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Los anarquistas y la cuestión del poder
14 des 2007
¿Cómo tratar el poder desde una perspectiva anarquista?
Este tema tiene su importancia para las ideas libertarias. A veces surgen dudas sobre si sería necesario mantener durante algún tiempo una âdictadura del proletariadoâ? o como se la quiera llamar. Como dicen, si manda el pueblo no puede haber gobierno y si hay gobierno no manda el pueblo. Hasta ahí de acuerdo. ¿Pero qué ocurriría hasta que mande el pueblo? Para ponernos en situación podemos imaginar un ejemplo. La revolución española.

Imaginemos que se gana la guerra en septiembre de 1936. Se hacen varios plenos del movimiento Libertario en los que se decide âir a por el todoâ?, y se lleva a cabo una insurrección -o golpe de estado- en el mes de octubre. Al fin y al cabo había fuerzas suficientes [1]. Pero lo que no se quería de ningún modo era tener que defender una revolución con una dictadura [2]. La revolución que se planteaba desde la CNT era siempre en conjunto y de la mano de la UGT. Quizás el error de entonces fue pensar en âsindicalistaâ? [3] olvidando que grandes sectores de la UGT estaban controlados por los comunistas del PCE o por sectores menos revolucionarios del PSOE [4]. Un gobierno intersindical hubiera resuelto muchos problemas, es verdad, pero quien dominaba la UGT era Largo Caballero, y éste era a la vez presidente del gobierno desde el 3 de septiembre. Ya tenía el poder en sus manos y probablemente no quisiera perderlo. Más bien su idea sería una revolución a lo Chávez, desde arriba y poco a poco.

Para que la revolución libertaria hubiera triunfado habría que haber consolidado las bases territoriales, económicas y militares. Es decir, que habría que haber logrado formar los distintos consejos territoriales, como el de Aragón [5], y reforzarlos con otros consejos económicos, como el de las colectividades de Aragón y a la vez mantener intacta la fuerza miliciana. Ambos consejos estaban impulsados por una parte de la CNT. Pero, ¿y la toma del poder? En realidad la propia formación del Consejo de Aragón era una manera práctica de tomar el poder. Pero, ¿cómo pasamos a una sociedad libertaria?

En Aragón, se hizo una revolución económica âllegó a haber más de 300.000 colectivistas registrados por el consejo de colectividades [6]-, aunque en lo político se quedaron a medias. Un consejo frentepopulista o revolucionario sigue siendo un gobierno, aunque se denomine âconsejoâ?. Para que el pueblo tenga el poder, y que éste no se quede en manos de una élite, hay que formar asambleas populares. Ir desde abajo hasta arriba confederándose y creando organismos independientes de todo poder preexistente. ¿Se puede impulsar desde un gobierno revolucionario?

Aquel Consejo de Aragón podía haber impulsado la creación de consejos municipales o comunas [7] que luego se federarían en comarcas en una especie de consejo comarcal. Más tarde, en otra reunión, las distintas comarcas de Aragón podrían acordar la creación de un nuevo consejo regional, esta vez sin partidos, ni sindicatos, formado por representantes de las comarcas. Cuando este nuevo consejo esté constituido, el antiguo consejo, que supuestamente era provisional y revolucionario dimitiría y cedería el poder al nuevo.

En un caso como el que acabamos de ver el proceso desde que se decide qué pinta tiene que tener una sociedad libertaria hasta que se consiguen plasmar, duraría unas semanas o unos meses y no sería traumático. A una escala mayor, por ejemplo a nivel de aquella España republicana del 36, se podría seguir el mismo proceso. Una vez derrotado el fascismo si, como hemos supuesto, el movimiento libertario decidiera ir a por el todo, el enemigo a batir sería el propio gobierno republicano y las fuerzas políticas y sindicales que lo apoyaban. No sería fácil hacer una revolución sin, o incluso âcontraâ? las otras fuerzas. Probablemente hubiera que haber llegado a algún pacto con la UGT, con el POUM y hasta con Largo Caballero. Pero imaginemos de todas formas que aquellas gentes del 36 hacen una insurrección y vencen. ¿Qué habrían hecho?

