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Entrevista :: sexualitats
Entrevista con Antonio Poveda, presidente de la federacion estatal de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales
26 jul 2007
"Es difícil pasear de la mano con mi marido"
OLGA PEREDA
Es homosexual y feminista. O sea, un luchador en estado puro. Antonio Poveda, valenciano de 39 años, tiene un empuje tan fuerte que está convencido de que la opción sexual de cada uno se convertirá dentro de unos años en algo tan banal como el color del pelo. Él, dice, estará ahí para contarlo. Y para disfrutarlo.
Empecemos por una cuestión de Estado. ¿El teletubby Tinky Winky es gay? El Gobierno polaco está tan preocupado...
--Ni es gay ni deja de serlo. Lo importante es que los niños se tienen que educar teniendo claro que la orientación homosexual es una más. Eso no debería preocupar a nadie. Decir que Tinky Winky puede incitar a la homosexualidad porque es gay es pura homofobia. A ningún niño se le dice que por jugar con un muñeco heterosexual se le está incitando a ser heterosexual. Es absurdo.

--Sigamos con Polonia. "Si los desviados comienzan a manifestarse habrá que aporrearlos", dijo hace meses un diputado. Pone los pelos de punta, ¿no?
--Eso es integrismo religioso católico en nuestra casa, en la Unión Europea. Estamos indignados porque los gobiernos europeos no han reaccionado con la contundencia con la que se tenía que haber actuado ante un ejecutivo homófobo.

--¿Están en contacto con asociaciones gais polacas?
--Sí, y están asustados. Nos dicen que hay persecución de activistas. Hay listas y están controlados.

--Polonia no es el único país con síntomas de homofobia. Amar a personas del mismo sexo está perseguido en 70 países y en ocho se imponen condenas de muerte, según Amnistía Internacional.
--Tenemos mucho por hacer. Sobre todo en la ONU, donde nunca se ha hecho mención a la persecución de homosexuales. Queremos que España deje de tener relaciones institucionales con los ocho estados que castigan con la muerte a los que aman a personas del mismo sexo.

--Los países que cita Amnistía son musulmanes, pero antes usted hacía referencia al integrismo católico. ¿La religión es incompatible con la libertad sexual?
--No, para nada. Somos conscientes de que la Iglesia puede ser otra cosa. Nosotros, cuando hablamos de este tema, nos referimos a la jerarquía.

--Esa misma jerarquía que dice que impartir Educación para la Ciudadanía es colaborar con el mal. A lo mejor yo también estoy colaborando con el mal al hacerle a usted una entrevista.
--Claro. Para ellos, el mal somos nosotros. Ellos dicen que somos enfermos o viciosos, así que les irrita que se pueda hablar con naturalidad de los gais y las lesbianas. Pero vamos a pelear. Después de la igualdad legal tenemos que ir a por la educación.

--¿Qué otras luchas políticas o sociales va a encabezar?
--Tenemos que combatir la homofobia en el ámbito laboral. Es terrible que solo el 15% de los gais y el 7% de las lesbianas hayan salido del armario en sus trabajos. Además, como soy feminista creo que ha llegado el momento de que las lesbianas alcancen el poder. Los gais hemos conseguido salir del armario en todos los ámbitos de la sociedad. Pero con ellas es diferente. ¡Ninguna mujer política ha sido portada de Zero! Y alcaldesas lesbianas hay muchas. De izquierdas y derechas, pero todas están metidas en el armario. Duele más en el caso de las primeras, claro.

--¿Por qué los personajes públicos están obligados a salir del armario?
--Ser homosexual es una actitud. La herramienta más eficaz que tenemos es ser visibles porque con la visibilidad hemos llegado muy lejos. Que un político se comprometa con la defensa de las ballenas y que no lo esté con su propia comunidad, duele mucho. Si mil gais anónimos salen del armario es importante, pero que lo haga un famoso es más.

--Supongo que en determinados ámbitos liberales la gente está más receptiva a que sus compañeros sean homosexuales.
--No comparto esa idea. Me he encontrado gente muy borde en el mundo del arte y del periodismo. Sin embargo, hasta hace dos años, he trabajado en una fábrica de coches y nunca he tenido problemas. Cuando dices las cosas con naturalidad la gente que te rodea te entiende y te respeta.

--No siempre se da ese respeto. ¿Usted puede ir de la mano con su marido si pasea más allá de la frontera de Chueca, el barrio gay de Madrid?
--No, claro. Sigue siendo difícil hacer eso. Yo lo hago con mi pareja cuando estamos guerrilleros. Cuando estoy en Valencia no se me ocurre ir de la mano con él si estamos en el barrio de Cánovas. Me expongo a una agresión. Hemos conquistado la igualdad legal, pero no la real.

--¿Se imagina un mundo donde la opción sexual de cada uno sea algo tan banal como el color de ojos o el color de pelo?
--Bueno... Yo empecé en el activismo hace 15 años, cuando el matrimonio gay era una utopía. Hoy es real.

Fuente: el periodico

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