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Notícies :: globalització neoliberal
Criminalidad patronal y seguridad de la explotación. I
20 set 2007
Más que a un juicio moral sobre las actuaciones particulares de cada empresario, es decir, más que por una definición espiritual de la estrategia laboral de los dueños de los medios de producción, nos referimos a la responsabilidad colectiva, de la clase capitalista en su conjunto, en la gestión de lo que llaman la economía, la producción, la política del empleo y del mercado del trabajo.
Accidentes laborales, criminalidad patronal y seguridad de la explotación. I
Hablar claro para obrar mejor.


No se trata aquí de rechazar ideológica y frontalmente los aspectos positivos del capitalismo. Dos ejemplos: la iniciativa empresarial privada que está al origen de muchos adelantos humanos, y la misma acumulación capitalista que ha permitido investigaciones y desarrollos tecno-científicos objetivamente útiles para toda la especie. Estos y otros, posiblemente, son elementos a tener en cuenta para el post-capitalismo, es decir para otro contexto social.
Sin embargo, el precio de todo esto ha sido y sigue siendo, de forma creciente además, la causa de muertes y padecimientos masivos, pesadumbres sociales e infinitas carencias cuyo origen se encuentran en la explotación privada de la clase obrera, del proletariado, es decir, de la mayoría de la población mundial.

Por otro lado, hay que entenderse muy bien cuando hablamos de accidentes, enfermedades, mutilaciones y víctimas mortales de la producción capitalista. Además, discutir de criminalidad patronal, no significa dar un juicio moral individual de cada capitán de industria que ?registra? muertes, incapacidades y otros accidentes entre sus empleados. Circunstancias que, por cierto, son mucho más frecuentes de las más chocantes muertes publicadas en los medias, que de una forma o de otra la prensa no puede pasar bajo silencio. Por lo menos por el día de rigor.

Por supuesto, tampoco se discute de criminalidad en términos legales, de ?Derecho?, puesto que, como sabemos, son muy contados los casos donde la peligrosidad laboral sea tomada en cuenta por el llamado poder judicial, de las instituciones, que responde sólo a valores y éticas del sistema.

Precisamente, más que a un juicio moral sobre las actuaciones particulares de los empresarios, es decir, más que por una definición espiritual de la estrategia laboral de los dueños de los medios de producción, nos referimos a la responsabilidad colectiva de la clase capitalista en la gestión de lo que llaman la economía, la producción, la política del empleo y del mercado del trabajo.
Por esto, hay que hablar llana y claramente de cuestiones éticas.
De unos principios éticos de un determinado modelo de organización del trabajo que, por sí mismo, por como es concebido y gestionado, provoca irremediablemente un determinado porcentaje de muertes, de ?siniestralidad?, como suelen denominar púdicamente este aspecto de riesgo de la actual organización laboral.

¿Donde se encuentra el aspecto criminal del problema?
¿Cuales son los parámetros que determinan si y cuando la mayoría de las muertes de empleados son criminales o, al extremo contrario, de que se trata de un fenómeno tan natural que no merece un juicio de tipo ético o moral tan tajante?

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En primer lugar, la organización capitalista del trabajo se basa sobre tres elementos fundamentales de principios y ética capitalista:
- la propiedad privada de los medios de producción está en manos de una minoría social, cada vez más restringida a escala planetaria, que impide que en cualquier marco de organización social, de comunidad o de conjunto humano, sea posible trabajar, crear, fabricar, comercializar, vender la absoluta mayoría de los objetos, productos y bienes de forma diferente, es decir sin pasar por o sin utilizar esos medios de producción privados, es decir, controlados en cada lugar por pocas entidades y personas físicas.
- la existencia de una enorme masa de personas que corresponde a la absoluta mayoría del género humano que, consecuencia de lo anterior, no tiene otra salida para sobrevivir que intentar vender su fuerza de trabajo a esos dueños de los medios de producción, en las condiciones que ellos dictan de forma casi absoluta. Una masa que desde siempre se le ha llamado ?clase obrera?.
- tercer elemento: el producto del trabajo queda completamente expropiado al obrero trabajador, que recibe sólo una parte, generalmente bastante restringida, del valor que ha creado con su actividad. Por lo tanto, la explotación del trabajo no se refiere sólo a una calidad de la situación obrera, sino también a una cuestión de cantidad, de expropiación de gran parte del valor producido.


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En segundo lugar, además de estas bases primordiales del sistema actualmente dominante de trabajo, existe la condición de competencia que la patronal somete a los trabajadores con todos los medios, ahora por ejemplo la difusión mundial de la precariedad, que en general produce como resultado que para mantenernos algún tiempo en el empleo, tenemos que aceptar horarios, ritmos, condiciones y situaciones de trabajo que naturalmente, por nosotros mismos, nunca aceptaríamos si fuéramos dueños de la situación. Si no estuviéramos sometidos al contrato con el respetivo patrono, por supuesto legal por este sistema, y a la presión de la competencia individualista.
Es sobre la base de esta tensión, a veces inhumana, que el trabajador se ve obligado a exponerse o someterse en solitario y en continuación a muchos tipos de apuros, a veces permanentes, desde los psicológicos y latentes hasta los físicos y puntuales de máximo riesgo, para asegurarse que su condición de explotación no sea derogada demasiado pronto.


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En tercer lugar, a pesar de que la situación de explotación resulte en general asumida por los propios trabajadores como bastante normal, es decir que aceptamos individualmente esta alienación, con la separación de nuestra vida ?privada? de las finalidades de nuestro trabajo, se nos responsabiliza además de la conservación de condiciones eficientes de producción, de ?seguridad? del trabajo, es decir: de nuestra propia seguridad personal como vendidos y vendedores de fuerza laboral.
No como personas, sino como productores.

Un esfuerzo psicológico a veces descomunal, si consideramos que objetivamente, desde un punto de vista natural, objetivo y éticamente humano o social, ya es de por sí muy condicionante, alienante, desquiciante y espiritualmente perturbador aceptar la normalidad de la situación de explotación, por encima mismo de cuestiones de sueldos más altos o más bajos, que a menudo ni tan siquiera tienen relación reconocida con estas condiciones de producción, explotación y riesgo.

Es decir: el mismo explotado se encuentra a tener que asumir la responsabilidad de la seguridad de las condiciones de su explotación, lo que a veces hasta puede producir verdaderos traumas mentales, psicológicos.

En efecto, además de la común alienación de la explotación laboral, de esta manera se impone una nueva sobrecarga de auto-responsabilidad que puede suponer, hasta para la cabeza más sana, un punto de desgaste tan inaguantable, que justifica el riesgo más absurdo, hasta rozando el suicidio. Así de dramático. Muchos ejemplos lo pueden atestiguar.

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