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Los convocantes de la Noche en Negro contestan: carta abierta al movimiento anarquista...madrileño.
04 oct 2007
Algunas consideracion sobre la noche en negro y la urgente necesidad de volver a las calles.
El pasado 22 de septiembre el ayuntamiento de Madrid volvió a organizar por segundo año consecutivo su espectacular Noche en Blanco. Este evento es una de las expresiones más evidentes del miserabilismo al que nos condena el capitalismo y toda su maquinaria publicitaria. Por una noche, aseguraban los prepotentes tecnócratas y sus voceros, la ciudad sería ânuestraâ?, amablemente nos la cedían para que disfrutásemos de unas horas de fiesta, eso sí, según sus condiciones (las de la mercancía) y bajo estricta vigilancia, ante todo que nadie se atreva a sacar los pies del tiesto. Nos toman por tontos queriendo que participemos de la destrucción de toda experiencia de vida libre y que encima les aplaudamos con las orejas. Pero algunos nos hemos cansado de reírles sus gracias. Para muchos, esta patética noche sólo patentiza el abismo de una vida vacía que trata de camuflarse con las absurdas y ridículas caricaturas del detritus del arte moderno y del ocio más vanguardista, fieles servidores de la mercancía y del espectáculo en su forma más grosera y descarada. No éramos los únicos que pensábamos así, muchos compartían esta opinión, sin embargo nadie parecía reaccionar.
Ante esto, decidimos impulsar una acción en la calle, sin saber bien qué iba a ocurrir y sin que supiésemos qué respuesta iba a haber. No podíamos quedarnos de brazos cruzados, no queríamos ser unos meros espectadores, ni quedarnos en casa maldiciendo para el día siguiente despotricar contra todo, pero sin haber hecho nada. Queríamos visibilizar nuestra profunda rabia, nuestro odio, queríamos joderles la noche y eso tratamos de hacer. Todo sucedió muy deprisa, en unas conversaciones entre compañeros, y apenas una semana antes del día señalado para la noche en blanco, decidimos actuar convocando a una noche en negro.
Las prisas son malas consejeras, bien lo sabemos, pero si nos hubiésemos detenido a reflexionar el día hubiese llegado y nada se hubiese hecho, nada hubiese enturbiado el tranquilo y previsto transcurrir de la noche. Optamos por hacer una convocatoria por internet a pesar de la desconfianza que tenemos hacia ese medio y los problemas que podían surgir, además, y por motivos de seguridad (principalmente), tuvo que ser anónima, lo que generó una desconfianza entre muchos compañeros, desconfianza que está plenamente justificada. Aún así la noticia corrió como la pólvora. Incluso muchos que al principio mostraron reticencias a la hora de publicar la convocatoria, al ver las ilusiones que se estaban generando, tuvieron que hacerse eco de la misma, por miedo a âquedarse fueraâ? de algo que podía dar que hablar.
Y llegó la noche del sábado 22. Nos concentramos en Callao hacia las once de la noche, éramos apenas 150 o 200 personas, pero aún así nos hicimos oír, si bien no con la contundencia que hubiésemos deseado. Faltó energía y decisión en algunos momentos y también faltó un objetivo claro contra el que ir, en medio de una noche en la que estábamos rodeados de ellos. Se nos ha reprochado no âdar la caraâ?, no tener una pancarta, un lema, un rostro tras los que la gente se agrupase. No era nuestra intención: ni somos líderes ni vanguardias, ni queremos serlo y, por supuesto, tampoco los queremos. Queríamos que la gente se expresase donde creemos debe hacerse: en la calle, queríamos tomarla, aunque fuese de forma limitada tanto espacial como temporalmente. Fallamos a la hora de comunicar nuestras intenciones, nuestras perspectivas ante esa noche. Esto no quedó suficientemente claro en nuestros comunicados. La gente esperaba algo, pero no sabía el qué, nosotros no esperábamos nada, porque sabíamos que nada podemos esperar sino de nosotros mismos. No había organización más allá de la que se gestó en ese momento, entre los compañeros y compañeras allí reunidos. Aún así, la gente se organizó espontáneamente, en pequeños grupos nos reunimos tras la primera dispersión de la pasma y fue el impulso de algunas personas el que hizo que la noche continuase y durante unas horas expresásemos nuestra rabia en la ciudad. La ciudad no ardió, es cierto, no vimos arder las calles otra vez, pero, al menos se hizo algo, puede que fuese pobre. No obstante, no deberíamos subestimar la energía y el compañerismo que reinaba entre los congregados y ello porque se sentía que aquella noche éramos nosotros los causantes de que el Sr. Gallardón temiera que su aventura terminase mal, que su sueño terminase por el sonido de los cristales rotos en pleno centro. Creemos que esa pobreza, esa limitación de la acción no es sólo achacable a quienes organizamos aquello, sino que es un reflejo de la pobreza de ideas y de la inacción y derrotismo que hoy se vive en el anarquismo madrileño.
