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Anàlisi :: guerra
Palestina: ¿A qué responden los enfrentamientos entre Hamas y Al Fatah?
29 jun 2007
La situación en los territorios palestinos se ha agudizado con el enfrentamiento entre las dos organizaciones de mayor peso. Hamas tomó el control de la franja de Gaza y expulsó a las fuerzas de Al Fatah, mientras que el presidente de la Administración Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, máximo dirigente de Al Fatah, dio un golpe de Estado de hecho, expulsando a Hamas del gobierno.
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Palestina: ¿A qué responden los enfrentamientos entre Hamas y Al Fatah?


Correo Internacional nº 130 (*)


La situación en los territorios palestinos se ha agudizado con el enfrentamiento entre las dos organizaciones de mayor peso. Hamas tomó el control de la franja de Gaza y expulsó a las fuerzas de Al Fatah, mientras que el presidente de la Administración Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, máximo dirigente de Al Fatah, dio un golpe de Estado de hecho, expulsando a Hamas del gobierno. Organizaciones de la izquierda palestina han calificado estos enfrentamientos como âuna tragediaâ?, llamando al cese de las hostilidades y a la unidad de ambas organizaciones en la lucha contra Israel. La misma posición ha sido sostenida por diversas corrientes de izquierda en otros países.

Es indudable que estos enfrentamientos debilitan la lucha del pueblo palestino por su liberación. Desde este punto de vista, se trata, efectivamente, de âuna tragediaâ? porque significan un triunfo de Israel y del imperialismo

Sin embargo, esto no puede impedir que hagamos un análisis más profundo de qué representa hoy cada una de las fuerzas en conflicto y así constatemos que una de las organizaciones (Al Fatah) ya no defiende los intereses del pueblo palestino y que su dirección se ha transformado en agente directo de Israel y el imperialismo, Esta caracterización es central para definir la posición que deben adoptar los revolucionarios frente al conflicto.

La liberación de Palestina: una lucha histórica

Debemos enmarcar los actuales enfrentamientos, así sea brevemente, en una perspectiva histórica. La resolución de la o­nU que creó el Estado de Israel, en 1948, legalizó la usurpación realizada por el sionismo de más de la mitad del histórico territorio palestino (55%). Después de su creación, Israel, a través de las organizaciones armadas sionistas invadieron parte del territorio otorgado a los palestinos y se apropiaron de un 20% adicional, expulsando más de 800.000 palestinos (un tercio de la población) y originando al drama de los refugiados. Así se creó un enclave imperialista que actuaría como gendarme contra la naciente oleada revolucionaria antiimperialista árabe, en medio de una región estratégica por sus reservas petroleras. Por eso, desde la creación de Israel, el pueblo palestino, y las masas árabes en general, tienen la necesidad de luchar por la liberación de su tierra expulsando al ocupante sionista.

Los acuerdo de Oslo (1993)

La fundación de Al Fatah, por parte Yaser Arafat, en la década de 1960 respondía a esta necesidad, expresada en su consigna Por una Palestina Laica, Democrática y No Racista y en su política de luchar por la destrucción de Israel. Este les permitió transformarse en la dirección de las masas palestinas

Pero en la década de 1980, Arafat y Al Fatah abandonaron su programa, pasaron a aceptar la creación de âdos estadosâ? (israelí y palestino) y comenzaron a centrar su política en la negociación con el imperialismo. Esto se concretó en su capitulación en los âAcuerdo de Osloâ? (1993). A cambio de la dudosa existencia futura de ese pequeño estado palestino, aceptaron la creación de la Administración Nacional Palestina (ANP), una superestructura colonial con una autonomía muy limitada, similar a los bantustanes de Ã?frica del Sur, en la época del apartheid.

La ANP

A partir de la creación de la ANP en los territorios de Gaza y Cisjordania, Arafat y la dirección de Al Fatal asumen el poder de esta reducida administración y pasan a tomar un nuevo carácter: âgerente autóctonosâ? de una estructura colonial. El sionismo aprovecha esta capitulación para extender sus colonias en Cisjordania y Gaza, controlar el agua y construir caminos âsólo para judíosâ? en esos territorios. La vida de los habitantes palestinos se volvió un verdadero infierno.

Al mismo tiempo, en medio de una corrupción total, los cuadros de Al Fatah usaban en su beneficio, el presupuesto de la ANP. Mientras tanto, las masas palestinas sufrían todo tipo de privaciones. El desgaste del prestigio de Al Fatah entre el pueblo palestino se fue acelerando.

