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鈥淵 cuando despert贸, la revoluci贸n cubana segu铆a all铆鈥?
24 set 2007
Pareciera que en Cuba comenzara recién a abrirse un profundo debate como repercusión del ensayo de James Petras y Robin Eastman Abaya titulado â淐uba: Revolución permanente y contradicciones contemporáneasâ?...
â淵 cuando despertó, la revolución cubana seguía allíâ?

Nancy Valiño


Pareciera que en Cuba comenzara recién a abrirse un profundo debate como repercusión del ensayo de James Petras y Robin Eastman Abaya titulado â淐uba: Revolución permanente y contradicciones contemporáneasâ?. Según estos autores insinúan, hasta Raúl, motivado por el mismo, â渉a hecho un llamado a un amplio debate crítico, a la formación de comisiones encargadas de revisar políticas básicas y de apoyar la formulación de nuevas estrategias socioeconómicasâ?, es decir, a raíz del bienaventurado escrito se estarían abriendo las puertas para un amplio debate crítico sin precedentes históricos en la isla del Caribe, floreciendo una primavera de propuestas en medio de la vorágine revolucionaria que se habría logrado generar, y sin que todavía se pueda aventurar por parte de nosotros, simples mortales, una estimación de las implicaciones que lo mismo tendrá. El escrito, como era de esperarse, ha sido también recibido con entusiasmo en variados sitios de la fauna contrarrevolucionaria cubana internacional (*).
En su ensayo repiten Petras y Eastman Abaya, con otras palabras, casi lo mismo y al mismo tiempo lo que algún otro intelectual amablemente crítico de la revolución cubana (y por supuesto también de todas aquellas a las que se les ocurra desafiar el actual orden de cosas mundial) plantea acerca de la infinidad de problemas y contradicciones no resueltos, de los cuales sería hoy un ejemplo evidente la caribeña experiencia; estiman nuestros bien intencionados y autoreferenciales observadores que más nos vale hagamos bien escuchando atentamente sus advertencias, constataciones, encuestas, estadísticas y logaritmos sociales diversos; nos proponen rectificaciones variopintas, soluciones sui generis y respuestas ad hoc que los cubanos solos evidentemente no alcanzaríamos ni siquiera a imaginar. La salvación de Cuba estaría pues en escucharles y hacerles el favor de llevar a la práctica sus recomendaciones.
Extraña sin embargo que, desde el prólogo, la presentación de tantísima buena intención aparezca desenvainada mostrando un filo que denota antes que nada una falta de modestia esplendorosa que solo podríase entender como proveniente de una ya inveterada autoestima que les hace a nuestros superrevolucionarios â渢hink tanksâ? considerarse a si mismos como imprescindibles e infalibles.

¿Qué sería de los procesos de cambios existentes en todo el planeta si no fuera por el consejo fraterno y desinteresado de estos amigos de las revoluciones? ¿Qué sería si por casualidad los pueblos y sus dirigentes no tomasen en cuenta las advertencias tan bien formuladas por estos prolíficos y bien intencionados críticos? Sin dudas, la orfandad de conceptos teóricos, la parálisis de ideas revolucionarias para enfrentar la adversidad en la que se verían inmersos los protagonistas como castigo, auguraría un cercano fin para los mismos, indefensos frente a su destino. De ahí entonces la absolutamente imprescindible necesidad de incorporar sus bien intencionadas sugerencias en el bagaje de cada uno de los procesos criticados; ¡qué para eso se formulan las críticas y hay consejos gratis para cada uno! ¡qué va, a la cola entonces y calladitos a escuchar se ha dicho, lo que nuestros críticos nos vienen a desnudar!