Tras lo ocurrido la noche del sábado algunos foros de internet empezaron a llenarse de reproches y críticas, algunas de ellas valiosas e interesantes, pero otras miserables. Algunos parecían jactarse de que la ânoche en negroâ? había sido un âfracasoâ?. El cibermilitante, desde la seguridad de su guarida, empezó a ladrar. Parece que hemos aceptado el ordenador como la herramienta indispensable y casi única de comunicación entre nosotros, perdiendo nuestros orígenes subterráneos y nuestra capacidad para organizarnos bajo el asfalto. Nuestro objetivo era claro: aparecer de forma inesperada quebrando el suelo y hacer nuestras las calles. Hoy, y más que ayer, el miserabilísimo de entender que existe âuna comunicaciónâ? a través de internet ha generado el monstruo terrible de unos amantes de la teoría capaces de convertirse en los voyeurs que todo aparato policial desearía. No es que ahora se autoproclamen como pretendidos intelectuales âporque ni para eso dan la tallaâ, sino que haciendo uso de un discurso vulgar y elitista descargan los peores reproches desde la inacción. Su casa es su fortaleza, aquella que les protege en el anonimato. La calle, un territorio inalcanzable. Si otros se adentran en esa calle para lanzarse en busca de su fin, de su sueño⦠entonces son desviacionistas, pervertidos y pervertidores. Incluso han verbalizado su deseo estos días pasados en algún foro: âpor favor, no convoquéis otra noche en negroâ?. Asumimos nuestros errores, pero de ningún modo que pensamos que el error fuese intentarlo.
El enfrentamiento dialéctico no existe hoy como tal, al menos en el movimiento revolucionario existente en el estado español. Hace falta sacar las suelas de la teoría, encarnarla en los hechos. Parece que sólo queda un puñado de personas que se atreven a opinar sin temor a ser o no escuchados, sin importar lo que esto les suponga, contra una legión de seguidores de tendencias que apenas si existen más allá de su fortaleza, y que son peores que sus ídolos. De esto podemos extraer las mismas lecciones que hace tiempo aprendimos de toda esa cultura de mierda: el espectáculo debe terminar. Así lo dijimos cuando convocamos la acción ante el acto âBe a Star!â? de la Noche en Blanco, porque llevaba precisamente ese título. Ni artistas ni fans. Ni arte ni museos. Ni Ramoncín ni la SGAE. Ni práctica sin teoría, ni teoría sin práctica. Todos ellos pertenecen al viejo mundo. El secreta que recibió un terrible golpe con un libro gratuito al ser descubierto comprendió, por fin, lo que nosotros entendemos por cultura libre, por materialización de la crítica.
