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Notícies :: especulació i okupació
Agosto en Bon Pastor
22 ago 2007
La calle Albí mojada de lluvia esta noche desprende un olor a menta, y no sé de donde viene. En toda la calle sólo vive la señora Paca; su puerta parte por la mitad la pintada en spray rojo en la pared, que cada día cobra más sentido: "seguimos viviendo". Todas las otras casas de la calle están tapiadas desde hace siete meses; sus habitantes, trasladados a los nuevos pisos. En los dos extremos de la calle viven las otras tres familias "en resistencia": por el lado de los pisos está la casa de Ramón, en la qué viven también sus dos hijos Edgar e Iván; por el otro lado, cerca de la escuela, las otras dos casas: la de Aurora, Jose y Sandra, y la de la señora Fina, la otra mujer mayor, que vive con sus dos hijos Carlos y Laura. Se supone que estas cuatro son las únicas casas en qué hay gente viviendo; así que no entiendo de dónde viene el olor. Quizás hay alguien metido en alguna de las casas tapiadas, que está calentando té con menta en un campingas. O igual es la lluvia sobre el asfalto, y mi olfato está despistado de tanta ciudad.
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Desde que a principios de agosto llegó una carta de Urbanismo en que se pedía que, en cuanto "ocupants sense títol" de sus casas, tenían que abandonarlas en 23 días ("i les despeses del llançament a càrrec dels llançats") ha sido un no parar de: solicitudes, instancias, denuncias, convocatorias, reuniones, colas, llamadas, emails, fotocopias, entrevistas. La señora Paca, que tendría unos 75 años, ha ido personalmente al Patronato, para firmar la primera de las solicitudes. De las palabras vacías que brotaban de las bocas de los funcionarios, ha extraido para los demás el sentido último del mensaje: "nos quieren liar: piden cada vez más papeles, y no se quieren hacer cargo". Tanto al Patronato (propietario de las casas) como a Urbanismo (que pide el desalojo), se le entregó un dossier en qué había: el contrato de cada uno, de prorroga forzosa, en vigor; los recibos de los alquileres, que el Patronato sigue cobrando; y la orden judicial que pide que no se tiren las casas hasta la sentencia, que se está esperando hace siete meses. Todo esto para que les reconozcan que no son "ocupantes sin título". Y que les aseguren que a ningun Guardia Urbano se le antoje desalojarles.

Los 23 días pasan rápidos. En el Patronato contestan: "sería molt estrany que aquest desallotjament arribés a produir-se. Però si voleu quedar-vos més tranquils, aviseu als serveis socials". Es decir, por si se tuvieran que ver en la calle. Y en Urbanismo: "és que és mal moment, están tots els directius de vacances". Paca, Fina, Ramón, Edgar, Iván, Sandra, Carlos, Laura, Jose, Aurora - que todos juntos quizás hacen el sueldo de un directivo de Urbanismo - de vacaciones no han podido ir. Jose y Aurora llevan todo agosto haciendo turnos para salir de casa a comprar, no vaya a ser que les desalojen cuando no están en casa; y entre todos vigilan las casas de los demás cuando alguien no está. Miedo ya no tienen: porque después de siete meses de "mobbing" el miedo es superado por la rabia y el desprecio hacia las instituciones, "hacia toda esta gentuza". Lo que sí tienen cada día más claro es que lo que piden es justo, y que el juez le llegará a dar la razón; no piden más que lo que por ley le toca a una persona a quién se rescinda un contrato antiguo: el realojo en un piso en el mismo barrio, y una indemnización por diferencia de renta. Pero lo que no tienen tan claro es que el problema de los contratos antiguos es la raíz de todo el "mobbing" de que tanto se habla en los periódicos. Las personas mayores, enfermas, analfabetas o sencillamente desprotegidas que tantas empresas privadas y semiprivadas, grandes y pequeñas, han echado de sus casas a la fuerza, después de meses de acoso: en Gracia, en Poblenou, en el Casc Antic, en la illa Robadors, en todo el Chino... el cielo de Barcelona está enladrillado, para vender hipotecas, para desincentivar el alquiler, y para rescindir contratos antiguos sin indemnizar.