Si por lo general en sus diversos ensayos se refiere Petras sistemáticamente a cada uno de los procesos populares que han existido y existen en la superficie planetaria e indudablemente en algunos casos habrá de cierta manera aportado en ellos, de allí a sentirse con la infalibilidad correspondiente para aconsejar el qué hacer desde el púlpito existe un trecho que primeramente debería salvarse con una cuota mínima de modestia, como él mismo expresara en uno de sus escritos allá por el año 2003 (**) .
No es en cualquier caso la primera vez que, desde la izquierda, se formulan críticas a los procesos revolucionarios que de un modo u otro asoman su insolencia por la faz del territorio americano. De parte de James Petras, ya la Bolivia del pueblo boliviano y Evo en particular han merecido escritos especialmente destinados (***) y no era de extrañar entonces que este mencionado sociólogo de renombrada fama internacional destinara alguna de sus investigaciones al tópico â淐ubaâ?, que por lo demás a tenido la suerte de conocer de primera mano.
Aunque es indudable que la revolución cubana ha demostrado hasta el cansancio a sus observadores que en su accionar incorpora permanentemente las aportaciones que en otras fuentes pudieran existir, escuchando, analizando y recreando con ideas propias cada método, idea y experiencia; aunque esa práctica cubana, llevada adelante con categoría de principio ejemplifica objetivamente que la isla ha ido encontrando respuestas acordes a su realidad de nación asediada durante casi cinco décadas, es obvio que algunos de sus amigos se impacientan en algún momento e intentan entregar sus aportes con la prisa de quien piensa tener la respuesta faltante, la idea brillante. Esta actitud es bastante más común de lo que se cree entre algunos intelectuales que desde todo el mundo ven con preocupación a Cuba y a otros procesos revolucionarios. Petras no es la excepción.
Históricamente la Cuba revolucionaria ha entregado su Solidaridad para con los pueblos del mundo; no es que recién ahora comience a enviar sus médicos, maestros y técnicos a desplegarse por los â渞incones oscurosâ? atenazados por la garra imperial. Desde los inicios, Cuba ha aportado con su experiencia y su sangre y eso lo conocen bien, tanto los pueblos como los amigos, y por supuesto sus enemigos. Que se insinúe entonces que estaría desatendiendo ahora sus propias necesidades cometiendo el error de enviar médicos y otros a ultramar es por lo tanto, extemporáneo: la revolución cubana nació con esa cualidad y siempre lo ha hecho así.
Si desde el comienzo de la revolución, Cuba se las arregló para cumplir con esta vocación ética solidaria, apretándose el cinturón interno para compartir su suerte con los pobres de la tierra que lo requirieran, hoy simplemente lo continúa haciendo en la medida de sus posibilidades, colocando también por bandera la medida de las necesidades de los pueblos.
¿Qué habrán estado haciendo los cubanos, sino solidaridad internacionalista, cuando enviaban sus médicos a Argelia en los inicios de la revolución allá por los años 60, mientras en toda la isla existían para atender a todos los cubanos apenas unos 3000 médicos? ¿Qué habrán estado haciendo en Africa, metidos en combate allá por Angola junto al pueblo angolano derrotando a las tropas sudafricanas y al apartheid, sino practicando ese concepto de solidaridad, que para el resto del mundo e incluso para muchos intelectuales de izquierda entonces fuera solo una vocación retórica? ¿Qué habrá andado haciendo nuestro Ernesto Che Guevara, primero por Africa y después en Bolivia, sino luchando consecuentemente tras ese ideal posible y necesario?
Pudiera alguno pensar que de no haberse realizado esos esfuerzos por parte de Cuba, en la isla se hubiesen podido aprovechar mejor tantos recursos y vidas que fueran destinados a la solidaridad, así como hoy día Petras sugiere que esos médicos que recorren el planeta con sus consultaciones y bisturíes, estarían mejor en casa atendiendo a los cubanos. Aunque pudiera también creerse â揹e acuerdo a lo que Petras plantea- que de todas maneras, la ineptitud de los cubanos hubiera despilfarrado una vez más dentro de la isla tanto médico, tanto servicio, del mismo modo como no han sabido encontrar todavía respuesta a las otras estrecheces y contradicciones padecidas en la vivienda, el transporte, la alimentación. De esa manera, podría pensarse que evidentemente solo el concurso de las ideas de amigos como Petras puede salvar a la revolución.
Pero resulta que los cubanos llevan ya 48 años de luchas y más de una década y media afrontando las estrecheces del llamado período especial, en el cual a todos les ha tocado vivir y compartir momentos duros que, en este contexto, han impacientado a algunos con el consiguiente florecimiento de prácticas individualistas. No es de ahora, del 2007, que en Cuba esperar la guagua sea un problema cotidiano, o diversos servicios se encuentren reducidos y enlentecidos, o aparezcan el robo y el mercado negro... Sin embargo, la cultura político/ética del pueblo aprendida en la practica dialéctica durante toda su historia revolucionaria continúa evidenciando â損ara todo el que la quiera ver- la presencia del espíritu de lucha, y un profundo sentido de unidad como bandera. Esa experiencia es también lo que permite en Cuba encarar las implicaciones y los riesgos que dicho período especial ha generado en la sociedad, sin copiar o reproducir intentos de solución y recetas que en otros países socialistas condujeron a su autoaniquilación. Es entonces en este particular contexto cubano, que la franqueza y claridad de Fidel y otros compañeros en Cuba para señalar el enfrentamiento de los problemas actuales se transforma en una siembra en el seno de una revolución socialista que atañe a un pueblo entero acostumbrado desde sus inicios a no taparse la vista frente a sus aciertos u errores; no se ha tenido que esperar por la crítica proveniente desde Petras/Eastman Abaya u otros para decidir tomar el toro por las astas.
La sobrevivencia de Cuba enseña que se han ido encontrado respuestas propias a cada dificultad y ello podría ser también una fuente de experiencia para enriquecer la conciencia y la práctica de quienes en tanto observadores de la revolución cubana, aspiren a apoyarla. En medio de la realidad actual, esta voluntad y capacidad de enfrentar exitosamente las contradicciones debiera servirle a personas como Petras para entender que ello no ha sido ni es fruto de la casualidad, como tampoco del poco empeño que habrían puesto sus enemigos. Así, es la resistencia obstinada, sabia y amorosa de Cuba la que ha contribuído además en buena medida al comienzo del desmerengamiento del â渇in de la historiaâ? que ofrecían al mundo desde el imperio que se creía vencedor. Cuba ha demostrado y enseña cotidianamente que el socialismo es todavía una opción humana posible y perfectible.