Lo lógico sería destituir el gobierno y sustituirlo por un consejo o una junta revolucionaria. Desde esta junta, que en la práctica sería un gobierno, se tendrían que seguir los mismos pasos que hemos visto en aquel hipotético e imaginario consejo de Aragón de más arriba. Es decir, se impulsaría la celebración de asambleas en cada pueblo, barrio o aldea de Iberia en donde eligieran un consejo municipal. En unos días, cuando hubiera un número adecuado de consejos municipales formados, se celebrarían asambleas comarcales. Y cuando estuvieran formalizados los consejos comarcales, se sustituirían las juntas revolucionarias regionales âtendrían que haber âtomado el poderâ? en cada región- por nuevos consejos regionales, como el de Aragón. Finalmente se convocaría una Asamblea nacional y se elegiría un consejo superior. El poder ya estaría en manos del pueblo, en cuanto a que cualquier paisano podría discutir sus problemas en una asamblea de un pueblo y trasmitirlos de abajo a arriba hasta llegar a nivel nacional. La discusión estaría en saber si esto es una âdictadura del proletariadoâ? o no.

Esta junta revolucionaria seguramente tendría que afrontar otros problemas. Por ejemplo insurrecciones y resistencias contra su poder. En muchos territorios dominados por el PSOE, los republicanos, el PNV, ERC o el PCE no caería muy bien que se impusiera por las armas una junta revolucionaria libertaria. Para esto estarían las milicias. Seguramente veríamos decenas de conflictos locales resolverse a tiros. ¿Es esto la âdictadura anarquistaâ? que veía Abad de Santillán y otros cabecillas de la CNT catalana cuando decidieron no ir a por el todo?

En todo caso, lo mismo que la formación de consejos locales, comarcales, regionales y nacionales eliminaría la influencia o poder de los partidos, se podría hacer lo mismo a nivel económico. Es decir, trabajar en la formación de consejos de ramo o sector productivo, como casi se hizo en Cataluña. La colectivización de la tierra sería una buena medida hacia esa meta. Hasta llegar a la socialización global de la economía tendrían que haberse dado varios pasos. En Cataluña se llegó a mitad de camino. En primer lugar se incautaron y colectivizaron numerosas empresas [8]. Luego se fueron coordinando por ramos. La industria de la madera [9] y el sindicato del espectáculo fueron los únicos que consiguieron socializar toda su industria. Desde las juntas revolucionarias se podría haber favorecido esta socialización hasta llegar a nivel global en todo el territorio.

Como vemos, la cuestión del poder es un tema pendiente en la teoría o en el debate anarquista. No se habla demasiado del asunto. Se suele pasar de puntillas. ¿Qué haríamos con el poder una vez nos cae en las manos? ¿Qué significa hacer una revolución? ¿Qué implica hacer una insurrección como aquellas que se intentaron en 1932 y 1933 [10]?

Nestor Makhno o Zapata liberaron territorios lo bastante grandes como para demostrar que el anarquismo o el socialismo libertario es factible en la práctica. Lamentablemente tuvieron que gastar sus energías en combatir la contrarrevolución, y finalmente fueron destruidos por ella. Destruir el poder a pequeña escala es bastante factible. Tenemos el ejemplo de los zapatistas actuales. Pero, ¿qué ocurre cuando queremos destruir o abolir un estado? Los pasos lógicos los he descrito arriba hablando de la revolución española y de una hipotética victoria anarquista que, de salir mal, podía haber generado una segunda guerra civil fatal para todos. Sin embargo, aliarse con grupos no revolucionarios sólo podía haber traido revoluciones a medias o reformas radicales, que no serían socialistas libertarias. Si estamos hablando de anarquismo, tendremos que hablar en algún momento del poder, aunque sea para abolirlo.