Abbas, el hombre del imperialismo en Palestina

Tras la muerte de Arafat (hoy ya denunciada como asesinato), la elección de Mahmud Abbas como su sucesor acentuó esta dinámica. Israel comenzó a construir el âmuro de la vergüenzaâ?, separando los territorios y aprovechó para robar aún más tierra palestina. El imperialismo se juega claramente a respaldar a Abbas como su agente en Palestina. La dirección de Al Fatah llegó a tal extremo en su colaboración con Israel y el imperialismo que A. Korei (primer ministro durante un período) es dueño de una empresa que vendía grandes cantidades de cemento al estado sionista para la construcción del "muro de la vergüenza".

El triunfo electoral de Hamas pone en crisis a los planes de Oslo

El imperialismo e Israel trataban de âlegalizarâ? la situación colonial de la ANP a través de elecciones palestinas. Es en este marco que se da la victoria de Hamas en las elecciones parlamentarias de la ANP, en 2006. Como dijimos en el Correo internacional 118, este resultado fue una victoria de las masas palestinas contra los planes de Oslo. Si bien Hamas es una dirección burguesa y fundamentalista religiosa, el hecho de mantener en su programa el llamado a la destrucción de Israel, hizo que las masas palestinas la votaran para repudiar la traición de Al Fatah.

El imperialismo e Israel desconocieron abiertamente el resultado electoral y comenzaron a presionar para exigir que el nuevo gobierno de la ANP, dirigido por Hamas, reconociese a Israel y aceptara la continuidad de los acuerdos de Oslo. Por eso, restringieron el abastecimiento de la franja Gaza, bloquearon la ayuda financiera de EE.UU. y la Unión Europea (imprescindible para el funcionamiento de la ANP) y hasta robaron el dinero de los impuestos de lo territorios palestinos que son recaudados por Israel. El objetivo era âquebrar por hambreâ? al pueblo palestino y al gobierno que había elegido.

Las provocaciones de Abbas

Abbas, que mantiene el cargo de presidente de la ANP, trabajó âdesde adentroâ? para obligar a que Hamas aceptase la rendición, siguiendo el mismo camino que antes había recorrido Al Fatah. Abbas ya no es simplemente una dirección burguesa que capitula: se transformó en un agente directo de Israel y EE.UU. dentro de los territorios palestinos, un colaboracionista similar a lo que fue el âgobierno de Vichyâ? en la Francia ocupada por Hitler, o como el de Karzai, en el Afganistán actual.

¡El área de seguridad de su gobierno ahora es asesorada por la CIA! Su hombre clave en este sector, Mohamed Dahlan, construyó un âejército particularâ? de la presidencia, con armas suministradas directamente por EEUU. e Israel permitió que le llegasen esas armas. Dahlan también montó en Gaza un dispositivo para realizar acciones criminales, reprimir a la población y hacer constantes provocaciones contra el gobierno dirigido por Hamas. Esto fue generando una revuelta que llevó a los enfrentamientos de las últimas semanas.

Un golpe bonapartista

Desde que ganaron la elección, los dirigentes de Hamas propusieron formar un âgobierno de unidad nacionalâ? con Al Fatah. Incluso después de que se hizo evidente que Abbas estaba armando un golpe contra el gobierno, en conjunto con Israel, Hamas continuó con este llamado y haciendo negociaciones a través de Egipto y Arabia Saudita.

Hasta llegó a formarse un gobierno con varios ministros indicados por Abbas. Pero esta coalición nunca fue aceptada por EE.UU., la Unión Europea (alineada claramente con la posición de Bush) e Israel. Ellos boicotearían todo gobierno en que estuviese Hamas, mientras esta organizacion no reconociese explícitamente la existencia de Israel. A través del cónsul general de EE.UU. en Jerusalén, Jacob Walles, y de un emisario especial de Inteligencia, Keith Dayton, se instrumentó la línea de armar a los hombres de Abbas para liquidar a Hamas.

Las masas empujaron a Hamas a ir más lejos de lo que quería

Fue la preparación de este verdadero golpe bonapartista, implementado por Abbas y apoyado por el imperialismo e Israel, lo que produjo la reacción de las masas de Gaza y empujó a Hamas a expulsar de ese territorio a los agentes directos del imperialismo, el aparato militar armado por Dahlan y la policía de Al Fatah, quienes, a pesar de su moderno armamento, no pelearon con eficacia. Creemos que esto ha sido un triunfo de las masas palestinas porque, a pesar de la difícil situación en que se encuentra hoy la franja de Gaza, han liberado este territorio del control de Israel y sus agentes.

