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Notícies :: laboral
Sindicalismo y corporativismo
26 nov 2007
POR UN SINDICALISMO ANTICAPITALISTA. Cuarta entrega.
El desgaste de los sindicalistas activos es enorme, sólo con organizar la defensa ante las avalanchas flexibilizadoras de las patronales y del Estado. Sin embargo, este trabajo necesario no es suficiente. Sin impedir los abusos que sufren los precarios, cada éxito en defensa de los estables ahondará, tanto las diferencias entre âprotegidosâ? y âdesprotegidosâ?, como la incomunicación sindical con las capas más explotadas de la clase obrera.
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Las dinámicas resistentes no sólo se producen en las luchas sindicales clásicas. También se dan en movimientos vecinales, por derechos sociales, libertades políticas, feministas, contra la exclusión, contra la guerra, por los derechos de las personas presas, por el derecho de autodeterminación, etc.

La incomunicación entre los numerosos colectivos que protagonizan dinámicas de lucha, impide que la resistencia existente en cada momento sea visible. Una organización de izquierda que no sirve eficazmente para superar esta âdesorganizaciónâ? de la lucha social, ha pasado a ser un fin en sí misma. A partir de ahí cualquier rumbo es posible.

La descoordinación de las movilizaciones sindicales y su aislamiento respecto a otros movimientos sociales tiene que ver no solo con la visión corporativa de la acción sindical tradicional, sino también con las guerras por el poder en los aparatos y con el envejecimiento de los sectores asalariados estables a los que pertenecen mayoritariamente los sindicalistas.

Pero sobre todo, la impotencia del sindicalismo frente al libertinaje empresarial se debe al vacío teórico de la izquierda institucional. Este vacío, que se llena con la ideología liberal - keynesiana, despolitiza los problemas inmediatos de los trabajadores y trabajadoras, desconectándolos de las dinámicas generales y transversales como la globalización económica, el consumismo, la degradación ambiental, la subordinación de las mujeres, la pérdida de soberanía alimentaria, la suerte de millones de campesinos obligados a emigrar por el âlibre comercioâ?

El desgaste de los sindicalistas activos es enorme, sólo con organizar la defensa ante las avalanchas flexibilizadoras de las patronales y del Estado. Sin embargo, este trabajo necesario no es suficiente. Sin impedir los abusos que sufren los precarios, cada éxito en defensa de los estables ahondará, tanto en las diferencias ente âprotegidosâ? y âdesprotegidosâ?, como en la incomunicación sindical con las capas más explotadas de la clase obrera. Sin redes sociales de apoyo y sin objetivos estratégicos, cada lucha se extinguirá en si misma.

Los sindicalistas combativos carecen de estímulos prácticos y teóricos para mantener la tensión. Algunos acaban cayendo en el sindicalismo colaboracionista o autoexiliándose, tras una vida de lucha. La única salida para esta trituradora de conciencias es la formación teórica, la organización política de la precariedad y la convergencia entre las distintas dinámicas de la lucha social.


Una experiencia para aprender por lo positivo y por lo negativo: La huelga de limpiezas de Hospitales [1]

Los incumplimientos y provocaciones de las contratas privadas de limpiezas producen una crispación en las trabajadoras que crea la necesidad de una confrontación que les ponga algún límite. Pero, si cualquier lucha cuenta con la hostilidad de las burocracias sindicales, una huelga de limpiezas en un hospital acarrea, además, el justificado enojo de los enfermos y el no tan justificado del resto de los estamentos hospitalarios. Debemos analizar nuestra experiencia en el terreno de las huelgas en los hospitales. Lo que nos parecía válido hace años, no debemos darlo por bueno hoy.

La gerencia del hospital, en manos del PP o del PSOE, ha puesto ahí a la contrata y conoce perfectamente sus abusos. En lugar de impedirlos, garantizando el derecho a la salud de los enfermos y los derechos laborales de las plantillas, hace unidad de acción con dicha contrata para trasladar a los trabajadores la responsabilidad de los desordenes y los riesgos sanitarios que se derivan de cualquier lucha contra los problemas causados por la contrata y la gerencia. En este escenario aparece, como única solución, una huelga condenada de antemano a radicalizarse o a perderse.

A partir de aquí se abren diversos escenarios. Todos ellos negativos:

A) Lento desgaste de l@s trabajador@s en huelga por los elevados servicios mínimos, que convierten la huelga en ineficiente y su prolongación en un duro proceso de descuentos salariales, desorden en la vida cotidiana de l@s huelguistas y sus familias, agotamiento, tensiones con las personas enfermas y criminalización de l@s trabajador@s en lucha por parte de la contrata, la Gerencia y los medios informativos. Las provocaciones de la contrata al sobrepasar los servicios mínimos, habitualmente abusivos, generan incidentes en los que trabajadores y sindicalistas corren el riesgo de ser sancionados o despedidos. La ley del embudo de la Consejería de Sanidad y su delegado, el Gerente del Hospital, permite todo a la contrata y nada a l@s trabajador@s.

B) Ante lo improductivo del esfuerzo de los trabajadores, aparece como una respuesta posible una huída hacia delante: el incumplimiento de los servicios mínimos. Esto significa que la suciedad aumenta hasta poner en riesgo a enfermos, familiares, trabajadores y visitantes. Una vez llegados a este punto, la Dirección del Hospital debe âbuscar solucionesâ? incluso a costa de su âvínculoâ? con la contrata. Esto significa que, para detener el conflicto, restablecer el orden y proteger la salud en el hospital, la gerencia presione a la contrata para que cumpla con sus obligaciones. Pero también significa que hemos vencido a la contrata sin hacerle daño directo ni a ella, ni a sus cómplices de la Consejería de Sanidad, sino a miles de personas inocentes.