En los tiempos que corren, cualquier proceso de verde olivo, poncho andino, chompa o camisa roja rojita es un pilar concreto para la esperanza. Con ellos, sus pueblos aprenden, practican, reflexionan y continúan avanzando como Mariátegui señalara, sin ser â渘i calco ni copia, sino creación heroicaâ?.
Mientras Cuba exista, podrán contar con ella los pueblos del mundo; habrá siempre un médico, un técnico y un maestro, o un militar cubano en ese puesto que la conciencia revolucionaria de pueblo libre le ha asignado; o podrán estudiar en la isla para volver a sus tierras a curar los dolores que siglos de humillaciones y explotación les han generado. Así podrán luchar como Cuba Socialista lo ha hecho por hacer realidad los conceptos de Libertad, Justicia, Dignidad y Solidaridad.





(*) http://www.lanuevacuba.com/archivo/james-petras-eastman-abaya-1.htm

http://www.cubanalisis.com

http://puntocubano.wordpress.com

.....


(**) J. Petras, 6 de Mayo 2003:â淟a responsabilidad de los intelectuales...â?:

http://www.rebelion.org/petras/petras050503.htm


(***) J. Petras, 14 Abril 2007: â淓ntre la insurrección y la reacción: Evo Morales, en busca de un capitalismo normalâ?

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=51356

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