos podemos quedar con la estrechez política de la violencia física. Nuestra apuesta debe ser mucho más fuerte y por lo tanto arriesgada y de larga duración. Tenemos que conseguir que los vecinos
incorporen como propio el rechazo al fascismo, y para ello es estrictamente necesario generar un trabajo continuo donde socavar legitimidad al capital, borrando su influencia desde la propia cotidianidad de la vida, fomentando las experiencias en colectivo y en
común donde poder construir conjuntamente.

Es para ello necesario elaborar proyectos que fusionen tanto el plano político como el cultural y social, ya que el capital impregna todos ellos de forma simultánea. Un error a mi parecer es concebir la incompatibilidad de distintos métodos de manifestación o expresión que nos conduce inevitablemente a la clásica división entre âbuenos y malosâ?. Considero que tenemos que aprender a jugar en distintos tableros y con distintas fichas, midiendo tiempos y estrategias, porque sino ¿de que nos sirve el raciocinio?.

Que puedan acudir familias y niños a las manifestaciones convocadas por el movimiento es un buen indicio y no lo contrario, puesto que la llave esta en crear una gramática cultural donde mi madre y yo estemos en el mismo barco, es a partir de este punto cuando empezamos a construir realidad y movimiento; cuando seamos capaces de fomentar espacios de sociabilidad alternativos que escapen a la lógica mercantil y que además se sostengan en el tiempo edificando una estructura estable , así como dispositivos de organización política que sepan descifrar y dar forma a la complejidad respetando la multiplicidad de sensibilidades existentes.

Que el conjunto de la población interiorice como pilar vital de su vida en sociedad, como elemento de higiene democrática una posición hostil e intolerante hacia ciertas actitudes, (fascistas, racistas, machistas etc..), suponen el mejor colchón social para dar alas a la hora de legitimar el hacer política radical y sostener la actitud de los jóvenes en la calle.

Esto conlleva un trabajo constante y de base, dejando de lado los cajones ideológicos y mezclarnos con la gente, aunque no nos resulte apetecible e incluso incómodo porque no estamos en nuestro circulo de amistades-políticas. Automarginarnos esperando que sean âellosâ? los que se incorporen a ânosotrosâ? es un error garrafal, nosotros tenemos que difundir la idea, pero sin prepotencia, desde abajo y con los de abajo, recuperando un lenguaje históricamente nuestro pero que se ha apropiado el enemigo desvirtuándolo de su verdadera lógica, desarrollando poquito a poco zonas liberadas de fascistas y por lo tanto enfrentadas directamente al capital.


(*)1
Esto no significa que no se sucedan ejemplos organizativos y procesos de lucha donde imperen esquemas propios del fordismo, puesto que eso implica una transición, una convergencia de aspectos de dos modelos distintos en la misma época. Nos encontramos entre un âya noâ? y un âno todavíaâ?, lo que se afirma es la tendencia.

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