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8888 Birmania
05 nov 2007
8888 Birmania

En Thailandia “8888? haría pensar en la matrícula del coche de un chino-thai rico y supersticioso. En Birmania “8888? recuerda una tragedia de su Historia reciente: el 8 de agosto de 1988.
El 5 de septiembre de 1987 el Gobierno del dictador Ne Win declaró que todos los billetes de 25, 35 y 75 kyats dejarían inmediatamente de ser válidos. Fueron reemplazados por nuevos billetes de 45 y 90 kyats. De un plumazo entre el 60 y el 80% del dinero en circulación pasó a no valer más que el papel en el que estaba impreso, que en el caso de Birmania no es mucho. De todas las explicaciones a la medida, la más plausible es que se introdujo porque el 9 era el número de la suerte de Ne Win, según le había dicho su astrólogo, y así los nuevos billetes tendrían como base su número de la suerte (4 + 5 = 9 y 9 + 0 = 9). Ne Win no entendería nada de economía, pero de numerología entendía un huevo.
A la gente, descubrir que de un día para otro se habían quedado sin ahorros para que su bienamado líder tuviera buena suerte, le cabreó algo así como bastante. Y cuando pensaron que ya llevaban veinticinco años de mamonadas de Ne Win, como que se cabrearon bastante más.
Empezó a haber manifestaciones callejeras. La población estaba harta y saltaba a la mínima. El 12 de marzo de 1988 en un garito hubo una pelea entre tres estudiantes y unos borrachos, que les provocaron por una nimiedad. La policía intervino y detuvo a los borrachos. Uno de ellos resultó que era el hijo de un jefazo del partido único. La policía cumplió con su deber: se cuadró, le pidió disculpas y les liberó a él y a sus compañeros. En otro tiempo, la gente lo habría aceptado resignadamente como un recordatorio más de que vivían bajo una dictadura. En esos momentos, cundió la indignación y los estudiantes montaron una manifestación. La policía antidisturbios intervino con brutalidad y mató a un estudiante de un balazo.
El 18 de marzo miles de personas se manifestaron en Rangún. La policía y el ejército se enzarzaron en un concurso por ver quién era más salvaje que el otro. Varios estudiantes fueron muertos a palos y 42 murieron asfixiados en una furgoneta en la que habían sido amontonados y abandonados a pleno sol. Pero las manifestaciones siguieron.
En julio, viendo que las protestas no disminuían, Ne Win anunció que abandonaba la presidencia del partido único, el Partido del Programa Socialista Birmano. Su sustituto sería Sein Lwin. ¿Había motivos para alegrarse? ¡Ninguno! Sein Lwin era el responsable de la masacre en la universidad de Rangún en julio de 1962 y había estado al frente de la represión de las manifestaciones en los meses anteriores. Se iba la zorra y dejaba a la comadreja al frente del gallinero. Por si no había quedado claro quién seguía mandando y lo que se esperaba de la población, Ne Win advirtió que en lo sucesivo, si seguía habiendo manifestaciones, el ejército no dispararía al aire, sino a dar. Al menos parece que Ne Win no preveía apalear a más manifestantes hasta la muerte y ofrecía una muerte más rápida. Al final hasta él tenía su corazoncito.
El 8 de agosto de 1988 a las 8 y 8 minutos de la mañana comenzó una huelga contra la dictadura. Pronto decenas de miles de personas salieron a las calles de Rangún a manifestarse. Y no sólo en Rangún, también en Mandalay, en Sagaing, en Pegu, en Toungoo. El país se levantaba para poner fin a la dictadura.
Hubo un momento en aquella jornada en el que pareció que el régimen había perdido su capacidad de reacción y se derrumbaba. Pero nunca hay que subestimar a los psicópatas y menos cuando llevan uniforme. A las once de la noche varios camiones cargados de tropas aparecieron en la plaza del Ayuntamiento. Los soldados apuntaron a los manifestantes. Éstos empezaron a cantar el himno nacional. Los soldados hicieron el acompañamiento con ráfagas de ametralladora. Nunca se sabrá cuánta gente fue asesinada en ése y los siguientes días. He leído muchas cifras dispares. Ninguna bajaba de las mil víctimas.
El 13 de agosto Sein Lwin anunció que dimitía. O bien los psicópatas tenían agujetas de tanto apretar el gatillo, o bien se les habían terminado las balas. Le sustituyó Maung Maung, el historiador oficial del país. Tal vez los militares quisieran convencer a la gente de que de una dictadura se pasaba a una dictablanda. Pero la gente no se convenció.
El 26 de agosto tuvo lugar la que tal vez fuera la mayor concentración de todas. Fue en la pagoda Shwe Dagon de Rangún, el punto más emblemático para los birmanos. Los asistentes acudieron a escuchar a Aung San Suu Kyi, la hija de Aung San, el héroe de la independencia. Aung San Suu Kyi habló con serenidad y aplomo y se convirtió en la líder de quienes luchaban por la democracia. Más que eso, se convirtió en un símbolo. Se le transfirió el carisma de su padre y de alguna manera se vio que tal vez ella fuera capaz de acabar la tarea que su padre no logró terminar. Añadiendo al simbolismo, el 6 de septiembre, 9 de los 11 supervivientes del grupo de Treinta Camaradas que junto a Aung San lucharon por la independencia, denunciaron las acciones de Ne Win (otro de los Treinta Camaradas) y pidieron al Ejército que se uniera a los manifestantes. Cualquier legitimidad basada en la lucha por la independencia de la que quisiera revestirse Ne Win, había quedado destruida.
Me gustaría terminar esta entrada aquí, en el momento en el que los birmanos tocaban la libertad con la punta de los dedos. Pero la Historia de Birmania parece reacia a los finales felices. Seré breve en contar lo que sigue. Me entristece.
El 18 de septiembre camiones cargados de soldados y autoametralladoras entraron en Rangún y dispararon indiscriminadamente contra todo grupo de manifestantes que se encontraron. Una junta militar, autodenominada Consejo para la Restauración de la Ley y el Orden Estatales y cuyas siglas en inglés, SLORC, suenan a escupitajo tomó el poder “para evitar la desintegración del país? y dijo, como una broma macabra, que no habían muerto más que quince manifestantes.
De esto hace 19 años. Los militares siguen gobernando Birmania. Nadie pagó nunca por los muertos de agosto y septiembre de 1988