Después de la expulsión de sus hombres, Abbas culminó su golpe bonapartista y, desconociéndole resultado electoral del 2006, nombró un âgobierno de emergenciaâ?, encabezado por Salam Fayyad, ex funcionario del FMI y del Banco Mundial, que posee doble nacionalidad palestino-estadounidense. Es una cruel burla a la heroica lucha del pueblo palestino contra el imperialismo estadounidense e Israel.

Este nuevo fantoche tiene una tarea: apoyarse en el aparato de Abbas y Al Fatah, instalado en Cisjordania, para aplastar la resistencia, retomar Gaza e imponer el plan sionista e imperialista de liquidar toda posibilidad de liberación real de Palestina. Para esto, además del aparato represivo, tratará de utilizar dos factores. Por un lado, la dificilísima situación social y humanitaria de Gaza, tratando de derrotarla por hambre. Por el otro, los millones de dólares que el imperialismo e Israel, ahora sí, han comenzado a entregar en las manos del nuevo gobierno.

¿De qué lado debemos estar los revolucionarios?

La izquierda mundial tiene la obligación de tomar una posición clara frente a estos hechos. Para nosotros, en este conflicto, de un lado están el imperialismo, Israel y sus agentes colaboracionistas; del otro las masas palestinas en lucha por su liberación.

Por eso, no tenemos dudas: estamos categóricamente en el campo de la resistencia, independientemente de quién sea su dirección. En otras palabras, nos ubicamos incondicionalmente en el âcampo militarâ? de Hamas. ¿Qué significa esto? Que, sin dar ningún apoyo político a Hamas ni llamar a confiar en su dirección, estamos por su triunfo en la batalla contra los colaboracionistas porque ese âcampo militarâ? es hoy el de las masas palestinas y su lucha contra décadas de opresión. Es la misma posición que tuvimos junto a la Resistencia contra los nazis y los colaboracionistas, en la Segunda Guerra Mundial o junto al Vietcong en la guerra de Vietnam.

Al mismo tiempo, creemos imprescindible que todas las organizaciones de la resistencia palestina en los territorios de Gaza y Cisjordania, así como a las de los campos de refugiados de los países vecinos y de la diáspora mundial, se unan para desconocer al gobierno fantoche de Fayyad y unan sus fuerzas para luchar juntos contra los enemigos externos e internos de la causa palestina.

Por el fin del bloqueo a Gaza

La expulsión de los colaboracionistas ha transformado a Gaza, de hecho, en un territorio palestino independiente. Pero esta situación se da en el marco de una gravísima situación económico-social, resultado de la destrucción de su infraestructura (fábricas, hospitales, etc.) por los ataques israelíes y del bloque de suministros y fondos a que los somete Israel y el gobierno títere de Abbas. Tanto Israel como Abbas intentan utilizar esta situación para obligar a Gaza a rendirse por hambre.

Por eso, la LIT-CI llama a realizar una campaña internacional, lo más unitaria posible, para exigir el fin inmediato del bloqueo a Gaza y la entrega de alimentos, medicamentos, electricidad y todo lo necesario para la supervivencia de su pobladores.

La âneutralidadâ? es un grave error

La Agencia Gara informó que dos organizaciones palestinas de izquierda, el FPLP y el FDLP, organizaron una movilización âpara denunciar la locura sanguinaria que se desata en Gazaâ? (ver páginas www.francepalestine.com y www.rebeliÃ;³n.org).

De acuerdo a esta información: âTanto el FPLP como el FDLP se pronunciaron llamando al fin del derramamiento de sangre y a la unión de los palestinos⦠Es la cuestión de Palestina rechazando los combates y el conjunto de violencias entre Al Fatah y Hamas. Numerosas personalidades nacionales, las instituciones de la sociedad civil y centenares de ciudadanos participaron en la manifestación a cuya cabeza marcharon los cuadros, partidarios y miembros de los dos frentes. Los manifestantes han gritado consignas que llamaban a la unidad nacional y denunciando todo tipo de divisiones así como el recurso a las armas en el seno de Palestina⦠La FPLP⦠ha insistido en la necesidad de un diálogo nacional total y de una reconsideración de las instituciones de seguridad sobre bases igualitarias y profesionalesâ?.