Y sobre este pésimo escenario, los foros virtuales han querido sustituir la imperante necesidad de un debate entre compañeros para, entre todos y a través de todos (sin exclusiones), valorar el hecho de porqué hemos sido fagocitados, derrotados, convertidos en la izquierda más allá de la izquierda que hoy existe y resiste, a pesar de todo, como un movimiento residual, pero que no genera una oposición real en la calle. Lo que La Noche en Negro exhibió fue eso mismo, esa derrota, la de un movimiento frágil y disperso, incapaz de generar el terror que desearíamos, pero, al mismo tiempo, también expresó la pretensión de superar esta derrota, la exigencia de luchar contra todo y contra todos. En definitiva, no rendirse. Ojalá suponga un punto de inflexión.
El único beneficiario del debate desplegado hasta ahora es la pasma (y esa otra policía que son los desechos reciclados del estalinismo), es evidente. Y no por el hecho de que no haya quienes deben hablar y pronunciarse, o que ese debate muchos lo perciban como imprescindible, sino porque los que se exhiben lo hacen de una forma deshonesta, dando nombres de compañeros, incitando a una diatriba tabernera, explicando todo desde unos postulados cobardes y miserables. Lo peor de todo es que esto genera la ilusión de que existen corrientes de opinión. Un comentario, secundado por dos, tres o cuatro, ya es una tendencia. La tendencia ya es una fractura y, en una época tan mezquina como ésta, la fractura ya se presenta como movimiento.
En mayor o menor medida, la Noche en Negro se sustentó sobre esa misma premisa. La intoxicación mediática que promovimos durante una semana, y tan sólo una semana, generó la ilusión de una convocatoria que arrasaba en Madrid. Creemos que, de hecho, los actos alcanzaron a un gran sector del ambiente radical en Madrid. Se habló y discutió sobre ello, pero está claro que deben existir razones ante el hecho de que no lograse arrastrar a un mayor número de personas. Ya hemos aludido a ello. El hecho de ser anónima, de no adscribirse a ninguna âfamiliaâ? política fue un factor en contra, pero también lo fue la desconfianza, el temor a una encerrona (de la pasma o de nazis) o incluso a que fuese un acto más del programa âoficialâ? de la noche. Este dato, el numérico, no es algo que consideremos definitivo porque nuestra valoración la hacemos a partir de otros puntos de partida. En este sentido, lo cualitativo sigue siendo ânuestra fuerza de choqueâ?, pero es lógico que la inasistencia de tantos y tantos haya provocado una reflexión profunda en nosotros.
Aún así, la potencia de la convocatoria fue percibida por muchos compañeros, dentro y fuera de Madrid, y de eso queda poca duda. Esa potencia (el cómo, el qué y el cuando de ésta) ahora es tildada de âfracasoâ? porque tan sólo arrastró a un par de centenares de anarquistas, gente sin partido y sin organización, a algún que otro vándalo e, incluso, a un par de vagabundos que se unieron al bloque a eso de la una de la madrugada para calentarse del frío jugando al gato y el ratón con la policía. No compartimos esta opinión de âfracasoâ? y, creednos, no resistimos esta opinión porque pretendamos defender ad nauseam la convocatoria (la paternidad y demás historias no nos importan), sino porque sabíamos que muchos estarían preparados para lanzar ese dardo desde el momento en que las cosas no salieran como a ellos les gustaría, o no. Se ha dicho que acciones como ésta sólo contribuyen a desmotivar, pero preguntamos: ¿qué desmotiva más, el hecho de que no le prendiésemos fuego a la ciudad o la constatación de que si no se hubiese emprendido esta acción (a pesar de sus fallos) todo hubiese transcurrido según los cauces normales y democráticos que esperaba el ayuntamiento? ¿Dónde estaban los que nos acusan de no haber destrozado el centro de Madrid, por qué no lo hicieron ellos? Quizás el negro total no inundó la noche, pero al menos hubo una pequeña mancha negra distorsionando su blanca e inmaculada noche de farándula. Habrá quienes digan que aquello era nihilismo, anarquismo sin anarquía, heterodoxia, etc⦠Nuestra lectura es otra. Y, al fin y al cabo, ellos no fueron porque no les dio la puñetera gana. Si en la Noche en Negro se hubieran juntado quinientas o seiscientas personas, ¿os imagináis lo que pudiera haber pasado en el centro de Madrid y, sobre todo, como hubiera afectado a su Noche en Blanco? ¿Qué hubiesen dicho entonces todos estos que hoy se alegran de su âfracasoâ??