En las 600 casas baratas que quedan en Bon Pastor hay quizás 400 de estos contratos antiguos. Casi todos están a nombre de personas solas, o parejas de ancianos sin descendientes, o personas mayores cuyos hijos lo darían todo o casi por un piso de propiedad. Cuando la Asociación de Vecinos de Bon Pastor en 2003 firmó el "convenio", comprometiéndose con el Patronato que todos los vecinos de Bon Pastor renunciarían a las indemnizaciones a cambio de acceder a los pisos de compra, se sabía que iban a haber problemas. Que iba a haber gente que no quedaría contenta. Pero la Asociación de Vecinos decidió no apoyar a esta gente, ya que la mayoría iba a preferir comprar un piso. Los demás, tendrían que conformarse. Nada más se trataría de "enemigos del progreso", o de "nostálgicos".

Es cierto que hay mucha nostalgia en la defensa de las casas baratas. El abuelo de Aurora murió en la misma casa; la madre de Ramón, y también su mujer, hace muy pocos años, la madre de Iván y Edgar. Es cierto también que en todas las otras casas baratas han muerto madres y abuelos y mucha gente, y casi todos han querido igualmente tirar adelante, "mejorar", ir a los pisos. Así que no es la nostalgia que les da la fuerza para resistir a estas diez personas. La Asociación de Vecinos dice que lo único que quieren es el dinero. Pero poca gente de su condición social estaría dispuesta a arriesgarlo todo - porque es la amenaza constante, de que pierdan la casa y les realojen sin un duro en la Mina - por la posibilidad de ganar algo más. No es el dinero ni la nostalgia, la razón porque no quieren dejar sus casas. Es la injusticia. No es justo que el Patronato y el Ayuntamiento tiren todas las casas baratas, realojen a las personas en pisos mal hechos sin indemnizarles, obliguen a comprarlos, para liberar terreno en qué construir más pisos. La resistencia de esta gente es la única respuesta digna a la violencia del poder. Detrás de toda esta burocracia, de estos requerimientos incomprensibles, de las llamadas cordiales de secretarias del Ayuntamiento, de los discursos conciliadores de los políticos, está la misma violencia con qué desde siempre la oligarquía ha avasallado al pueblo, quitándole sus casas, sus tierras, sus derechos, a cambio de nada.

La lluvia borra las manchas negras que quedaron en la pared de uno de los nuevos bloques donde están viviendo los realojados. Hace un par de semanas, un cortocircuito provocó un incendio que destruyó completamente el piso de Jose y Cristina, que acababan de trasladarse. Explotó un enchufe, y la seguridad de la instalación eléctrica no se disparó. Probablemente estaba mal hecha. Se hubieran muerto asfixiados, ellos y el niño, si no les hubieran salvado unos vecinos. Pidieron al Patronato explicaciones de lo ocurrido. La respuesta, la de siempre: no ens en podem fer càrrec.

Como dice una pintada en la pared a lado de casa de Aurora: "bajas no son las casas. Bajas son las personas".

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Comentaris

Re: Agosto en Bon Pastor
22 ago 2007
Tota la solidaritat del mon, perquè okupant resistim i resistim per vèncer! si ens volen fer fora que vinguin que els estem esperant.. Jo Ta Ke
Re: Agosto en Bon Pastor
23 ago 2007
Sí, tot el què vulgueu, però que passarà amb aquesta gent quan els desallotjin? vull dir, espero que la gent que esteu col·laborant amb els veïns tingueu en compte aquestes coses, fins a quin punt es pot arribar, quines sortides personals seran les més desitjables entre les factibles/negociables o aquelles que es puguin arrencar de l'administració.

A buen entendedor...
Re: Agosto en Bon Pastor
29 ago 2007
http://stapinfo.bloc.cat/post/7566/182511
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