Este funcionamiento nos coloca ante una contradicción: Si nos consideramos mejores que los empresarios explotadores y que los políticos privatizadores, ¿qué clase de legitimidad tiene quien, para exigir justicia, debe ser injusto con otros que, además de ser sus iguales, son más débiles y vulnerables por estar enfermos?

Por otro lado, la contrata puede aprovechar el incumplimiento de los servicios mínimos para despedir al comité de empresa y a la gente más combativa. A partir de aquí, siendo la huelga ilegal, comienza la represión. La policía impide las asambleas de la plantilla cuando más falta hacen. En esta dinámica, el sindicalismo amarillo de turno se ofrece como salvador de la plantilla ante el caos creado por el sindicalismo aventurero. Este es un cuadro de autodestrucción del sindicalismo asambleario y participativo.

Para salir del corporativismo sindical.

Quienes basan su sindicalismo en los favores de las patronales y los gobiernos, no necesitan construir el apoyo mutuo entre la gente de abajo ni organizar la toma de decisiones de forma participativa y asamblearia. Por el contrario, el embrutecimiento individualista y el descompromiso social de la gente, del que las burocracias sindicales son administradoras y corresponsables, les sirve de coartada para legitimar su modelo sindical. Este modelo es la reedición de las mayorías silenciosas del ânacionalsindicalismoâ? franquista. Un sindicalismo de obreros y patronos unidos, ayer en un sindicato único, hoy en la defensa de la competitividad y la eficiencia económica a cualquier precio.

Por el contrario, el sindicalismo que pretende la transformación social, debe pretender también una transformación de las relaciones entre las personas. Esta transformación exige fuerza y esa fuerza solo brota de la cooperación y la lucha de la gente trabajadora. En el caso que nos ocupa, depende de la transformación de las relaciones entre las personas que trabajan en el medio sanitario y de todas ellas con las personas enferm@s.
Sin caer en fantasías idílicas que oculten la dificultad para salir de la situación actual, cabe plantearse algunas tareas y caminos por recorrer en la gestión de los abusos y atropellos que padecemos l@s trabajador@s de la limpieza de los hospitales. Es posible que haya que acabar con el hospital sucio como única forma de obligar a empresarios y políticos neoliberales a moverse. Pero antes de llegar a ese punto, es necesario pensar y hacer muchas cosas que, hoy, no se piensan ni se hacen

Por ejemplo: Organizar la comunicación escrita y oral de la plantilla de limpiezas con enfermos, familiares y otros estamentos. Antes de que la suciedad amenace realmente a la gente, sobre todo a las personas enfermas, debe haber un conocimiento amplio del problema por un alto porcentaje de la población hospitalaria. Esto no es fácil, pero es imprescindible. Cuando el conflicto se ponga duro, debe existir un sector de pacientes y de otros estamentos que apoyen las razones de l@s trabajador@s, denuncien los riesgos sanitarios a las autoridades y a la opinión pública y exijan responsabilidades, junto con l@s trabajador@s en lucha por los desmanes de las contratas y la complicidad de la Gerencia del Hospital.

Para la comunicación social del conflicto es necesario además de la movilización general de la plantilla, apoyarse en las organizaciones en defensa de la Sanidad Pública, en las redes sociales y en los contactos sindicales con otros hospitales, máxime en los que tengan como contrata de limpiezas a la misma empresa. Hay que realizar acciones de calle y encierros en lugares relacionados con la administración pública que, al permitir los abusos e incumplimientos de la contrata, es corresponsable de la alteración del orden hospitalario. Un equipo de personas que mantenga canales de información permanente con los medios de comunicación es una herramienta básica. La unidad de acción con los medios de comunicación de derechas cuando están en el gobierno los globalizadores de izquierdas (alterglobalizadoras) y viceversa, se ha revelado como un buen recurso para la comunicación social de l@s trabajador@s en lucha.

Hay que contar con un equipo de juristas que estudie el campo de responsabilidades civiles y penales de las contratas y de la Administración para perseguirles judicialmente, lo cual da nuevas oportunidades de comunicación social. Cuando se consigue una victoria, como sucedió en el conflicto del Ramón y Cajal, con la readmisión del comité de limpiezas despedido y la posterior salida de la contrata (Ferrovial â Eurolimp) del Hospital, quedaron impunes los daños a la plantilla de limpiezas durante 6 meses de alteración profunda de la vida de l@s trabajador@s y sus familiares y también los daños por la alteración del funcionamiento cotidiano del hospital a enfermos, familiares, pacientes y trabajador@s de todos los estamentos. Esto supone una asignatura pendiente. Sin castigar a los culpables de estos trastornos, no se les disuade para que no vuelvan a las andadas.


[1] âLa Batalla del Ramón y Cajal y otras batallas en defensa de la Sanidad Pública. Una mirada autocrítica desde el sindicalismoâ?. VVAA. Ed. Kehaceres 2005 .Págs. 192 Y 193.


La crisis del sindicalismo como movimiento popular. Primera entrega.
http://barcelona.indymedia.org/newswire/display_any/316671
El antídoto al sindicalismo amarillo y colaboracionista no es el sindicalismo corporativo. Segunda entrega.
http://barcelona.indymedia.org/newswire/display_any/319244
La aparente despolitización del sindicalismo. Tercera entrega.
http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/326181/index.php

Buscar también en:
http://www.nodo50.org/caes/todos.php?cat=4

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Sindicat Terrassa