No obstante, en algunas críticas (pocas, muy pocas), vemos la pluma de compañeros honestos que han querido avanzar en el debate, incidiendo en fallos y problemas, de forma dura y certera, pero desde el compromiso y la responsabilidad. Esa crítica es siempre necesaria y valiosa. Pero, ¿y el resto? Más de lo mismo: restos del estalinismo y su sentido de la disciplina y la Organización, del anarquismo fosilizado y su sentido de la disciplina y la Organización (qué coincidencia) y de las nuevas filas del moderno Partido Comunista compuesto por sus nuevos afiliados: alternativos de distinto pelaje, ciudadanistas, turistas radicales de los Foros Sociales y antiglobalizadores.
Seguramente no fueron pocos los libertarios y los izquierdistas que acudieron el pasado sábado 22 de septiembre a vivir y participar en el sueño del Sr. Gallardón y su teatro callejero. Alguno posiblemente pudo ser visto sonriente y satisfecho, pedaleando subido a las bicicletas que daban energía âlimpiaâ? a uno de los actos programados. Otros, en cambio, estarían embobados observando los paneles que cambiaban incesantemente de color en la Plaza de España. Y otros, muy pocos, llegaron hasta las filas de los vándalos que se concentraban en la zona de Callao y, al no ver megáfonos ni líderes, panfletos o pancartas, abandonaron el lugar decepcionados. No se dieron cuenta de que aquello ya estaba sucediendo y que éramos los únicos que aquella noche, en una ciudad de casi seis millones de habitantes, habían decidido llevar lo político a la calle, no reír ante las cámaras de televisión sino, si se hubiera podido, haberlas destrozado. Aquel puñado de personas, con el rostro cubierto iban a denunciar la enfermiza propaganda de una performance colectiva, de un Madrid libre y moderno. ¿Qué mejor gesto que la espontaneidad del haber tirado abajo la enorme pancarta de la Noche en Blanco que adornaba la Plaza de Callao y, con ella usándola como pancarta, avanzar contra el escenario del cine Capitol? Creemos que con esa instantánea ya merece la pena el esfuerzo que hicimos en convocar el acto, al menos nosotros lo sentimos así.
Es necesario un cambio de dirección, pero no hacia un punto más cercano al espacio político que ha venido desarrollando lo que se ha conocido como la âizquierda alternativaâ?. El nuevo partido comunista ha contagiado a gran parte de lo que queda de un movimiento que debiera ser irrecuperable, le ha transmitido su oportunismo, su seguidismo y hasta sus consignas. Para ellos nada que escape a lo inmediatamente posible, a la crítica permitida y permisible, debe emprenderse. Aseguran que no hay nada más y por eso tampoco es posible hacer nada más, pero nosotros creemos que todo puede y debe hacerse, pero hay que arriesgarse. Incluso dentro del campo libertario hay quien no ha reelaborado sus prioridades y cree que tiene mucho que perder, tanto temen estos militantes sin horizontes la derrota que, desprovistos de voluntad, cavan su propia tumba. Buscamos generar preguntas y no soluciones felices, ni reivindicar una belle époque que ya no volverá. No se trata de generar acuerdos o de gestionar la política. El desmantelamiento de todo vestigio de vida es un proceso ya muy avanzado. Hay que romper con la alta política y los políticos. ¿Nuestra dirección? No existe. ¿Nuestros lemas? Contra todo. Y lo queremos ya.