Notas

[1] Más o menos la mitad de los 100.000 milicianos que había en noviembre del 36 pertenecían a la CNT.
[2] El famoso pleno del 21 de julio del 36 en que se discutió sobre la posibilidad de abolir la Generalitat de Cataluña y hacer la revolución âposición defendida por García Oliver- o bien colaborar con el resto de las fuerzas antifascistas âdecisión mayoritaria, defendida sobre todo por Abad de Santillán.
[3] Siempre se confió en el instinto revolucionario de la UGT. Se propusieron gobiernos sindicalistas. En Cataluña en diciembre del 36 el PSUC logró âpurgarâ? al POUM y echarlo del gobierno de la Generalitat. La CNT no dijo nada, y en cambio estuvo de acuerdo en que los nuevos consejeros fueran miembros de los sindicatos. Los consejeros de la UGT eran comunistas, con lo que el PSUC ganó mucho poder dentro de la Generalitat.
[4] Recordemos que en el norte âAsturias, Santander y Vizcaya- los socialistas eran mayoritarios. Cualquier revolución a hacer tendría que haber sido contando con ellos. En Asturias predominaba una postura revolucionaria, en Santander âlargocaballeristaâ? y en Vizcaya predominaba un socialismo âprietistaâ?, en este último caso nunca estarían de acuerdo con una revolución. En Levante, Andalucía y sobre todo en Madrid, la UGT tenía una fuerza considerable.
[5] El Consejo de Aragón se formó en octubre del 36. Lo impulsó un sector revolucionario liderado por Joaquín Ascaso y respaldado por Ortiz, jefe de la columna de la CNT sur-Ebro. En la práctica era un gobierno revolucionario. Fue disuelto por el estalinista Líster en agosto del 37 siguiendo órdenes del gobierno central de Juan Negrín en uno de los sucesos más bochornosos de la guerra.
[6] En Febrero del 37 eran 135.000 colectivistas, en abril ya eran 300.000, y en junio se podía decir que casi todo Aragón estaba colectivizado.
[7] En la Francia de la revolución se crearon 36000 comunas. Eran las sustitutas de los ayuntamientos. En muchos casos se logró hacer una revolución en el campo. No pocos castillos fueron pasto de las llamas.
[8] El impulso colectivista comenzó casi casualmente. Cuando los obreros se daban cuenta de que eran dueños de su medio de producción ârestaurantes, tranvías, hoteles, fábricas- y que había toda una población que mantener.
[9] Se colectivizaron todos los procesos desde que se cortaba un árbol en el Pirineo catalán hasta que se vendía una mesa. Ha sido un gran ejemplo de socialismo libertario en funcionamiento de la historia.
[10] No es un tema menor. La pregunta es, ¿qué hubiera ocurrido si ganan? ¿cómo hubieran gestionado el poder?

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Comentaris

Re: Los anarquistas y la cuestión del poder
14 des 2007
és un tema realment interessant el de parlar sobre com es faria la revolució llibertaria completa, pero aquest debat, avui per avui, no ens porta enlloc, doncs no ens trobem en aquesta disjuntiva.

I quan ens hi trobem, si algun cop ens hi tornem a trobar, els factors poden ser molt diferents.
Re: Los anarquistas y la cuestión del poder
14 des 2007
la primera respuesta, si se gana la guerra en septiembre, la revolución ya estaba en marcha. La colectividades y la socialización de la fábrica ya era un hecho. Y digo más, todas la demás fuerzas políticas y poderes, no hubieran tenido más cojones que tragar con un pueblo que no tenía amo. La revolución española se hizo, y no la ugt, precisamente, ni la cnt ha ido de la mano de la ugt, es flipante la afirmación. La Revolución la ahogo el PSUC y los comunistas, salvo la honrada excepción del POUM, leer un poquito a Orwell anda majos.
Re: Los anarquistas y la cuestión del poder
16 des 2007
mucho sobrao y mucha falta de humildad incompatible con la ideología pretendidamente defendida
Sindicat Terrassa