No estamos de acuerdo con este enfoque del conflicto. La posición de âparar una guerra fraticidaâ? sería válida si se tratase de dos bandos que representasen intereses de sectores similares de la población, y lucharan por cuestiones secundarias o por la división de los recursos financieros. Pero éste no es el caso actual. Lo que hoy ocurre en los territorios palestinos es el resultado de una política de una dirección colaboracionista, que ya se rindió definitivamente a Israel y el imperialismo y quiere liquidar la resistencia de quien aún no se rindió.

No se puede analizar los actuales enfrentamientos como una simple lucha de Fatah vs. Hamas, como la pelea entre dos organizaciones similares del pueblo palestino que deberían unirse en lugar de luchar entre sí. Hay que ir al fondo de la cuestión: una de esas organizaciones (Al Fatah) se pasó al campo de los enemigos del pueblo palestino.

Una vez más, veamos la analogía de cuando los nazis ocuparon Francia e instalaron el âgobierno de Vichyâ?: la Resistencia que luchaba contra la ocupación tenía que enfrentar no solamente a los nazis, sino también a los franceses que colaboraban con ellos. O cuando EE.UU. ocupaba Vietnam del Sur e instaló un gobierno títere en Saigón: la resistencia del Vietcong atacaba tanto a las tropas yanquis como a los soldados y funcionarios del gobierno fantoche. En esos casos, ninguna organización de izquierda hubiera propuesto llamar a la unidad entre la resistencia y los colaboracionistas. Esta es la situación actual de Palestina, a partir de la adhesión de Abbas y la dirección de Al Fatah al proyecto del imperialismo y el sionismo.

La unidad de aquellos que quieren luchar por la causa palestina es imprescindible para una posible victoria. Pero llamar a la unidad con los colaboracionistas y agentes del enemigo, considerándolos como aliados, juega en contra de esa lucha porque confunde a las masas palestinas sobre el verdadero significado de los actuales enfrentamientos. Y esta confusión sólo sirve a los intereses del imperialismo e Israel.

La política del imperialismo en Medio Oriente: Gobiernos títeres y provocaciones

A partir de la crisis cada vez mayor que enfrenta la política de âguerra contra el terrorâ? en Medio Oriente y el fortalecimiento de las fuerzas de la resistencia en los distintos países (Irak, Afganistán, Líbano, Palestina), el imperialismo intenta una variante que le permita revertir, o al menos atenuar, esta crisis.

Por un lado, se apoya en fuerzas y dirigentes títeres (algunos lo son desde hace tiempo, otros son ânuevosâ?) que actúan como âagentes colaboracionistasâ?. Por el otro, impulsa o aprovecha atentados provocadores para intentar dividir la lucha de la resistencia y, a la vez, fortalecer militarmente a sus agentes.

Esta política fue ensayada inicialmente en Irak, con el gobierno títere de Al Maliki y los atentados a las mezquitas de las diferentes confesiones para agudizar el enfrentamiento entre chiítas y sunnitas. Ahora se ha extendido también a El Líbano, donde se apoya en el primer ministro Fouad Siniora y en el diputado sunnita Saad Hariri, hijo del ex primer ministro libanés asesinado, Rafic Hariri. Recientemente, en los campamentos palestinos en el país, apareció una nueva organizacion, Fatah Islámica, supuestamente ligada a Al Queda, realizando atentados y fueron asesinados varios diputados. Estos hechos fueron aprovechados por el ejército libanés para lanzar una ofensiva sobre los campamentos palestinos y el gobierno de Vds. para enviarle fuerte armamento. Se trata, evidentemente, de un tiro por elevación contra Hezbollah.

En Palestina, Mohamed Dahlan parece cubrir ambos papeles. Por un lado es el jefe de seguridad del gobierno títere de Abbas. Por el otro, se ha denunciado su ligazón con la CIA y el Mossad (a quien entregaba cuadros de la resistencia palestina), la construcción de una fuerza de choque, con armas de EE.UU., para atacar a Hamas e, incluso, que habría trabajado con supuestos miembros de Al Qaeda para realizar atentados en locales turísticos de Egipto, buscando que la respuesta del pueblo egipcio aislase a Hamas y la resistencia palestina.




(*) Correo Internacional es una publicación mensual de la Liga Internacional de los Trabajadores - IV Internacional (LIT-CI) cuya sección oficial en el Estado Español es el PRT - Izquierda Revolucionaria.

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Sindicat Terrassa