Los tiempos están jodidos, tan jodidos como la gente se siente. En el descontento y la desesperación están las claves de lo que a buen seguro será un momento de crisis que se expresará en la calle. Es triste ver que en Madrid, vanguardia del capitalismo en su fase más extrema y feroz, prácticamente no existe una oposición anticapitalista clara y firme. No parece existir otra oposición más que ese llamado âmovimiento de movimientosâ? que nada puede ni quiere mover. No negaremos los hechos del dos de Mayo de este año, donde se tomó conciencia de la resistencia que se debe ejercer contra la fuerzas represoras y donde estas mismas actuaron con la intención de desmovilizar al sector joven y potencialmente problemático cara al capital, o las distintas acciones en torno a la lucha por al vivienda digna (por parte del sector más radical y activo) al chapar las puertas de treinta inmobiliarias...Pero esto no es suficiente. Hemos de tomar la iniciativa día tras día, ser creadores de diarias acciones de ruptura. Al respecto es sintomático que algunas de las acciones más firmes y llamativas (aunque es cierto que no en los fines buscados) no hayan venido del movimiento libertario sino de âpacíficosâ? vecinos, de aquellos a quienes día a día tachamos de alienados, de enemigos, de traidores, al emprender a patadas contra cientos de parquímetros y la política de impuestos.
Es hora de actuar o callar. Y para hablar hay que hacerlo en las calles. Que el próximo año la noche en negro lo sea de verdad, pero para eso hay que estar allí. Aunque no es necesario esperar a que nos regalen el escenario. Cada día hay mil razones y mil lugares en los que estar y luchar, pues esta ciudad de mierda está llena de ellos: TAV, autovía de los pantanos, infraestructuras sólo útiles para el capital y la circulación de mercancías, desalojos, destrucción de los barrios y de la vida en ellos, especulación, conversión del centro de la ciudad en un decorado de cartón piedra para turistas y ejecutivos, omnipresencia policial, precariedad, desapego del sentimiento, olvido de lo necesario⦠En otros lugares del Estado se han desarrollado luchas salvajes, valientes y decididas por algunos de los motivos aquí citados; en Madrid los tenemos todos, nos sobran las razones. No podemos quedarnos de brazos cruzados mirando las nubes pasar. Hay que volver a las calles, allí está nuestro lugar. Es hora de volver a crear un movimiento, es hora de combatir el terror del capitalismo generando el terror a los anarquistas⦠lo demás no nos interesa, se lo dejamos a los especialistas de la recuperación y a los ideólogos de la derrota. Contra todo y contra todos. Hoy es nuestro lema.
¿Y el próximo año que va a suceder? ¿Sonreiremos ante las cámaras de televisión y los deslumbrantes focos o los destrozaremos?

Comisión de Festejos de la Noche en Negro (*)

(*) La noche en que este comunicado se terminó de redactar y, tras ser discutido, se aprobase en asamblea (02/10/2007), la Comisión de Festejos de la Noche en Negro, por mayoría absoluta, decidió su autodisolución y, por lo tanto, su regreso activo a la lucha política que sus miembros han venido desarrollando en distintos sectores, no sin antes desearse mutuamente volverse a ver nuevamente en la negrura de la próxima noche negra. Café de la Ãpera, Madrid

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Comentaris

Re: Los convocantes de la Noche en Negro contestan: carta abierta al movimiento anarquista...madrileño.
05 oct 2007
Muchas gracias por estas reflexiones. A parte de haberme enterado de la noche en blanco, que no tenía ni idea de que esto se hiciera (no soy de madrid...), encuentro que las reflexiones sobre el uso de internet, la pérdida de valores y el miedo a la acción en la calle son imprescindibles hoy en día en los movimientos sociales, no sólo en madrid...
Re: Los convocantes de la Noche en Negro contestan: carta abierta al movimiento anarquista...madrileño.
05 oct 2007
A mi el que em meravella és que una convocatòria ànonima marcadament anarquista i revoltaire aplegui més de cent persones. Això ara i aquí és ciència ficció per moltes causes que caldria analitzar seriosament.
Sindicat Terrassa