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Comentaris

Re: 8888 Birmania
05 nov 2007
El enviado especial de la ONU, Ibrahim Gambari, llegó este sábado a Birmania para una nueva misión de mediación sobre un fondo de tensiones, tras la abrupta decisión de la junta militar de reducir el mandato del coordinador de la ONU en Rangún.
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"Llegará a Naypyidaw (la nueva capital de Birmania) esta tarde", indicó a la AFP un responsable birmano, precisando que Gambari tiene previsto reunirse el domingo con el ministro de Información así como con los representantes de las ONG locales.

Esta nueva misión, destinada a intentar convencer a la junta militar birmana para que entable un verdadero proceso de democratización en un país donde los generales gobiernan desde hace más de 45 años, está previsto que dure hasta el jueves.

Gambari ya estuvo en Birmania del 29 de septiembre al 2 de octubre para incitar a los generales a acabar con la represión de unas manifestaciones pro-democracia populares que causó al menos trece muertos, según cifras oficiales, y desencadenó una ola de condenas internacionales. En esa ocasión, el emisario especial de la ONU pudo reunirse con el representante principal de la junta birmana, el general Than Shwe, y también dos veces con Aung San Suu Kyi, la principal líder de la oposición y premio Nobel de la Paz, bajo arresto domiciliario desde hace más de cuatro años.

Su nueva mediación del sábado llega justo después de la decisión del viernes de los generales de no prolongar más el mandato del alto funcionario de la ONU en Rangún, Charles Petrie. El 'Tatmadaw', el ejército que domina Birmania desde 1962, no dio ninguna razón oficial para justificar esta decisión. En una declaración pública del 24 de octubre, Petrie, denunció la pobreza y el sufrimiento de la población birmana, afirmando que las necesidades básicas no eran satisfechas en este país asiático, a pesar de ser rico en recursos naturales.

Estados Unidos, a través de un portavoz de la Casa Blanca, Gordon Johndroe, se declaró "escandalizado", mientras que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, afirmó estar "decepcionado". Singapur, en la presidencia rotatoria de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN), de la que Birmania es miembro, manifestó este sábado su "profunda decepción".

La organización de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW) teme, por su parte, que la probable expulsión del diplomático de la ONU eclipse las discusiones sobre la necesidad de reformas democráticas en Birmania. El régimen militar envió estos últimos días señales contradictorias sobre su presunta voluntad de reformas al proceder a nuevas liberaciones de opositores arrestados a finales de septiembre pero limitar bruscamente el acceso a internet.

Al finalizar su anterior misión en Birmania, Gambari subrayó que esperaba respuestas "concretas" de la junta y "un diálogo y un calendario concreto y serio". Sordo ante las reprimendas de la comunidad internacional, el régimen birmano afirma aplicarse en la redacción de una nueva constitución, enmarcada en su "hoja de ruta" hacia una "democracia disciplinada". Pero los debates destinados a elaborarla son boicoteados por la Liga Nacional para la Democracia (LND), el partido de Suu Kyi, y son calificados como "farsa" en Occidente.
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